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Publicado el viernes 3 de octubre de 2008
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Zapatero elude reunirse con Sarkozy pese a que España tendrá que poner una parte de los 300.000 millones

El fondo de rescate europeo sigue vivo, aunque evidencia las diferencias sobre cómo afrontar la crisis

Merkel desaprueba un plan que no distingue entre bancos bien y mal gestionados ni a sus gestores
 

Ángela Merkel y Nicolás SarkozyJ. Hervás.– La Vieja Europa vuelve a dar muestras de lo mucho que le cuesta tomar decisiones y del interés que mantienen los grandes de ser sólo ellos quienes configuren el futuro comunitario. La reunión en la cumbre que han de mantener el fin de semana en Francia los cuatro países miembros de la Unión que pertenecen al Grupo de los Siete Países más industrializados del mundo, al margen del resto de países comunitarios, es la muestra más próxima en el tiempo de que la división sigue siendo la divisa que define a Europa. Zapatero, que en esta cuestión puede mantener una posición de fuerza, porque el sistema financiero español se ha convertido al día de hoy en modélico, ha eludido mantener una reunión bilateral con Sarkozy. El presidente francés ha perdido una ocasión de oro de hacer una Europa más fuerte frente a las dificultades. En cambio, el primer ministro holandés, Jan-Peter Balkenende, que ha visto en pocos meses desaparecer el ABN Amro y ha tenido que salvar de la quiebra a Fortis, no sólo no ha rechazado este encuentro bilateral, sino que ha acudido con urgencia a París para presentar un plan que sirva para salvar a la banca europea que se encuentre en dificultades. También la decisión de Irlanda de garantizar todos los depósitos de sus seis principales entidades ha dividido a los países miembros.

Así, han sido finalmente los holandeses quienes se han atribuido el proyecto de plan de salvamento, que la prensa alemana consideraba tenía su origen en la ministra de Economía de Francia, y que había irritado a la Canciller alemana. Angela Merkel se negaba a desembolsar dinero del Gobierno para salvar bancos sin más, sin distinguir si hubieran actuado bien o mal sus directivos. Holanda precisó que se trataba de una propuesta para el establecimiento de Fondos Nacionales de Salvamento Bancario, al que deberían aportar del orden del 3% del producto bruto de cada país, lo que supondría para el conjunto de Europa unos 300.000 millones de euros. Ha sido Holanda la que se ha dedicado a negociar directamente con el resto de los países miembros de la Unión.

El proyecto, cuyas condiciones se habían mantenido en el más estricto de los secretos hasta ahora, ya había sido propuesto la semana pasada en el comité financiero europeo, que reúne a altos funcionarios de los países miembros. Según los holandeses, inspiradores del mismo, no se trata de que los gobiernos pasen a garantizar absolutamente todos los riesgos asumidos por la banca, sino de lanzar la idea para dar confianza de que intervendrían conjuntamente los Estados miembros de la UE si fuera necesario. Para Holanda, las razones para la defensa de su proyecto son claras. Cuando un país interviene o apoya a una entidad nacional está afectando también directa e indirectamente a las entidades de los países miembros. ¿Por qué no actuar de forma conjunta?, se preguntan los holandeses.  

La propuesta holandesa se ha visto apoyada indirectamente por el Director Gerente del Fondo Monetario Internacional, el francés Dominique Strauss-Kahn, quien ha asegurado, son palabras textuales en declaraciones a la agencia Reuters, que "estamos justo en el momento en que resulta necesario tomar decisiones". Ha añadido hace escasas horas que "los europeos no están totalmente inmunizados contra la crisis financiera americana, por lo que es necesario organizarse". En cuanto al secretario general de la OCDE, Ángel Gurría, las sucesivas dificultades de varias entidades financieras europeas puede justificar el lanzamiento de un plan similar al planteado en Estados Unidos. Falta por conocer ahora cómo reaccionarán el próximo lunes los ministros de Economía y Finanzas cuando se reúnan en Luxemburgo. En principio, hay muchos a quienes no les ha gustado el resurgir de la 'grandeur' de Sarkozy, tratando de conseguirla con la exclusión de 23 países miembros de la Unión.