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Publicado el jueves 28 de febrero de 2008
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Monitor de Latinoamérica

Morales condena a Argentina y Brasil al triángulo de las Bermudas energético

-Chávez reinventa la 'cartilla de racionamiento'

Evo MoralesA. Zarzuela.– El de CFK y Lula iba a ser un dúo, un idilio energético aliñado por el gas, la central de Garabaní, las nucleares y MERCOSUR, una buena sintonía que germinó con todas las ganas antes incluso de que Cristina llegara a la Casa Rosada, pero se ha ido complicando por el camino. Como mucho, aspira hoy a un matrimonio de conveniencia, con la necesidad energética como oficiante, en el que Lula y Cristina suman a las facturas de sus debilidades energéticas el ingente peso de la revolución bolivariana y su nacionalización en tierras de Morales. Y es que sus pretensiones necesitan el gas de Evo, un padrino autoinvitado tan incómodo como impotente que se niega a hacer su papel. Ya se sabe, tres suelen ser multitud. Y si los tríos no se reparten más que las miserias energéticas bolivianas la coreografía se complica hasta convertirse en un Triángulo de las Bermudas en el que naufraga la integración regional. El idilio no es simétrico, Lula no sólo tiene el músculo de Petrobrás, las ínfulas de la mayor economía de la región y la pretensión de llevar las riendas hemisféricas, sino que Morales- a la vista de la imposibilidad de YPFB para cumplir sus compromisos gasísticos- ha venido a dejarle en bandeja al brasileño la llave del alivio energético- por la vía eléctrica- de Argentina. 

Brasilia puede ahora cobrarle a Kirchner en diplomacia, comercio y poderío político cuatro años de forcejeos. El brasileño y el boliviano dejan a Cristina Fernández abocada a pedir ayuda a Caracas, a implementar cortes de energía y a medio plazo, a cristalizar nuevas ecuaciones en las que las empresas que operan al mismo tiempo en Bolivia y Argentina -Repsol YPF entre ellas- pueden tener más de una baza que jugar. Y si el affaire Esso ha puesto su idilio en cuarentena, las debilidades del boliviano amenazan con dejarlo en el limbo por toda la eternidad.

La que se prometía pareja del año al sur de Río Grande ya ha pasado el primer sarampión de su relación y conoce el tamaño de sus expectativas. Argentina lideraba, en los 90, el desarrollo nuclear y producción hidrocarburífera. Hoy, Brasil es el adelantado en construcción de centrales nucleares y el descubrimiento yacimientos de petróleo y gas, los dos botines que CFK más anhela. Sólo por eso ha pasado de los gritos de Kirchner a los susurros con Lula. El brasileño, durante su visita a Buenos Aires, para no emponzoñar el idilio, ha obviado que Cristina amenaza con obligarlo a ir al altar de Esso con la estatal argentina Enarsa de la mano y la sombra de su socia Pdvsa, detrás. Los activos de la norteamericana caerían como anillo al dedo de las ambiciones regionales que Lula teje con Petrobrás como ariete. Para Cristina -con las petroleras de uñas y Shell a punto de romper el juego- las urgencias energéticas y la avidez de inversiones mandan, así que Brasil -con o sin las broncas de MERCOSUR- está, sobre el papel, llamado a ser su principal aliado estratégico. Los dos se dejan querer. La argentina se lo ha demostrado con la firma de acuerdos para la fabricación de un vehículo militar, el lanzamiento de un satélite común, cooperación nuclear y la igualdad de derechos para residentes de ambos países. Embrear, con la mediación de Lula da Silva, estudia proveer a Cristina de un nuevo avión oficial. Y Buenos Aires ha consentido en apoyar las ambiciones atómicas de Brasil, aún a costa de insuflar bríos  a las ansias hemisféricas de Lula con su Consejo Militar Regional. Pero lo del gas será otra cosa. Una guerra con la llave en manos ajenas.

