Habitat y Colonial salvadas por la campana del 9-M
· Tanto en Habitat como en Colonial se ha jugado con el calendario a favor pero en la sevillana, que es en la que se está forzando más la situación, todo sigue siendo muy extraño
· LLama la atención que los bancos acrredores de ambas sean todos extranjeros -y todos estén sometidos a presión por sus propios problemas-, excepto el Instituto Catalán de Finanzas
Sólo el calendario y la premura electoral las han hermanado, obligadas a jugarse a una carta su futuro en la misma fecha. Compañeras, al fin, del rescate in extremis para evitar un escándalo económico y social a las puertas del 9M. Ni sus armas ni sus destinos se parecen mucho más que en la condena a prologar su encallamiento y a seguir su paso a dos con el peso de unas deudas que sólo han podido demorar. Pero, por ahora, han escapado, por milímetros, de la sombra de la suspensión de pagos -hoy llamada concurso de acreedores-. La catalana Habitat, gracias al capotazo de la presión de la Generalitat y Clos que han hecho del rescate de la primera inmobiliaria catalana bandera de nacionalismo y enseña de campaña. Y para la sevillana, por una escalera anti-incendios confusa, llena de obstáculos y que obliga a Portillo y los Nozaleda a desembocar en una oferta que los deja contra las cuerdas: contra las de los dubaitíes del fondo Investment Corporation of Dubai (ICD), que sólo pagarán la mitad en efectivo, a 1,85 y quieren que el sevillano les dé el sí quiero antes del fin de semana -igual que los bancos-, sin pararse en sus condiciones y aceptando un 50% en papeles dubaitíes. Y contra la pared de los acreedores, porque al fin y al cabo, si los bancos tenedores de la deuda -los que mejor conocen el valor de la inmobiliaria y sus cráteres- ya tenían la llave de Colonial y la hicieron valer ante ICD durante el estudio de los libros, ahora las condiciones de la oferta de los dubaitíes los convierten en los amos y señores del futuro del grupo presidido por Mariano Miguel. Sin su luz verde acertará el pronóstico que descuenta el mercado y no prosperará ninguna OPA sobre una inmobiliaria cuya piel, hoy por hoy, si no hay “matrimonio”, vale poco más que cero y sólo tiene un poco de tiempo más, arañado, en las manos.
Pero precisamente porque los bancos son los que mejor conocen los activos de Colonial está por ver que admitan su oferta, muy por debajo de los 2,3 euros mínimos en que los bancos acreedores parecen valorar la inmobiliaria. Y es que todo esto sigue teniendo un extraño aroma difícil de identificar pero olor al fin y al cabo y no es casuliad que se haya llegado al límite temporal del 9 de marzo, quizá porque saben que sería un mazazo político para el Gobierno una suspensión de pagos de Colonial y echará el resto para evitarla, igual que en Habitat. Pero resulta que la última palabra la tienen lo bancos acredores y conviene no olvidarlo. En el fondo, la sospecha de que si ICD compra a 1,85, Portillo habrá ganado dentro de lo que cabe a pesar de lo que pueda parecer ¿Quién puede asegurar que no sería una operación de ida y vuelta? ¿O acaso la función de ICD es aumentar la presión y alejar otras soluciones? Por cierto, ¿por qué está tan callado Portillo?
Prórrogas apenas. Empujadas por la deuda y la caída acusada de la actividad inmobiliaria, su pataleo contra la crisis continúa para las dos, convertidas en paradigmas de otras inmobiliarias más débiles, u oportunistas, obsesionadas por salir a flote como sea, de las que no hallan más solución que ultimar in extremis ‘bodas', socorros por parte de las más saneadas, o aferrarse a dos manos a los flotadores que les lanzan las instituciones financieras., caen en brazos de ‘bodas' de urgencia y conveniencia. Pero los inversores desconfían y el parqué tiene problemas para comulgar ya con sus esfuerzos, ni parece motivarse con sus malabares financieros. La Bolsa, desconfiada ante la viabilidad de la OPA del fondo soberano de Oriente Medio, castigaba el miércoles a Colonial con una caída del 7,65, hasta los 1,58 euros, un 15% por debajo del precio en metálico ofrecido por el ICD. La actuación de Colonial en Bolsa durante las últimas sesiones, tan diferente a la de una futura opada, ha despistado a los inversores, contrariados ahora por la oferta de los dubaitíes, que quizá han descontado un futuro plan de saneamiento del precio de la adquisición.
