Monitor de Latinoamérica
Esso, la piedra en el idilio energético de Lula y Cristina
Con Cristina se ha topado. Lo suyo estaba llamado a ser un idilio energético, con Petrobrás como oficiante y Esso como regalo de compromiso de la presidenta argentina. Pero con Cristina nunca se sabe. CFK ha preferido pasarse el acuerdo que selló con Lula bajo la mesa en diciembre, abrir la guerra de los pretendientes y colocar en la zona preferente a las nacionales. Así que cuando esta semana Lula visite a Cristina Fernández de Kirchner en Buenos Aires, la que se prometía pareja del año al sur de Río Grande ya habrá pasado el primer sarampión de su relación y conoce el tamaño de sus expectativas. Cristina, con el aliento de Rasputín-Kirchner soplando a la oreja, no se lo pondrá tan fácil a la estatal brasileña Petrobras. Paradojas del peronismo, le está haciendo sudar sangre. Y amenaza con obligarla a ir al altar de Esso con la estatal argentina Enarsa de la mano y la sombra lejana de su socia Pdvsa, detrás. Un trago amargo para Lula -que buscará la revancha si no le dejan más opciones- pero casi imposible de digerir para Exxon.
Con Petrobras como ariete y el caramelo de sus recién descubiertas reservas, con su músculo económico y comercial en plena forma, Lula sigue dispuesto a desembarcar con toda su caballería en Argentina, para sacar de ella un mercado energético, un destino para su comercio y, sobre todo un aliado para sus ambiciones regionales. Petrobras, que ya concretó la compra del paquete que la Esso tiene en Chile y está a un paso de la adquisición de la operación de Esso en Uruguay y en Brasil, apunta a las tierras del tango.
En el Palacio de Planalto nadie oculta que la cacería por Esso está abierta. En el caso de la comercialización doméstica de los combustibles, la petrolera brasileña está lanzada de lleno a obtener los activos que la Exxon Mobil puso en venta en el continente por US$ 1.000 millones y sus activos en Argentina están en el punto de mira, ahora que Petrobras, de acuerdo con su estrategia corporativa, busca liderar el mercado brasileño de distribución de derivados de petróleo y biocombustibles, con prioridad del market-share (cuota de mercado) y garantizando rentabilidad. Aunque matizó la agresividad a posteriori, ha sido la propia jefa del Gabinete del Gobierno de Lula, Dilma Rousseff, la que ha animado a Petrobras a “hacer una propuesta ganadora” por Esso). Los activos de la norteamericana caerían como anillo al dedo de las ambiciones regionales que Lula teje con Petrobrás como ariete.
Si el brasileño esperaba tener el camino a la norteamericana Esso -la filial argentina de Exxon- despejado, se ha encontrado con que el Gobierno argentino se ha autoerigido en cancerbero de la operación, guardián de los intereses de Esso y el amo de la llave de la batalla. Las promesas de amor energético incondicional y exclusivo se han convertido en un tornero de pretendientes en el que, antes de alcanzar la mano de Esso, todos tienen que encandilar a Cristina. Para la presidenta, todos los caminos hacia Esso deben pasar por la Casa Rosada, con Enarsa como peaje.
Cristina ha abierto las puertas de la Casa Rosada y, de paso las de la negociación, a Marcelo Mindlin, el CEO de Pampa holding y principal accionista de la transportadora eléctrica Transener y de Edenor, que ha desembarcado en las preferencias de Cristina con promesas ahí donde más le duelen al gobierno argentino: para aumentar la generación eléctrica en 500 megavatios los próximos dos años. En la pugna, el empresario aeroportuario Eduardo Eurkenian, el l fondo Ashmore, la petrolera anglo-holandesa Royal Dutch Shell y un consorcio formado por el gigante de azúcar y etanol Cosan y la refinadora de azúcar Cristal. Y, sobre todo, a la estatal Enarsa, que se ha colocado en la ‘pole position' en la carrera por los activos de Esso en Argentina: el paquete incluye una refinería en la localidad de Campana, en Buenos Aires, y una red de 90 estaciones de servicio propias y otras 500 bocas de expendio con su bandera pero en manos de terceros. A eso se suman cientos de estaciones distribuidas en Brasil, Chile, Uruguay y Paraguay.
