Monitor de Latinoamérica
Pdvsa, el suprapoder petrolero de Chávez vende lechugas y leche
-Lula alimenta sus delirios de grandeza con el Elíseo
Lo suyo es un síndrome de personalidad múltiple. Convertida en la niña bonita del gobierno de Hugo Chávez, en el arma económica de su petroreino de los sueños bolivarianos, arrastra el lastre del 'paganini' de todas las aventuras chavistas, una carga insostenible ahora que sus cuentas no salen, sangradas por los gastos sociales y las deudas, y debilitada por la caída de las inversiones extranjeras. Y de la sombra de la ineficiencia, el monstruo petrolero se está deslizando hacia la amenaza de la zozobra. Hasta papá Chávez se lo ha empezado a echar en cara: nada de pequeños estados en su cancha de juego. Demasiada carga para un mastodonte que hace aguas y apenas alcanza a sujetarse a sí misma, convertida en la caja tonta del gobierno, anclada por los problemas de producción y el déficit de inversión, impotente para alimentar el monstruo de la diplomacia petrolera de Chávez y obligada, ahora, además, a cargar a sus espaldas con el peso del desabastecimiento alimenticio.
Los sueños de autarquía petrolera hacen aguas en el quinto productor mundial. Los bolidólares tendrán que servir de ahora en adelante, además, para solucionar y dar de comer a los venezolanos. Del suprapoder petrolero al bombero torero para todo. Y ahora, del crudo a las lechugas. El chico para todo de las inspiraciones chavistas se desliza hacia el colapso. Y con él, una economía con ínfulas de autarquía energética.
A través de su filial Petróleos de Venezuela S.A. Alimentos (PDVAL), el buque insignia de la energía venezolana ha comenzado a competir con el sector privado en la distribución y la venta de alimentos. Lo hará, en principio, a través de Mercal, a pesar de que en sus siete años de vida no ha conseguido paliar el desabastecimiento. Pero su nuevo rol de distribuidor de leche, huevos o azúcar no opaca sus debilidades energéticas. Al octavo exportador de petróleo del mundo se le seca el pozo de los deseos chavistas.
Desde que Chávez asumió el cargo en 1999 la producción de petróleo venezolano ha bajado 28%, la deuda de PDVSA ha aumentado significativamente, algunas petroleras se han retirado del país y la nómina se ha disparado. Aunque las cifras oficiales hablan de 3,1 millones de barriles al día, los economistas independientes y numerosas organizaciones internacionales como la OPEP y la AIE ponen el techo, en el mejor de los casos, en 2,3 millones. Y las exportaciones declinaron todavía más: de 2.5 millones de barriles diarios en el 2000 a 1.5 millones en este momento, porque se dedica más petróleo a satisfacer la demanda de gasolina interna. Empeñado en el consuelo a cualquier precio, el Palacio de Miraflores se ha acostumbrado a relativizar esas cifras: hay un antes y un después del paro petrolero de 2002, que paralizó la industria nacional y ése es el horizonte al que se llevan todas las comparaciones.
Es cierto que los precios del petróleo están en niveles récord y las ventas de PDVSA alcanzaron $101,000 millones en el 2006 y que la ola petrolera ha generado un auge de consumismo quizás sin paralelo en la historia del país y ha permitido a Chávez proclamar una reducción del 25 % en la tasa de pobreza, así como prometer unos 8,000 millones de dólares en asistencia económica en el 2007 para el club de "próceres bolivarianos". Pero la buena racha de Pdvsa- y con ella del petroestado chavista- ha comenzado a tocar a su fin, la burbuja de Petróleos de Venezuela sólo se alimenta por los precios del crudo y cuando el mercado se debilite no podrá aumentar la producción' ni seguir dando cuerda al consumo y el gasto público nacionales. El músculo petrolero ya flaquea, la capacidad de producción petrolera está ya lesionada y, sin inyecciones de capital exterior, el impulso de Pdvsa, el buque insignia de la estrategia energética chavista, no mejora. Que Venezuela tiene problemas de producción energética ya lo decía el mismísimo Ministro Cabezas, ése mismo que murió de sinceridad y que ahora se bate el cobre por la gobernación de Zulia. El BCV reconoce que en 2006 la producción bajó un 2% y en 2007 un 5,3%.
