'ShockGen', la reina de los cuentos galos y otras historias europeas
Es un cuento. Chino. Érase que se era Societé Générale, el segundo banco de inversión francés, un broker treinteañero sobre el que recae la acusación de haberle estafado - tacita a tacita- 4.900 millones de euros. Un banquero de apellido Bouton que camina por la cuerda floja mientras entona el “pío pío que yo no he sido” y un presidente del Gobierno, rey de la 'sarkodiplomacia' nuclear, ávido de sacarle punta al caso. En este cuento de los ‘cuatro cerditos’, el resto de los personajes van pasando, escándalo a escándalo, a papeles secundarios, a medida que ‘Sock Gen’ enseña sus horrores y se va reafirmando como cajita de espantos, sustos e incertidumbres, un reino de dudas, apestado, del que todos quieren saber pero pocos osan ya hablar en público. 'Después del shock, las mismas preguntas siguen sin respuesta y amenazan en volverse contra el banco, si las palabras de defensa de Kervial son ciertas y él no desfalcó nada. Quizá SG pague en Bolsa su castigo. Las empresas que le achacan a la ineficiencia de su plan de salvamento el 'lunes negro' ya lo han hecho (que hayan tomado la decisión menos mala no la hace buena). Pero con ‘ShockGen’ se ha abierto la veda.
‘A Sarko y compañía, la veda de los mantras intervencionistas del sistema financiero y bancario con vocación europea. A algunos bancos, con NBP Paribas al frente, la del apetito por Societé, que hoy vale en Bolsa 35.000 millones de euros, la mitad que hace un año, y se ha convertido en carne de OPA. Y a las bolsas la veda del castigo, que no pocos han sabido aprovechar para pescar en aguas revueltas. El Elíseo, por si acaso, ya ha enseñado sus armas: prepara la bandera para golpear con ella a todo el que intente desembarcar en SG desde más allá de sus fronteras. Del otro lado de los Pirineos no todo va a ser alfombra roja como la de Credit Agricole en Bankinter. ¡Vive la France!
'SockGen' insiste en barrerlo todo debajo de la alfombra, quiere recomponer la figura y seguir la marcha. Daniel Bouton sigue al frente: alguien tenía que poner la cara, pero cuando pague la factura de la imagen pública verá si el Consejo sostiene el rechazo a su dimisión. Se ha convertido en el pupas financiero, el paradigma de todos los males que sacuden a los mercados de la Vieja Europa. Y en el antiejemplo de una gestión bancaria aliñada por el fraude, la ignorancia y el ocultamiento. A pesar de lo que los Dircom y el grupo de crisis de la gala cuenten en sus informes, ni ha salido fortalecida, ni el terremoto ha cesado. Ni el financiero, ni el político, ni, a lo peor, el bursátil. En Francia, la Défénse tiembla de la ira, de la sorpresa y del susto. Tiembla de la incredulidad. La banca gala se desmarca de la apestada. Y con ella toda Europa. El eco resuena aún en los mercados que, como colofón de una semana de infarto, el viernes no soportaron el susto envenenado de Societé. Y tiembla el protagonista, o al menos el chivo expiatorio de la increíble historia, Jérome Kerviel.
Cuentan las crónicas galas que el hombre del que Bouton dice que fue capaz de hacerle por lo bajini un agujero de 5.000 millones de euros está en el paro. Ocupado, sólo, en tratar de darle explicaciones a la Policía y las autoridades bancarias galas, que lo acusan de "falsificación de registros bancarios y fraude informático", dos delitos penados con un máximo de cinco y dos años de prisión, respectivamente. "Un ser frágil, sin habilidades particulares", que pasaba por "dificultades familiares". Un trabajador discreto que entró al banco en 2000, aprendió a medio tiempo los procedimientos de control y se integró, después, a las operaciones formales. La radiografía del departamento de recursos humanos es el perfecto perfil del chivo expiatorio. Sus declaraciones niegan los delitos, aunque no han aportado aún toda la luz al cuento de terror de SG, que ha abierto la caja de Pandora de las preguntas y las sospechas. Es un puzzle compuesto sólo de piezas imposibles de encajar. Propias y ajenas ¿Cómo se descubrió el escándalo?, ¿cómo ha gestionado la crisis el banco?, ¿Qué riesgos corre ahora Société Générale, si deben tener miedo los clientes o qué vínculo hay entre el fraude y la crisis de los créditos basura en Estados Unidos? Y, sobre todo, ¿cómo fue posible el mayor desfalco financiero de la historia - equivalente a un 94% del beneficio del banco en 2006- en el seno del segundo banco francés? ¿Cómo un hombre solo, sin cómplices pudo saltarse todos los controle del sistema de la financiera que presume de estar dotada con más tecnología y métodos de control del país?