Sobre el papel, la oferta de Petrobrás es la más tentadora para los intereses de la norteamericana. Petrobrás apuesta fuerte: estaría dispuestos a hacer una propuesta por todos los activos de la empresa en la región, tienen mayor capacidad de pago, unas dimensiones y un músculo energético que ningún otro de los pretendientes puede soñar. Y un conocimiento del negocio de refinación y venta de combustibles que ninguna otra iguala. Pero eso es para la empresa. Para Cristina, que ha heredado el modelo de gestión petrolera diseñado por el ex presidente Néstor Kirchner, según el cual el Estado debe intervenir activamente en la regulación del negocio petrolero a través de la participación en los directorios de las compañías, el mayor problema de Petrobrás es su bandera. Y la mandataria no se resiste a envolverla, por las buenas o por las malas, en la enseña argentina. La participación del mercado que posee Esso actualmente asciende a 12 %, lo cual en el caso de ser absorbida por Petrobrás otorgaría un poder sobre la comercialización de los combustibles que debe ser homologado por la Comisión de Defensa de la Competencia. Y ahí es donde entra a tallar el gobierno nacional y la presión para que se incluya a Enarsa en el negocio.
Paradojas de la rivalidad regional, después de años de pugna energética -cuyo escenario más reciente se situaba en Cuba, donde Petrobrás y Pdvsa han desembarcado con todo su poderío para hacerse sitio en el día después de Castro- ha sido el propio Chávez, su guerra con Exxon y la victoria de la multinacional con el embargo de bienes de Pdvsa los que han descartado sus opciones directas como pretendiente de Esso. Por mucho que la mano del Rasputín de la Casa Rosada, Néstor Kirhchner, se empeñe, la norteamericana no tragará con que sea precisamente Petróleos de Venezuela la que se lleve el gato al agua en la tierra del tango. Pero su sombra planea, además, sobre las oportunidades de Enarsa.
Tras dos años de mutismo sólo roto por el escándalo de la maleta venezolana, la petrolera estatal ha despertado sus ambiciones regionales y ha pasado de la nada a explotar junto a Pdvsa un rico yacimiento en el Orinoco, a integrar un consorcio para construir una represa en Ecuador y a ser puesta como condición a Petrobrás para homologar la compra de Esso. En estos momentos Enarsa sólo cuenta con dos estaciones de servicio, en sociedad con la venezolana Pdvsa y alquila una refinería, con lo cual el ingreso a la red de Esso de la mano de Petrobrás le haría cobrar vida como reguladora, rol que justificaría su creación. Enarsa compone la figura, pero la sombra de Pdvsa y los delirios bolivarianos asoman detrás de los intereses de la estatal argentina. Enargas comparte la pequeña porción comercializadora en Argentina y el memorando de entendimiento con Pdvsa para explotar petróleo en Orinoco, lugar desde el que se anunciaron importantes hallazgos. En definitiva, subsidiaria de Petróleos de Venezuela en tierras de Bolívar.
Cuando llegó a la Casa Rosada, se esperaba de ella que bailara más cercano y más suave con las empresas extranjeras, tratando de hacer virtud de la necesidad de 4.000 millones de dólares de inversiones energéticas; juraba estar dispuesta a la revisión de las tarifas y enseñó su mejor cara a las compañías energéticas. Pero su primer requiebro fue a las multinacionales de los hidrocarburos, que desde noviembre tuvieron que encarar un aumento de impuestos del 5 al 35% a la exportación de gasolinas y del 45% al 60% en el caso del crudo y ahora no pueden exportar combustibles líquidos, gasolina y gasóleo y se han visto obligadas a devolver los precios a los niveles coste del pasado 31 de octubre. Ahora, con las petroleras de uñas y Shell a punto de romper el juego, después de dos años de batallas energéticas con los Kirchner, Cristina trata de hacer valer sus encantos con Lula.