Y es que, desgastado en su papel de chico para todo y falto de estrategias de inversión, el genio de la lámpara petrolera se está quedando sin recursos. A PDVSA no le salen las cuentas, ni las domésticas ni las dedicadas a su revolución para la exportación. El buque insignia de la soberanía petrolera se ha convertido en una nave con la epidemia de la ineficacia a bordo y que pierde a borbotones lingotes de inversión. Ahora, ya ni siquiera los altos precios del petróleo le permiten mantener la estampa de su hidalguía petrolera. Venezuela ha comenzado el año reduciendo el plazo de cobro a sus clientes internacionales de un mes a ocho días, aún a costa de debilitar la posición comercial de la empresa, que ha visto cómo en el último lustro la han adelantado por la derecha sus competidoras regionales. En medio año el gigante petrolero ha tenido que conseguir 15.000 millones de dólares en deuda, bonos y venta de petróleo al futuro para enfrentar la crisis de sus arcas. En el último trimestre ha obligado a Citgo a adelantar 2.000 millones de dólares a cuenta de los dividendos de 2008 y a hacerle un préstamo de 1.000 millones pagadero con futuros embarques de petróleo. Y su filial de avanzadilla en Estados Unidos recortó a más de 500 contratistas de mantenimiento en su refinería de Luisiana para elevar los retornos a su matriz en Venezuela. La necesidad obliga. Adiós a las exportaciones de asfalto, que hasta ahora suponían el 70% de los 27.000 barriles que produce cada día. Venezuela lo necesita todo para casa.
Obsesionado con el mantra de la soberanía nacional, Chávez ha perdido el mapa del tesoro petrolero y desprecia -Bolívar manda- los consejos de los analistas que, desde el principio sugerían crear una verdadera empresa, con autonomía financiera y administrativa, con mecanismos de control y la eficiencia por bandera. De poco han servido los golpes de timón en PDVSA, la politización, la militarización y la habilidad para achacar sus males a los fantasmas del pasado, del extranjero o del capitalismo los males de la empresa. De poco han servido los que Miraflores canta como éxitos para el con la adquisición de la mayoría accionaria de las antiguas asociaciones de la Faja del Orinoco, que derivó en la transferencia de activos a la estatal.
El descalabro es difícil de esconder. A la empresa de bandera le cimbrea el mástil gracias a los problemas de producción, exportación y gestión. En los últimos ocho años, sólo la obsesión por el control militar y la politización han abrazado a Petróleos de Venezuela, que aún no ha conseguido reponerse del despido de 20.000 trabajadores con una media de 15 años de experiencia en el sector. El plan estratégico de PDVSA para el período 2006 al 20012 contempla aumentar la producción reinvirtiendo $76,000 millones de sus ingresos para el 2012 en nuevas labores de exploración y mantenimiento de refinerías y yacimientos.
Pero los analistas creen que la compañía invirtió sólo entre $2,000 y $5,000 millones anuales en años recientes, escasamente lo suficiente para mantener la producción actual, pero no para aumentarla. La falta de inversiones, la corrupción que ha sabido encontrar un rincón calido al calor de la manu militari chavista y las obligaciones de la Petrolera afectan a sus instalaciones, sus refinerías e incluso sus yacimientos, carentes de las inversiones necesarias en recuperación secundaria. Ya en los yacimientos del nororiente, los más prolíficos del país hay dudas sobre la reinversión del gas. Funcionarios de PDVSA reconocen que no tienen suficientes torres de perforación -que escasean en todo el mundo debido al auge de esa actividad- necesarios para encontrar más crudo. El país necesitaba 191 torres perforadoras el año pasado para cumplir sus metas de producción. Pero Baker Hughes, empresa de Houston que le lleva la pista a las torres perforadoras, informó que el mes pasado en Venezuela sólo había 71 perforadoras activas. Y la cantidad de pozos en explotación de 19,583 en el 2001 bajó a 13,500 en los últimos informes.
