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Publicado el viernes 25 de enero de 2008
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El Plan de medidas de control financiero divide a Europa

Societé Générale arma el oportunismo de los planes europeos de Sarko

· EDF podría haber tomado posiciones en Iberdrola a través de derivados a buen precio gracias, en parte importante, a la debacle bursátil del lunes provocada, también en parte importante, por Societé Générale
· Ya va siendo hora de que a Zapatero se le caiga el ensimismamiento que tiene con Sarkozy

Sede de Societé GénéraleA.Z./A.P.– Se lo ha puesto en bandeja y envuelto en lacitos de escándalo al oportunismo de Sarkozy y Lagarde, que desde hace meses enarbolan junto al italiano Padoa Schioppa la bandera del mayor control comunitario y el derecho de la mano fiscalizadora pública sobre bancos y entidades financieras del territorio de los Veintisiete. Ahora, con los agujeros de Societé Générale, los antecedentes de Northern Rock y de West LB y la sombra de las provisiones y las pérdidas de Citi, Merrill Lynch y compañía, aprovecharán que el Pisuerga pasa por Valladolid para sentirse dotados de la coartada perfecta. La ocasión está sobre la mesa: la próxima reunión de los ministros de Finanzas de los “Cuatro Mosqueteros” -Gran Bretaña, Francia, Alemania e Italia- el 29 de enero en Londres, dedicada –¡oh hados de Sarko y Merkel!- a  definir un plan para evitar futuras crisis ‘subprime’ y frenar los efectos de la ya desatada. Coartada, sólo eso. Especialistas en meter en el mismo saco los abusos de gestión, los escándalos y las debilidades del sistema crediticio, han aprovechado problemas puntuales en entidades financieras para elevarlos al estatus de categoría europea, cargarles todas las facturas, incluyendo la de la desaceleración de la economía real, tratar de abrir barra libre al intervencionismo y, de paso, presionar a Trichet y el Ecofin para que toquen los tipos. Mientras, Sarko no para de hacer de las suyas pescando en río revuelto y aprovechando los problemas ajenos. EDF, eléctrica pública francesa, anda negando que ha tomado una participación del 2,9% en Iberdrola pero no que tenga derivados por el equivalente. Lo curioso es que esa operación se ha podido hacer a precios de risa gracias a la debacle bursátil española del pasado lunes en la que mucho tuvo que ver Societé Générale al inundar el mercado de futuros sobre índices en venta, hasta el punto de llegar a colapsar el MEFF. Dice EDF que no quiere hostilidades pero a Francia se le ha visto el plumero y va siendo hora de que a Zapatero se le caiga el ensimismamiento que tiene con Sarko. En cuanto a la participación del 3,78% en Iberdrola a través de derivados del banco de inversión francés Natixis, conocida con retraso gracias a las inexplicables complicaciones informativas introducidas por la CNMV, se especula que sea por cuenta de EDF pero ¿por qué no de un inversor español, bien de ACS o incluso por parte de un afín a Galán?

Como los 'Cuatro Mosqueteros' quieren liarla pero llevando el agua a su huerto, el desencuentro está servido: París y Roma reclaman reglas únicas para las instituciones financieras en la UE, y una vigilancia más integrada, sobre todo a través del reforzamiento de los poderes de los comités que reúnen a los reguladores nacionales, unas propuestas excesivas para Londres y Berlín. Para Merkel una cooperación más estrecha entre las autoridades de vigilancia es suficiente. A pesar del Northern, Brown defiende que los problemas en los mercados este verano no se debieron a una falta de información y rechaza todo lo que le huela a exceso de regulación.

A Societé Générale su escándalo por el fraude de su broker de futuros Jérôme Kerviel le pasará una factura de 4.900 millones de euros, a lo que se suma una depreciación de activos de 2.050 millones en las cuentas del cuarto trimestre de 2007 por la crisis de los créditos hipotecarios en EE UU (1.100 millones en activos hipotecarios de EEUU, 550 millones por su exposición a las aseguradoras de bonos ‘monoline' y otros 400 millones más en provisiones adicionales para cubrir estas posiciones). Con un atónito Daniel Boston al frente, se ha convertido en el ‘pupas financiero', el paradigma de todos los males que sacuden a los mercados de la Vieja Europa. Y en el antiejemplo de una gestión bancaria aliñada por el fraude, la ignorancia y el ocultamiento. La magnitud del fraude es cuatro veces superior al llevado a cabo en 1995 por Nick Leeson, un joven trader de Singapur que había especulado en los mercados con 1.150 millones  de euros del banco británico Barings, llevándolo a la quiebra.

