ATENTOS
Royal Bank of Scotland escapa, por poco, a la epidemia bancaria británica
Su estampa no es precisamente,la más gallarda. RBS le ha puesto la cara a la presentación final de resultados, muy positivos, pero lo ha hecho con un agujero en sus cuentas -gracias a las ‘subprime’- que supera los 2.500 millones de libras esterlinas (3.282 millones de euros), un monto superior al anunciado en diciembre por el banco británico, de 1.181 millones de euros.
De estas provisiones, 1.600 millones de libras (2.100 millones de euros) corresponden a las depreciaciones del banco y otros 900 millones de libras (1.181 millones de euros) a los activos adquiridos de la entidad holandesa a ABN Amro. Lo ha reconocido la entidad con la menor ratio de capital de cualquier banco europeo tras la compra del ABN Amro y enclavada en un entorno financiero en el que si la crisis y la nacionalización del Northern Rock han sacado los colores a la City británica, el descenso en los beneficios de Barckays, Lloyds TSB y Alliance & Leicester, así como el descalabro de los activos de Standard Chartered ha dado la alarma de que la banca de la patria de Adam Smith está poseída por la inseguridad.
RBS ha podido evitar, por ahora, convertirse en uno más de los paradigmas de fiebre contagiosa del sistema financiero británico, que está a punto de convertirse en un síntoma crónico. La entidad británica Royal Bank of Scotland (RBS) alcanzó un beneficio de 7.303 millones de libras (9.586 millones de euros) en 2007, un 17,7% más. Pero la enfermedad bancaria del Reino Unido ha afectado a su división de banca global y mercados, cuyo beneficio operativo se vio reducido en un 2%, hasta 3.687 millones de libras (4.839 millones de euros).
Las plusvalías de 1.187 millones de libras (1.558 millones de euros), derivadas de desinversiones en activos no estratégicos, incluyendo Southern Water, han permitido al Royal Bank of Scotland asumir parte del impacto de las subprime. El mercado local y los medios descuentan que, en lugar de una emisión de derechos, "muy temida" por el mercado, el Royal Bank of Scotland optará por un plan de venta de activos, incluidos el operador ferroviario Angel Trains y la compañía de transporte marítimo Condor Feries. El banco ya había anunciado el pasado noviembre una exposición de 4 millones de libras (5.300 millones de euros) a las obligaciones con deuda colateral (CDO, por sus siglas en inglés) invertidas en valores respaldados por activos, así como una cartera apalancada de 12.000 millones de libras (15.898 millones) y valores respaldados por hipotecas comerciales por 4.000 millones de libras (5.300 millones).
Si los vaticinios de la FSA se cumplen, tampoco será el último en poner negro sobre blanco sus debilidades, o en deslizarse hacia la crisis en plena temporada de presentación de resultados. Las grandes entidades financieras británicas hacen lo que pueden para evitar seguir la senda del Northern Rock. Saben que, si tocan fondo, no tendrán la misma suerte que el banco, cuyas facturas pagan ya Downing Street y los contribuyentes por la senda de la nacionalización, pero la lista de instituciones financieras víctimas de la crisis suma cada día nuevas incorporaciones en la patria de Adam Smith, para descrédito de la City, vergüenza de Brown y del regulador y bochorno de los medios británicos, empeñados hasta ahora en sacar, sin fundamento, los colores a los sectores bancarios vecinos.
Pero la credibilidad de un sistema financiero tan desregulado como el británico y su estatus como modelo para la industria de servicios financieros están en entredicho. Y, si Autoridad de Servicios Financieros del Reino Unido no yerra en sus vaticinios, los bancos y las cajas de ahorro británicas enfrentan en la actualidad las condiciones más difíciles desde principios de la década de 1990 y están en zona de seísmos. La semana pasada, el Barclays anunció unas pérdidas derivadas de la 'subprime' de 1.600 millones de libras (2.120 millones de euros), mientras que en el Lloyds TSB éstas alcanzaron 280 millones de libras (371 millones) y en el banco Alliance & Leicester fueron de 185 millones de libras (245 millones).
Por ahora, las iniciativas de la City y Downing Street, más bien etéreas, hablan de claridad de las instituciones y mercados financieros. Poco más. El ministro británico de Finanzas, Alastair Darling, ha adelantado algunas pistas como mecanismos de evaluación de riesgos de las empresas financieras "más transparentes sobre su exposición a los productos complejos, vigilancia de los reguladores sobre la solvencia, pero también de la liquidez de los bancos, o más precisión de los deberes de las agencias de calificación de deuda". Pero es la propia Comisión de Economía del Parlamento británico la que reconoce que, a la par que los fallos de sus directores, las facturas por la debacle del banco Northern Rock y las crisis de sus semejantes tienen también mucho que ver con un fallo de su regulador, la FSA. Para evitar nuevas crisis, además, el informe aboga por que el Banco de Inglaterra establezca una nueva unidad que vele por la estabilidad financiera, con poderes para identificar e intervenir en bancos con problemas.