Trichet, acorralado, sigue en su papel y los tipos en el 4%
Se ha puesto de nuevo el gorro de supervisor monetario y guardián de las tensiones inflacionistas, pero tiene que conformarse con asustar al alza de precios a golpe de amenazas verbales. Jean Claude Trichet responde al 'trilema' que enfrenta el BCE dejándose llevar por la inercia, o lo que es lo mismo, sosteniendo los tipos de interés en el 4%, el mismo nivel en el que la máxima autoridad monetaria de la zona euro los mantiene desde junio.
El luxemburgués asegura el BCE está preparado para actuar "prioritariamente" contra la inflación, insiste en que la institución no tolerará efectos de segunda ronda y reitera que el consejo de gobierno del BCE mantiene una estrecha vigilancia con el objetivo de evitar la materialización de las presiones de precios derivadas del encarecimiento del petróleo, las materias primas y los alimentos. Pero, tal como los analistas habían descontado, no mueve ficha.
El repunte de la inflación, la ralentización del crecimiento del corazón económico de Europa, la fortaleza del euro, el crudo que asciende sin techo y la sombra de la tormenta financiera configuran un laberinto en el que Trichet no encuentra otra salida que la del arma de tres cañones: inyecciones de liquidez para el tejido financiero y congelación de los tipos de interés y amenazas verbales para la inflación, una fusta preventiva con la que Trichet, domador imposible, intenta evitar que la espiral de precios y salarios se le desboque más. Eso es todo. Se conforma con avisos para navegantes y trata de dejar la pelota en tejados ajenos.
Trichet pide acabar con las revisiones salariales vinculadas al IPC y ha llegado a sugerir la oportunidad de poner fin a dichos vínculos de cara a evitar la materialización de efectos de segunda ronda. Pero no se ha dejado influir por las presiones galas y germánicas, que piden menos presión sobre los tipos para poder insuflar oxígeno al crecimiento de sus economías. Tampoco le han podido los guiños al mercado de Ben Bernanke, que ha vuelve a dejar entrever nuevos recortes en los tipos-ahora al 4,25%-, como ya ha hecho en tres ocasiones consecutivas desde que estalló la crisis de las subprime en agosto. La previsión de partida de la Fed para la actividad económica en 2008 ha empeorado y los riesgos a la baja sobre el crecimiento económico se han hecho más pronunciados. La Reserva Federal reconoce que la situación financiera continúa siendo frágil y que varios mercados de financiación permanecen dañados. Pero, aunque coincidan en su rol de bomberos de los mercados financieros, hace mucho que la vieja Europa asumió que, en sus papeles de vigías monetarios ni Trichet es Bernanke ni los momentos macroeconómicos se parecen.
Aunque el BCE está incómodo con los niveles de inflación, la posibilidad, cada vez más cercana, de que se produzca una recesión en EEUU y la incertidumbre que planea sobre los mercados financieros le dejan un estrecho margen de maniobra. Aún no está el clima financiero para alardes y, sólo hay que mirar al Ibex y a las Bolsas gala y británica para certificar que los mercados europeos siguen teniendo miedo. La intrincada combinación entre la zozobra del sistema financiero, la subida de la inflación y la desaceleración económica se lo ponen muy difícil a la autoridad monetaria: no sería adecuado un descenso de los tipos ante la amenaza del alza de precios, mientras que una subida no sería aconsejable teniendo en cuenta el riesgo que dan por hecho los analistas de que la desaceleración de la economía pueda ser más profunda.
El propio BCE prevé para el área de los quince países del euro un menor crecimiento económico este año que será del 2% frente al 2,7% en 2007. Pese al crecimiento de la masa monetaria y a pesar de que el índice medio de inflación en la eurozona es del 3,1%, - sobrepasa con creces el objetivo del 2% fijado por el banco-, el BCE se ve obligado a seguir siendo más sensible a los estragos de la crisis financiera que a los riesgos inflacionistas que no deja de pregonar. Y es que, a pesar de que las tasas de interés han permanecido en el 4% y de las inyecciones de liquidez -que Trichet en su papel de bombero de fuegos financieros no ha dejado de recetar-, las condiciones monetarias son ahora más restrictivas ya que los tipos de interés interbancarios han subido como consecuencia de las turbulencias financieras. A la vista de ese panorama, no es tan urgente un nuevo incremento de los tipos. Ni siquiera para los halcones del Consejo de gobierno del BCE.