El escándalo de Societé se saldará con despidos, y la ampliación de capital de 5.500 millones de euros para ortalecer sus ratios de capital. Una ampliación que ya ha sido colocada por Morgan Stanley y JP Morgan. El segundo banco francés, ya bajo investigación del Banco de Francia, ha visto opacados sus beneficios -entre 600 y 800 millones a pesar de todo- y se expone a que los rumores de OPA que la han rodeado durante las últimas semanas se materialicen. Las otras facturas, el juicio del mercado y de los usuarios ya habían comenzado a adelantarse hace muchas sesiones. Aunque haya esperado una semana para dar a conocer los agujeros de sus cuentas -con la esperanza de no multiplicar por diez sus pérdidas- caía el jueves un 4,62 a media sesión, hasta los 75,42 euros, convertida en la oveja negra de una Bolsa alcista en toda Europa. Las demás pueden pagar el escarmiento en sus carnes. Ante un posible efecto de pánico de contagio, BNP Paribas se ha cansado de proclamar que en la elaboración de sus cuentas de 2007 no hay ninguna pérdida ni ningún elemento cuya importancia justificara una advertencia particular al mercado.

Societé Générale no está sola. En septiembre pasado, una desafortunada iniciativa de un corredor en Nueva York del Crédit Agricole, sin embargo no fraudulenta, le costó al mayor banco minorista de Francia 230 millones de euros. Amaranth Advisors LLC se anotó pérdidas de 6.400 millones de dólares en contratos de gas natural en el NYMEX antes de quebrar en 2006. En 2002 el banco más grande Irlanda, Alied Irish, reveló que John Rusnak, un comerciante estadounidense sin escrúpulos, había defraudado al subsidio estadounidense hasta 750 millones de dólares. En enero de 2001 Scott Szach, el principal oficial financiero de la difunta Griffing Trading, fue acusado por desviar más de 5,56 millones de dólares de una cuenta bancaria de la compañía a una cuenta de correduría de comercio para financiar un acuerdo desautorizado durante los 18 meses previos al cierre de la firma. Y en septiembre de 2001 Merrill Lynch despidió a dos grandes ejecutivos por su error al supervisar a un corredor de divisas que desvió los beneficios conseguidos por el cambio de moneda hacia algunos clientes favorecidos, dejando al banco con una factura de 10 millones de dólares.

Cuando el próximo 29 se reúnan en Londre, los cuatro jefes de Estado y de Gobierno europeos miembros del G-7 presentarán al Viejo Continente un paquete que es hijo de ese oportunismo, de las disensiones intraeuropeas y de la necesidad de demostrar a sus ciudadanos que hacen algo ante la crisis de las ‘subprime' y el miedo de los mercados. Grandes palabras para arropar el papel del FMI como previsor de este tipo de crisis, exigir de los bancos más claridad y redefinir las obligaciones de las agencias de rating. Y a los bancos. Pero no habrá que esperar al 29 de enero ni a la cita londinense para saber si el ‘affaire' Societé Générale se convierte también -como ya lo han sido Northern Rock y la alemana West LB - en munición en manos de los ministros de Economía y Finanzas de los cuatro miembros europeos del G-8 (Alemania, Francia, Italia y Gran Bretaña), que se han erigido en los ‘Cuatro Mosqueteros', en busca de una solución para sus problemas domésticos, a ser posible, sin pasar por Bruselas y mucho menos por el BCE.

Sarkozy ya ha enseñado la patita. Autoinvestido en guardián de la ética y la salud financiera ha aprovechado para airear -con Lagarde de coro- el binomio que propone: sangre fría y transparencia. Su fórmula mágica para "moralizar -dice el galo- el capitalismo financiero". A su juicio, se ha dado mucho margen a "comportamientos de especulación en detrimento de los empresarios". La ministra gala de Economía, Christine Lagarde, ducha en el deporte de dispararle sólo a las dianas ajenas, ya ha pedido a la Comisión Bancaria controles adicionales sobre los bancos para que no se repitan sustos como el de Societé. Claro, no se refiere al sistema de control de riesgos financieros francés, "uno de los más sofisticados", como ya demostró otro fraude de un operador del banco francés Calyon. Pura coincidencia, dice el Elíseo.

