EDF paga su osadía y sus resultados en la Bolsa
· Son sus propios inversores en el parqué parisino y las firmas de análisis internacionales los que dudan de los visajes de EdF y de las cartas con las que cuenta para llevar sus órdagos napoleónicos a buen término
No le duelen prendas a Pierre Gadonneix para los juegos dialécticos. Que si el Elíseo sabe..., que si a Moncloa no le importa su asalto..., que si a lo mejor a Iberdrola no le va a doler... Ahora, el hombre de Sarkozy en Electricité de France, obsesionado en que le pongan alfombra roja a sus intenciones de corsario napoleónico, se escuda en que es demasiado pronto para saber si sus intenciones han sido bien acogidas en España. Será que el galo es poco receptivo al entorno, o será que no ha entendido bien las palabras de Ignacio Sánchez Galán: que Iberdrola no se trocea y que EDF no es bienvenida en la primera eléctrica española “ni desde el punto de vista accionarial ni político ni sindical", porque sus “argumentos son geopolíticos y geoestratégicos y no empresariales”. Los juicios serán prematuros para Gadonneix, que tiene problemas de asimilación al “no” y, víctima del embudo con el que Francia mira a Europa, no acepta las puertas cerradas. Pero su propio mercado ha comenzado a espetárselas en la mismísima cara de la eléctrica, participada en un 83% por el Estado. La Bolsa parisina sí ha entendido que no habrá alfombra roja a EDF y que tanto sus resultados como su proyección para 2008 son muy pobres, a años luz de la dimensión de sus ambiciones y de los resultados de la eléctrica española, que le acaba de enseñar beneficios récord. Y el parqué se lo ha hecho saber con las peores caídas desde que una pequeña parte de su capital cotiza en el mercado de valores. Y con el azote de los analistas. Su músculo, salvo que ataque con pólvora de rey, puede chirriar ante un abordaje empresarial sobre Iberdrola, por mucho que agite la bandera tricolor y corsaria.
Le ha visto la cara al lobo de los resultados y ahora al de su propio mercado bursátil y la mayoría de los analistas. El CAC40 le ha comenzado a pasar la factura, la de la credibilidad y la del atrevimiento. Si el miércoles los títulos de EDF registraron la mayor caída de su historia, cediendo un 9,39% en la Bolsa de París, hasta los 67,05 euros, tras presentar sus resultados de 2007, y confirmar su interés por Iberdrola, en la sesión del jueves se dejaba un 1,10%, hasta los 66,31 euros. El mercado sigue juzgando decepcionantes los resultados. Más decepcionantes aún las previsiones de la eléctrica estatal para 2008, en el que no prevé que aumente su beneficio y espera que el Ebitda experimente, como mucho, un moderado alza en torno al 3%. La razón es que hay, al menos, dos elementos que van a pesar sobre los costos operativos de la compañía, el aumento del precio de las materias primas y de los equipamientos de producción, además del coste de la reforma del régimen de pensiones.
Ni los enigmas teñidos de europeísmo ni la bandera tricolor ocultan las debilidades de EdF para sus aspiraciones napoleónicas. Son sus propios inversores en el parqué parisino y las firmas de análisis internacional los que dudan de los visajes de EdF y de las cartas con las que cuenta para llevar sus órdagos napoleónicos a buen término. EdF y Sarko- con el 83,6% de la participación del Estado galo- hinchan su enseña corsaria. La bandera tricolor no es más que el preludio del sable. Un florín lacio según los analistas. La eléctrica es, para Credit Suisse, el título menos apreciado de todos los grupos energéticos europeos para 2008. JPMorgan ha adoptado una recomendación negativa, con un precio objetivo de 69 euros, contra los 83 precedentes. No considera que el perfil del grupo sea tan resistente como parecía y sospecha que algunos elementos del valor están sobreestimados por los mercados. Citigroup sigue en la recomendación de compra, pero ha rebajado el precio objetivo de 98 à 96 euros, a la vista no tanto de los resultados decepcionantes, como del horizonte de 2008 y el peso negativo del huracán del humo de las fusiones y adquisiciones sobre el valor. UBS mantiene su consejo de compra, pero reduce el PO de 120 à 110 euros; los resultados no inspiran y el amento de costes de cerca de 500 millones, menos.