Su forma de proceder parece simplísima: daba órdenes de compra que camuflaba con una contraorden, de venta, ficticia. Al menos eso es lo que dice SG. Mientras una transacción puede pasar sin señales, la contrapartida exige una nota al margen que protege al vendedor en caso de impago del comprador. Aunque no representa más que un 1% del total, 500 millones de euros no se evaporan. Si Societé trata de llevar a ese terreno las explicaciones, los especialistas en informática bancaria siguen sin dar crédito a la versión de que para disimular las órdenes, Kerviel pirateaba el sistema informático del banco para borrar u ocultar posiciones a los ojos de los controladores. ¿Pero cómo habría podido intervenir en los sistemas de las contrapartes o de las casas de compensación encargadas de efectuar la liberación de los títulos? Finalmente, ¿cómo la Comisión bancaria no detectó el fraude si entre 2006 y 2007 ha efectuado al menos 17 controles sobre la nave de ‘Sock Gen'?
Los jueces investigan también la gestión de Bouton, cuanto menos un dechado de desaciertos: no detectaron el agujero hasta que superó los 4.000 millones de euros. Agazapados, los hombres de Bouton tardaron al menos cuatro días -desde la reunión del Consejo y la comunicación a la AMF el 20- en confirmar las sospechas del mercado. Sus rivales aseguran que del total de pérdidas de 4.900 millones, sólo 1.500 millones se deberían a Kerviel, siendo los 3.400 restantes responsabilidad del consejo del banco, por haber actuado demasiado tarde y demorar el anuncio mientras se apresuraban a deshacer todas las posiciones.
A SG el escándalo por el fraude de su broker de futuros Jérôme Kerviel le pasará una factura de 4.900 millones de euros, a lo que se suma una depreciación de activos de 2.050 millones en las cuentas del cuarto trimestre de 2007 por la crisis de los créditos hipotecarios en EE UU (1.100 millones en activos hipotecarios de EEUU, 550 millones por su exposición a las aseguradoras de bonos ‘monoline' y otros 400 millones más en provisiones adicionales para cubrir estas posiciones). Societé pagará la cuenta con despidos, y la ampliación de capital de 5.500 millones de euros para fortalecer sus ratios de capital, pero aún trata de aminorar las consecuencias del escándalo: si ya trató de opacar su implicación en las ‘subprime' -y las pérdidas de entre 600 y 800 millones- con el relato de las aventuras y desventuras de Kerviel, tratará de hacer lo propio con la ampliación de capital de 5.500 millones de euros que prepara la gala para recomponer su balance. Una operación altamente dilutiva, ya que según los expertos, podrían llegar a emitirse a acciones a 50 euros, frente a los 75 euros a los que cotizaba el viernes, o al máximo de 138 euros que alcanzó hace unos meses. Las filas de Boston no renuncian a la tentación de la ampliación tendrá lugar el 21 de febrero, el mismo día que el banco publicará sus resultados de 2007. Una coincidencia con la que mejorar los ratios de capital de la entidad, y que alcancen el 8%, frente al 6,7% actual, sin caer en riesgos, excesos o tensiones que JPMorgan y Morgan Stanley, que respaldan la operación, no estarían dispuestos a asumir.
El terremoto no se reducirá sin seísmos y réplicas. Pero, al parecer, sí sin claros pagadores de las facturas pendientes. Víctima o verdugo bursátil, los pasos de 'Shock Gen' -recién coronada la reina de los escándalos financieros y apestada de los mercados- se adivinan tras la huella del 'lunes negro' en el que el Eurostoxx, el Footsie y el Dax se dejaron respectivamente un7,31 %, un 5,48 % y un 7,16 %. Las autoridades bursátiles galas investigan la negociación de títulos de Société Générale en los últimos días, analizando si se ha podido hacer uso de información privilegiada antes de hacerse públicas las pérdidas. Entre las sesiones de lunes y miércoles 23, el banco vendió masivamente y a toda prisa los productos financieros adosados a los índices bursátiles europeos. Una intervención de urgencia, decidida el domingo 20 por la noche, después del descubrimiento de la malversación y que equivale a casi 50.000 millones de euros, un montante monstruoso si se tiene en cuenta que en el Eurstoxx50, por ejemplo, los volúmenes son habitualmente de 7,5 millones. Y no faltan quienes, incluso, ven la huella de su fiebre vendedora tras la decisión de Bernanke de rebajar en 750 puntos los tipos. La otra factura, la de la Asociación de pequeños accionistas, la tendrá que despejar el juez de Nanterre. El presidente de la Appac, Didier Cornardeau, no ha tenido reparos en asegurar que los accionistas pagarán las consecuencias de una comunicación fallida y de la falta de profesionalidad del equipo directivo.
