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Publicado el martes 15 de enero de 2008
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Marsans le da el verano a los Kirchner

Son las cosas que tienen los hijos protegidos, que salen carísimos. Sus padres, o sus padrinos, acaban obligados a pagar sus facturas y a sacarles las castañas del fuego. Entre ellas, las del conflicto laboral. Y si no lo hacen como ellos quieren, son el objeto de sus pataletas. En esas está CFK, heredera del ‘hijo’ de Marsans y con ella de la patata caliente de Aerolíneas Argentinas, al rojo vivo y más aún ahora, que el Estado se preparaba para hacer efectivo en el primer semestre del año el acuerdo de su desembarco con el 20%.

Lo que hasta la llegada de Cristina Fernández a la Casa Rosada eran las flaquezas de la inversión y la falta de capital de Marsans en la aerolínea de bandera argentina se han convertido en un binomio de huelgas y retrasos que salpican sin piedad al Estado y a los consumidores. La maldición de Aerolíneas Argentinas ha dejado en la última semana a 5.000 pasajeros en tierra y a la empresa varada. En pleno verano austral la Casa Rosada se verá abocada a cumplir sus promesas y servirle en bandeja la paz social con los siete sindicatos de AA si quiere despejar las inversiones de la empresa de Pascual y Díaz Ferrán y que, cuando el estado alcance de facto el 20% de las acciones de la aerolínea, ésta no sea un esqueleto en descomposición, pasto de los conflictos. La bandera de la aerolínea nacional le va a salir cara.

Marsans ya lo intentó, sin demasiado éxito, tratando de hacer valer la presión del 5% del gobierno, pero el gobierno de K hizo la vista gorda. Protegió a Marsans, obvió los problemas operativos y las denuncias de la Fuerza Aérea, hizo la vista gorda a sus causas judiciales pendientes y creyó sus argumentos, pero nunca quiso implicarse en la guerra campal con los sindicatos, a pesar de que  la empresa, operada desde 2001 por el grupo español Marsans, sufrió más de veinte medidas de fuerza gremial durante 2007. Las relaciones entre el Gobierno Nacional y el sindicalismo vinculado a AA pudieron más.  

A CFK los peores disgustos no le vienen de las energéticas, por mucho que se empeñe en parchear las debilidades estructurales del país congelando sus tarifas y bloqueando las exportaciones del crudo. Le ha estallado su primera crisis laboral, las primeras huelgas en la calle y tienen el apellido Marsans. Para un gobierno condenado ya de antemano por las presiones de Marsans a capitanear la firma de un acuerdo con los sindicatos, esa negociación era, al menos sobre el papel, la "prueba piloto" del pacto social a gran escala que busca Cristina Kirchner para su gobierno, castigado sin piedad por los conflictos laborales. Era, también, el preludio dorado que Marsans exigía como "peaje" para las inversiones que mantiene como promesas-rehenes desde hace años. Iba a ser, finalmente, la puerta a la inversión del 20% del Estado. Hasta ahora no ha llegado, o sus promesas-todos los argentinos vieron a Pascual firmando- se quedaron en papel mojado. Y con él, todos los planes de Aerolíneas se quedan ahora en tierra, de nuevo, encerrados en el viejo círculo vicioso: será muy difícil mejorar su situación sin un sustancioso refuerzo de la flota para aumentar la oferta de vuelos, pero la empresa no invertirá lo prometido- 4000 millones de dólares e incorporar a su flota 40 aviones de cabotaje y de larga distancia en cinco años- si hay retrasos o si los trabajadores y pilotos no dejan la huelga. Y, hasta que no se embolse el pago- en efectivo como exigía- de la compra del 20% por parte del Estado no hay dinero para esas inversiones. Por ahora sólo la tercera semana de diciembre de 2007, el Grupo Marsans anunció que había encargado a Airbus dos nuevos aviones A380, que estarán disponibles para Aerolíneas Argentinas y Air Comet (dos de las empresas que controla Marsans) entre 2010 y 2011.

Marsans ha aprendido a volar sólo en círculos, pasa una y otra vez por los mismos problemas y mira, como siempre, de reojo a papá Estado argentino.  En la mira, a medio plazo, está la posibilidad -ya puestos a pedir- de un incremento de los subsidios al combustible- y la garantía de seguir sacando partido- a través de Austral- a las ventajas de los vuelos de cabotaje. Pero se toparán con el final de la condescendencia de los Kirchner si tratan de estirar la cuerda e intentan buscar más oxígeno a sus cuentas mediante nuevas alzas de las tarifas. El negocio es ruinoso, pero CFK está dispuesta a jugarlo, entre otras cosas para- el populismo obliga- gestionar el futuro de sus 8.500 empleados y utilizar Aerolíneas para comunicar destinos que difícilmente alcance otra compañía. La escasez de vuelos afecta a las provincias y CFK no quiere tener que ponerle la cara a las demandas crecientes de los gobernadores, ni asumir el costo político de no tener aviones (nadie le venderá aviones a plazo al Estado argentino que sigue en default) y de mantener un régimen improductivo alentado por los sindicatos.

Si no corre, más que la toma del 15% restante del accionariado tendrá que hacer una operación de salvamento. El verano austral no ha hecho más que comenzar. Se promete calentito para los argentinos. Con ayuda de Marsans, CFK sudará lo suyo.