Iberdrola y EDF le han enseñado músculo a inversores y analistas. Mientras el beneficio neto de la eléctrica española subió el 41,8% en 2007, el de EDF el 0,2%. Iberdrola comienza a cosechar los frutos de una estrategia de crecimiento iniciada hace siete años. La cuarta eléctrica del mundo, ha dejado de ser local para convertirse global. Aumento del 42% del beneficio neto en 2007, por la consolidación de Scottish Power, y de un 14% en el beneficio por acción. La cifra de ventas de Iberdrola subió un 58,5% en el mismo ejercicio, hasta 17.468 millones de euros. El dividendo crecerá, al mantenerse un pay-out del 57%, pese al aumento del capital realizado. En 2010, gracias al nuevo plan estratégico, habrá un beneficio operativo superior a 3.500 millones, el doble que en 2006. Y la eléctrica prevé invertir 17.800 millones este año en mejorar su crecimiento orgánico, con el compromiso de alcanzar un beneficio neto en 2010 superior a 3.500 millones de euros.
El propio Gadonneix está cavando la fosa de sus limitaciones con las tres requisitos que le ha puesto a su asalto a capa y espada a la fortaleza de Sáchez Galán: que tenga sentido a nivel de las sinergias de los grupos, que las condiciones financieras permitan aumentar el valor de EDF y que la compañía sea bienvenida en el país. Hoy por hoy, media de tres. EDF ha enseñado la mano que quiere tirar la piedra, entrelazada con la zarpa de los sueños energético-napoleónicos de Sarzkozy. Y ni al mercado ni a los analistas les gusta EDF soñando con la cuarta eléctrica del mundo y su división de renovables a tiro, aunque no esté clara su munición. En contra de lo que piensa, la batalla será empresarial y ni el músculo financiero ni sus sueños accionariales acompañan. Los rumores no son suficientes para comprar.
Para Citi, la probabilidad de una OPA, teniendo en cuenta su target (10,75 euros por acción) es más bien baja. Los problemas regulatorios y legales, además de financieros, dadas las condiciones actuales de los mercados de crédito, están ahí. Por mucho que la intención del vecino del norte sea mantener en un ámbito intergubernamental los contactos sobre estos intereses, Iberdrola es una empresa privada. Ni mil Marsellesas impedirán a todo aquel que quiera saltar en Iberdrola tener que encarar la madre del cordero, la del pago en papel, y la de los accionistas, que como recordaba Ignacio Sánchez Galán, son los que tienen la última palabra. La cuarta eléctrica del mundo no está para espejitos de colores, por mucho que se agiten con "grandeur". A pesar de los intentos de quienes quieren desembarcar en Iberdrola por comenzar a depreciar el valor, las acciones de la eléctrica española han repuntado más de un 30% desde los mínimos marcados el pasado 23 de enero, el "lunes negro" en los mercados. El valor de mercado de la compañía que preside Sánchez Galán alcanza los 50.000 millones de euros, a lo que hay que sumar 23.000 millones de deuda, más otros 4.560 millones que costaría el 20% de la filial de Renovables en el caso de que se formulase una OPA sobre la matriz. Y Sánchez Galán ha dejado claro que su papel no pasa ni por permitir trocearla y que no dejará de trabajar para aumentar su valor.
Los enigmas le pueden pasar factura a las tropas de Gadonneix. Se lo ha advertido Barcklays capital: EDF está interesada en expandirse en España, pero no han tomado ninguna decisión al respecto y, lo que es todavía más importante, no saben cómo entrar en el mercado. El castigo a la gala, en su propia cancha, crece en la misma proporción que aumentan los apoyos a la dirección de la eléctrica española. El núcleo mayoritario de los accionistas españoles, el Ejecutivo y los dos partidos políticos con posibilidades de tener responsabilidades de Gobierno tras el 9-M han formado, sin pretenderlo, un frente heterogéneo que, por distintas razones, se opone a la venta de la eléctrica presidida por Ignacio Sánchez Galán. Los principales accionistas de Iberdrola, como BBK, y varios gobiernos autonómicos, han mostrado su rechazo a que una empresa privada con 106 años de historia pase a manos públicas y extranjeras.
Envolver en la bandera tricolor a EdF e incluir a su arremetida en el discurso del libre mercado europeo es sólo parte de la misma figura, que con tanta soltura Sarkozy coreografía en los cinco continentes. Cuenta con el beneplácito de la Comisión Europea, que no hace distinciones entre empresas públicas y privadas en el sector energético y ha anulado la ley Rato, aun cuando Bruselas ha obligado a varios países, entre ellos España, a eliminar la denominada «acción de oro» Reina de las asimetrías del mercado energético europeo, EdF cuenta con la garantía del Estado, pero es una cotizada que se somete a diario al juicio de la Bolsa y de los analistas. Y, por mucho que la fiebre napoleónica afecte a Sarko y a su hombre en el Consejo de EdF, no querrán afectar a los intereses financieros, con operaciones kamikaces ni humo que hunda sus valores y que lastre la caja del Elíseo.