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Publicado el jueves 10 de enero de 2008
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Monitor de Latinoamérica

La fiesta de los mercados latinoamericanos comienza a oler a resaca

- Chávez quiere tapar el sol a guillotinazos

A.Z.– Está aún en su apogeo, todavía hay alcohol a raudales, los inversores están ebrios por la rentabilidad de la región y, a medida que se corre la voz y se clausuran o decaen las demás ‘fiestas’ -las asiáticas han empezado a hacerlo-, llegan nuevos invitados a la celebración de los mercados latinoamericanos de renta variable. En un contexto internacional cada vez más hostil, de las principales plazas de Latinoamérica -Brasil, Perú, Chile, México, Buenos Aires e incluso Bogotá- se espera que pasen de fiesta a ‘alter hours’, que no cese su música.

El consenso de los analistas augura subidas de entre un 20 y un 25% para las acciones latinoamericanas en los próximos doce meses. El cocktail atrae y está más cargado que nunca, pero ni inversores ni los analistas locales olvidan su sabor explosivo, está cargado de volatilidad para los inversores y de riesgos monetarios e inflacionistas para algunas economías. Y, a la vista de las caídas con las que los mercados de la región han dado la bienvenida al 2008, esta ‘fiesta’ cada vez está más cerca de la hora de cierre, si es que el vecino estadounidense no la arruina antes.

Nadie le puede quitar a Latinoamérica su título de reina de la fiesta de la renta variable. Lo ha sido en el último año, con plazas mucho más rentables que las de los países desarrollados. El índice MSCI de acciones latinoamericanas ha subido en 2007 cerca de un 46%, mientras en Asia lo hizo un 37%, lejos del 7% de Norteamérica y el 9%  de la media europea. Ha fungido como refugio en un año muy frío para la renta variable. Mientras el miedo y la fuga de los inversores hacían estragos en Wall Street y en los mercados de la Vieja Europa, Latinoamérica ha sabido guardar un calor tropical que sólo los emergentes podían ofrecer. Ha estado en el sitio justo y en el momento justo. Con todos sus encantos a la vista. Y,- con la ayuda involuntaria de la Fed-, ha podido pescar en las aguas turbulentas de la crisis financiera internacional. 

La región lo tenía todo de cara: al igual que los otros BRIEC (Brasil, Rusia, India y China), han conseguido coaligar en su favor la complicidad de un abanico de fortalezas: el auge de su economía (que espera crecer por encima del 5% en 2008), la estabilidad política, la política fiscal y monetaria razonable, las reservas internacionales en aumento, una economía saludable en conjunto y los altos precios de los ‘commodities' (en un entorno de grandes exportadores de metales y petróleo). El fuerte flujo de recursos, el atractivo de sus  tipos de interés frente a las tres bajadas consecutivas decretadas por Ben Bernanke  y un mercado de renta variable que ofrece oportunidades jugosas ante la urgencia de los inversores europeos y americanos por diversificar  han hecho de los países emergentes el refugio a salvo del impacto de la crisis financiera global.

El entusiasmo del flujo de inversiones, que acude en tromba a la ‘fiesta' latinoamericana ha llevado en volandas, de récord en récord, al índice de valores de la Bolsa de Sao Paulo, que ha trepado un 76% en 2007 y al techo al real brasileño, a su valor más alto en siete años. En la misma ruta, la Bolsa peruana ha avanzado en los últimos doce meses un 90%, por encima incluso del rendimiento de China e India (65% y 70% respectivamente). La bolsa chilena ha ganado un 22%, la colombiana un 15%, e incluso México consiguió zafarse de la sombra estadounidense y cerrar el año un 11% más alta, aunque lejos del 46% de revalorización que disfrutó en 2006. En el río revuelto, las brasileñas Petrobrás, o Vale, las mexicanas Grupo México y Volcan, o la colombiana Petro  han hecho su agosto. El carioca Itaú cerraba el año con valor de mercado cercano al del Deutsche Bank. Los fondos que invierten en renta variable han cerrado con una espectacular rentabilidad anual del 46% (la misma rentabilidad conjunta que obtuvieron en el último lustro), sólo superada por la de los fondos que apuestan por China, con una rentabilidad del 50%. Y el negocio de las fusiones y adquisiciones facturó en 2007 en Latinoamérica un total de 109.600 millones de dólares (un 15% más que 2006). Las inversoras de Fondos Privados han reacomodado sus carteras internacionales, buscando mejores retornos en un escenario global bastante yermo y, por primera vez, han invertido 3.600 millones de dólares más en mercados emergentes que en mercados maduros.

