Chávez empieza a pagar las facturas de los arrebatos nacionalizadores
· Exxon les acaba de mostrar la vía de la revancha legal a las agraviadas y ni Petroecuador ni la bolivariana YPFB están para muchos embargos
Pdvsa encalla en Exxon. La realidad ha golpeado las puertas del reino de los ensueños y de las arremetidas bolivarianas. Y le han dado a Hugo Chávez y su economía con ínfulas de autarquía energética el primer golpe en la frente de su niña bonita, Pdvsa. En jaque. Así está el arma económica de su petroreino, que produce la mitad del producto interior bruto del país y es la principal fuente de entrada de divisas. Si ya el propio Chávez con su empeño en convertirla en ‘chica para todo’ ha puesto a tiritar sus cuentas, ahora los fallos de los tribunales que permiten a Exxon Mobil congelar con carácter cautelar activos de PDVSA en el exterior por valor de 12.000 millones de dólares (8.400 millones de euros) le recuerdan a la compañía estatal venezolana que la autarquía petrolera, ese reino bolivariano en el que es reina y señora de todas las voluntades, tiene fronteras. Y que el CIADI y los tribunales internacionales no se rinden ante ellas. Chávez da patadas de ahogado y amenaza con nuevas nacionalizaciones. Se ha encontrado con la horma de su zapato, la primera de las piedras que le aguardan si alguna de las multinacionales que han visto afectados sus intereses, o amenazadas sus inversiones, siguen los pasos de Exxon. De momento, ConocoPhillips, que también consideró injustos los términos impuestos por Caracas, está en la línea de salida. Aviso para navegantes también a los aprendices de la cruzada bolivariana contra las petroleras: tanto Rafael Correa como Evo Morales tienen causas pendientes con las multinacionales del petróleo ante el Banco Mundial y los tribunales internacionales. Si sus nacionalizaciones le han enseñado el camino de la presión, el chantaje o la fuga a las multinacionales, Exxon les acaba de mostrar la vía de la revancha legal a las agraviadas. Y ni Petroecuador ni la bolivariana YPFB están para muchos embargos.
Los sueños de autarquía petrolera hacen aguas en el quinto productor mundial. La retórica chavista promete que el buque insignia de sus sueños petroleros seguirá navegando rebosante de oro negro, pero los cañonazos le han dado en la línea de flotación a un barco que ya hacía aguas. Le han tocado el petróleo y eso es cosa seria. La niña bonita del Gobierno bolivariano y sus ensoñaciones no estaba necesitada de embargos ajenos para pasar por estrecheces. Baño de realidad para Hugo Chávez, enrocado en su juego de rol bolivariano.
Exxon ha conseguido lo que ninguna otra, pasar del contraataque dialéctico a los hechos, congelar activos de Pdvsa y demostrarle al venezolano que su nacionalización a la fuerza puede tener problemas. El dictamen judicial, emitido por tribunales del Reino Unido, Holanda y Estados Unidos, impide temporalmente a Venezuela vender ciertos activos o mover fondos de algunas cuentas bancarias mientras se resuelve el caso en los tribunales internacionales. La compañía estadounidense, la más poderosa del mundo en el sector, ha respondido con un golpe más fuerte y más certero que ninguna otra a la ofensiva chavista. Exxon, que se negó a aceptar los términos que impuso las autoridades venezolanas para seguir participando en proyectos conjuntos con PDVSA en la faja del Orinoco, acudió a finales del 2007 ante el Centro Internacional de Arreglo de Disputas Relativas a Inversiones (CIADI) y quiere que los organismos de arbitraje internacionales bajo el paraguas del Banco Mundial fijen un valor real y adecuado a sus activos petroleros afectados por el plan de nacionalización y que Pdvsa le compense por los daños causados por la expropiación.
Mientras tanto, a la vista de los recelos de los capitanes de la nave chavista y convencida de que el clima regulador y fiscal en Venezuela sólo puede ir a peor, la estadounidense busca amarrar garantías para la ejecución de un eventual fallo del CIADI. Y de momento, lo está logrando: suma ya cuatro órdenes judiciales a su favor para que se congelen con carácter cautelar activos de la petrolera pública venezolana en el exterior por valor de 12.000 millones de dólares (8.400 millones de euros). La última orden judicial a favor de Mobil Cerro Negro, filial venezolana del gigante Exxon, llegó desde el Tribunal Supremo de Inglaterra y Gales y se suma a otras dos decisiones similares decididas por la justicia holandesa y la de las Antillas Holandesas, y una cuarta de 300 millones de dólares (208 millones de euros) del tribunal neoyorquino.
