Escocia hace del asalto de EDF Iberdrola cuestión de Gabinete
y Florentino sigue calentando el ambiente y la cotización
· Malas noticias para el presidente de ACS que trata de envolverse ahora en la bandera española para vestir sus intereses en Iberdrola
Las espadas de doble filo aún no se han desenvainado pero todos tienen la mano en la empuñadura dispuestos a darle aire. Los aceros están holgados en la garganta de la vaina y ya no tocan la cuña. Ni EDF ni Florentino cejan en el empeño de su asalto a la primera eléctrica española, aunque el maridaje se diluya a ojos vista. Pero, día a día, se convencen de que ese camino está cada día menos despejado. Más señales para Pierre Gadonneix y sus posibles aliados en tierras ibéricas. No, EDF no es bienvenida, ni en Iberdrola, ni en el mercado español, ni lo sería siquiera en el británico y en el escocés su desembarco a la fuerza en la compañía que preside Ignacio Sánchez Galán. La simple hipótesis de un asalto, el espantajo sin definir que airea la empresa estatal gala, ha puesto los pelos de punta al mercado escocés y las armas defensivas en ristre en el gobierno regional, la Cámara de los Comunes y Downing Street. Unos aliados sobrevenidos que parecen dispuestos a ayudar a la defensa del castillo. Malas noticias también para el presidente de ACS que trata de envolverse ahora en la bandera española para disfrazar sus intereses en Iberdrola. Y como cada día tiene su afan y el suyo es que la cotización de Iberdrola esté por encima del precio de compra, ayer volvió a echar madera a la caldera para mantener la presión alta y la temperatura del vapor aelevada. Le basto con una nueva insinuación que no dice nada pero lo sugiere todo: "la participación en Iberdrola servirá para posicionar ACS como el accionista industrial de referencia en una gran compañía eléctrica de tamaño europeo".
EDF también topa con los muros escoceses. Pintan bastos para Gadonneix si quiere hacer valer sus promesas de no desembarcar allí donde no es bienvenido. No sólo son las limitaciones de su músculo financiero, los castigos de los mercados y los analistas y la férrea convicción de Sánchez Galán los que ponen piedras en el camino de la osadía de la gala. Ni los enigmas teñidos de europeísmo ni la bandera tricolor ocultan las debilidades de EdF para sus aspiraciones napoleónicas. Los bandazos de la compañía francesa -- que le ha visto la cara al lobo de los resultados, al de su propio mercado bursátil y la mayoría de los analistas- con el sable en una mano y la tricolor en la otra no gustan en Europa. Los escoceses han empezado a decírselo alto y claro. El primer ministro, Alex Salmond, no quiere que una compañía pública como EDF tome el control de Iberdrola, y, por consiguiente, se haga también con Scottish Power, un proceso que, para el Ejecutivo escocés es el preámbulo para manchar a la compañía, desequilibrar un mercado tan peculiar como el británico y el escocés, saltarse a la torera los equilibrios energéticos de la Unión Euopea y, florete en mano, consumar el asalto de la diplomacia gala a los vecinos.
EDF ha enseñado la mano que quiere tirar la piedra, entrelazada con la zarpa de los sueños energético-napoleónicos de Sarzkozy. Y ni al mercado ni a los analistas les gusta la imagen de Electricité de Fance soñando con la cuarta eléctrica del mundo y su división de renovables a tiro, aunque no esté clara su munición. Si Gadonneix tenía alguna duda, el primer ministro escocés se las ha despejado. Escocia está más cerca de Solbes que de Vegara y Taguas. Si en España la derogación por parte de la UE de la Ley Rato maniata a la Moncloa, que tampoco tiene voluntad de imponer nuevas barreras legales y deja la batalla en el terreno empresarial y en el de la batalla de accionistas, el Ejecutivo escocés está dispuesto a ir un poco más lejos ante las arremetidas de una compañía gala que se beneficia de su ley del embudo, convertida en la reina de las asimetrías del mercado energético europeo. Glasgow no está dispuesta a que le toquen la perla energética de Scottish Power. Teme el posible efecto de la operación en las inversiones y autonomía de la compañía. Y tiene arrestos para ir mucho más allá de la preocupación o del enfado. Los recelos al asalto de EDF en Iberdrola ya se han convertido en asunto de gabinete para el Ejecutivo escocés y pueden unir las voluntades de Londres y Glasgow si el Parlamento británico asume la moción del primer ministro y del principal partido escocés, para que se manifieste contra las ambiciones de Electricité de France sobre Iberdrola. La cámara, por anticipado, cree que cualquier operación de ese tipo reduciría la competencia en el sector de la energía y va contra los esfuerzos de la Comisión Europea por liberalizar el mercado europeo; y cree que ya hay preocupaciones sobre el dominio de seis grandes compañías en el mercado británico, por lo que pide al Gobierno que deje claro que esa concentración no será permitida.
