Cristina impone un tango agridulce para Repsol en Argentina
· La nueva YPF está mejor posicionada para encarar los requiebros energéticos de CFK
El tango se le prometía feliz a Cristina, que llegó a la Casa Rosada animada a bailar más cercano y más suave con las empresas extranjeras, tratando de hacer virtud de la necesidad de 4.000 millones de dólares de inversiones energéticas; juraba estar dispuesta a la revisión de las tarifas y enseñó su mejor cara a las petroleras. Pero no se ha resistido al son intervencionista que Néstor Kirchner le enseñó. La presidenta ha dado ya su primer requiebro a las multinacionales de los hidrocarburos, que desde ahora no podrán exportar combustibles líquidos, gasolina y gasóleo. Además, ha ordenado que los precios vuelvan a su coste del pasado 31 de octubre tras aumentar un 35% durante el pasado 2007. La compañía que preside Antonio Brufau asume con cautela un golpe que no da de lleno en su línea de flotación argentina y está dispuesta a colaborar con el Gobierno para garantizar el suministro de combustibles. Al fin y al cabo, el 90% de la producción de los yacimientos argentinos de su propiedad se destina ya al consumo interno.
En pleno proceso de reestructuración de YPF, las ventajas de la presencia de Eskenazi como futuro vicepresidente -y su ascendente kirchneriano- con un 14,99% de su accionariado, el interés de inversores privados y de las provincias petroleras por adquirir el 20% que saldrá al parqué en este semestre y las bendiciones que mercados, analistas y Gobierno han dado a esta nueva YPF una vis más argentina, refuerzan sus ventajas y blindan su posición ante los ‘taconazos’ de Cristina presidenta. Su recién aprobada emisión de bonos por 700 millones de euros es la prueba de la apuesta por el país. Y el anuncio de su inversión de 3.262 millones de euros para ampliar su refinería de Cartagena es la demostración palpable de su músculo internacional.
Con Guillermo Moreno de brazo armado, CFK trata de parchear el desabastecimiento y la carestía de la gasolina en los surtidores provocada por el déficit de carburante y la subida a máximos del barril en su cotización internacional. Hace restallar la fusta de la Ley de Abastecimiento, pero puede recibir el latigazo de su obsesión dominante en sus propias espaldas y tendrá que asumir una avalancha de consecuencias indeseables para el ciclo de la producción, distribución y consumo de los hidrocarburos. Con tal de forzar a las petroleras a dar marcha atrás con la subida de precios de los dos últimos meses, ata a las multinacionales de las que depende el despegue del sector energético. La Bolsa o la vida, el precio o las exportaciones. Las empresas dejarán de percibir los ingresos, cada vez menores, que tenían por sus ventas al exterior.
En el caso de Repsol, el perjuicio puede llegar hasta 700 millones de dólares. Las petroleras, a la luz de los crecientes impuestos a la exportación, en un mercado devastado por las continuas regulaciones, ya habían reducido ese nicho. Sin embargo, con el taconazo de Cristina, el Estado dejará también de recibir ingresos por las retenciones a las exportaciones, un negocio de casi 4.000 millones de dólares anuales, el 8% de las exportaciones globales.
Los analistas locales y las multinacionales energéticas confiaban en que CFK superara el modelo heredado de su marido, demasiado dependiente del gasto público, del precio de las materias primas y de la exportación. Una economía recalentada, ligada al intervencionismo, que trata de ponerle coto al alza de precios a golpe de subvenciones, restricciones a la exportación y control de precios. Mientras Néstor K se resistió a reconocer el déficit energético y se empeñó en satanizar (al menos verbalmente) a las multinacionales, el primer acto de gestión de Cristina fue un plan de ahorro de energía y la admisión de un problema oculto. Pero con su requiebro tuerce esa voluntad y presagia consecuencias adversas para productores y consumidores. El consumo interno está desbocado, sube a un ritmo de un 20% anual y con los precios más bajos, será aún peor. Además, Argentina puede encarar un problema en la venta mayorista de petróleo, ya que se acentuará la reducción de ingresos de los refinadores, y éstos buscarán trasladársela a los productores.
