Monitor de Cataluña
Problemas de empleo a la vista
Que el sector de la construcción está sufriendo una frenada importante en Cataluña ya no es ningún secreto para nadie. Sin embargo, más allá de la crisis concreta del sector, muchos economistas se preguntaban, con más o menos preocupación, hasta qué punto podía afectar el retroceso de la construcción residencial a la coyuntura económica del país. Una preocupación que se empezó a dirimir cuando, a finales de 2007, la mayoría de estudios y balances publicados pusieron de manifiesto que el sector industrial estaba recuperando el terreno perdido y que, si continuaba con la misma dinámica, podía convertirse en el nuevo puntal del PIB de Cataluña, en sustitución del negocio del ladrillo.
Esta es la tesis que emanaba, por ejemplo, del Anuario Comarcal de Caixa Catalunya 2006 que presentó el catedrático de la UAB Joan Oliver, y en el cual se ponía de manifiesto que "se está produciendo un cambio sensible en las fuerzas de crecimiento, con una construcción que retrocede de forma tranquilizadora, una industria en franca expansión y unos servicios que están cogiendo aire". "El modelo de crecimiento ha hecho la corrección que se esperaba", aseguraba el catedrático por aquel entonces.
Las conclusiones de este anuario se reafirmaron en el Boletín de Situación Económica de las Cámaras de Comercio -en lo referente al primer trimestre 2007- puesto que ponía de manifiesto que entre enero y marzo del año pasado la economía catalana continuó creciendo un 4 por ciento, pero sobre todo gracias a un sector industrial que se empezó a consolidar como el más dinámico de la economía, en detrimento de la construcción, cosa que confirmaba el cambio de patrón que se apuntaba en los últimos compases del 2006. Asimismo, en la presentación del informe Coyuntura económica de Cataluña -correspondiente al tercer trimestre de 2007- el presidente de la Cámara de Comercio de Barcelona, Miquel Valls, también dejó claro que "la construcción dejará de ser el principal motor de la economía" y apuntó la evolución del sector exterior como la llave "del futuro de la economía catalana y también española".
Aun así, las cámaras de comercio no se han cansado de advertir que pese a que la recuperación de la industria catalana impulsará el crecimiento de la productividad, también comportará una creación de ocupación menor a lo largo del año, ya que se trata de un sector menos intensivo en el uso de mano de obra si lo comparamos con la construcción.
Precisamente, el paro registrado en enero de 2008 a Cataluña ha aumentado en 17.108 personas, cifra que representa un incremento del 6'4% respecto del mes anterior. Es también la construcción la que ha registrado el incremento interanual más alto de paro, con 7.210 personas (+31'26%), seguida de los servicios, con un incremento del 7,4%, y la industria, con un 2%. Pese a que el mes de enero ha sido tradicionalmente un mes malo debido al fin de la campaña de Nadal, este año hay matices. Mayte Ledo, del Servicio de Estudios Económicos del BBVA, en la presentación del último informe de situación en Cataluña, valoraba que los datos del paro de enero son excepcionales: "Sería una sorpresa que este ritmo de incremento del paro se mantuviera".
Las cifras negativas vienen, sin embargo, después de una larga etapa de bonanza en el sector del ladrillo, que ha actuado como motor de creación de ocupación. Según los datos de la Cámara Oficial de Contratistas de Obras de Cataluña (CCOC), en el año 1997 el sector ocupaba a 134.113 personas, mientras que el diciembre pasado la cifra llegó a 266.572, lo cual representa un crecimiento de la ocupación del 99%. Pero ahora los síntomas de un cambio de modelo son más que evidentes. Los indicadores del mercado laboral tienen crecimientos de ocupación cada vez más moderados y ligeramente inferiores a los previstos.
Según el informe del BBVA, "la tasa de creación de puestos de trabajo continuará su camino decreciente: el 2008 será del 0,7%, dos puntos porcentuales menos que el año anterior". En el caso particular de la construcción, la previsión es que en 2008 y 2009 continúen desapareciendo puestos de trabajo, a causa, sobre todo, de la paralización de la vivienda nueva. La CCOC ha calculado que a finales de año se habrán perdido entre 20.000 y 30.000 puestos de trabajo en el sector.
En este sentido, el reto de los próximos años será afrontar el traspaso de trabajadores de los sectores en retroceso (como la construcción) a los más dinámicos y necesitados de personal (como la industria). Una de las claves de este proceso es la formación para el reciclaje, pero el problema es que Cataluña tiene un sistema caduco e incapaz de afrontar el objetivo de una manera inmediata. Los agentes sociales coinciden en que la estructura formativa ocupacional, que debe permitir el reciclaje de los desempleados, está obsoleta. "Se trata de un sistema poco flexible, controlado por el Estado hasta el último detalle, que no responde a las necesidades del mercado", considera Dolors Llobet, secretaria de Acción Socioeconómica de CCOO, que recuerda que se ha creado mucha ocupación de poca calificación, pero no de los programas adecuados para el cambio.
La secretaria de Ocupación de UGT, Neus Munté, comparte con Llobet la crítica a esta herramienta: "Se están impartiendo los mismos cursos ahora que en los años noventa. Ya se tendrían que haber adaptado las especialidades previendo la caída de la construcción". De hecho, que el boom de la construcción tenía un techo hace tiempo que los expertos lo auguraban.
El profesor de Economía del Trabajo de la UAB, Albert Recio, era uno de ellos. Una vez llegado el temido momento, considera que los ajustes que requiere el nuevo modelo necesitarían al menos dos años de adaptación: "La construcción ha tenido una sobrecarga en nuestra economía y ahora hacer el reciclaje hacia otros sectores no es nada fácil". Recio considera que en la formación continua ha habido unos intereses creados que le han impedido el avance: "Las empresas que impartían cursos no se han arriesgado a invertir en formación actualizada y no nos hemos sabido adelantar a las nuevas necesidades". Hay, según Recio, otro elemento que no ha valorado una formación más actualizada: "A las mismas empresas de la construcción no les ha interesado reconocer la calificación profesional porque, de esta manera, los salarios se mantenían bajos", dice Recio, que entiende que también al empresario le hace falta asumir el nuevo modelo, en el cual se valore más la calificación.
En países como Alemania, por ejemplo, hay profesiones en el sector de la construcción que no se pueden ejercer sin calificación profesional. En cualquier caso, justo es decir que el Departamento de Trabajo ha reaccionado y se encuentra ahora diseñando las nuevas líneas específicas de formación para los campos en qué más necesidad de mano de obra hay. La propia consejera de trabajo, Mar Serna, reconoció que Cataluña debe disponer lo antes posible de las herramientas necesarias para transportar los nuevos desempleados de la construcción hacia otros sectores.