La joya de la corona tiene desconchones. Venezuela tiene 40. 000 millones de dólares en reservas y cuentas en el exterior, según las cifras del Gobierno. Y su deuda, aunque aumentó en el 2007 de 2. 250 millones de dólares a 16,000 millones, es pequeña en comparación con otras estatales de la región, como PEMEX. Pero a PDVSA se le acumulan las facturas, las propias y las ajenas. Tanto que a pesar de los altos precios del crudo el gobierno se ha visto obligado a incrementar sus fuentes de recaudación fiscal mediante los impuestos al consumo y el impuesto a las transacciones financieras. Con sus complejos de gigante a la vista, Pdvsa promete invertir en 2008 15.000 millones de dólares y está programado el vencimiento de créditos por 2.877 millones de dólares. Pero el año pasado, amén de sus propios gastos de mantenimiento, equipos y apalancamiento, Pdvsa se dejó 13.134 millones de dólares en total, que se dirigieron al plan Siembra Petrolera, a la compra de las empresas eléctricas que fueron nacionalizadas por instrucción de Chávez, entre ellas La Electricidad de Caracas. Y a otros, incluyendo incluyen un préstamo de 1.000 millones solicitado por Citgo a cuenta de la casa matriz.
Chávez se ha acostumbrado a la ecuación fatal: él promete, Pdvsa ejecuta y paga. La compañía reportó haberle entregado 39. 200 millones de dólres al gobierno en el 2006, comparado con 25. 000 millones en el 2005. Y es que con su complejo de caja fuerte para todo, de motor de las aspiraciones nacionales, se ha convertido en el agujero negro del que tiran los ministerios, las misiones y los ataques de generosidad bolivariana de Hugo Chávez con sus gobiernos ad láteres. No hay viaje en el que, enfervorecido, el rey de la diplomacia petrolera no prometa una nueva refinería a sus amigos. Lo hizo en Cienfuegos, lo repitió una semana después en Managua. A la niña bonita del gobierno sólo la salva la insostenibilidad de la oleada de promesas: Caracas aún no ha comenzado a desembolsar ni un dólar de los 3.000 millones que le ofreció a Daniel Ortega hace más de un año. PDVSA subsidia parte de sus exportaciones, sobre todo como parte de Petrocaribe, un acuerdo que contempla la entrega de 99,000 barriles diarios de gasolina y otros productos a 16 países de América Latina y el caribe en términos preferenciales. Cuba recibe de la petrolera dos terceras partes del crudo que consume, en su mayoría gratis, según la mayoría de los expertos.
Caracas ha alimentado un monstruo de mil cabezas que ahora no puede controlar a su gusto. En ese juego de "matriuskas estatistas", Pdvsa se convirtió en un pequeño estado dentro del Estado. Un monstruo que Chávez cebó sin contención para ordeñar de él bolidólares a destajo (y sin pasar por el control del BCV) y del que ahora comienza a asustarse. Tanto como para sacarle los colores en televisión a su amigo y mano derecha, el Ministro Ramírez y exigirle que deje de acumular poder y fondos y juegue su rol social. "Hay que acabar con esa vieja mafia de que Pdvsa se sienta como un suprapoder" "vamos a apretarle las tuercas, no puede haber gobiernitos autónomos". Un mastodonte cada día más difícil de nutrir y en cuyas espaldas ha depositado el peso económico y social del país. En Venezuela todos los caminos conducen a Pdvsa, que le entregó 39. 200 millones de dólares al gobierno en el 2006 y desvía miles de millones de dólares a programas sociales de Chávez. En 1997 la compañía gastó 7.400 millones en actividades no petroleras. Para el 2006 el gasto social ascendía a 13.300 millones. Los 75.000 empleados se ven abocados a trabajan en programas sociales para ayudar a los pobres, o apoyar a maestros y médicos cubanos. Chávez ha empleado miles de millones de los ingresos de la empresa en autopistas, puertos y otros programas para fomentar el desarrollo a largo plazo. Pero ha gastado miles de millones en subsidiar la gasolina (más de $2,000 al año), importar y distribuir alimentos básicos, comprar apoyo para su política exterior y adquirir armas.