Los dos se dejan querer. Pero el poderío no es simétrico. El descubrimiento del gigantesco yacimiento de Tupí en la costa paulista, -que podría incrementar hasta en un 60% sus reservas- resalta los atractivos energéticos de Brasil a los ojos de una necesitada Argentina. Ya en noviembre, antes de que Cristina desembarcara en la Casa Rosada prometió que, de los 15.000 millones de dólares que Petrobrás piensa invertir hasta 2012, ha comprometido 2.800 millones para Argentina, el segundo mayor desembolso después del de EE UU. Lula le ofreció a Cristina que Petrobras coopere en la exploración de aguas profundas en Argentina, que tiene déficit de producción petrolera. Para el gigante energético, Argentina es un mercado y un socio de inversión. Comparten la urgencia de que no haya cortes de luz y energía como en la tierra del tango, ni restricciones de gas como las del país carioca en los últimos meses. Y un entorno energético hostil. En el mercado argentino repercutirá la reactivación de las inversiones que Brasil ha acordado con la boliviana YPFB y que, en el mejor de los casos, permitirán que Petrobras pueda exportar gas a Argentina, a la que Bolivia debe garantizar 27 millones de metros cúbicos de gas natural desde 2020. Brasilia y Buenos Aires no querían dejar un solo flanco energético sin coaligar. Pero ahora su idilio está en el limbo.
Amparado por la envergadura de la mayor economía latinoamericana, Lula prepara sus armas para despejar las veredas del gigante energético brasileño. Las de las alianzas, con Ultra, que mantiene operaciones en podría estar tan interesada como para acudir a la puja incluso sin Petrobrás. Y las de las habilidades de su diplomacia ambiciosa, que desplegará esta semana en Buenos Aires. El brasileño quiere más. Enfrascado en la carrera para hacerse con la hegemonía regional a dos bandas- la comercial y la militar- Lula lo persigue todo: promete a los brasileños un asiento en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y se siente ya dueño de una plaza de residente en el G13 y portavoz in pectore de las economías del BRIEC. Y, de la misma manera que no ha dejado que Hugo Chávez se interponga en el camino de sus ambiciones regionales, está dispuesto a saltarse las zancadillas de Cristina, que no ve con buenos ojos ni los deseos cariocas de crear un Consejo Sudamericano de Defensa, ni sus esfuerzos por hacer músculo atómico a costa de Sarkozy. Buenos Aires y Brasilia están llamados a intermediar entre el estado colombiano y las FARC, pero es sólo Brasil el elegido por Washington y varios países de la UE para intentar contener las avanzadillas de Chávez dentro y fuera de Venezuela, que sigue poniendo en un compromiso a la diplomacia argentina llamando, cada vez con más ganas, a la puerta del MERCOSUR.
Con sus nuevas reservas de petróleo, su capacidad nuclear, su músculo militar, sus poderosas industrias de aviación y agrícola y su creciente poder de negociación mundial, Lula pilota la décima economía del mundo como una empresa. Quiere y puede estar mucho más cerca de China e India que de Irán y no se ciega con lealtades políticas. En diciembre firmaba acuerdos energéticos con Caracas, ahora puede enseñarle los dientes a Cristina Fernández de Kirchner.
Lula ya ha demostrado que sus amores energéticos con Cristina no están reñidos con la dureza de sus intereses comerciales. Argentina, que ha alcanzado ya 56 meses de déficit consecutivos con su socio mayor en MERCOSUR, aún tiene que tragar dos veces para digerir que Brasil acaba de suprimir los aranceles externos comunes del trigo para las importaciones extra-bloque, lo que termina con la ventaja que tenía hasta ahora el cereal de Argentina, el mayor abastecedor del mercado carioca.
