Monitor de Coyuntura
Reino Unido: el consumo, tocado y… ¿hundido?
El activismo de gobierno de Gordon Brown para salvaguardar su sistema bancario y el hecho de que el modelo británico de salvamento (caracterizado por compra de acciones de los bancos por parte del estado, junto con otras medidas) haya sido de facto adoptado como referencia por los países de la Unión Europea, pueden haber generado la impresión de que la economía británica está siendo guiada con mano de hierro hacia la salida de la crisis. Lo cierto es que, desde el punto macroeconómico, la situación sigue siendo extremadamente complicada. Según datos preliminares, el PIB alcanzó en el tercer trimestre un 0,5% intertrimestral, con lo cual se encuentra a las puertas de recesión técnica, al tiempo que la inflación ha roto la barrera psicológica del 5% en septiembre (5,2% interanual, concretamente).
El principal elemento que se ha degradado en los últimos trimestres ha sido el consumo privado. Aunque este bastión del crecimiento empezó a desacelerarse en el segundo trimestre, ha sido en el tercer trimestre cuando la pérdida de dinamismo se ha tornado más apreciable. En septiembre, las ventas minoristas crecieron un 1,7% interanual, 2,6 puntos porcentuales menos que en el segundo trimestre. En los meses inmediatos las cosas presumiblemente irán a peor: la confianza del consumidor se situó en septiembre en el nivel de los 23 puntos negativos, 7 puntos por debajo del débil registro del segundo trimestre.
La decisión de las familias de contener el gasto deriva fundamentalmente de la combinación de tres factores. En primer lugar, la caída de los precios inmobiliarios (según Halifax, el descenso entre agosto de 2008 y agosto de 2007 supera el 13%) tiene un efecto negativo sobre el consumo. Un segundo elemento es la menor disponibilidad de crédito bancario para financiar el gasto familiar.
Finalmente, el mercado laboral británico, que se había comportado de forma excepcionalmente dinámica en años precedentes, ha empezado a empeorar. En septiembre pasado, la tasa de paro ascendió hasta el 2,9% al tiempo que en los tres meses de junio a agosto se destruyeron 122.000 empleos netos. Asimismo, los ingresos salariales medios vienen ralentizándose desde mayo pasado, una tendencia que se ha intensificado en los meses de julio y agosto. Aunque los problemas macroeconómicos británicos no acaban aquí (por ejemplo, la producción industrial se desplomó un 2,3% interanual en agosto), ciertamente a menos que la vía de agua del consumo no se tapone claramente las perspectivas británicas se antojan complicadas.