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Publicado el jueves 24 de enero de 2008
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Monitor de Latinoamérica

Cristina, a media luz

-Slim cocina su golpe televisivo

A. Zarzuela.– Como el tango, así pasea la presidenta argentina sus primeras semanas por la Casa Rosada. A media luz. Y a medio gas. Pero los argentinos encuentran las tinieblas energéticas mucho menos líricas que la canción. A ciegas, también, entona la milonga heredada de Néstor para las empresas energéticas, capaz de estatalizar, congelar tarifas, prohibir la exportación del crudo, maniatarlas y culpabilizarlas al mismo tiempo, por las deficiencias y el desabastecimiento. Su Plan de Uso Racional  -bombillas y cambio de hora en ristre- apenas maquilla el problema. Con el sistema eléctrico al borde de su capacidad de producción, Cristina ,reina y esclava del populismo justicialista, se niega a asumir sus únicos puntos de fuga: o se reduce el consumo, o se incentiva la inversión, se sinceran los costes y se permite a las energéticas subir las tarifas, y con los años, se favorecen nuevas fuentes de energía.

Por primera vez en cuatro años se reconoce oficialmente que existen problemas de suministro de electricidad. Si en enero de 2007 la cifra de usuarios afectados por los cortes fue del 0,62%, en este enero los sufridores ascienden al 5,87% de la población. Con jornadas en las que la interrupción del servicio eléctrico ha llegado a afectar a más de 1,5 millones de usuarios con más de 50.000 cortes simultáneos, negar la mayor y tapar el sol con un dedo ha sido imposible para Cristina. El sistema roza la capacidad máxima de producción de las empresas -de 18.000 megavatios- con tanta frecuencia que si el gobierno no hubiera forzado a algunas industrias a parar o rebajar su producción, ya hubiera sobrepasado el colapso. Amparado en las estadísticas que atribuyen al comercio, la industria y los grandes usuarios el 56% de la demanda, el gobierno carga sobre sus espaldas la reducción del consumo, aún a costa de asfixiar el tejido empresarial e industrial con la misma intensidad que en los dos últimos años.

La crisis es una vieja conocida: se sabe cuándo, cómo y por qué comenzó. Los analistas y el gobierno se empeñan incluso en predecirle el futuro, pero los Kirchner -Cristina y Néstor, su particular Rasputín- no consiguen despejar la incógnita de su duración y, sobre todo, se resisten a reconocer sus causas. A media luz, Cristina Fernández ha pasado la leve frontera que va del tango a la milonga. La misma que K transitaba con soltura. Ese tango esquizoide que tan bien bailaba con las empresas energéticas, capaz de estatalizar, congelar tarifas, prohibir la exportación del crudo, maniatarlas y culpabilizarlas, al mismo tiempo, por las deficiencias energéticas.

Desde las inversiones de los años 90, el gobierno se ha amparado en el deporte de criminalizar a las empresas -nacionales y extranjeras- y achacar todos los males a los problemas de distribución (incluso les acusa de cortes intencionados), pero no se instala una nueva generadora desde 2000 y la capacidad global casi no varió durante la gestión de Néstor Kirchner. Ni Casa Rosada, ni el Ente Nacional Regulador de la Electricidad (Enre) y la Compañía Administradora del Mercado Mayorístico Eléctrico SA. (Cammesa) en su rol de controladores han sido capaces de solucionar el déficit en inversión en generación eléctrica que las empresas le recuerdan cada día. Peor aún, niega la mayor. Es el propio gobierno el que admite que el "tango a media luz" puede ir para largo. Ni siquiera sobre el papel espera que la oferta energética se recupere antes de 2011, cuando se pongan en marcha varios proyectos de desarrollo gasífero y eléctrico. Edenor prevé duplicar su capacidad de distribución energética, pero en los próximos 10 años, un proyecto que le demandará unos 1.000 millones de pesos.

El populismo manda. La presidenta culpabiliza al "modelo económico de especulación financiera imperante en los 90" y no quiere dejar de saludar a sus huestes peronistas (justicialistas) desde el caballo blanco de un modelo económico que- con un crecimiento superior al 8% en los últimos cuatro años- no hace más que incentivar el consumo, ebrio de crecimiento, aunque sea a costa de una inflación desbordada, y a costa de apretar el cinturón a las industrias y patear con todos los cascos a unas compañías energéticas que no duda en maniatar y satanizar. Lo suyo, claro, no es ineficiencia estatista, ni una economía que coquetea con el recalentamiento, es "crecimiento a raudales". El portavoz, Alberto Fernández, también entona su propia versión de la milonga "a media luz": lo que pasa en Argentina, asegura, es que el país muere de éxito. Y por eso Cristina, sonrisa en ristre, se puede permitir venderle energía a Tabaré Vázquez -a ver si compartiendo las miserias energéticas se despacha la crisis- y 520 millones de dólares en generación eléctrica nada menos que a Venezuela.