Los números comienzan a contestar al bolivariano: en un país con una dependencia plena de la renta petrolera, el consumo doméstico de la gasolina más barata del mundo se ha incrementado un 24% en los últimos dos años, pero las exportaciones de gasolina al odiado vecino del norte, su principal cliente, cayeron un 62% en los primeros nueve meses de 2007. Los desajustes son de manual en una economía que aspira a la autarquía energética, que se nutre tan sólo de la renta petrolera y la confianza en la escalada de los precios del crudo, y que, a golpe de bolidólares- gasto público mediante- alimenta el consumo interno. Los analistas cantan un futuro de vacas flacas no tan lejano. En una economía cada vez más dependiente del sector bancario y cada vez más huérfana de un tejido industrial y de servicios e infraestructuras suficientes, los créditos bancarios crecieron un 69% en 2007 y, en los diez primeros meses del año, alcanzaron casi seis veces el gasto del gobierno central. Chávez, revolución en ristre, le da cuerda a un modelo estatista, que- paradojas del chavismo- ha terminado por descansar en un consumo interno desbocado y en las exportaciones a Estados Unidos. PDVSA es su cuarto mayor suministrador de crudo, con el 10% del mercado, y controla a CITGO, que tiene varias refinería y surte unas 8,000 gasolineras de franquicia allí.
No habrá superpoderes para el frustrado prócer del socialismo del siglo XXI. Su derrota no ha hecho más que enturbiar las debilidades económicas de un sistema que ya sufre los síntomas de nueve años de autarquía petrolera. En el quinto exportador mundial de petróleo es más fácil conseguir un coche de importación que leche, huevos, carne o azúcar. En el reino de la "revolución para el pueblo", los venezolanos sufren una inflación que la patronal cifra cerca del 25%. Y aunque el mandatario achaca el desabastecimiento a la confrontación con Colombia, el acaparamiento y el desvío de productos al mercado negro, son el control de precios, la restricción de divisas y el intervencionismo los que han tejido una ecuación que ha dado como resultado la escasez, el encarecimiento de las importaciones y la debilidad enfermiza del bolívar, que la reconversión monetaria sólo está maquillando.
Acorralado tras la derrota en el referéndum, Chávez no quiere tentar más la suerte con el bolsillo de los venezolanos, constreñidos entre el deseo del consumo y la realidad de su producción nacional y ha comenzado a fustigar a sus niñitos. El gigante petrolero no escapa a sus iras. Tampoco a sus renovados planes. Y claro, Chávez ha comenzado a cercenar las cabezas del dragón y a cambiarlas de color. Si no quieres caldo, ahí van dos tazas. La escasez en los supermercados supera el 60% en diez de los productos básicos y el 90% en el "blanco elemento". Decidido a acabar con el desabastecimiento alimentario el rey del discurso anti-suprapoderes mira, como no podía ser menos, hacia Pdvsa. Deposita en ella todo su juego, de nuevo, en el contexto de un "Plan B" que pasa por tirar de ‘los de casa' (Bolivia, Ecuador Nicaragua...), coquetear con Cristina y Lula y jugar en MERCOSUR, un espacio donde cambiar con más libertad los "cromos petroleros" por carne y otros productos básicos. La bestia es insaciable. Pero si los cromos petroleros flaquean, a Chávez se le habrá empantanado (acabado) su juego bolivariano en todo el continente. Y en su propio patio.
