Monitor de Cataluña
Vientos de fusión en las cajas catalanas
· Hay dos opciones que reducirían a dos o tres el número de entidades
Algo se cuece en las cajas catalanas. A fuego lento, es verdad, pero inevitablemente el guiso quedará cocinado. En pleno debate sobre la conveniencia de fusionar las cajas de ahorro pequeñas para afrontar con garantías las turbulencias de un mercado cada vez más competitivo, Caixa Cataluña dio el campanazo anunciando el nombramiento de Adolf Todó como nuevo director general de la entidad. Y fue así porque Todó era, hasta entonces, el director general de Caixa Manresa, una de estas cajas pequeñas que en más de una ocasión había aparecido en las quinielas de una posible fusión con Caixa Catalunya. Con este nombramiento se reactiva un proceso de concentraión que cuenta con el visto bueno tanto del Gobierno de la Generalitat como de la Diputación de Barcelona. De hecho, ambas administraciones, lideradas por el Partido Socialista, respaldaron y aprobaron la decisión de poner a Todó al frente de la dirección general de Caixa Catalunya con segundas intenciones.
Adolf Todó, de 53 años, sustituye a Josep Maria Loza, que abandonó su cargo en Caixa Catalunya, después de 38 años de dedicación, a causa de las tensas relaciones que mantenía con el presidente de la entidad, Narcís Serra. Y es que los modelos de gestión que defendían uno y otro eran del todo incompatibles. Mientras que Loza propugnaba una caja "a la antigua", Serra prefería una caja proactiva en términos de participaciones industriales. Con este problemático telón de fondo, era necesario un cambio de rumbo que desencallara la situación. Y así fue: Loza presentó su dimisión y Caixa Cataluña hizo público el "fichaje" de Todó, uno de los valores al alza del sector, que ya había sonado como posible sustituto de Isidre Fainé como director general de La Caixa y como sustituto de Juan María Nin en el cargo de consejero delegado de Banco de Sabadell. Además, Todó mantiene excelentes relaciones con el consejero de Economía de la Generalitat, Antoni Castells, responsable de la tutela de las cajas de ahorro.
Con esta nueva pieza en el tablero, parece claro que el camino hacia la fusión es inevitable. Un camino que Cataluña no emprende desde hace muchos años, ya que el último movimiento de estas características fue la fusión de La Caixa con Caixa de Barcelona, y de esto ya hace casi dos décadas. Pero es evidente que los cambios de hábitos de los consumidores, la creciente sofisticación de los productos financieros y la globalización de los mercados, allanan notablemente este camino hacia la concentración empresarial. Asimismo, las consecuencias que pueda acarrear la crisis hipotecaria también favorecen el proceso de fusión, sobre todo en el supuesto que alguna de las cajas tenga dificultades para afrontar el frío que se avecina.
En cualquier caso, el camino hacia la concentración tiene dos posibles senderos. El primero, y más avanzado, consistiría en la creación de una "segunda caja", es decir, que Caixa Catalunya aglutinara a todas las cajas de ahorro menos La Caixa. Esta opción cuenta con partidarios cualificados, pero también con muchos obstáculos que salvar, ya que estamos hablando de nueve cajas con orígenes muy dispares y dónde el peso de los 'stakeholders' (corporaciones municipales, diputaciones, sociedad civil...) es muy variable. Eso haría necesario una actitud de gran predisposición por parte de las propias cajas implicadas en la fusión, una condición que parece de difícil cumplimiento si no viene forzada por el cambio en la dinámica del mercado.
Otro obstáculo para llevar a cabo esta macrofusión sería el consenso político. Parece evidente que una operación de esta magnitud requeriría un gran pacto entre los principales partidos catalanes, especialmente entre CiU y PSC. Pero parece igual de evidente que el perfil marcadamente político del presidente de Caixa Catalunya, el ex ministro socialista Narcís Serra, no ayudaría en esta tarea. Tal y como exponía el economista Manel Pérez en las páginas de la Vanguardia el pasado mes de diciembre: "Caixa Catalunya, por su dimensión, es la destinada a pilotar, según sus propios diseñadores, el proceso de concentración del sector y un político (Narcís Serra) tan conspicuo en la presidencia no ayuda demasiado. En el discreto perfil del sector, demasiado bombo no gusta".
Si estos y otros inconvenientes frustraran el proceso de macrofusión, aun quedaría otra posibilidad, otro sendero. En ese caso, el modelo también consistiría en la creación de una "segunda caja", pero esta sería resultado de la fusión de Caixa Catalunya con las cajas de Tarragona y Girona. Tres, en lugar de nueve. Eso facilitaría la operación porque las tres son de origen provincial y de carácter público (participadas mayoritariamente por las respectivas Diputaciones). Asimismo, este modelo alternativo se completaría con una "tercera caja" que aglutinaría a las seis entidades restantes (todas de origen comarcal), con la Caixa del Penedés al frente de la fusión.
Sea cual sea el futuro de las cajas catalanas, lo que es seguro es que Adolf Todó tiene por delante un año complicado, marcado por las restricciones en los mercados financieros y en una entidad, Caixa Catalunya, que ha perdido posiciones desde el punto de vista de volumen de balance. Esta pérdida de posiciones se debe a que diferentes comunidades autónomas del resto de España han impulsado fusiones para que sus respectivas cajas ganen tamaño: Un problema que puede devenir la solución.