A la presidenta argentina los viajes de Chávez se le han subido a la cabeza: bombillas y cambios de hora para dar luz al kirchnerismo más populista. El Plan Energético de Uso Racional, nacido el 28 de diciembre, es digno de su cumpleaños. Adiós a la iluminación callejera ornamental y a buena parte de la publicidad callejera. Los funcionarios tendrán que desconectar sus ordenadores a las seis de la tarde y en los edificios públicos se acostumbran ya a trabajar a un mínimo de 24 grados. Cristina se ha convertido, además, en la Evita Perón de las bombillas de bajo consumo. Poco le ha importado que, según los expertos, después de distribuir 25 millones de unidades casa a casa sólo vaya a conseguir, sobre el papel, un ahorro energético, en el mejor de los casos, del 4%. Y que el cambio del huso horario apenas derive en poco más que llevar a la gente a la cama con luz aún. La política energética del gobierno nacional -las provincias poco pueden hacer al respecto- ha partido de un falso diagnóstico, que se limitó a fingir que las tarifas podrían continuar eternamente sin ser actualizadas, bajo el pretexto de la renegociación de los contratos con las empresas de generación y transporte.

La maldición energética se teje a la perfección: la red de distribución del agua en Buenos Aires, obsoleta, requiere bombas eléctricas. Sin luz no hay agua. Y, de fondo, el rastro energético conduce al gas. La mitad de las plantas de generación eléctrica funcionan a gas, 1,4 millones de automóviles han sido convertidos para moverse a gas y desde los 80, las grandes industrias se apuntaron también a esta fuente. Pero en un país con una importancia superlativa del gas natural en la matriz energética (el 50 %), con reservas y producción en caída y con pocas posibilidades de encontrar nuevos yacimientos en tierra, el nivel de extracción y producción nacional roza sus máximos. Es pronto para evaluar los pactos con Petrobrás, el comercio con Venezuela necesita de un ducto apropiado y el gas que se importa de Bolivia no alcanza. El gobierno de Morales tiene sus propias asfixias, produce 40 millones de metros cúbicos frente a una demanda total de 43 millones y no alcanza para entregar al vecino argentino. Aunque el compromiso era de 7,7 millones de metros cúbicos, sólo ha servido 2,7 millones y Cristina se conforma con 4,6 millones que acaba de firmar con La Paz.

La presidenta quiere pasarle la factura a las multinacionales por un modelo fallido al que da cuerda a pesar de los nulos resultados del intervencionismo: escasez y precios que crecen más allá de las promesas gubernamentales. Pero no hace más que nutrir las debilidades de su modelo: reincentiva más el consumo y desalienta la inversión. Ahoga a las multinacionales, ahoga al Estado- que no gana para subsidios- y nunca alcanza las expectativas de los consumidores. Con Guillermo Moreno de brazo armado, CFK trata, además, de parchear el desabastecimiento y la carestía de la gasolina en los surtidores provocada por el déficit de carburante y la subida a máximos del barril en su cotización internacional. Cuando llegó a la Casa Rosada, se esperaba de ella que bailara más cercano y más suave con las empresas extranjeras, tratando de hacer virtud de la necesidad de 4.000 millones de dólares de inversiones energéticas; juraba estar dispuesta a la revisión de las tarifas y enseñó su mejor cara a las compañías energéticas. Pero su primer requiebro fue a las multinacionales de los hidrocarburos, que desde noviembre tuvieron que encarar un aumento de impuestos del 5 al 35%  a la exportación de gasolinas y del 45% al 60% en el caso del crudo y ahora no pueden exportar combustibles líquidos, gasolina y gasóleo y se han visto obligadas a devolver los precios a los niveles coste del pasado 31 de octubre.

Hace restallar la fusta de la Ley de Abastecimiento, pero ya ha comenzado a recibir el latigazo de su obsesión dominante en sus propias espaldas y tendrá que asumir una avalancha de consecuencias indeseables para el ciclo de la producción, distribución y consumo de los hidrocarburos. La profecía de las consecuencias adversas para productores y consumidores se ha cumplido. El consumo interno está desbocado, sube a un ritmo de un 20% anual y con los precios más bajos, será aún peor. Además, Argentina puede encarar un problema en la venta mayorista de petróleo, ya que se acentuará la reducción de ingresos de los refinadores, y éstos buscarán trasladársela a los productores. Tal como todos los analistas le cantaron, algunos empresarios se niegan a comercializar gasolina perdiendo dinero. De la milonga "a media luz", Cristina  puede pasar al tango "cuesta abajo". 

