Iberdrola, con la proa en las nucleares británicas
La carrera atómica europea está a punto de comenzar y la eléctrica española asegura sus posiciones. La compañía que preside Ignacio Sánchez Galán lo ha confirmado: Iberdrola quiere participar de la resurrección de la energía nuclear británica que Downing Street está decidido a impulsar y está negociando ya la constitución de una ‘joint venture’ con British Energy Group para la construcción de una central nuclear con una potencia instalada de 1.600 megawatios en el sur de Inglaterra. Una opción que le permitirá jugar un rol protagonista sin tener que asumir en solitario los 2.800 millones de euros en los que está valorada la nueva central.
British Energy, una de las mayores compañías del país, está llamada a ser el piloto de un nuevo viaje nuclear británico que aspira a crear una decena de nuevas instalaciones. Tanto si los proyectos se desarrollan en alianza con la empresa, como si se construye alguna central en diversos emplazamientos que son propiedad del Gobierno británico y que podrían ser subastados, muchos caminos pasan por la British Energy. Posee ocho centrales nucleares, opera la mayoría de las actuales centrales del país y ya ha firmado acuerdos para enganchar nuevas plantas nucleares a la red nacional de transporte a partir de 2016 en cuatro zonas del sur, Suffolk, Somerset, Kent y Essex. A la empresa semipública, que cuenta con emplazamientos junto a sus plantas para construir nuevos reactores, se han acercado ya, propuesta en ristre, las francesas EDF y Suez, con las alemanas RWE y E.ON, y con la sueca Vattenfall. Pero la compañía que preside Sánchez Galán, la primera eléctrica española por capitalización bursátil, reúne las cualidades del perfil que la británica exige: Iberdrola, ya está presente en el Reino Unido a través de Scottish Power. La empresa española asegura que tiene los recursos técnicos y financieros requeridos para asumir el desarrollo de nuevas centrales nucleares en los países donde se está expandiendo, sobre todo en Reino Unido y su experiencia está más que demostrada, ya que participa en centrales atómicas con 6.500 megavatios en España.
Iberdrola es la única compañía española que tiene la totalidad de una central nuclear, la de Cofrentes, en Valencia. El resto de plantas nucleares de España están participadas por varias compañías. Además de Cofrentes, Iberdrola está presente en Almaraz I y II (con un 53 por ciento en cada uno), Ascó II (un 15%), Vandellós II (un 28%), Trillo I (49%) y Santa María de Garoña (50%).
Gran Bretaña promete convertirse en la tierra de promisión de la energía nuclear europea. Mientras Francia sigue volcada en esta tecnología, que cubre el 80% de su consumo, Alemania ha fijado un calendario de cierre de las centrales para 2020. Y en España, abducida por la campaña electoral, cualquier rebrote del debate nuclear se ha convertido en tabú para el Gobierno y el PP. El Ejecutivo de José Luis Rodríguez Zapatero mantiene su política de no ampliar el actual parque atómico -7.700 MW que aportan el 20% de la electricidad-, aunque tampoco se decide a desmantelarlo. Como el consumo energético crece y se cubre con otras fuentes, se reduce el peso de la tecnología nuclear, con lo que el PSOE da por cumplido su compromiso de abandono gradual de esta opción, a pesar de que la escalada del petróleo y del gas y las imposiciones de Kyoto animan a los partidarios del auge de las nucleares.
Gordon Brown desembarcó en el 10 de Downing Street decidido a reactivar una nueva generación de plantas nucleares en el país para responder a las necesidades energéticas y atajar el problema del cambio climático. Dedicará unos 23.100 millones de euros a estos proyectos, con la British Energy- controlado al 35% por el Gobierno británico-como ariete. Una oleada de la que, a juzgar por la intención del primer ministro escocés, Alex Salmond-y salvo que el Parlamento escocés imponga lo contrario- quedará excluido el territorio escocés.