Salmond, que mantiene buenas relaciones con Sánchez Galán, advierte de que transmitiría sus inquietudes a las autoridades de la competencia en el Reino Unido y la UE. Bruselas tendría la última palabra para una operación de EDF sobre Iberdrola, pero antes tanto el gobierno escocés como Downing Street y el lobby energético británico tendrán mucho que decir. Ni las ideas que conjugan el verbo trocear, ni las ambiciones de EDF encajan en un mercado como el británico que se caracteriza por una liberalización plena y por un bajo grado de concentración, tanto en generación como en distribución. No quieren gigantes y menos con la marsellesa bajo el brazo. Tampoco a Salmond le gusta la idea de poner en peligro las buenas relaciones con Iberdrola, no sólo por su desempeño, sino porque la compañía tiene en marcha un plan inversor que contribuirá a alcanzar el objetivo gubernamental de que un 50% de la demanda de energía se satisfaga con fuentes renovables para el 2020. No está el mercado escocés para aventuras corsarias de inspiración gala. Ni la reducción del número de compañías, ni el impacto de un desembarco de ese tipo de EDF sobre los consumidores y sobre las tarifas tienen buena prensa.
La hostilidad política en Reino Unido dificultaría los planes de EDF, que ha manifestado que sólo comprará Iberdrola si la adquisición es bienvenida en los países a los que afecta. El principal argumento de Salmond y su partido para oponerse a la OPA aún hipotética es el posible perjuicio que supondría en la competencia energética. Desde abril de 2007, Iberdrola es el dueño de Scottish Power, el quinto grupo eléctrico del mercado británico. EDF es la tercera operadora del país, donde controla la distribuidora de Londres. La unión de EDF y Scottish Power alcanzaría una cuota del mercado del 35% en distribución, del 25% en comercialización y del 12% en generación. Una supuesta OPA de EDF - entró en el mercado británico a través de la adquisición de las empresas Seeboard, Eastern y London Electricity- sobre Iberdrola supondría crear "un operador dominante" en el mercado de Reino Unido que estaría controlado por el Estado francés, que es el principal accionista de EDF con una participación superior al 83% en su capital. Y en Gran Bretaña caería como un seísmo, en un mercado muy sensible, que cuenta con un número relativamente pequeño de suministradores y donde el regulador del sector ha abierto una investigación por las recientes subidas de precios de la electricidad y el gas. Además, en plena guerra de tarifas, EDF se encontraría en el propio alza de precios una de las barreras naturales para frenar su abordaje.
LOS PLANES DE ACS
Ajeno a los recelos escoceses, sordo a los repudios españoles, erre que erre. Florentino se aferra a las riendas de su Caballo de Troya, el mismo con el que pretende el desembarco final en Iberdrola. Y, con la bandera española en ristre y el adjetivo ibérico a flor de labios, el ex presidente del Real Madrid, inasequible a las advertencias de Ignacio Sánchez Galán, a los muros con los que topa EDF y al núcleo duro de los accionistas de la compañía, sigue empeñado en darle la razón al presidente de Iberdrola cuando asegura que la constructora "sólo ha creado inseguridad" desde que entró en el accionariado del gigante eléctrico.
Florentino se siente cómodo en su papel de quinta columna de Iberdrola. Alfombra roja no tendrá, pero no oculta sus planes sobre la primera eléctrica española. Por supuesto, no será de inmediato, quizá en un año. No antes, al menos, del 9-M. No por comedimiento, sino por necesidad electoral. Florentino intentará mimetizar con el entorno político, sea cual sea el inquilino de la Moncloa en el mes de abril. Entre tanto, utiliza a la eléctrica. Su participación del 12,4% -7,2% de forma directa y otro 5,2% de forma indirecta, a través de derivados- le ha dado beneficios al grupo de construcción, servicios y energía y espera utilizarla como plataforma para la consolidación de un gran grupo energético con ACS como protagonista. "Palanca estratégica" para crear valor "a través de un proceso de consolidación", lo llama Pérez.