Lagarde acudirá a Londres con los diez mandamientos de Sarko grabados a sangre y fuego. A saber, un nuevo ratio de solvencia de los bancos, una fórmula para someter a las agencias de rating a controles por parte de una autoridad Europea- como el BCE o la CE-, reforzar el control europeo de los bancos sin interrumpir el proceso Lamfalussy ni llegar a la creación de un supervisor bancario único para los Veintisiete. París sabe que no puede romper la cuerda de las diferencias con Londres y Berlín. Por eso, al menos por ahora, se conforma con reforzar la coordinación de autoridades de control nacional (organismos independientes o Ministerios) y los poderes de decisión de los grupos de coordinación actuales.  Pero las autoridades galas ya han demostrado su habilidad para intervenir como un elefante en la cacharrería del sector financiero. Christopher Noyer, gobernador del Banco Central de Francia y miembro del consejo del Banco Central Europeo señaló recientemente que los bancos galos están en proceso de depreciación de sus activos y no tenía empacho en dar a conocer que estaba evaluando los balances del propio Societe y de BNP Paribas y de otros grandes bancos franceses antes de que presentaran los resultados de 2007. La jugada perfecta si lo que esperaba era que el sector bancario francés sufriera fuertes pérdidas en Bolsa.

París ha desbrozado el atajo que va de la mala gestión de un puñado de entidades y bancos al empeño en meter el ojo en la crisis financiera, en llenarse la boca con su gravedad y apuntar a una enfermedad de origen estadounidense. La crisis se circunscribe a los mercados financieros y, por eso, hay que actuar con la máxima rapidez para hacerle frente. Ésa es la optimista conclusión de Alistair Darling, ministro del Tesoro británico. Optimista y peligrosa, si se tiene en cuenta lo que los cuatro gobiernos europeos del G-8 entienden por "actuar con la máxima rapidez frente a los mercados financieros". Ya en diciembre tomaron la iniciativa, un tanto etérea, de promover que los gobiernos trabajen para hacer lo posible frente a las turbulencias de los mercados. La obsesión- ellos mismos no pudieron evitar confesarlo- era evitar que la situación de Northern Rock y el germano West LB se repitiera.

El Estado británico, erigido en el nuevo salvador del mercado financiero y en director de orquesta de los cuatro europeos del G8, tira los muebles por la ventana y se deshace en el rol de facilitador de un salvamento de emergencia a manos privadas, al rescate de los excesos de Northern Rock para salvaguardarlo de la nacionalización que tendría que ejecutar Downing Street si los inversores privados no desembarcan. El Ejecutivo está dispuesto a convertir los billones de libras prestadas por Northern Rock en bonos respaldados para facilitar la venta del banco, que se vio obligado a solicitar ayuda de emergencia al Banco de Inglaterra por problemas de liquidez y recibió de él un préstamo de 25.000 millones de libras (33.000 millones de euros). En otro episodio de la crisis bancaria, los principales accionistas de la entidad alemana West LB- el land de Renania del Norte Westfalia, así como una serie de cajas de ahorros- tendrán que sufragar los 1.000 millones de euros que el banco tuvo que destinar a depreciaciones a causa de la crisis crediticia.

Para Sarkozy no se trata sólo de sus cuentas. Societé asumirá con una ampliación de capital, pero la alemana y la británica han ido mucho más allá. Se trata además, de su responsabilidad en el contagio de las ‘subprime', en la nutrición de la desconfianza de los mercados, las Bolsas, los consumidores y las empresas. De su implicación en los desajustes de la economía real del corazón del Europa, que resuena al ritmo de profecías autocumplidas. El discurso de París, un tanto esquizoide, trata de negar la mayor: no hay crisis y si la hay no es contagiosa y si lo es la UE está preparada para encararla. Todo con tal de espantar el miedo, aún a costa de caer en el fatalismo del sector financiero con tal de buscar culpables para la crisis financiera, los vaivenes bursátiles y si es necesario los males de la economía real  y despejar el terreno al intervencionismo.  La ecuación está cantada: los gobiernos de Berlín, Londres y París se enfrentan a una desaceleración de sus economías, a un repunte de la inflación y el debilitamiento de sus sectores exteriores.