-Lula alimenta sus delirios de grandeza con el Elíseo
No hay nada que una más que las ambiciones. El brasileño Lula y Sarko lo saben y miden la dimensión de las suyas. Lula da Silva quiere más. Enfrascado en la carrera para hacerse con la hegemonía regional a dos bandas -la comercial y la militar- Lula lo persigue todo: promete a los brasileños un asiento en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y se siente ya dueño de una plaza de residente en el G13 y portavoz in pectore de las economías del BRIE. Con tan altas miras, no podía tener prurito en seguir desplegando su promiscuidad diplomática. La inauguró este año con Cristina Fernández de Kirchner, con la que selló un acuerdo energético que despeja el futuro de Petrobrás y su intervención en Esso, con la vista puesta en las riendas de MERCOSUR; se tapó la nariz y se enfundó el orgullo y los espolones para eludir el pulso con Caracas y bailar su lambada energética con Chávez. Y traspasa ahora las fronteras latinoamericanas, listo para una "alianza estratégica" con Francia -como la que va a sellar con Rusia- para la construcción de submarinos nucleares de defensa, una ambición muchas veces reiterada por el Ejército brasileño, que 1979, que es desarrollado en un centro de investigaciones de la Marina en el estado de Sao Paulo. Y la compra de unos 50 helicópteros Super Cougar, que serían producidos por la Hilbras, filial brasileña de la Eurocoper, instalada desde hace unos 30 años en el país.
El mandatario brasileño lo tiene claro: Francia es el único país que presenta disponibilidades para la transferencia de tecnologías en el campo militar y París está listo para aportar la tecnología para fabricar el casco y todo el equipamiento informático interno de los submarinos. Además, es el único estado europeo presente en la región amazónica. Ahí se lo cobrará el galo a los brasileños cuando el próximo 12 de febrero consumen su luna de miel nuclear, juntos en la Guayana Francesa. Con tal de extender su ascendente sobre las economías emergentes,
París está dispuesto a apoyar la conversión del G8 en G13 y hacerle ojitos a las ambiciones cariocas. Los amoríos galos son el salvoconducto para sus delirios de grandeza militar en la región, ese Consejo Sudamericano de Defensa en el que integrar bajo su mando a todos los ejércitos al sur del Rio Grande. Para Lula, nadie respeta a un país que no se respete a sí mismo. Y el respeto bien entendido comienza por las armas nucleares. Más aún teniendo en cuenta que Chávez, enfrascado en sus broncas hemisféricas, entiende el respeto a Venezuela con la misma devoción militar.
Con sus nuevas reservas de petróleo, su capacidad nuclear, su músculo militar, sus poderosas industrias de aviación y agrícola y su creciente poder de negociación mundial, Brasil quiere y puede estar mucho más cerca de China e India que de Irán. Lula pilota la décima economía del mundo como una empresa, no se ciega con lealtades políticas y, gracias a su pragmatismo económico supera las fronteras de revoluciones de andar por casa. Respaldados por su poderío petrolero -Chávez- y por la envergadura de la mayor economía latinoamericana- Lula-, ninguno oculta sus sueños de hegemonía regional. Se necesitan, se reconocen, se miden en cada uno de los escenarios regionales y, visto lo visto, se apoyan. Pero desde la rivalidad, se reparten el tablero de las influencias regionales y, cuando por momentos ven que están demasiado igualados para desenredar el pulso, se alían, dejan que Petrobras y PDVSA saquen partido y esperan un nuevo round en su duelo de titanes. Y de intereses. Sarkozy no parece dispuesto a desempatarlo. Su fervoroso desparpajo nuclear tiene como clientes por igual a China, Arabia Saudí o los estados magrebíes, que a Venezuela y Brasil.