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Publicado el jueves 14 de febrero de 2008
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Ecuador

Correa le coge gusto al chantaje y se lo aplica a las operadoras de móvil

Lo del presidente Rafael Correa comienza a ser un sinvivir. Una provocación. Su caja de las sorpresas para las multinacionales que siguen en Ecuador continúa echando humo. Inasequible al cansancio o al aburrimiento, enseña ahora su particular versión del ‘pay per view’ criollo, que no es otra cosa que la ‘mordida’ de toda la vida en versión estatalista y bolivariana: si quieren seguir en el mercado nacional y renovar por 15 años más sus licencias de telefonía, que vencen ahora, las operadoras de móvil tienen que pasar por caja.

Correa entona su versión del Bolero del Chantaje, el mismo que tantas veces ha ensayado con las petroleras: o Telefónica y América Móvil pagan 700 millones de dólares (481 millones de euros) de forma conjunta, o "que les vaya bonito". Incorregible, el rey de los correazos a las multinacionales petroleras vuelve a la carga. Primero dispara, luego pregunta. Su alternativa, claro, pasa por engordar a la estatal Telecomunicaciones del Ecuador, (Telecsa) hoy una operadora casi residual, con el 4% del mercado, aún a costa de reproducir el modelo de la ineficiencia de Petroecuador.

El presidente ecuatoriano ha vuelto a sacar a pasear su peculiar concepto de los incentivos negociadores con las multinacionales. Nada de velos diplomáticos. De ‘correazo' en ‘correazo' hasta el ultimátum final. Si hace dos meses demostró la dimensión del "sano nacionalismo ecuatoriano" cuando  traspasó la administración de la empresa de telefonía celular Allegro de manos italianas a ecuatorianas, ahora, ya puestos, Correa no se mide en sus ulimatums. El precio de la renovación que trata de cobrarles ahora a las multinacionales de la telefonía móvil supone un alza del 600% sobre la cantidad cancelada por las dos compañías cuando en la década de 1990 firmaron sus contratos. Una cifra que tiene en cuenta el valor el negocio actual y la rentabilidad que reportarían las empresas en su renovada concesión para operar en un dinámico mercado en el que existen anuncios de emprender en servicios de tercera generación (3G).

Ya lo había advertido, en un alarde de "diplomacia" ante la vicepresidenta Fernández de la Vega durante su último viaje a Quito: "que se prepare Telefónica cuando tenga que renegociar su contrato, que concluye en 2008". Dicho y hecho. No ha tenido más que acordar la estrategia con el presidente del Fondo de Solidaridad, Jorge Glass, y Jaime Guerrero, presidente del CONATEL (Consejo Nacional de Telecomunicaciones) y poner en práctica su vieja cantinela: la de forzar a las compañías a negociar con una mano a la espalda y frente a las pretensiones de Correa de que sigan apostando por un terreno minado y delimitado por él, por contratos los nuevos términos de los contratos, que incluyen una reducción del techo tarifario y sanciones más fuertes por fallos operativos.

"No vamos a permitir los atracos de otros años", promete Correa, que asegura que el Estado recibió 50 millones de dólares por concesiones que valdrían hasta 700 millones. Correa la ha tomado con las telefónicas ya que el pasado día 8 de febrero América Móvil recurrió la sentencia del Gobierno ecuatoriano por la que debía pagar, antes de 72 horas, 27 millones de dólares (18,61 millones de euros) a sus clientes en ese país. El ejecutivo quiteño no se conforma con abatir cada semana las reglas del juego y rebajar a su antojo las condiciones que rigen la permanencia de las compañías internacionales. Ya sólo le faltará escupir a los presidentes de las compañías en liza. Les ha cambiado las condiciones legales, ha reducido sus beneficios y sus derechos, a las petroleras les ha acusado en más de una ocasión no sólo de ineficacia, sino de corrupción y otros delitos fiscales. Y no ha tenido empacho en insultar a las operadoras españolas con Movistar al frente.