Todo está dado para que sea precisamente el MERCOSUR el escenario de las danzas de guerra más intensas. La región está sedienta de hidrocarburos, Bolivia tiene problemas para estirar su músculo energético y él lo sabe. Para Cristina las urgencias energéticas y la avidez de inversiones mandan, así que Brasil, con o sin las broncas de MERCOSUR, está, sobre el papel, llamado a ser su principal aliado estratégico. Pero ni en Brasilia ni en Buenos Aires van a poner más piedras en el camino a la incorporación de Venezuela a partir de 2008. Chávez llegará para quedarse y para intentar coger el volante. Otra cosa es que Cristina esté dispuesta a pagarle facturas argentinas a Pdvsa.
Chávez, de la amenaza a la revancha suicida contra el “Imperio”
No le duelen prendas. Como siempre, se llena la boca de amenazas, hasta ahora incumplidas. Si hace falta, o si su ira por el golpe legal de Exxon Mobil a Pdvsa no se contiene, el venezolano está dispuesto a inmolarse como un kamikace, con el petróleo en ristre, con tal de pellizcar a la mayor economía del mundo, aunque le cueste perder a uno de sus mejores clientes, enturbiar aún más si cabe las relaciones con Washington -ahora que por fin ha encontrado en Barack Obama un candidato que promete volver al diálogo con Caracas- y agitar en su contra al mercado mundial del petróleo.
Todo un suicidio a la bolivariana para Venezuela y para Pdvsa, que vende a EEUU unos 1,5 millones de barriles entre crudos y productos derivados. Las arcas de Pdvsa, que ya no estaban para muchas alegrías antes del embargo de Exxon, reciben cada año de 35.000 millones de dólares, sólo por la venta de petróleo al vecino del norte. Y si, ciega de sed de revancha Venezuela cortase el suministro tanto de crudo como de derivados a EEUU, causaría grandes pérdidas en el campo del refino de su propia compañía petrolera en suelo norteamericano, Citgo, que se nutre a su vez del 50% del oro negro exportado a EE UU. No sólo eso, se arriesga a cerrar el grifo de su mayor suministrador de alimentos, ahora que el fantasma del desabastecimiento se ha enseñoreado de Venezuela, en plena guerra comercial con la vecina Colombia.
La retórica chavista promete que Pdvsa, el buque insignia de sus sueños petroleros seguirá navegando rebosante de oro negro, pero los cañonazos le han dado en la línea de flotación a un barco que ya hacía aguas. Si ya el propio Chávez con su empeño en convertirla en ‘chica para todo' ha puesto a tiritar las cuentas de Pdvsa, ahora los fallos de los tribunales que permiten a Exxon Mobil congelar con carácter cautelar activos de PDVSA en el exterior por valor de 12.000 millones de dólares (8.400 millones de euros) le recuerdan a la compañía estatal venezolana que la autarquía petrolera, ese reino bolivariano en el que es reina y señora de todas las voluntades, tiene fronteras. Y que el CIADI y los tribunales internacionales no se rinden ante ellas. A Chávez le han tocado el petróleo y eso es cosa seria. Venezuela ha comenzado a trasladar sus ingresos petroleros a bancos suizos para impedir un posible embargo y ha ordenado a Petróleos de Venezuela SA un "hostigamiento económico legal" contra Exxon- con la que tienen una refinería en Chalmette (Louisiana) a partes iguales- de modo que sólo le venderá el crudo comprometido en sus inversiones conjuntas en el extranjero.
