Los malos resultados y la sombra de la recesión asfixian a Estados Unidos
Llueve sobre mojado. Malos tiempos para la euforia en la tierra de las oportunidades. Si el miércoles era Citi el que repudiaba sus propios resultados como “inaceptables”, ahora es Merrill Lynch la que, con el mismo calificativo, echa más leña al fuego del miedo bursátil y la desconfianza de los consumidores, al escenificar sus golpes de pecho para asumir unos resultados el doble peor de lo esperado. No sólo no ha podido sortear los efectos de la crisis crediticia, sino que sus cuentas del cuarto trimestre se acercan mucho más a las multimillonarias pérdidas anunciadas por Citigroup que a los resultados presentados por JPMorgan, que a pesar de ganar un 34% menos en el cuarto trimestre mejoró las previsiones de los analistas.
El banco de inversión estadounidense registró pérdidas por importe neto de 7.777 millones de dólares (5.319 millones de euros) al cierre de 2007, frente al beneficio neto de 7.500 millones de dólares (5.115 millones de euros) del año anterior. Y amortizó 16.000 millones de dólares en el cuarto trimestre por apuestas en el mercado hipotecario de alto riesgo y otros cargos, lo que obligó a la firma a vender algunas unidades para fortalecer su capital.
Citigroup abrió la racha de resultados decepcionantes y Merrill Lynch ha ahondado la herida y ha confirmado los peores presagios, ésos que vaticinaban que la crisis y la asfixia del tejido financiero aún tienen cuerda. Los grandes de la banca estadounidense tratan de recomponer la figura a golpe de inyección de capital y del rescate de los fondos soberanos asiáticos y árabes, pero las dimensiones del impacto retumban como un seísmo en Wall Street y en los mercados europeos, ya en pánico por la crisis de las ‘subprime' y la sombra de la recesión estadounidense que predicen los indicadores macroeconómicos. Con esos antecedentes, las palabras del presidente de la Fed, Ben Bernanke, que aumentan la percepción de que la economía norteamericana se acerca a una recesión, han sido más que suficientes para inclinar de nuevo a todos los mercados en zona de pérdidas. Los grandes indicadores macroeconómicos han hecho el resto. La fiebre bursátil y los tres grandes síntomas -la caída en el consumo, la restricción del crédito y la crisis del mercado inmobiliario-ya están ahí. Para los mercados, la mejor prueba de que la recesión es tangible y está próxima es el paquete de medidas urgentes, aún nebuloso, que estimulen la economía que George Bush y Ben Bernanke han anunciado.
El miedo es libre y ni las previsiones de una nueva rebaja de los tipos por parte de la Fed -que los analistas descuentan-, ni las nuevas inyecciones de liquidez de Bernanke y Trichet han podido contener aún la fiebre bajista del mercado. Y en la tierra del miedo, las palabras de Greenspan no han hecho más que aliñar el pánico. El ex presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos cree que la economía del país está a punto de entrar en recesión, si no está ya inmersa en ese proceso.
Los mercados y los analistas hace varias sesiones que habían empezado a descontarlo, a la luz de los resultados: las ventas minoristas en EEUU han caído por primera vez en seis meses y el índice de precios al productor (IPP) subió un 6,3% durante 2007, el mayor incremento en 26 años. El Departamento de Trabajo informó de que el promedio en cuatro semanas de las personas que perciben el seguro por desempleo llegó a 2,73 millones, el nivel más alto desde noviembre de 2005. En todo el año 2007, la construcción de casas bajó un 25% en relación al año anterior, y marcó el menor nivel desde 1993. El mercado, además, tiene problemas para digerir la advertencia, formulada por American Express, de que se ven señales de una economía más débil en EEUU, con mayor número de casos de insolvencia en tarjetas de crédito, que han obligado ya a la firma a hacer provisiones por 440 millones de dólares.