En la Bolsa, quién puede saber. Las facturas parecen asumibles y, a lo peor, el mercado se cobra el miedo de Societé sin pasarle al banco de Bouton la peor de las facturas. Con UBS en cabeza, las recomendaciones han comenzado a dar la espalda al valor, los analistas consideran que el grupo puede atravesar un periodo de descensos que pase factura también a los resultados. Pero el alarmismo no es la tónica: se descuenta un potencial alcista en el proceso de ampliación de capital, teniendo en cuenta que el valor de SG (incluso descontando la dilución ligada al aumento de capital) sólo será moderadamente inferior a la media del sector.
No faltan los analistas que apuestan por que la especulación y los rumores subirán los valores de SG. Más aún si, como se sugiere, el atractivo especulativo de los títulos abre la puerta o bien a un matrimonio de emergencia con otro banco francés -con la bendición de Sarko-, o a un asalto extranjero, o a una batalla bursátil comparable a la del ABN Amro. La jugada es redonda y está cantada para SG: dos por el precio de uno, encubrió el impacto de las pérdidas ‘subprime' del banco, despejó el camino a aterrizajes en compañías como Iberdrola a quienes aguardaban oportunidades a precios de ganga. Y aspira a recoger mejoras a medida que desgrane si plan de salvamento y su ampliación de capital y al calor de la recuperación bursátil de los valores financieros tras el anuncio de la Fed y de la Casa Blanca que se espera para esta semana. El baile de los buitres se ha abierto y con él la caja de los intereses. Los carroñeros ondean ya sobre su silueta. Su precio no sólo lo pagará con la ampliación de capital, el descalabro bursátil y la desconfianza de los consumidores. Si Societé ha estado durante las últimas semanas en las quinielas de las operaciones corporativas, el escándalo Kermail la sitúa a tiro de OPA, en el epicentro de los deseos de la banca europea. El apellido de los rumores es la italiana Unicredit -la favorita de los gestores si no hubiera otro remedio- y su eterna competidora, la gala BNP Paribas, que esta semana aprovechará para intentar sacar pecho en su presentación de resultados.
La sombra del mayor escándalo bancario europeo ha planeado sobre Davos. Y promete ser la protagonista de la reunión, mañana en Londres, de los ministros de Finanzas de los "Cuatro Mosqueteros"-Gran Bretaña, Francia, Alemania e Italia- en Londres, dedicada a definir un plan para evitar futuras crisis ‘subprime' y frenar los efectos de la ya desatada. Los desmanes de Bouton y compañía se lo han puesto en bandeja al oportunismo de Sarkozy y Lagarde, que desde hace meses enarbolan junto al italiano Padoa Schioppa la bandera del mayor control comunitario y el derecho de la mano fiscalizadora pública sobre bancos y entidades financieras del territorio de los Veintisiete. Ahora, con los agujeros de Societé Générale, los antecedentes de Northern Rock y de West LB y la sombra de las provisiones y las pérdidas de Citi, Merrill Lynch y compañía, aprovecharán que el Pisuerga pasa por Valladolid para sentirse dotados de la coartada perfecta.
En Davos, el escándalo le ha costado más de un sofocón, pero Sarko no ha dudado en llevar el agua a su molino, cualquier ocasión es buena para su bandera del intervencionismo europeísta. Fillon mediante el Elíseo exige explicaciones públicas y ha puesto al ariete intervencionista de Sarko, la mismísima Lagarde ha ejercer de sabueso de ‘Sock Gen'. El mensaje que se entona desde el Elíseo es que las pérdidas "no afectan la solidez ni la confiabilidad del sistema francés", que los resortes funcionan. El informe de la Comisión Bancaria deberá explicar por qué los controles no funcionaron. Y tendrán que hacerlo los patronos del Banco de Francia y de la AMF ante el Senado el próximo miércoles. Pero ya que estamos, el coro de Fillon, Sarko y Lagarde entona de nuevo su canción financiera favorita. Y claro, la mano derecha de Monsieur le Président no ha perdido ocasión: Lagarde ha pedido ya a la Comisión Bancaria controles adicionales sobre los bancos.