El equipo del bolivariano confunde las caretas de su juego de rol. Contraataca contra Exxon Mobil, una empresa privada, con la amenaza de golpes en la espalda del estado norteamericano y del conjunto del país. Patalea en la confusión, capaz de pegarse un tiro en los pies y cortar el suministro de crudo a EEUU con tal de entonar alguna venganza. No es la primera vez, ni será la última. Pero el kamikace no acaba de ejecutar su acción: Venezuela es mucho más dependiente del vecino del norte, en torno al 60% o 70% de sus exportaciones petroleras van a Estados Unidos y, pese a su retórica y sus alianzas con los "enemigos del imperio", no puede encontrar fácilmente destinos alternativos para refinar su crudo pesado. Si, como el ministro Ramírez dejaba entrever, Venezuela busca la guerra energética con Exxon y EE UU para conseguir el alza de precios del crudo que, de la mano de Ahmadinejad, no pudo conseguir de la OPEP, el gobierno bolivariano se ha encontrado con la horma de su zapato: ha bastado el descenso de las reservas de crudo y una nota de la Casa Blanca con la garantía de las alternativas para su suministro para acabar con las aspiraciones alcistas de Caracas.
Paradojas de la guerra de los mundos de Chávez, al presidente venezolano le duele que Exxon se haya adelantado al veredicto de la CIADI, ese mismo organismo al que Caracas, La Paz y Quito trataban de dejar en la estacada y han repudiado en mil y una ocasiones, con la promesa de empeñar las energías del trío en "una campaña internacional" para "erradicar" "una entidad que falla siempre a favor de las empresas, salvo en el caso de Estados Unidos". Pero, paradojas de la vecindad, pese a la retórica antiimperialista de Chávez, éste sigue comprando enormes cantidades de alimentos de primera necesidad al vecino del norte. Las exportaciones de bienes y servicios de Estados Unidos a Venezuela alcanzaron en 2006 los 15.000 millones de dólares, la mayor parte son productos básicos de alimentación como resultado de la escasez en la producción interna de Venezuela, lo que hace del enemigo norteamericano el mayor abastecedor de Venezuela, por la exportación de productos lácteos, trigo, maíz, carne y aceite, que acaparan un 35% del consumo interno del país. Precisamente, ahora que la nave petrolera de Pdvsa carga también a sus espaldas con el peso del desabastecimiento alimenticio, el aceite vegetal incluido en PDVAL, con el que el Gobierno venezolano persigue paliar la escasez de abastecimiento entre la población, procede de una compañía de alimentación estadounidense, la Cal Western Packaging (CWP), con sedes en los estados de Tennessee y Texas.
Como los frijoles (caraotas negras) y el arroz, que también forman parte de este paquete de alimentos subsidiado y que proceden de la compañía Trinidad Benham Corporation. Su derrota en el referéndum no ha hecho más que enturbiar las debilidades económicas de un sistema que ya sufre los síntomas de nueve años de autarquía petrolera y en el que es más fácil conseguir un coche de importación que leche, huevos, carne o azúcar y los venezolanos sufren una inflación que la patronal cifra cerca del 25%. La inmolación puede costarle más cara aún a Chávez, capaz de cercenar el grifo de los petrodólares y el del suministro de alimentos.
Por ahora, Chávez ya comienza a avizorar los efectos secundarios de sus batallas bolivarianas para Venezuela, el país más castigado ya por la crisis del vecino del Norte y los desajustes de Wall Street. Los problemas colaterales respecto al flujo de caja de la industria, la volatilidad en los mercados internacionales y el incremento en la percepción de riesgo ya están aquí. La indefensión, la percepción de falta de seguridad jurídica, la agresividad de las decisiones estatales, el proceso de nacionalizaciones y la ruptura de las reglas de juego del comercio internacional no son los mejores embajadores para las grandes multinacionales, en sectores tan delicados, sujetos a grandes inversiones a largo plazo como los hidrocarburos.
La decisión judicial que congela activos de Pdvsa ha impactado la confianza de los inversores en los bonos venezolanos, aumentando el costo que tendría que pagar la República en caso de necesitar financiamiento en el mercado internacional. El Global 27, el bono más solicitado de los papeles venezolanos, registra una caída desde 102% de su valor hasta 97,9%. Y el riesgo país se ubica al cierre del 7 de de febrero en 5,33%, una magnitud que supera con creces a 1,70% de México, 1,95% de Perú, o el 2,44% de Colombia, 2,56% de Brasil.