Florentino sigue haciendo olas, fiel a esa vieja consigna que reza si no puedes ganar la batalla accionarial, al menos pelea por la del ruido mediático. Todo sea con tal de seguir calentando el valor, mientras pasea su endeudamiento, ahora engordado por el 29,9% de Hochtief, al borde de la obligatoriedad de la OPA. Que si ahora no, que si mejor después de las elecciones, que si sólo quiere lo mejor para la eléctrica... Por ahora, mercenario de sí mismo, sólo atiende a dos condiciones promisorias: garantizar "lealtad a la política energética del Gobierno" y que la mayor parte de los activos "queden en manos españolas" . Un discurso en el que, de puertas para afuera, no cabe ni rastro de EDF. Ni una palabra de lo que en otros tiempos definió como "conversaciones con la eléctrica francesa sobre el sector energético europeo y sobre su interés por Iberdrola y el mercado español en general".
En contra de lo que piensa, la batalla será empresarial y ni el músculo financiero ni sus sueños accionariales acompañan a la gala. Los rumores no son suficientes para comprar. El castigo a la gala, en su propia cancha, crece en la misma proporción que aumentan los apoyos a la dirección de la eléctrica española. El núcleo mayoritario de los accionistas españoles, el Ejecutivo y los dos partidos políticos con posibilidades de tener responsabilidades de Gobierno tras el 9-M han formado, sin pretenderlo, un frente heterogéneo que, por distintas razones, se opone a la venta de la eléctrica presidida por Ignacio Sánchez Galán. Los principales accionistas de Iberdrola, como BBK, y varios gobiernos autonómicos, han mostrado su rechazo a que una empresa privada con 106 años de historia pase a manos públicas y extranjeras. Poco le han importado a Florentino, que se atrinchera ahora, al menos formalmente, en la bandera de la españolidad. Españolidad- dice Pérez- la de sus intenciones, la de su lealtad por Iberdrola, la de la gran compañía europea que espera engendrar con ACS como médula espinal.
Otra cosa es cómo lo hará: lo que ACS tiene en la empresa -un 7,7% directo y otro 5% en derivados- vale algo más de unos 5.000 millones de euros. Lo ha comprado con un apalancamiento de unos 4.000 millones, según el endeudamiento que ha publicado. Con apenas mil millones de inversión real pretende rentabilizar al máximo su inversión y hacerse con el control de una empresa que hoy tiene una capitalización superior a 50.000 millones y que no es accesible por menos de 95.000 millones en efectivo (los estatutos establecen un blindaje del 75% si la OPA no es en dinero).
Asegura Florentino que ACS es la primera interesada en que Iberdrola vaya bien. Lo que no desvela es hacia dónde. No han hecho falta los apellidos. Inasequible al desaliento, Pérez baraja fórmulas para sus asaltos, con o sin la complicidad gala, y, a pesar de los antecedentes frustrados, no se saca de la cabeza el fantasma de la fusión entre Iberdrola y FENOSA, convertida en la llave de su solidez. A pesar de que 2007 es el año en el que ACS se ha desprendido de más activos tradicionales, ha sido apoyado en la consolidación integral en sus cuentas de la participación en FENOSA como el grupo constructor y de servicios cerró 2007 como el mejor ejercicio de su historia, con un beneficio neto de 1.551 millones de euros, un 24% más. La eléctrica que preside Pedro López Jiménez sumó 5.966,8 millones de euros a la cifra de negocio que, sin esta aportación, habría crecido sólo un 12,2%.
Por si acaso, Sánchez Galán ya le ha demostrado al presidente de ACS, en la piel de la banca March, lo lejos que pueden llegar en su defensa de la integridad de Iberdrola y su valor para los accionistas. El jueves la CNE definirá también lo lejos que pueden llegar las ansias de Florentino. Sánchez Galán acudió a la Comisión Nacional de la Energía para que limite al 3% los derechos de voto y al 10% la presencia accionarial de ACS, al entender que con sus contactos con EDF para tomar el control de la eléctrica está vulnerando las condiciones que le puso el regulador para elevar su participación en la eléctrica. El organismo que preside María Teresa Costa abordará el jueves esta cuestión para decidir si la admite y, en caso afirmativo, si analiza el caso como parte del expediente ya abierto acerca de la participación de la constructora de Florentino Pérez en la eléctrica o si abre un nuevo expediente.