Sarkozy ya ha enseñado la patita. Autoinvestido en guardián de la ética y la salud financiera ha aprovechado para airear -con Lagarde de coro- el binomio que propone: sangre fría y transparencia. Su fórmula mágica para "moralizar -dice el galo- el capitalismo financiero". A su juicio, se ha dado mucho margen a "comportamientos de especulación en detrimento de los empresarios". La ministra gala de Economía, Christine Lagarde, ducha en el deporte de dispararle sólo a las dianas ajenas, ya ha pedido a la Comisión Bancaria controles adicionales sobre los bancos para que no se repitan sustos como el de Societé. Claro, no se refiere al sistema de control de riesgos financieros francés, "uno de los más sofisticados", como ya demostró otro fraude de un operador del banco francés Calyon. Pura coincidencia, dice el Elíseo.
Especialistas en meter en el mismo saco los abusos de gestión, los escándalos y las debilidades del sistema crediticio, han aprovechado problemas puntuales en entidades financieras para llevarlos al estatus de categoría europea, cargarles todas las facturas- incluyendo la de la desaceleración de la economía real-, tratar de abrir barra libre al intervencionismo y, de paso, presionar a Trichet y el Ecofin para que toquen los tipos. Cuando mañana se reúnan en Londres, los cuatro jefes de Estado y de gobierno europeos miembros del G-7 presentarán al Viejo Continente un paquete que es hijo de ese oportunismo, de las disensiones intraeuropeas y de la necesidad de demostrar a sus ciudadanos que hacen algo ante la crisis de las ‘subprime' y el miedo de los mercados. Grandes palabras para arropar el papel del FMI como previsor de este tipo de crisis, exigir de los bancos más claridad y redefinir las obligaciones de las agencias de rating. Y a los bancos.
Lagarde acudirá a Londres con los diez mandamientos de Sarko grabados a sangre y fuego. A saber, un nuevo ratio de solvencia de los bancos, una fórmula para someter a las agencias de rating a controles por parte de una autoridad Europea- como el BCE o la CE-, reforzar el control europeo de los bancos sin interrumpir el proceso Lamfalussy ni llegar a la creación de un supervisor bancario único para los Veintisiete. París sabe que no puede romper la cuerda de las diferencias con Londres y Berlín. Por eso, al menos por ahora, se conforma con reforzar la coordinación de autoridades de control nacional (organismos independientes o Ministerios) y los poderes de decisión de los grupos de coordinación actuales.
Pero las diferencias están a la vista y se hicieron patentes en la última reunión del Ecofin. La canciller Merkel quiere plantear la necesidad de regular los ‘hedge funds', algo que probablemente generará resistencias entre los más liberales Brown y Barroso y considera esencial reforzar los mecanismos de alerta en el Fondo Monetario Internacional (FMI). El desencuentro está servido: tanto la fortaleza del euro como la crisis financiera sugieren soluciones diferentes para cada uno de los miembros del ‘Club de los Cuatro'. En diciembre, los ministros de Finanzas de la UE acordaron fortalecer la coordinación entre los organismos nacionales de vigilancia financiera, pero sin ir tan lejos como deseaban Italia o Francia. Adoptaron conclusiones por mayoría simple, sin retener las proposiciones realizadas por el italiano Padoa-Schioppa.
El ministro italiano reclamaba reglas únicas para las instituciones financieras en los países de la UE, y una vigilancia más integrada, sobre todo a través del reforzamiento de los poderes de los comités que reúnen a los reguladores nacionales. Estas propuestas son apoyadas por Francia, España y Holanda, pero consideradas excesivas por Alemania y sobre todo por Gran Bretaña. Berlín defiende que una cooperación más estrecha entre las autoridades de vigilancia es suficiente. Gran Bretaña considera que los problemas en los mercados este verano no se debieron necesariamente a una falta de información entre reguladores y rechaza todo lo que le huela a exceso de regulación. Londres tiene, además, serios problemas para salvar la brecha entre París y Berlín, que la crisis financiera global no ha hecho más que ahondar entre dos economías unidas sin embargo por la inflación, la ralentización económica y las heridas que un euro sin techo ha hecho en su balanza exterior. La necesidad de una cuadratura del círculo a la europea está servida si los "Cuatro Mosqueteros" quieren hacer un frente financiero común. La primera pista para la solución, en la minicumbre londinense de mañana. La segunda, en la reunión de los ministros de Finanzas y presidentes de los bancos centrales de los siete países más industrializados el 9 de febrero en Tokio.