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Publicado el miércoles 1 de octubre de 2008
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Emilio Botín, bombero de la crisis

El modelo de la banca y del banquero cántabro desata elogios en los Gobiernos y en la prensa internacional

José Hervás.– Hay que disfrutar mientras dure. Y lo que dura es el éxito del modelo de banca española. Hasta el Financial Times, quien lo diría, durante tanto tiempo crítico con el sistema de crecimiento español y crítico como pocos con la decisión de Emilio Botín por comprar el Abbey National Bank, pagando una barbaridad en su momento, ha dedicado cuatro artículos, un editorial entre ellos para elogiar el modelo de control ejercido por el Banco de España y el saber hacer de los ejecutivos españoles. Pero no nos engañemos. Esto no quiere decir que los problemas del crecimiento económico español hayan desaparecido por ello.

Botín ha pasado, en poco más de tres años, de tratar de encontrar una ventana en la City de Londres para comprender la globalización del sistema financiero como confesaría en una rueda de prensa cuando explicó la compra del Abbey, a ser requerido para arreglar lo que queda del incendio de alguna de sus históricas instituciones. Ha conseguido con los diversos miembros del equipo que ha desplazado al Reino Unido hacer rentable instituciones que perdían dinero en sus ejercicios anteriores al desembarco, y empezar a conseguir competencia en el sector hipotecario que estaba en un proceso de gangrena.

 

El diario, que no ha pedido disculpas por compararnos con cerdos que se restriegan en el fango, durante meses se ha dedicado a poner la lupa los aspectos más críticos del crecimiento económico español, olvidándose que el fango se les ha metido, cerdos incluidos, hasta en la propia City. A ver cómo lo arregla. Las alabanzas para quienes lo han sabido hacer bien no debe hacernos olvidar que tenemos problemas importantes. El recorte de beneficios próximo al 70 por ciento de entidades, como la Caja de Castilla La Mancha, deben ponernos sobre aviso, aunque aquí también la secretaria general del Partido Popular debería empezar a distanciarse de las congratulaciones a las que le obligan sus relaciones personales. 

 

Las recientes oscilaciones de euforia y desconfianza de los mercados tienen razones claras. Si la AEB advierte de que ya avisó de los riesgos que subyacían tras el modelo de los créditos basura, como recordaba Miguel Martín con ocasión de la presentación de los resultados del 2007, bien es cierto que la práctica totalidad de los organismos internacionales e instituciones privadas españolas advirtieron de la necesidad de acelerar el modelo español, decisión que no se ha tomado a tiempo. Las alabanzas no deben hacernos olvidar que otros países, con el modelo de crecimiento basado en el ladrillo, han sufrido las consecuencias negativas durante años. Incluso las siguen sufriendo, como siempre nos recuerdan esa parte del equipo de Francisco Fernández Ordóñez que tras la desaparición del ministro representaron los intereses de España desde mediados de los años 90 en Japón.

 

Las advertencias realizadas ayer desde la Comisión Europea, pidiendo poderes especiales para la responsable de Competencia, hace temer que en las próximas fechas podamos conocer serios problemas en el sector, como nos ha advertido el caso Fortis y en menor medida Dexia. No estaría mal que estos expertos comunitarios, algunos de los cuales no han gestionado más allá de una pequeña granja antes de llegar a Bruselas para perfilar el destino de más de 300 millones de europeos, tuvieran la humildad de oír a quienes una vez se han asomado a la ventana de la City ya acuden a apagar sus fuegos. Porque no está descartado que algún gran banco comunitario pueda sufrir la misma quiebra que algunos de los ejemplos vistos en Estados Unidos, con la única diferencia que en Europa no contamos con una institución como el Tesoro que pueda rescatar a todo el sistema o a un Hank Paulson, que de rodillas ante su Pelosi europea, sea capaz de intentar salvar el sistema.