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Publicado el martes 29 de enero de 2008
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Las provincias petroleras argentinas, ávidas por YPF

Sede de la filial argentina de Repsol, YPFA. Zarzuela.– No es la primera vez que lo dicen, pero nunca sus guiños fueron tan claros, ni la oportunidad se dibujó con líneas tan bien definidas y con beneficios tan evidentes. Con la apertura de las negociaciones oficiales, cuatro de las provincias petroleras de Argentina quieren hacerse querer, le tiran los tejos a la compañía de Brufau, con la mira puesta en los títulos que el gigante de los hidrocarburos planea sacar al parqué bonaerense. Y, con el patagónico y chubutense Das Neves al frente, se han puesto su mejor traje, el de fortaleza energética. Tienen en su mano el arma de los contratos pendientes -entre ellos con Repsol-y en la otra, aún calentito, el descubrimiento del yacimiento más importante en 25 años en el país, que hacen ondear para darle cuerda a la presión de las negociaciones pendientes. Aún es pronto, faltan por lo menos cuatro meses para la salida a Bolsa,  pero la mesa está ya casi puesta, el procedimiento de diálogo permanente está servido, los contendientes aguardan y cuentan además con las bendiciones –o al menos la no oposición- de Cristina y sobre todo de Kirchner-Rasputín, que en su tango dual respaldó ya la venta del 14% a Eskenazi y ahora ve con buenos ojos que sean las provincias petroleras las que desembarquen en YPF.

Su jugada es redonda: la financiera, la energética y la política, la que les permite reforzarse para negociar con la Casa Rosada, ahora que el tablero del juego geoenergético está en plena efervescencia y ha comenzado la pelea por el bloqueo de las exportaciones, el aumento de los impuestos y las regalías. Con un valedor como Eskenazi cercano a la Casa Rosada, la participación de las provincias petroleras- gobernadas por peronistas que siguen a Cristina Fernández- y el interés del presidente de la Ofephi, Repsol podrá seguirle el ritmo del tango energético a CFK y consolidar un escenario más que favorable, justo en estos momentos en los que, con nuevos aires políticos, este mercado se dispone a abordar una revisión de tarifas de los hidrocarburos; justo ahora que la solidez de la estrategia energética del gobierno de Cristina reposa en la fortaleza del rol de Repsol YPF y sus inversiones.

Ahora que el tango energético promete ser movidito incluso para las provincias petroleras, prefieren bailarlo con la hispano-argentina como pareja. Y con un pie en YPF. Con 11.600 empleados, Repsol YPF es la principal productora y exportadora de hidrocarburos. Domina el 52% de la capacidad de producción de combustibles y concentra casi el 50% del mercado con 1.769 estaciones de servicios. Cuatro de las diez provincias- Chubut, Santa Cruz, Mendoza y Neuquén- que en la década pasada privatizaron su 10% en la petrolera YPF, ahora quieren volver a ser accionistas. Y han visto el cielo abierto con el plan de la compañía que preside Antonio Brufau de sacar al parqué bonaerense hasta un 20% de sus títulos. Las provincias del oro negro le apuntan ahora a la idea de adquirir entre un 5 y un 10% de la filial, dentro del tramo institucional, al mismo precio que negoció su 14,9% Enrique Eskenazi que valoró a toda YPF en 15.000 millones de dólares. El financiamiento-según el gobernador de Chubut- sería a través de créditos internacionales, que tendrían como garantías las mismas acciones que se compraran.

Repsol YPF espera cerrar la venta del 14,99% de YPF a Enrique Eskenazi en febrero para después elaborar el calendario de la salida a bolsa de otro 20% de su filial. Pero las provincias del oro negro ya han tomado posiciones. Sus intenciones están a la vista. Rey del desparpajo patagónico, Das Neves no ha dudado en contárselas a Brufau y a los medios de los dos continentes. El gobernador de Chubut y presidente de la Organización Federación de Estados Productores de Hidrocarburos (OFHEPI) -organización que reúne a las 10 provincias productoras de hidrocarburos de la Argentina- quiere ser presidente de Argentina en 2011 y se ufana de contar con más dinero que  Eskenazi. Lidera la avanzada sobre la petrolera y ha enseñado ya sus cartas. No quieren una gran participación, pero sí la suficiente para disponer de directivos- al menos un director, planifica- en la compañía. Resulta importante para una provincia productora de hidrocarburos entrar en YPF, es el salvoconducto para mejorar la renta petrolera. Otra cosa son la oportunidad y el interés, menos evidentes, nebulosas entre requiebros pamperos.

Para las cuatro provincias, la participación en YPF puede ser la jugada redonda: con la carambola energética, garantizan contratos de explotación a medio plazo. Con la jugada financiera, todo queda en casa, ya que una vez que Repsol YPF prorrogue los contratos con esas mismas provincias, automáticamente esa compañía tiene un horizonte de explotación más largo, vale más y si ellas están en el accionariado podrán participar de esa plusvalía. Con la carambola política, refuerzan su presión sobre la Casa Rosada. Y es que ir de la mano de Repsol YPF no sólo despeja su futuro energético. Arma a las provincias petroleras de poderes, propios y ajenos, para negociar con la Casa Rosada, ahora que el tablero del juego geoenergético está en plena efervescencia entre el gobierno y las provincias, que  históricamente reclaman más dinero en concepto de coparticipación por regalías hidrocarburíferas. Algunas productoras, como Neuquén negocian ya con la Casa Rosada una resolución adicional a la 394/07 (con el que la Nación modificó las alícuotas de las retenciones) para que instrumente un mecanismo presupuestario que evite que los ingresos de las provincias petroleras resulten afectados y pierdan en el cálculo de regalías, que se calculan sobre el barril de crudo libre de impuestos y, por tanto, están expuestas a cualquier subida impositiva.

