La enfermedad del sistema financiero británico, una epidemia contagiosa
Hacen lo que pueden para evitar seguir la senda del Northern Rock y, si tocan fondo, no tendrán la misma suerte que el banco, cuyas facturas pagan ya Downing Street y los contribuyentes por la senda de la nacionalización, pero la lista de instituciones financieras víctimas de la crisis suma cada día nuevas incorporaciones en la patria de Adam Smith, para descrédito de la City, vergüenza de Brown y del regulador y bochorno de los medios británicos, empeñados hasta ahora en sacar, sin fundamento, los colores a los sectores bancarios vecinos. Ya lo había advertido, mirando al tendido, el regulador bancario, la FSA: habrá más crisis.
Las tribulaciones de Barcklays, Alliance & Leicester y Standard Chartered son el síntoma más reciente -y seguramente no el último- de que la enfermedad del sistema financiero británico es ya una fiebre contagiosa, tanto como la inseguridad, que está a punto de convertirse en un síntoma crónico. Londres intenta desde hace meses convertirse en el epicentro de las Cuatro economías y Brown en el caballero blanco de las recetas contra la crisis de las 'subprime' y la desaceleración de las economías de zona euro, pero ni su sistema bancario, ni el regulador han hecho los deberes ni están para dar lecciones a los Veintisiete. El efecto Northern Rock ha dejado el tradicional prestigio de la City más que agrietado. La credibilidad de un sistema financiero tan desregulado como el británico y su estatus como modelo para la industria de servicios financieros están en entredicho. Y, si Autoridad de Servicios Financieros del Reino Unido no yerra en sus vaticinios, los bancos y las cajas de ahorro británicas enfrentan en la actualidad las condiciones más difíciles desde principios de la década de 1990 y están en zona de seísmos.
Si, como amenazaba Bryan Sanderson, presidente de Northern Rock, lo que está en juego es "la reputación de Londres y del Reino Unido como centro financiero internacional", pintan bastos para su prestigio. El impacto de las turbulencias del mercado del crédito, cuando no directamente la crisis ‘subprime', ha dado de lleno en la línea de flotación de un puñado de los grandes bancos del Reino Unido. La cotización de la financiera Alliance & Leicester, que mantiene una exposición de 15.000 millones de libras (19.856 millones de euros) a las 'subprime', se desplomaba el miércoles hasta un 19% y marcaba sus mínimos desde que salió a Bolsa en mayo de 2005, después de reconocer un doble golpe por las turbulencias del mercado financiero: un alza de sus costos financieros que presionará a sus ganancias en el 2008, tras amortizar activos arriesgados que afectaron el resultado del 2007. El séptimo mayor banco británico que cotiza en Bolsa sorprendió, además, a los inversores al estimar que el financiamiento le costará unas provisiones de 150 millones de libras esterlinas (292 millones de dólares) más que en circunstancias normales. El cuadro clínico del Alliance -que Botín renunció hace meses a comprar- no es bueno. Sus depreciaciones de activos triplicaron las provisiones previstas por el banco el pasado año, de 55 millones de libras (72 millones de euros).
Standard Chartered no ha corrido mejor suerte. Ha dado la espantada y ha renunciado al rescate de su vehículo de inversión estructurada (SIV) Whistlejacket Capital cuyos fondos estaban valorados en unos 7.150 millones de dólares (4.880 millones de euros), después de que el fondo fuera sometido a administración judicial a principios de febrero, haya perforado a la baja el 50% del valor del fondo por la caída de los mercados y se haya convertido en el sexto fondo SIV que entra en suspensión de pagos. Las acciones del Standard Chartered se desplomaban un 3% en la jornada del miércoles.
No se trata sólo del valor financiero de los correctivos, ni de sus repercusiones bursátiles: sobre todo, afectará al valor de las acciones la pérdida de confianza del mercado, en plena temporada de presentación de resultados tan decepcionantes como los de Barcklays. Sus problemas con las hipotecas de alto riesgo y los menores ingresos por compra venta de valores han generado un recorte en su beneficio del segundo semestre de 2007 del 21%. Los principales parqués europeos han comenzado a castigar a la banca. Las malas noticias relacionadas con los efectos de la crisis 'subprime' han reaparecido con fuerza en el mercado y suman y siguen con la sucesión de malas recomendaciones.
Por ahora, las iniciativas de la City y Downing Street, más bien etéreas, hablan de claridad de las instituciones y mercados financieros. Poco más. El ministro británico de Finanzas, Alastair Darling, ha adelantado algunas pistas como mecanismos de evaluación de riesgos de las empresas financieras "más transparentes sobre su exposición a los productos complejos, vigilancia de los reguladores sobre la solvencia, pero también de la liquidez de los bancos, o más precisión de los deberes de las agencias de calificación de deuda". Pero es la propia Comisión de Economía del Parlamento británico la que reconoce que, a la par que los fallos de sus directores, las facturas por la debacle del banco Northern Rock y las crisis de sus semejantes tienen también mucho que ver con un fallo de su regulador, la FSA. Para evitar nuevas crisis, además, el informe aboga por que el Banco de Inglaterra establezca una nueva unidad que vele por la estabilidad financiera, con poderes para identificar e intervenir en bancos con problemas.