La Paz no esconde ya sus miserias. Lo ha dicho el vicepresidente boliviano: faltará gas para Argentina y Brasil en lo más crudo del invierno. Bolivia apenas podrá producir 40 millones de metros cúbicos diarios y Brasil y la Argentina le demandan más de 37 millones, a los que hay que agregar el suministro interno, que es de entre 6 y 7 millones. La solidaridad energética regional ha topado con las fronteras de la eficiencia bolivariana, la pieza débil del triángulo. Morales pretendía ser el 'Robin Hood' del gas, pero corre el riesgo de convertirse en un héroe de hojalata. Perdido en la gestión de las segundas reservas de gas del continente, se le ha quedado grande el traje de potencia energética y aún no ha logrado llevar a buen puerto la nacionalización que emprendió el 1 de mayo de 2006, que hasta ahora ha logrado desabastecer a ciudadanos y pequeños empresarios; espantar a los inversores, e incomodar y demonizar a las multinacionales que llevaban años impulsando el sector y de los que hace depender su eficiencia. No hay gasolina ni gas licuado suficiente y necesita importar GLP de Venezuela. La improvisación, las inversiones congeladas y la ineficiencia son sólo la guinda que explica la triple catástrofe: el desabastecimiento interno y regional de gas licuado de petróleo (GLP), gas natural y electricidad; la incapacidad para poner en marcha una política energética global que actualice el sector; y la impotencia para cumplir los acuerdos de abastecimiento con sus vecinos.

Brasilia y Buenos Aires ya sólo aspiran a poder seguir esperando. Han acordado diseñar una política energética común para enfrentar la crisis que vive el sector. La alianza estratégica no es mucho más que tratar de obligar a Evo Morales para que administre sus miserias revolucionarias y cumpla los acuerdos regionales, al menos en tanto Lula y Cristina encuentran fórmulas alternativas- ya pasen por Caracas o por París- para zafarse de la dependencia de YPFB. Como en el bolero, ahora ni con él, ni contra él. Cristina buscaba en el brasileño su comodín para evitar apagones y en Morales la clave para "pasar el invierno". Sólo tendrá la promesa difusa de la primera de esas dos necesidades. Cristina le hace ojitos a Lula a cambio de algún regalito esporádico del gigante Petrobrás, que derrocha gestos imperiales desde el descubrimiento de Tupí y que, a regañadientes, ha renovado acuerdos de inversión con la boliviana YPFB.  En Brasil, con una matriz sobre todo hidráulica, a diferencia de Argentina, ha llovido mucho.  Por eso su oferta, en lugar de ceder gas, es exportar 200 megavatios de electricidad sólo en el momento de mayor demanda interna. Una ayuda para hacer frente a los picos de demanda, que este año superaron los 18.000 megavatios. La lluvia cae también a favor de sus ambiciones. Se lo cobrará caro a Cristina. Para empezar en la propia factura: El gas es materia prima, la electricidad ya contiene valor agregado. una represalia "a la jugada" de Néstor Kirchner de hace tres años, cuando ofreció a Bolivia pagarle más por el gas, a fin de asegurarse el suministro, lo cual forzó al gobierno de Lula a aceptar también una renegociación de su contrato con Bolivia que le terminó costando más de dos dólares por millón de metro cúbico.

Morales tiene la llave y ha trancado el juego, no sólo el del idilio energético entre Lula y Cristina, sino el de los amores electorales entre la presidenta argentina y la opinión pública. Antes de que Brasil se negara a ceder una sola molécula del gas que le compra a Bolivia, el panorama energético ya era sombrío en la tierra del tango. Con esa decisión, a la administración de CFK le queda rezar por un invierno con poco frío para que la demanda no explote y con mucha lluvia para cubrir las centrales hidroeléctricas. Aunque se diera el escenario más benévolo, los cortes de gas a la industria y los programas de racionamiento -por ejemplo en GNC- parecen inevitables. Ya eran difíciles de esquivar contando con una importación de 4 millones de metros cúbicos diarios de gas boliviano, más todavía lo será si desde ese país llegan con suerte 3 millones. Para Cristina, que llegó a la Casa Rosada condenada a bailar el más amargo de sus bailes con el desabastecimiento, no ha sido fácil defender hasta ahora los pagos excesivos  a Bolivia y tampoco lo será decirle a sus empresas que otra vez este invierno habrá restricciones. El consumo de gas viene creciendo a un ritmo de entre 6 y 8%  en los últimos cuatro años y frente a ello la oferta interna está en paulatino pero continuo declive.