Si no quieres caldo, toma dos tazas. Su empeño por apretar tuercas no tiene límites. Chávez guarda en la manga el as de bastos de su nuevo plan estrella: la expropiación de la suiza Nestlé y a la italiana Parmalat en el país "si siguen expulsando del mercado a los productores estatales de leche", que "ofrecen dinero por adelantado, se llevan la producción y dejan a las plantas del Estado sin la leche necesaria". Chávez se enroca en su propia guerra de las galaxias bolivarianas. En su juego de rol le han tocado a la ‘reina' y jura que no dejará que ‘Mr Danger' se salga con la suya. En su reino imaginario, el desabastecimiento de alimentos no es otra cosa que boicot, acaparamiento y el contrabando de productos hacia otros países. Nestlé se roba la leche y Exxon, enviada por ese emperador del mal que es Bush, no se defiende de la ruptura unilateral de contratos, de la expulsión del país y de la pérdida de inversiones por más de 800 millones de dólares. No, en el guión bolivariano que Chávez reparte ante sus huestes, lo que quiere la principal empresa petrolera del mundo -ese pedazo de "trasnacional imperialista"- es impedir que Pdvsa haga su papel, ahora que ha pasado de refinar crudo a vender lechugas y estaba llamada a salvar a la patria bolivariana del desabastecimiento que planea sobra las neveras de los venezolanos.
Caracas minimiza el impacto que puede tener el fallo contra Pdvsa, que según las cuentas del Ministro Ramírez, tiene activos totales a escala internacional de 106. 999 millones de dólares, con un patrimonio consolidado mundial de 53.854 millones de dólares. Ecoanalítica ha estimado el coste de la compensación final que tendría realizar la industria petrolera a Exxon Mobil y considera que podría estar por el orden de los 1.400 millones de dólares. Optimista, el gabinete bolivariano se aferra a los cálculos oficiales de que el corazón del flujo de caja de la empresa está en las exportaciones de petróleo, algo que sería muy difícil de bloquear con una resolución judicial. Y cruzan los dedos para que las operaciones de Pdvsa y el servicio de la deuda no se vean afectados.
Pero el ruido del golpe judicial de Exxon afectó ya a los bonos de Pdvsa y el que vence en 2017 cerró la semana pasada en 70,9% con una pérdida de 3,5 puntos desde el 4 de febrero. Chávez comienza a avizorar los efectos secundarios de sus batallas bolivarianas para Venezuela, el país más castigado ya por la crisis del vecino del Norte y los desajustes de Wall Street. Los problemas colaterales respecto al flujo de caja de la industria, la volatilidad en los mercados internacionales y el incremento en la percepción de riesgo ya están aquí. La indefensión, la percepción de falta de seguridad jurídica, la agresividad de las decisiones estatales, el proceso de nacionalizaciones y la ruptura de las reglas de juego del comercio internacional no son los mejores embajadores para las grandes multinacionales, en sectores tan delicados, sujetos a grandes inversiones a largo plazo como los hidrocarburos.
La decisión judicial que congela activos de Pdvsa ha impactado la confianza de los inversionistas en los bonos venezolanos, aumentando el costo que tendría que pagar la República en caso de necesitar financiamiento en el mercado internacional. El Global 27, el bono más solicitado de los papeles venezolanos, registra una caída desde 102% de su valor hasta 97,9%. Y el riesgo país se ubica al cierre del 7 de de febrero en 5,33%, una magnitud que supera con creces a 1,70% de México, 1,95% de Perú, o el 2,44% de Colombia, 2,56% de Brasil.
Chávez prepara su defensa, "una batalla de largo aliento" que no es otra que la declaración de la Asamblea Nacional, la munición retórica y las patadas al viento. El Gobierno confunde las caretas de su juego de rol. Contraataca contra Exxon, una empresa privada, con la amenaza de golpes en la espalda del Estado norteamericano, del conjunto del país. Patalea en la confusión, capaz de pegarse un tiro en los pies y cortar el suministro de crudo a EEUU. No es la primera vez, ni será la última. Paradojas de la guerra de los mundos de Chávez, le duele que Exxon se haya adelantado al veredicto de la CIADI, ese mismo organismo al que Caracas, La Paz y Quito trataban de dejar en la estacada y han repudiado en mil y una ocasiones, con la promesa de empeñar las energías del trío en "una campaña internacional" para "erradicar" "una entidad que falla siempre a favor de las empresas, salvo en el caso de Estados Unidos".