La mano de Kirchner -Rasputín para la relación con las multinacionales-, se adivina tras la decisión. Ya el 17 de noviembre elevó el tributo a las exportaciones de gasolinas del 5 al 35% para desincentivar la venta al exterior, apenas cinco días después de reunirse con Rodríguez Zapatero en Buenos Aires. La presidenta quiere pasarle la factura a las multinacionales por un modelo fallido al que da cuerda a pesar de los nulos resultados del intervencionismo: escasez y precios que crecen más allá de las promesas gubernamentales. Contra un precio internacional que roza los 100 dólares, el productor local de petróleo percibe 42. Pero eso no ha variado el resultado: las ventas al exterior han mermado y están fuertemente gravadas, mientras que el gasoil local es insuficiente y las empresas importan volúmenes crecientes. Ahoga a las multinacionales, ahoga al Estado -que no gana para subsidios- y nunca alcanza las expectativas de los consumidores.
La empresa que preside Antonio Brufau recibe el taconazo de Cristina en mejor posición que las demás. Desde que el 21 de diciembre acordó la venta del 14,9% al grupo Petersen,- propiedad de Enrique Eskenazi- y la opción de compra sobre otro 10,1%, la nueva YPF coge forma. Comienza a anotarse, en piel propia y en la de la matriz, las ventajas de una operación que permitirá a los argentinos una mayor implicación y a la compañía hispano-argentina rebalancear su estrategia en la región.
YPF cuenta con el aval del propio empresario, el visto bueno de la Casa Rosada, la bendición de los bancos financiadores y el interés de los inversores argentinos por adquirir el 20% que saldrá a bolsa en este semestre. La reestructuración camina hace valer sus fortalezas, que pasan por el estrechamiento de las relaciones con el Gobierno, la reducción de la concentración geográfica, la puesta en valor de YPF y la entrada de recursos financieros. Eskenazi puede ser el ariete local
Para ayudar a lograr una revisión tarifaria de los hidrocarburos -hasta ahora un cuello de botella para el desarrollo de YPF- y a suavizar el rechazo popular asociado a esta medida. Como nuevo consejero de la empresa, promete la ejecución de nuevas inversiones. La emisión de bonos es una puerta abierta a ese horizonte para YPF, que cuenta en la actualidad con un pasivo cercano a los 2.354 millones de euros y mantiene compromisos de inversión por cerca de 563 millones de euros.
INVERSIÓN RÉCORD
Con 11.600 empleados, Repsol YPF es la principal productora y exportadora de hidrocarburos en Argentina. Domina el 52% de la capacidad de producción de combustibles y concentra casi el 50% del mercado con 1.769 estaciones de servicios del país. La matriz de YPF, inasequible a las arremetidas kirchnerianas, sigue su expansión internacional, en el marco de su proceso de desinversión en activos no estratégicos y de la preparación de un plan estratégico centrado en el crecimiento orgánico. Repsol dedicará 3.262 millones de euros a ampliar su refinería de Cartagena, con lo que acometerá la mayor inversión industrial de este tipo hasta el momento en España. El proyecto duplicará la capacidad de producción de la planta murciana, hasta 11 millones de toneladas al año (220.000 barriles al día), y la convertirá en una de las más avanzadas y con mayor capacidad de conversión del mundo y uno de los principales enclaves de producción de combustibles limpios para el transporte en España, llamado a destacar en destilados medios como el gasóleo, a los que dedicará el 50% de la producción. La construcción de las nuevas instalaciones dará trabajo a más de 6.000 personas y su puesta en funcionamiento reducirá el déficit de gasóleo en España. El proyecto forma parte además del programa de Repsol para adaptar sus instalaciones a la producción de combustibles limpios para el transporte, impulsar el uso de biocarburantes y mejorar la eficiencia energética.