La fórmula oficial pasa por reconocer sólo que "el servicio a los hogares está garantizado". La ecuación para negociar a futuro es compleja, los estados (presentes en la comisión creada esta semana) son sólo una parte. Gigantescas empresas completan el elenco. Y la Casa Rosada confía, en particular, en las que trabajan en el mercado argentino y son capaces de tener un pie en Bolivia: Repsol YPF, Petrobras y Total sobre todo. Mientras tanto, la vista puesta en Caracas: aumentar la importación de fuel oil -en parte venezolano- para que las centrales eléctricas lo utilicen en reemplazo del gas, Y el  plan ‘Energía total', reemplazar gas por combustible líquido y subsidiar a las empresas. El Gobierno le agregará este año unos 1000 megavatios de generación eléctrica, con la puesta en marcha en abril y junio de las centrales de ciclo combinado -que ahora funcionarán con combustibles líquidos, por la carencia de gas- de Timbúes y Campana, más otros aportes pequeños en distintas provincias.

No se trata de la espuma del café. Se ha convertido en una pelea para no pagar los platos rotos de la versión Morales de la revolución bolivariana. Es cierto que Buenos Aires ha restringido las exportaciones de gas a Chile. Las petroleras se habían comprometido a vender al país trasandino hasta 24 millones de metros cúbicos diarios y ahora sólo despachan 1,6 millón, pero a cambio Chile debe enviar fuel oil  para la generación eléctrica. Pero Argentina también verá afectada también su venta de energía a países limítrofes: Uruguay, Chile (relación que ya produjo chisporroteos que el Gobierno quiere minimizar), Paraguay y, paradojas de la vecindad bolivariana, también a Bolivia, que compra garrafas.

Así las cosas, la integración regional sólo será posible con una nueva integración energética. Hace apenas un lustro, cuando Chávez comenzó a hacer ondear ante sus vecinos el poderío de su bandera petrolera y el supuesto músculo de su reino con pretensiones de autarquía petrolera, desde Caracas a Brasilia se daba por descontado que América del Sur es una región privilegiada que puede autoabastecerse energéticamente, con Bolivia y Venezuela como los grandes productores y Brasil y Argentina como grandes consumidores. Hoy el paradigma se ha evaporado: ni siquiera pueden abastecerse a sí mismas, la boliviana YPFB tiene problemas y Pdvsa está lastrada por la deuda, los problemas de producción y las ambiciones de Chávez, empeñado en convertirla en su compañía-comodín. Es necesario establecer mecanismos regionales de planificación y cooperación que permitan discutir las inversiones en el sector energético, compartir tecnología, trabajar en nuevas fuentes de energía e, incluso, pensar en una matriz energética regional. En dos años, el trío de la discordia puede volverse insostenible: la situación más grave se daría a futuro, ya que está previsto que en el año 2010 Bolivia tenga la obligación de exportar 27 millones de metros cúbicos.

El brasileño quiere ser el capitán de esa integración. Enfrascado en la carrera para hacerse con la hegemonía regional a dos bandas- la comercial y la militar- Lula lo persigue todo: promete a los brasileños un asiento en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y se siente ya dueño de una plaza de residente en el G13 y portavoz in pectore de las economías del BRIEC Con sus nuevas reservas de petróleo, su capacidad nuclear, su músculo militar, sus poderosas industrias de aviación y agrícola y su creciente poder de negociación mundial, pilota la décima economía del mundo como una empresa. Quiere y puede estar mucho más cerca de China e India que de Irán y no se ciega con lealtades políticas. En diciembre firmaba acuerdos energéticos con Caracas, ahora puede enseñarle los dientes a Cristina Fernández de Kirchner y hacerle sudar sus concesiones eléctricas.

