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Publicado el lunes 11 de febrero de 2008
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Monitor de la Construcción

La obra civil, el colchón de la construcción

Ignacio Mulas.– En su Boletín Económico de enero el Banco de España ha certificado que “la inversión residencial continuó desacelerando en el cuarto trimestre de 2007, confirmando el cambio de ciclo del sector inmobiliario”. Añade que “aunque la inversión empresarial continuó avanzando a buen ritmo en ese período, tanto la inversión en bienes de equipo como sobre todo la realizada en construcción no residencial recortaron su ritmo de avance”. Si esto es así y la tercera actividad de la construcción ligada a la edificación, la Rehabilitación y Mantenimiento de Edificios, está asimismo referenciada inevitablemente no solo a este cambio de ciclo en el segmento inmobiliario, sino también a la confianza de los hogares y a la evolución del consumo –que en estos meses andan a la baja ostensiblemente- es obvio que a la construcción le queda la obra civil para poder avanzar este año y siguientes con un cierto ritmo positivo y que a la vez pueda compensar los efectos negativos de la evolución del resto de la actividad.

La producción en obra civil durante el último decenio ha echado al traste algunos sobreentendidos que parecían insuperables y que estaban firmemente anclados en las apreciaciones del sector empresarial dedicado a la obra pública. El más importante era la eterna arritmia de la actividad, ligada a la evolución de la economía nacional, pero que inevitablemente la ampliaba tanto en los períodos de bonanza como de desaceleración, dibujando un perfil de acusados dientes de sierra a lo largo de los años. Así ha sido en una parte importante de nuestra reciente historia, como se puede observar claramente desde 1971 a 1996, pero a partir de ese año no solo ha habido crecimientos continuados en la actividad de obra civil, sino que en su evolución se ha atemperado notablemente la arritmia observada en períodos anteriores, acompasándose también cada vez más a la de la economía nacional.

Hace pocos días José Mayor, Presidente de FCC Construcción, hacía unas lúcidas reflexiones al respecto. "La realidad del sector constructor, en lo que se refiere a la obra civil, no es ya cíclica; hay una recurrencia de hecho basada en la aplicación de la planificación a la satisfacción de las necesidades de infraestructuras detectadas. La palabra ‘Plan' es la que más nos gusta a las empresas que nos dedicamos a la obra civil". Tiene Borrell el mérito de haber sido el primer ministro de la democracia que  inició la planificación a medio y largo plazo de las necesidades -y su satisfacción- de infraestructuras en España; diseñó y presentó el Plan Director de Infraestructuras (PDI) en la última legislatura de Felipe González que, si bien no pudo implementar, dio el pistoletazo de salida de otro modo de hacer las cosas. Álvarez Cascos tomó el relevo con su Plan de Infraestructuras (PI) en el que se incluyeron muchas de las necesidades contenidas en el de Borrell y del que, a su vez, toma muchas iniciativas el PEIT, con el que Magdalena Álvarez ha continuado -con singular éxito de cumplimiento hasta la fecha- esta tan necesaria planificación.

Además muchas Comunidades autónomas -que en conjunto realizan un poco más de la tercera parte de la producción en obra civil- han entendido con claridad este mensaje planificador a medio y largo plazo demostrando, dice José Mayor, "que por parte de las Administraciones públicas hay una clara voluntad de aumentar la dotación de infraestructuras que garantice una elevada carga de trabajo en este sector en los próximos años". Así por ejemplo y por mencionar solo las mayores CC.AA., la Generalitat de Cataluña tiene en vigor un Plan de Infraestructuras de Transporte 2006-2036 con 18.400 millones de euros de inversiones previstas; Andalucía tiene el Plan de Infraestructuras PISTA 2007-2013 que prevé invertir 8.130 millones de euros; la Comunidad de Madrid puso el año pasado en marcha su propio Plan de Infraestructuras del Transporte 2007-2001 que prevé invertir 6.460 millones de euros, y la Generalitat Valenciana tiene operativo su Plan de Infraestructuras Estratégicas 2004-2010 en el que se invertirá un total de casi 6.000 millones de euros.

Además de atemperar la tradicional arritmia del sector, la planificación ha posibilitado un uso muy eficiente y completo de los fondos comunitarios que España ha dispuesto desde la segunda mitad de los años ochenta; ha permitido a las empresas dedicadas a este segmento planificar más adecuada y rentablemente sus recursos; ha generado un mercado de trabajo estable y creciente y, entre otras muchas bondades, ha propiciado la existencia de un importante grupo de empresas grandes y medianas -aproximadamente el 85% de la actividad de las agrupadas en las patronales SEOPAN, ANCI y AERCO se realiza en el ámbito de la construcción de grandes infraestructuras- que han alcanzado un prestigio técnico de gran nivel, reconocido internacionalmente y que tiene sobradamente demostrada su capacidad desde el ya lejano primer plan de carreteras al comienzo de la "era González" hasta las sofisticadas infraestructuras que, hoy, muchas de esas empresas construyen por todo el mundo.

El otro aspecto importante y esencial para que esta planificación de creación de infraestructuras se cumpla en un porcentaje importante es la financiación, para lo que es de sobra conocida la necesidad de acudir a otros sistemas además del puramente presupuestario. La producción en construcción de infraestructuras puede cifrarse aproximadamente en unos 50.000 millones de euros anuales; es necesario, pues, que las administraciones -y en especial los Ministerios de Fomento y Medio Ambiente- se pongan las pilas en este aspecto, no solo en la búsqueda de financiación, sino en el diseño de proyectos de colaboración público-privada que tengan la deseable rentabilidad para el sector privado, buscando nuevos caminos y activando otros ya existentes y que posibilita el actual sistema normativo, como es el caso de la inclusión de la explotación de terrenos y servicios adjuntos o aledaños a las infraestructuras de nueva creación.