No pueden cambiar concesiones por la participación accionarial, pero las diez provincias de la Ofephi son las dueñas del subsuelo y quieren hacerlo valer ahora. Los contratos de explotación de las multinacionales con las provincias en su gran mayoría vencen en 2017 y como la inversión petrolera necesita muchos años de amortización, la negociación ya está en marcha. De hecho, Pan American Energy ya renegoció su contrato con Chubut, pese a que aún le quedan diez años de explotación de sus áreas y está a punto de que se lo apruebe Santa Cruz. En pleno proceso de renegociación, Das Neves tiene en su mano una carta importante para lograr que YPF-cuyos contratos vencen entre 2015 y 2017- considere el ingreso de la Ofephi, justo en el segundo semestre, cuando los acuerdos deben llegar a puerto. Y no ha dudado en pasear su baza por Madrid con la misma soltura con la que no dudará en utilizar su pie en la hispano-argentina para barrer para casa.

Mario das Neves, convertido en capitán de los anhelos provinciales por YPF, enseña músculo, henchido de empuje tras el descubrimiento de un megayacimiento petrolero en el sur chubutense, anunciado justo - ¡oh milagros del marketing! -durante su viaje a Madrid, un trofeo que equivale a más del 46% de la producción nacional anual y permitirá duplicar la producción, de de 50 millones a 100 millones barriles. El gobierno de Das Neves tiene expectativas de encontrar más yacimientos en próximas exploraciones. Y juega, con su carambola de alianzas, a incentivar la inversión y utilizarla como ariete frente a la Casa Rosada. Cristina llegó a la presidencia animada a bailar más cercano y más suave con las empresas extranjeras, tratando de hacer virtud de la necesidad de 4.000 millones de dólares de inversiones energéticas; juraba estar dispuesta a la revisión de las tarifas y enseñó su mejor cara a las petroleras. Pero no se ha resistido al son intervencionista que Néstor Kirchner le enseñó. Ha dado ya su primer requiebro a las multinacionales de los hidrocarburos, que no pueden exportar combustibles líquidos, gasolina y gasóleo y han tenido que devolver los precios a su coste del pasado 31 de octubre tras aumentar un 35% durante 2007. La presidenta quiere pasarle la factura a las multinacionales por un modelo fallido al que da cuerda a pesar de los nulos resultados del intervencionismo: escasez y precios que crecen más allá de las promesas gubernamentales. Y las provincias petroleras, a pesar de la sintonía peronista que les une a los Kirchner, quieren desmarcarse de sus requiebros a las compañías extranjeras y de su fiebre intervencionista.

Las filas de Das Neves han hecho de la necesidad virtud y se han lanzado a la carrera por las inversiones de las multinacionales que Buenos Aires se resiste a atraer o espanta a golpe de decretazo, restricciones de precios o prohibiciones a la exportación. Con Chubut a la cabeza, quieren tener las riendas: que haya mayor disponibilidad de esos ingresos para las multinacionales  porque son las provincias las que les exigen que lo inviertan en exploración. El descubrimiento chubutense es para ellos la prueba tangible de los resultados de su política, a contrapelo de la de Cristina Kirchner. Amoco operó este yacimiento donde efectuó una decena de perforaciones sin obtener ningún resultado positivo. Pan American, que durante 2008 tiene prevista una inversión de 1000 millones de dólares en todo el país, mejoró la tecnología y la calidad de interpretación de los datos sísmicos, y esto permitió el descubrimiento.

Repsol YPF obtuvo durante 2007 el récord histórico de procesamiento de crudo en las tres refinerías argentinas que, en conjunto, operaron a la máxima capacidad instalada transformando más de 18,9 millones de metros cúbicos de petróleo en combustibles de alta calidad destinados a la creciente demanda del mercado interno. Desde que asumió en 1999 el control total de YPF, la filial argentina siempre le aportó buenas noticias y millonarias ganancias. Las utilidades nunca bajaron de los 1.000 millones de dólares anuales y representaron casi el 50% de los beneficios que mostró Repsol en sus balances de los últimos años. En pleno proceso de reestructuración de YPF, el interés de las provincias petroleras se suma para la compañía que preside Brufau a las ventajas de la presencia de Eskenazi como futuro vicepresidente- y su ascendente kirchneriano-, y el interés de inversores privados por participar del 20% que saldrá al parqué. Junto con las bendiciones que mercados, analistas y Gobierno han dado a esta nueva YPF con una vis más argentina refuerzan sus ventajas y blindan su posición ante los ‘taconazos' de Cristina presidenta, que a fuerza de retenciones, impuestos, limitaciones y restricciones de precios no deja de dar disgustos a las multinacionales. Desde que el 21 de diciembre acordó la venta del 14,9%  al grupo Petersen,- propiedad de Enrique Eskenazi- y la opción de compra sobre otro 10,1%, la nueva YPF coge forma. Comienza a anotarse, en piel propia y en la de la matriz, las ventajas de una operación que permitirá a los argentinos una mayor implicación y a la compañía hispano-argentina rebalancear su estrategia en la región. YPF cuenta con el aval del propio empresario, el visto bueno de la Casa Rosada, la bendición de los bancos financiadores y el interés de los inversores argentinos por adquirir el 20% que saldrá a bolsa en este semestre. La reestructuración hace valer sus fortalezas, que pasan por el estrechamiento de las relaciones con el Gobierno, la reducción de la concentración geográfica, la puesta en valor de YPF y la entrada de recursos financieros. Eskenazi puede ser el ariete local para ayudar a lograr una revisión tarifaria de los hidrocarburos -hasta ahora un cuello de botella para el desarrollo de YPF- y a suavizar el rechazo popular asociado a esta medida.