No es casualidad que el repudio al CIADI por parte del Gobierno de Correa llegue justo ahora que la estadounidense City Oriente ha recurrido ante el arbitraje del Banco Mundial la deuda de 21 millones de euros que el Gobierno ecuatoriano le reclama, en aplicación del "decretazo" de abril por el cual obliga a las compañías internacionales a entregar un 50% de los ingresos extraordinarios del petróleo, en lugar del 20% previsto por la ley. Justo en el mismo momento en que la también estadounidense Occiental Petroleum reclama ante el Centro Internacional de Arreglo de Diferencias del Banco Mundial que Ecuador -que rescindió sus contratos en mayo de 2006- le restituya los campos petroleros de su propiedad en el país y le pague una indemnización de 1.000 millones de dólares.
El golpe de Exxon no es más que la puntilla para una compañía que se ha empeñado en hacer sus propias vías de agua. De fondo, palpita la convicción -que comparten analistas locales- de que la situación fiscal del país y de la empresa irán a menos, de que mejor congelar ahora los activos, por si acaso. Las cifras hablan a favor de los temores de la Exxon, la mayor petrolera privada del mundo. Convertida en la niña bonita del Gobierno de Chávez, en el arma económica de su petroreino de los sueños bolivarianos, Pdvsa arrastra el lastre del ‘paganini' de todas las aventuras chavistas, una carga insostenible ahora que sus cuentas no salen, sangradas por los gastos sociales y las deudas y ahíta ante la caída de las inversiones extranjeras y los problemas de producción y obligada, ahora, además, a cargar a sus espaldas con el peso del desabastecimiento alimenticio.
La falta de inversiones, la corrupción que ha sabido encontrar un rincón cálido en la 'manu militari' chavista y las obligaciones de la Petrolera afectan a sus instalaciones, sus refinerías e incluso sus yacimientos, carentes de las inversiones necesarias en recuperación secundaria. El BCV reconoce que en 2006 la producción bajó un 2% y en 2007 un 5,3%. Y es que, desgastado en su papel de "chico para todo" y falto de estrategias de inversión, el genio de la lámpara petrolera se está quedando sin recursos.
Ahora, ya ni siquiera los altos precios del petróleo le permiten mantener la estampa de su hidalguía petrolera. Venezuela ha comenzado el año reduciendo el plazo de cobro a sus clientes internacionales de un mes a 8 días, aún a costa de debilitar la posición comercial de la empresa, adelantada por la derecha sus competidoras regionales. En medio año el gigante petrolero ha tenido que conseguir 15.000 millones de dólares en deuda, bonos y venta de petróleo al futuro para enfrentar la crisis de sus arcas. En el último trimestre ha obligado a Citgo a adelantar 2.000 millones de dólares a cuenta de los dividendos de 2008 y a hacerle un préstamo de 1.000 millones pagadero con futuros embarques de petróleo. Y su filial de avanzadilla en Estados Unidos recortó a más de 500 contratistas de mantenimiento en su refinería de Luisiana para elevar los retornos a su matriz en Venezuela.
Chávez se ha acostumbrado a la ecuación fatal: él promete, Pdvsa ejecuta y paga. La compañía reportó haberle entregado 39,200 millones al gobierno en el 2006, comparado con 25,000 millones en el 2005. Y es que con su complejo de caja fuerte para todo, de motor de las aspiraciones nacionales, se ha convertido en el agujero negro del que tiran los ministerios, las misiones y los ataques de generosidad bolivariana de Hugo Chávez con sus gobiernos ad láteres.
La derrota de Chávez en el referéndum no ha hecho más que enturbiar las debilidades económicas de un sistema que ya sufre los síntomas de nueve años de autarquía petrolera. En el quinto exportador mundial de petróleo es más fácil conseguir un coche de importación que leche, huevos, carne o azúcar y los venezolanos sufren una inflación que la patronal cifra cerca del 25%. Aunque el mandatario achaca el desabastecimiento a la confrontación con Colombia, el acaparamiento y el desvío de productos al mercado negro, son el control de precios, la restricción de divisas y el intervencionismo los que han tejido una ecuación que ha dado como resultado la escasez, el encarecimiento de las importaciones y la debilidad enfermiza del bolívar, que la reconversión monetaria sólo está maquillando.
La escasez en los supermercados supera el 60% en diez de los productos básicos y el 90% en el "blanco elemento". Chávez mira, como no podía ser menos, hacia Pdvsa. Deposita en ella todo su juego, de nuevo, en el contexto de un "Plan B" que pasa por tirar de ‘los de casa' (Bolivia, Ecuador Nicaragua), coquetear con Cristina y Lula y jugar en MERCOSUR, un espacio donde cambiar con más libertad los "cromos petroleros" por carne y otros productos básicos. La bestia es insaciable. Pero si los cromos petroleros flaquean, a Chávez se le habrá empantanado su juego bolivariano en todo el continente. Y en su propio patio. Exxon Mobil lo ha entendido, por ahora, mejor que nadie.