Pero como en todas las fiestas largas e intensas, la volatilidad es vertiginosa. Las principales bolsas de la región experimentaron tres caídas de dos dígitos durante los últimos doce meses y los primeros compases de 2008 dan síntomas de que los ánimos y la música de la ‘fiesta' latinoamericana decae. Tanto el Bovespa, como Lima, Santiago de Chile, Buenos Aires y México han abrazado los rojos en las primeras sesiones del año, lastradas por los datos macroeconómicos estadounidenses, el alza del petróleo y el miedo cronificado que perpetúa la tendencia a vender y a recoger beneficios con la que las plazas más maduras cerraron la navidad. Los analistas ya prevén para 2008 un descenso del negocio de las fusiones y las adquisiciones en la región.

El baile ha empezado a ser más lento y los anfitriones comienzan a preocuparse por la posibilidad de que el vecino aguafiestas-Estados Unidos- llame a la puerta en cualquier momento y acabe por amargarles el ‘party'. Los fundamentos macro de la región no son tan sólidos como hace doce meses, el superávit comercial-muy dependiente de la economía estadounidense- ha comenzado a erosionarse y, a la espera de que la economía real estadounidense comience a resentirse, ya lo han hecho los mercados de valores más cercanos, al sur del Río Grande, con México en cabeza, cuyo PIB depende en un 23% de EE UU. Muy sensible a los vaivenes políticos en la región, la fiesta de la renta variable depende mucho del humor de sus anfitriones. A los inversores no les gustan los controles de precios por el estado o la inflación desbocada de Argentina y han asumido con una Bolsa plana la llegada de Cristina a la Casa Blanca. Las previsiones de inflación chilena duplican ya las que había hace seis meses. El precio de las materias primas y el petróleo amenaza con trastocar a importadores natos como Argentina o Uruguay. México ha reducido sus expectativas de crecimiento en medio punto y anticipa un alza del IPC del 18%. Y en Brasil, con la demanda interna sin techo, los temores inflacionarios cobran fuerza y el Banco Central comienza a pensar en recortes de las tasas.

En sintonía con el resto de los activos latinoamericanos y de los valores emergentes en general, las monedas regionales han cerrado 2007 más fuertes de lo que nadie esperaba hace un año, pero la factura de esa fortaleza puede comenzar a pagarse y la posibilidad de recaídas está en las previsiones de la mayoría de los bancos de inversión para una región muy dependiente del sector exterior, que empeora desde hace meses. La ‘fiesta', además, puede acabar en sobredosis de flujos de inversión, con monedas locales ‘embriagadas' y por las nubes y con la inflación desbocada, dando con Brasil, Chile, Perú, Argentina, Colombia o México, en una resaca dolorosa si todo era un exceso de ‘burbujas'. Si la celebración termina pronto sólo quedará el sabor a riesgo monetario y el dolor de cabeza de las presiones inflacionarias que ya acosan a Lula, Kirchner y Bachelet. Brasil lo sabe bien. Argentina, que aún recuerda la pesadilla de los capitales golondrina en la crisis de 2000, también.

