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Publicado el martes 11 de diciembre de 2007
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Banco del Sur, la ambiciosa "Caja" bolivariana, nace entre tinieblas

A.Z.– Aún no es un Banco y, con siete miembros a bordo -en una región con una veintena de países al sur del Río Grande-, llamarlo “del Sur” es pretencioso. No tiene claros el capital inicial ni el aporte y la participación de cada socio; aún carece de estatutos, de reglas de gobernabilidad y no ha perfilado la cancha de juego de las cuestiones técnicas. Es todavía poco más que un embrión difuso de Banco de Desarrollo, del que se presumen las voluntades políticas y las ínfulas de convertirse en un grano para el sistema financiero internacional, una piedra en el zapato del FMI. Pero el Banco del Sur (BdS) ya ha tenido su bautismo oficial, impulsado por las urgencias políticas y la necesidad de huida hacia delante de su papá Hugo Chávez y sus siete fundadores (Argentina, Brasil, Uruguay, Paraguay, Venezuela, Bolivia y Ecuador).

Una puesta de largo nebulosa, con las alarmas encendidas para evitar que termine siendo una "hucha" para internacionalizar la revolución bolivariana sembrando el continente de proyectos patrocinados -para mayor gloria de Chávez- con las reservas de sus socios en el BdS.

Hijo de las contradicciones, el Banco del Sur nacía al calor de la bonaerense toma de posesión de CFK, con Strauss Khan mirando- de reojo y con cierto desdén- los primeros pasos de una institución de la que su mentor venezolano pretendía hacer una criatura capaz de adelantar por la derecha a las IFI´s para Latinoamérica.  El ‘pan' que hasta ahora trae debajo del brazo la nueva criatura llega trufado de ambiciones y poca miga. Aspira a conseguir en un reducido plazo de tiempo una capitalización de 7.000 millones de dólares (4.780 millones de euros) mediante emisiones de bonos, avaladas por la fortaleza financiera de sus siete fundadores que tienen unas reservas de divisas conjuntas por valor de 111.000 millones de dólares. Pero, hoy por hoy, arranca con unos recursos propios de sólo 800 millones de dólares (545,9 millones de euros), un capital reducido para sus ambiciosos objetivos fundacionales y que, por ahora, sólo supone un 5% de los fondos de que dispone el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y un 25% de los de la Corporación Andina de Fomento (CAF), dos organismos que, además, hace tiempo se consolidaron como emisores de deuda fiables en los mercados financieros internacionales.

Los 7.000 millones de dólares con los que dicen que verá la luz -resultantes de aportes no simétricos de cada miembro- pueden parecer mucho comparados con los 4.600 millones que el Banco Mundial destinó directamente a la región en 2006 y 2007, aunque su promedio es de 8.000 millones de dólares, pero el BID aporta cada año unos 78.000 millones; la CAF (que ha prestado a los cinco países andinos más del 50% del total de las finanzas multilaterales para el desarrollo) más de 7.000 y el BNDES brasileño 30.000. En conjunto, el Banco del Sur parece un juego de "Monopoly" si se compara con las cuentas y las posibilidades de los organismos a los que pretende desbancar. La CAF está conformada por 17 países y 16 bancos privados de la región andina. El BID se nutre del aporte de 46 países y dispone de alrededor de 100.000 millones para traspasarlos a sus países miembros y beneficiarios, que se nutren de préstamos del mercado financiero internacional, de aportes de miembros no regionales y de la emisión de bonos internacionales. Opciones, todas ellas que parecen poco viables para un Banco del Sur, que reniega de Washington y del sistema financiero internacional.

El Banco del Sur puede ser un buen complemento, pero le será difícil estructurar una cadena de pagos amplia y ágil, y ser más barato y efectivo que el BID, el FLAR o el BNDES.  Menos aún ejercerá de suplente del FMI y del BM, como pretende Venezuela, que no contenta con impulsar un nuevo organismo alternativo, ha anunciado-por ahora sin que pase de la mera amenaza- su salida de ambas instituciones.

No está claro si su actividad crediticia seguirá criterios técnicos y financieros, o si lo hará según cánones y objetivos políticos. Ni el "capitán" venezolano del banco del Sur querrá recurrir al mercado financiero internacional- que considera el colmo del capitalismo- ni viceversa. ¿Si sólo pretendía ser una banca de desarrollo y financiación de infraestructuras, por qué no conformarse con una labor específica y complementaria de otras IFI´s? ¿Cómo cumplir sus anhelos de autofinanciación si finalmente dependerá de otras fuentes crediticias externas o internacionales? ¿Qué mecanismos de garantías defenderán a los estados más necesitados de sí mismos si son ellos los que pesan más en la institución? ¿Cómo conseguiránllegar a sectores privados? ¿Si como sugiere Venezuela el Banco del Sur no establecerá condicionalidades a los países  beneficiarios, ni aplicará penalizaciones, cómo se salvaguadará?

La criatura recién nacida no oculta su apellido chavista. Su sede caraqueña, sus integrantes, la declaración de intenciones y la vocación ideológica lo delatan. Poco más se sabe. No está claro si aspira a una función de autoridad de vigilancia y soporte de políticas monetarias, o sólo una banca de desarrollo. Y de dónde obtendrá la financiación si sus componentes repudian las instituciones internacionales, repudian al FMI y la arquitectura financiera internacional y se permiten desconocer CIADI e instancias de jurisdicción internacional. A lo peor, Chávez tiene la respuesta, ha dejado caer que la clave puede estar en las reservas internacionales. Le brillan los ojos con la idea de hacer del Banco una caja común para sus aspiraciones bolivarianas. Ahora que Argentina y Brasil tratan de encontrar nuevos espacios energéticos menos dependientes de Caracas, ahora que el Gasoducto del sur está convenientemente guardado en los congeladores políticos de Brasilia y Buenos Aires, el sueño de Chávez es que sean los bolidólares los que amalgamen lo que la diplomacia y la economía tienden a separar. Y si son los propios países los que suman sus reservas a la hucha bolivariana y contribuyen a financiar algún que otro sueño chavista, entre proyecto y proyecto, mejor que mejor.