Slim cocina su golpe televisivo

Alergia a la competencia. Y a los límites legales del mercado. El diagnóstico hace mucho que Carlos Slim lo tiene, pero los brotes de la enfermedad no cesan. Acostumbrado a las prebendas de su propio reino de taifas, el mercado mexicano del que el dueño de Telmex y Telefónica Móvil se ha enseñoreado, esta vez trata de hacer ante el Palacio de los Pinos su ajado estatus de niño consentido de los gobiernos mexicanos para volver a salirse con la suya. En el punto de mira tiene la creación de la en la empresa de televisión por cable más grande del mundo, con un mercado de unos 125 millones de clientes. Esta vez no son sus competidores, sino la mismísima Cámara Nacional de la Industria de Telecomunicaciones por Cable (Canitec) la que da la voz de alarma. Slim lo quiere todo y lo quiere ya. Y sólo para él. Telmex mueve todas sus fichas bajo la mesa y prepara sus naves para desembarcar en el mercado de la televisión. Slim no esconde su jugada, Telmex hace semanas que ya ha negociado paquetes con proveedores de contenidos. Su éxito en México-que supone para grupo de Slim un tercio de la capitalización de la bolsa- se asienta sobre las prebendas recibidas en su momento con la privatización de Telmex en 1990. Pero a quien se dice el hombre más rico del mundo le sabe a poco la concesión que recibió del Estado mexicano, la misma que prohíbe expresamente que ingresara a otros mercados, como el de la televisión, para evitar distorsiones en otros sectores debido a su inmenso poder económico. Su golpe televisivo le permitiría marcar todas las líneas de un campo de juego en el que le gustaría correr en solitario: Telmex tiene unos 20 millones de líneas en México, de los cuales 14 millones están en hogares, a los que podría llegar la televisión por cable casi de manera inmediata y sin mayores gastos. Aprovechará los subsidios cruzados que puede dar con América Móvil para ofrecer la televisión casi gratis y presionar a los cableros - que dan servicio de televisión a cuatro millones de clientes, a un millón de suscriptores de Internet de banda ancha y a cerca de 200.000 de telefonía- para que no reduzcan los precios vigentes en la telefonía, su negocio principal.

Entretanto, el magnate mexicano refina ese arte en el que es tan ducho, el juego sucio con la competencia. Lo de Slim es un dejà vu detrás de otro. Telmex se negaba a ofrecer servicio de interconexión a GTM a la operadora que preside César Alierta, a pesar de que la Comisión Federal de Telecomunicaciones lo obligó. Si en noviembre era Telefónica exigió que Telmex y Telcel fueran declaradas empresas dominantes en sus respectivos sectores (dominan cerca del 95% de la telefonía fija, y tienen una participación superior al 78,9% en telefonía móvil, según datos de la OCDE), ahora las empresas de cable han tenido que acudir ante la Comisión Federal de Telecomunicaciones (Cofetel) para que obligue a Telmex a  cumplir con la ley y brindarles el servicio de interconexión de sus redes. Slim, que se atrinchera en las tarifas de interconexión de Telmex, entre las más altas del mundo, ha encontrado la fórmula para bloquear el ‘triple play' (voz, datos, imágenes) ofrecido por las empresas de televisión por cable en 10 ciudades de México a unos 70.000 suscriptores. No contento con frenarles a golpe de precios, simplemente, no les da servicio.

Al magnate charro le falta el oxígeno y se atrinchera en México, el granero en el que hace caja para el resto de sus proyectos latinoamericanos e internacionales, del que dependen un 58% de sus ingresos. La expansión latinoamericana de Slim tiene problemas: ha tocado techo en sus operaciones corporativas y, a la vista de las pocas telecos disponibles en la región (salvo algunos movimientos en El Caribe), su grupo está abocado a pegar el estirón mediante crecimiento orgánico, algo cada vez más difícil, a la vista del avance de su competidora española en ADSL y cable, en servicios múltiples de móvil, en paquetes combinados y en televisión. Telefónica adelanta en muchos mercados regionales al grupo de Slim muy dependiente de su ‘cortijo' mexicano y de los servicios de telefonía fija. Las ventajas tecnológicas, el posicionamiento de Telefónica y sus victorias recientes en Brasil y Perú le permiten capitanear la revolución de las telecos en los nichos de avanzadilla como Argentina y en los sectores y productos más prometedores, como la banda ancha, los móviles y los paquetes de servicios múltiples.

Esas limitaciones explican las prisas de América Móvil por adelantarse con la 3G en la región- a pesar de las claras limitaciones técnicas que lo desaconsejan y del portazo que recibió en Brasil- y las pataletas y los golpes desesperados del magnate mexicano en su tierra, ante la competencia de Telefónica y otros operadores.