Los ministros de Finanzas del Eurogrupo y la CE insisten en el mensaje de que Europa está a salvo del riesgo de recesión que se cierne sobre EE UU. Su papel obliga a repetir su abanico de certezas: que no hay que caer en un pesimismo excesivo y que la UE cuenta con un arsenal de herramientas, principalmente el Pacto de Estabilidad. Y, para reafirmarse en sus convicciones, handescartado medidas extraordinarias. Y en París, los "Cuatro Mosqueteros" más Barroso apostaron por que la economía europea, a la luz de la mejora de sus fundamentos, como el empleo, podría evitar los efectos de segunda ronda. Pero los ministros de Economía de Francia, Alemania, Reino Unido, Italia y el Comisario europeo de Asuntos Económicos coinciden en que no se pueden ignorar los riesgos. El crecimiento de la Eurozona en el cuarto trimestre se ralentizó respecto al tercero. Es el mismísimo Durao Barroso el que ha admitido que las proyecciones de crecimiento de cara al 2008 y 2009 son poco optimistas y existe malestar por la tasa de inflación. Francia y Alemania, el principal exportador comunitario, lo han sentido como pocos en sus propias carnes, acorraladas por la crisis financiera y por la apreciación del euro. 

Con los ciudadanos en brazos del miedo, los inversores entregados a las ventas y los electores decididos a evaluarlos con la mano en los bolsillos, no quieren ser los que paguen las facturas políticas. Como Don Quijote contra los molinos de viento, con la misma fuerza, la misma intensidad y tan poca puntería y realismo, Los "Cuatro Mosqueteros de la Economía Comunitaria" -Alistair Darling, Christine Lagarde, Peer Steinbrück y Tommaso Padoa-Schioppa- están dispuestos a poner "orden" en el sector financiero europeo. La necesidad y la función hacen al órgano, pero la oportunidad no ha hecho el consenso.

Por ahora, las iniciativas del Cuarteto, más bien etéreas, hablan de claridad de las instituciones y mercados financieros. Poco más. Los ministros de Economía y Finanzas de la UE ya adoptaron un calendario de actuaciones para hacer frente a las turbulencias en su reunión de septiembre en Oporto. Y el Foro de Estabilidad Financiera de la OCDE, donde se sientan los cuatro países que se reunirán en Londres, también está trabajando ya en la materia. En la última reunión el pasado 19 de enero para debatir soluciones con las que evitar un episodio similar al de las ‘subprime' y los problemas del sector financiero, apostaron por la creación de un sistema de vigilancia en el ámbito del FMI para prevenir las crisis - la necesidad de una mayor transparencia por parte de los bancos- y de las instituciones financieras, especialmente en el caso de los activos fuera de balance, así como el refuerzo de los criterios de liquidez, dado que, hasta ahora, las autoridades se han concentrado en los requisitos patrimoniales. Además, le apuntaron al funcionamiento de las agencias de ‘rating' y de los Consejos de Administración de los bancos, sobre los que recaen las responsabilidades en el caso de una crisis, antes que sobre las autoridades de vigilancia.

Pero las diferencias están a la vista y se hicieron patentes en la última reunión del Ecofin. La canciller Merkel quiere plantear la necesidad de regular los ‘hedge funds', algo que probablemente generará resistencias entre los más liberales Brown y Barroso y considera esencial reforzar los mecanismos de alerta en el FMI. El desencuentro está servido: tanto la fortaleza del euro como la crisis financiera sugieren soluciones diferentes para cada uno de los miembros del ‘Club de los Cuatro'. En diciembre, los ministros de Finanzas de la UE acordaron fortalecer la coordinación entre los organismos nacionales de vigilancia financiera, pero sin ir tan lejos como deseaban Italia o Francia. Adoptaron conclusiones por mayoría simple, sin retener las proposiciones del italiano Padoa-Schioppa, que  reclamaba reglas únicas para las instituciones financieras en los países de la UE, y una vigilancia más integrada, sobre todo a través del reforzamiento de los poderes de los comités que reúnen a los reguladores nacionales.

Estas propuestas son apoyadas por Francia, España y Holanda, pero consideradas excesivas por Alemania y sobre todo por Gran Bretaña. Berlín defiende que una cooperación más estrecha entre las autoridades de vigilancia es suficiente. Gran Bretaña considera que los problemas en los mercados este verano no se debieron necesariamente a una falta de información entre reguladores y rechaza todo lo que le huela a exceso de regulación. Londres tiene, además, serios problemas para salvar la brecha entre París y Berlín, que la crisis financiera global no ha hecho más que ahondar entre dos economías unidas sin embargo por la inflación, la ralentización económica y las heridas que un euro sin techo ha hecho en su balanza exterior. La necesidad de una cuadratura del círculo a la europea está servida si los "Cuatro Mosqueteros" quieren hacer un frente financiero común. La primera pista para la solución, en la minicumbre londinense del 29 de enero. La segunda, en la reunión de los ministros de Finanzas y presidentes de los bancos centrales de los siete países más industrializados el 9 de febrero en Tokio.