Tras la danza de zombíes en la que se ha convertido el salvamento de algunas inmobiliarias, en la Generalitat no querían que el primer cadáver en oler mal sobre la mesa de los españoles, en plena campaña, fuera precisamente catalán, menos aún el de una inmobiliaria en cuyo crédito sindicado participa el Instituto Catalán de Finanzas (ICF) con 100 millones de euros, una cantidad notable para la entidad pública dependiente de la Generalitat y en concreto del departamento que controla Castells, el negociador enviado por Montilla para "animar" a los bancos acreedores, sobre todo a los tres extranjeros más reacios -Deustche Bank, Barclays y Rabobank - a dejar de centrarse en los números y abrir plano al horizonte geográfico y político. La prórroga para refinanciar su deuda no ha sido, en realidad, más que un acuerdo, muy tardío, que se cocina desde hace meses y que, en condiciones normales debió haber llegado, como tarde, en enero.
La salvación para la condena a muerte de Habitat se ha servido en plato gracias a la estrategia de dejar solos en fuera de juego a los bancos reticentes, los tres extranjeros. Con la ayuda de la presión de la Generalitat y con la promesa del presidente Figueras de cambiar la gestión y, si no hay más remedio, la cabeza visible de la compañía, Habitat lograba conseguir el apoyo de Deustche Bank, Barclays y Rabobank, los 3 del pool de 38 que se oponían al acuerdo sindicado a minutos de la hora final. La firma por parte de todos sus entidades acreedoras de un acuerdo para la refinanciación de la deuda de 1.586 millones de euros que mantiene por la compra el pasado año de Ferrovial Inmobiliaria evitan que Habitat sea -al menos no aún- la primera víctima mortal catalana de la crisis hipotecaria española. El acuerdo suscrito con los bancos establece que la compañía amortice 50 millones de euros de este crédito a finales de este año, otros cien millones en 2010 y que en el horizonte de 2014 esté todo liquidado. Pero el salvoconducto, la prórroga de vida, no será sin más ni más. El banco alemán ha dado su visto bueno después de que el nuevo acuerdo de acreedores le respetase una cobertura que Deutsche tenía con un hedge fund sobre la mitad del importe de su préstamo.
El horizonte que Habitat trata de poner en 2010 es poco más que una prórroga. Nada parecido a la "nueva etapa" que proclama la empresa que controla y preside Bruno Figueras, que debe sacrificar a su cabeza visible y el control diario de la gestión y abrir la puerta a nuevos directivos. La inmobiliaria, embebida de la euforia promete "una situación financiera adaptada al cambio de ciclo en el mercado inmobiliario y un fuerte plan de negocio para los próximos ocho años". Según sus datos, cuenta con activos valorados en 3.000 millones de euros, unos 300 empleados y que tenía vendidas el 75% de las viviendas que tiene previsto entregar en 2008. Pero la realidad es que tendrá que jugar su prórroga con las manos atadas a la espalda. La compañía sigue con la soga al cuello. Amén de continuar condenada a soltar lastre con su plan de desinversión de 700 millones de euros, Habitat no podrá realizar inversión alguna hasta 2014 al menos. El acuerdo activa además el compromiso adquirido por Ferrovial - con el 20%- de entrar a ayudar a la inmobiliaria, a pesar del lastre de sus propias deudas. El grupo de construcción y servicios convertirá en un crédito participativo los 250 millones de euros que Habitat le adeuda y le comprará activos por un máximo de 100 millones de euros en caso de que no encuentre otro comprador.
PORTILLO, CONTRA LAS CUERDAS
Las filas de Luis Portillo no tendrán ni siquiera esa suerte. Lo suyo con ICD prometía ser una boda por obligación, aunque el ex presidente de Colonial trataba de vestirla de postín dubaití. Y ha acabado en una oferta de compromiso, engendrada desde las dudas y plagada de condiciones, muy lejana a los 2 euros de suelo que proclamaban haber negociado el dúo de accionistas mayoritarios con el Fondo soberano del reino de Dubai. Una oferta aparentemente envenenada pero que Portillo y Nozaleda (con un 39% y un 14% del capital respectivamente), no tendrán más remedio que aceptar, a la vista de la orfandad de sus alternativas, de la presión de los acreedores -sobre la inmobiliaria y sus cuentas personales- y de la lasitud de los títulos, inermes ante los esfuerzos de Portillo y compañía por calentar el valor a cualquier precio. El "prometido", el ICD, espera a la puerta de la Iglesia, pero exige que los ‘padrinos'-los acreedores de Colonial- firmen por adelantado. No será fácil, teniendo en cuenta que la pelota de nuevo en le tejado de los bancos acreedores, auténticos dueños del destino de Colonial, a los que durante las semanas de tira y afloja ya no les hacía gracia vender por debajo de los 2,3 euros. El plato amargo de los dubaitíes estará servido sólo tres días más para los accionistas mayoritarios de Colonial.