Chávez tapa el sol a guillotinazos

El bolivariano se queda un poco más solo. El ministro Rodrigo Cabezas, titular de la cartera del Poder Popular para las Finanzas y copiloto (donde manda Chávez no manda marinero) de la economía venezolana ha saltado del barco apenas horas antes de que el presidente Hugo Chávez, vía telefónica, anunciara al país la nueva sangría ministerial, 13 despidos con los que cobrarse la derrota del referéndum del 2D, el fiasco de la negociación con las FARC y el galope de una economía desbocada, que ni la reconversión monetaria-bolívar fuerte en ristre- ni las medidas estatalistas de control de precio para frenar la inflación han conseguido más que alimentar.

A Cabezas lo han dimitido. Hablaba demasiado, mucho más de lo que resolvía y ha muerto de sinceridad: cometió los imperdonables errores de reconocer, a las puertas de la Navidad que el desabastecimiento afectaba en más de un 60% de productos tan básicos como la leche o el pollo y que la inflación había desbordado todas las previsiones gubernamentales y amenaza con adelantar de nuevo por la derecha a los idílicos planes de Chávez. Su último ataque de sinceridad tocó a la niña bonita de la política bolivariana, el oro negro. El ya ex ministro reconocía su preocupación por la contracción de la actividad petrolera, que registró una caída anual del 3,5% del PIB.

Cuando el gobierno de Chávez planificó sus presupuestos para 2007 y 2008, calculó que la producción de crudo rondaría los 3,5 millones de barriles, pero los informes de la OPEP reconocen que la extracción se encuentra sólo en los 2,4 millones de barriles diarios. Las petroleras que tradicionalmente mantuvieron operaciones de importancia en Venezuela se han visto sobrepasadas por las nuevas alianzas energéticas con las compañías estatales Petropars de Irán, Gazprom de Rusia, Petronas de Malasia, o Cupet de Cuba, al calor de la reforma de la Ley de Hidrocarburos. Pdvsa cada vez requiere más importaciones, el saldo de las compras externas repuntó un 36% en 2007.

El final de la apertura petrolera en junio, la transición obligatoria a empresas mixtas con el estado venezolano para las multinacionales de la energía, el abandono de algunas compañías internacionales (como Exxon y Conoco) y los problemas en el desempeño de Pdvsa han resultado una ecuación maldita para los planes de Chávez, que sólo el precio del petróleo, 35 dólares por encima de lo presupuestado por el Palacio de Miraflores, ha permitido compensar parcialmente.

En su breve mandato como ministro, Cabezas ha sido uno de los artífices de la reconversión monetaria en 2008 y de la constitución del Banco del Sur. En medio de la fuerte expansión económica al calor de los precios del crudo, Cabezas tuvo que enfrentar el alza sostenida del llamado "dólar paralelo," que tampoco logró contener pese a las multimillonarias emisiones de deuda. Se va, tan sólo un año después de haber llegado, dejando una inflación interanual que, lejos de las previsiones oficiales del 12%, ha crecido un 22%, ajena a los intentos de Cabezas y Miraflores por acorralarla reduciendo el IVA y estrechando el control oficial de precios sobre muchos productos. De despedida, Cabezas ha regalado una obviedad: el crecimiento económico del país-asegura- ha traído como consecuencia el incremento del IPC originado por el crecimiento de la demanda de productos. Una dinámica que sus sucesores están dispuestos a seguir dando cuerda con la ebriedad petrolera, el gasto público y la estatalización de subsidios. El nuevo ministro sí que se sabe la cartilla. Rafael Isea, durante el acto de traspaso de la cartera, entonaba las palabras mágicas: el gobierno espera una inflación de 11%, pese al salto del 22,5% que experimentaron los precios el año pasado.

Pero, en el sálvese quien pueda, Cabezas tiene billete de primera clase: lanza su candidatura a gobernador en las elecciones previstas para fin de año, nada menos que por el estado de Zulia, el granero petrolero y la cuna de los votos de la oposición.