Correa le coge gusto al chantaje y se lo aplica a las operadoras de móvil
Lo del presidente Rafael Correa comienza a ser un sinvivir. Una provocación. Su caja de las sorpresas para las multinacionales que siguen en Ecuador continúa echando humo. Inasequible al cansancio o al aburrimiento, enseña ahora su particular versión del ‘pay per view’ criollo, que no es otra cosa que la ‘mordida’ de toda la vida en versión estatalista y bolivariana: si quieren seguir en el mercado nacional y renovar por 15 años más sus licencias de telefonía, que vencen ahora, las operadoras de móvil tienen que pasar por caja.
Correa entona su versión del Bolero del Chantaje, el mismo que tantas veces ha ensayado con las petroleras: o Telefónica y América Móvil pagan 700 millones de dólares (481 millones de euros) de forma conjunta, o "que les vaya bonito". Incorregible, el rey de los correazos a las multinacionales petroleras vuelve a la carga. Primero dispara, luego pregunta. Su alternativa, claro, pasa por engordar a la estatal Telecomunicaciones del Ecuador, (Telecsa) hoy una operadora casi residual, con el 4% del mercado, aún a costa de reproducir el modelo de la ineficiencia de Petroecuador.
El presidente ecuatoriano ha vuelto a sacar a pasear su peculiar concepto de los incentivos negociadores con las multinacionales. Nada de velos diplomáticos. De ‘correazo' en ‘correazo' hasta el ultimátum final. Si hace dos meses demostró la dimensión del "sano nacionalismo ecuatoriano" cuando traspasó la administración de la empresa de telefonía celular Allegro de manos italianas a ecuatorianas, ahora, ya puestos, Correa no se mide en sus ulimatums. El precio de la renovación que trata de cobrarles ahora a las multinacionales de la telefonía móvil supone un alza del 600% sobre la cantidad cancelada por las dos compañías cuando en la década de 1990 firmaron sus contratos. Una cifra que tiene en cuenta el valor el negocio actual y la rentabilidad que reportarían las empresas en su renovada concesión para operar en un dinámico mercado en el que existen anuncios de emprender en servicios de tercera generación (3G).
Ya lo había advertido, en un alarde de "diplomacia" ante la vicepresidenta Fernández de la Vega durante su último viaje a Quito: "que se prepare Telefónica cuando tenga que renegociar su contrato, que concluye en 2008". Dicho y hecho. No ha tenido más que acordar la estrategia con el presidente del Fondo de Solidaridad, Jorge Glass, y Jaime Guerrero, presidente del CONATEL (Consejo Nacional de Telecomunicaciones) y poner en práctica su vieja cantinela: la de forzar a las compañías a negociar con una mano a la espalda y frente a las pretensiones de Correa de que sigan apostando por un terreno minado y delimitado por él, por contratos los nuevos términos de los contratos, que incluyen una reducción del techo tarifario y sanciones más fuertes por fallos operativos.
"No vamos a permitir los atracos de otros años", promete Correa, que asegura que el Estado recibió 50 millones de dólares por concesiones que valdrían hasta 700 millones. Correa la ha tomado con las telefónicas ya que el pasado día 8 de febrero América Móvil recurrió la sentencia del Gobierno ecuatoriano por la que debía pagar, antes de 72 horas, 27 millones de dólares (18,61 millones de euros) a sus clientes en ese país. El ejecutivo quiteño no se conforma con abatir cada semana las reglas del juego y rebajar a su antojo las condiciones que rigen la permanencia de las compañías internacionales. Ya sólo le faltará escupir a los presidentes de las compañías en liza. Les ha cambiado las condiciones legales, ha reducido sus beneficios y sus derechos, a las petroleras les ha acusado en más de una ocasión no sólo de ineficacia, sino de corrupción y otros delitos fiscales. Y no ha tenido empacho en insultar a las operadoras españolas con Movistar al frente.