Nada de puentes de plata, apenas una salida de emergencia. Ni el humo de los rumores que Portillo ha administrado a voluntad han podido subir el valor bursátil por encima de 1,70 en las últimas semanas, ni la flexibilidad de los acreedores ha dado para más. Para los socios mayoritarios, que han visto cómo más de una novia salía corriendo en el último momento, hay nervios. Nervios y pérdidas. Los bancos siguen ejecutando y las acciones, cayendo al mismo ritmo que las hojas del calendario. Colonial, doblemente castigada en los últimos meses por su elevado endeudamiento y su exposición al sector inmobiliario, vale lo que un comprador esté dispuesto a pagar por ella. Y según ICD, a la vista del mercado y tras estudiar en profundidad los libros de la empresa y de su filial francesa SF, ese precio no es más que 1,85 euros por acción en metálico (frente al 1,57 del cierre de ayer) y de 2,25 euros mediante instrumentos financieros emitidos por Dubai, deuda o equivalentes cupón cero al plazo de 4,5 años. A elección de los accionistas, pero no más de un 50% en efectivo.
Y eso siempre que haya un acuerdo comercial "satisfactorio" con todos los bancos con los que Colonial está endeudado, entre ellos, sus cuatro principales acreedores (The Royal Bank of Scotland, Eurohypo, Calyon y Goldman Sachs) que le concedieron un préstamo cuyo importe ahora asciende a 6.409 millones que establecía una modificación de condiciones en el caso de que la compañía cambiara de manos. Y la adhesión a la oferta de bancos en los que tienen pignoradas sus acciones Portillo y Nozar (hasta un 50% del capital de Colonial). Si no, más calabazas para Portillo y los Nozaleda. Y vuelta a empezar. Si los bancos acreedores, verdaderas llaves de la viabilidad y el futuro de Colonial, ya plagaron el camino del estudio de pegas, ahora no se espera otra cosa, sobre todo de Goldman Sachs. El banco estadounidense juega un doble papel en cualquier operación sobre la inmobiliaria: por un lado, es uno de los cuatro bancos acreedores de los 8.000 millones e la deuda de Colonial, pero es a su vez financiador de Luis Portillo en la compra del 15% de FCC por 1.600 millones.
Tantas condiciones, ahora que se cocina la que parece la hora final, caen como brumas. Si el IDB apareció de la nada, como mandado hacer a medida de Portillo después de que General Electric y Gecina salieran espantados del estudio de sus cuentas, quiere cristalizar ahora entre nieblas, haciendo ondear "papelitos" con los que Portillo y los bancos acreedores tendrán que comulgar si quieren cobrar a 2,25. Los "Luises" probarán su propia medicina. No será con alfombra roja, pero Portillo y los Nozaleda podrían consumar su tocata y fuga de Colonial por el puente dubaití. Aunque pagarían un peaje caro. En el caso de la opción en efectivo, la oferta valora la compañía en 3.027 millones de euros y supone una prima del 8,8% frente al cierre en bolsa. Pero ni siquiera la mejor de las ‘dotes' que ofrecen los dubaitíes es un horizonte suficiente para Portillo y Nozar. La deuda del sevillano asciende a 1.473,5 millones de euros, mientras que la de Nozaleda es de 457,1 millones. Para cubrir los 1.930,6 millones de deuda que tienen entre ambos empresarios, la oferta tendría que elevarse a 2,52 euros por título para Portillo y a 2,48 euros por acción para Nozaleda.
La boda de tercera puede acabar en un entierro de cuarta, el de la compra. El de las acciones, que no levantan cabeza. Funeral para los accionistas mayoritarios. Y para los minoritarios, como los promotores castellano-manchegos Domingo Díaz de Mera (7%) y Aurelio González (5%), que pagaron 5 euros por acción. IDB aún no ha respondido la pregunta del millón: ¿por qué querrían asumir el problema hasta ahora de Portillo, que Colonial vale cero? El grupo presidido por Mariano Miguel capitaliza en bolsa en torno a los 2.800 millones de euros, a los que hay que añadir una deuda corporativa de la propia compañía de más de 8.000 millones. Por si fuera poco, su participación del 15% en FCC, está pignorada como garantía de los créditos que respaldan esa inversión.