Chávez reinventa la 'cartilla de racionamiento'

Hugo Chávez, enfermo de negación, más papista que Castro, se ha tomado al pie de la letra sus reacciones ante la salida del poder de Castro: eso de que Fidel no ha dimitido, la afirmación de que nada ha cambiado en la Isla Cubana. Quizá por eso, ebrio del deseo de homenaje a las glorias de la revolución cubana, ha decidido darle la bienvenida a la presidencia de Raúl con las nuevas cartillas de racionamiento para los venezolanos en la mano, un control de venta y despacho de los productos, "por persona y por día" en manos de los consejos comunales. Ahora que incluso el régimen cubano- a la fuerza ahorcan- han buscado fórmulas de excepción para importar alimentos desde Estados Unidos (el año pasado vendieron 295,2 millones de euros en alimentos a La Habana), ahora que Raúl, que no se ha deslizado precisamente hacia el modelo chino en estos 19 meses, al menos escucha alguna propuesta de empresarios agrícolas estadounidenses encabezados por John Parke Wright, Chávez se enroca ahí donde más le duele a los venezolanos: en la cesta de la compra. El desabastecimiento es inversamente proporcional al aumento de los precios en los productos que escasean y al auge de la propaganda oficialista.

El venezolano comienza a sentir los límites de la revolución bolivariana y no están en las fronteras de sus aventuras exteriores, sino en el patio de sus experimentos, ahora que el Estado y la gasolina de su "niña bonita" petrolera, Pdvsa, tienen problemas para sostener su fórmula de pan y circo. La economía nacional está en el suelo, los anaqueles están vacíos, miles de industrias han tenido que cerrar, millares de comerciantes no logran abastecer sus negocios, escasean los productos de primera necesidad, CADIVI niega las divisas para la importación de repuestos, equipos, medicinas, alimentos y un largo etcétera de bienes que no se producen en el país. Pero Chávez no se apea del caballo de Bolívar, sostiene la guerra comercial con Bogotá y Washington, no se resiste a seguir esgrimiendo la Ley contra el Aparcamiento, Especulación y el Boicot, a restringir aún más las exportaciones de alimentos que están permitidas, a vigilar y perseguir a productores, ganaderos, empresas de distribución y todo el que se le ponga a tiro. Y a demonizar y amenazar a las multinacionales de la alimentación. Chávez, entre la espada y la pared, ya ha demostrado en qué consiste eso de la "defensa sin fin de la patria", una combinación de patadas al viento y amenazas de nacionalización a las multinacionales, con denuncias por robo, fraude, traición a la patria y trabajo para el Imperio.

Caracas quiere ahora hacerlos comulgar con sus planes, a saber: participar en el mercado con las condiciones que Miraflores diseña y, en todo caso, guarda en la manga el as de bastos de la expropiación "ejemplarizante" de la suiza Nestlé y a la italiana Parmalat, que "ofrecen dinero por adelantado, se llevan la producción y dejan a las plantas del Estado sin la leche necesaria", acosa a Bimbo acusándola de apoyar a la oposición y amenaza con la intervención estatal a Polar, la mayor productora privada de alimentos y bebidas del país, tras acusarla de acaparar productos de consumo masivo. En el quinto exportador mundial de petróleo  es más fácil conseguir un coche de importación que leche, huevos, carne o azúcar. En el reino de la "revolución para el pueblo", los venezolanos sufren una inflación que los analistas y la patronal cifran cerca del 25%. El control de precios, la restricción de divisas y el intervencionismo han dado como resultado la escasez, el encarecimiento de las importaciones y la debilidad enfermiza del bolívar, que la reconversión monetaria sólo maquillará.

En las garras de Chávez, las riendas de una economía que ya sufre los síntomas de nueve años de autarquía petrolera, a la que el venezolano ha dado cuerda a golpe de gasto fiscal y consumo y a costa de la productividad. Las costuras del modelo comienzan a resentirse: el alza de los tipos de interés y el auge del consumo ha disparado ya la morosidad. Los préstamos vencidos y en litigio registran un incremento del 110,46% de 2007 a 2008. El Banco del Pueblo, buque insignia del apoyo institucional a los microcréditos que fue creado por Hugo Chávez, registra un índice de morosidad del 20,8%, y los impagos superan los 10.277 millones de bolívares.