Societé Génerale, zafarrancho de combate por la golosina
Del segundo banco del país ha pasado a ser una cajita de espantos e incertidumbres, un reino de contradicciones con las murallas ajadas. Todo un coto de caza donde Bouton, Kervial y la propia compañía son las piezas más cotizadas. Las máscaras han caído. El presidente patalea contra las evidencias y las reticencias del mercado. La empresa intenta hacer acopio de sus últimas postas contra los ‘cazadores’ que hace años persiguen a Societé y aprovechan ahora su agujero financiero, las taras en su credibilidad y su castigo bursátil. Pero el banco, carne de OPA, no está en condiciones de ponerse estupenda y rechazar ofertas ‘en son de paz’ para su particular travesía del desierto. Los accionistas, pugnan por encontrar la verdad y calentar el valor, aunque sea a golpe de rumor corporativo; Kerviel patalea contra los esfuerzos de la empresa por convertirlo en chivo expiatorio y ‘paganini’ de todas las facturas. Y Sarko- con Fillon como perfecto caballero andante del nacionalismo ultrapirenaico- arremete contra todo el que osa acercarse a SG sin empuñar la bandera gala. Cuestión de Estado, dicen en el Elíseo.
Como ya hiciera Chirac en 1999, Sarkozy coquetea con la idea de un “campeón nacional” de la banca francesa, que facilite el blindaje del sector al resto de Europa. Cualquier intento de OPA por parte de Barclays, HSBC, Santander, Deutsche Bank u otra entidad de las que disponen de músculo para acercarse a SG se enfrentará con el Ejecutivo galo, que no se cansa de coreografíar su patriotismo de una vía: saludan a la galería con la bandera tricolor en una mano y el florete de las ambiciones ibéricas de EDF en la otra, dispuestos a ponerle alfombra roja a PNB Paribas si es imprescindible con tal de frenar a cualquier otra europea y de ningunear a la Comisión Europea y a Juncker, que disparan contra el proteccionismo galo y su paternalismo con SG. La caza ha comenzado, las escopetas están cargadas. No todas apuntan a SG.
Se ha abierto la veda. Sarko ha mandado a Fillon a luchar "contra los enemigos de la patria" y promete no dejar que le hagan daño a su Societé Générale, a pesar de que SG es un cadáver zombi ambulante en busca de un espíritu que la posea, de que ha perdido credibilidad, ha reducido a la mitad su músculo bursátil y aún hace esfuerzos para eludir el golpe legal sobre ella o sus directivos. Con sus 4.900 millones de pérdidas por el escándalo de fraude y 2.100 por la crisis de las ‘subprime' -por el momento-, con las sombras de su sistema a la vista, se ha convertido en el ‘pupas financiero' de la Vieja Europa. Y en el ejemplo de una gestión bancaria aliñada por el fraude, la ignorancia y el ocultamiento. A los grandes bancos de la Unión, con BNP Paribas al frente, se les ha reabierto el apetito por la golosina de Societé, que hoy vale en Bolsa 35.000 millones de euros, la mitad que hace un año, aliñada por la ampliación de capital de 5.500 millones de euros, que la hace aún más apetecible para posibles compradores del extranjero.
Si ha sido EDF la que ha entregado el estandarte de su avanzadilla sobre Iberdrola a Sarkozy, a Societé Générale, el galo no le ha dado ni siquiera la oportunidad, él mismo se la ha arrogado. Fillon sigue empeñado en ser el cancerbero de sus intereses. Dice que no tiene preferencias, que lo único que sabe -y que le interesa- es que SG seguirá siendo un gran banco galo. Y con su estribillo enseña los dientes a las que, desde el resto de Europa, se asoman. Por ahora, sólo dos están dispuestos a entonar la contraseña ¡vive la France! Y preparan sus armas de asalto para hacerse con la otrora fortaleza bancaria. El baile viene de lejos. BNP Paribas ya lanzó una OPA hostil sobre Société Générale en 1999 que no llegó a buen puerto. En agosto del pasado año, antes de que se desatara la crisis financiera, fue SG la que inició una aproximación a su rival para acometer una fusión, ya fuera amistosa u hostil, que tampoco cuajó. Ahora, tanto BNP como Credit Agricole comienzan a afilar sus armas.
BNP Paribas, la mayor entidad gala, reconoce un posible acercamiento a su eterna rival, justo ahora que aprovecha para intentar sacar pecho de su presentación de resultados. Y el tercer banco galo por capitalización bursátil ha contratado al banco de inversión estadounidense Lazard y ha puesto a trabajar a su propia banca de inversión, Calyon, ante la perspectiva de lanzar una posible oferta por su competidor. La unión de BNP Paribas y Société Générale daría lugar a un gigante financiero que ocuparía el segundo lugar en Europa, detrás del británico HSBC, y el séptimo mundial, por delante del estadounidense Citigroup. Su valor en Bolsa sería de unos 100.000 millones de euros, el número de clientes superaría los 15 millones sólo en Francia y la cifra global de empleados sería de 280.000.
Para Credit Agricole, los atractivos de SG son sus operaciones minoristas en Rusia, Chequia y Rumania. La adquisición de Société le permitiría reforzar sobre todo su banca corporativa y de inversión, además de su negocio de gestión de activos e internacional (Société suma 2.300 oficinas en 30 países, con presencia destacada en Europa del Este).
Poco le ha importado al inquilino del Elíseo que el mercado de derivados de Eurex alertara hace un año al banco francés sobre irregularidades en las prácticas de Jerome Kerviel. O que el supervisor bancario mantenga bajo sospecha el sistema de seguridad del banco y la gestión de la dirección. Los desmanes de Bouton y compañía se lo han puesto en bandeja al oportunismo de Sarkozy y Lagarde, que desde hace meses enarbolan junto al italiano Padoa Schioppa la bandera del mayor control comunitario y el derecho de la mano fiscalizadora pública sobre bancos y entidades financieras del territorio de los Veintisiete. Sarkozy, al calor de SG, le pone a Bruselas la faz más chovinista y pragmática de su diplomacia-bulldózer, con la que trata de buscar solución a sus problemas domésticos-inflación, ralentización, debilidad del sector exterior y escándalos bancarios-, a ser posible eludiendo a Bruselas y saltando por encima de la vocación anti-inflaccionista de Trichet.
La bronca con Bruselas no es nueva. Una situación similar ya se vivió a principios de 2006 en otro sector, el de la energía, cuando el interés de Enel por Suez había empujado a Francia a acelerar la creación de un "campeón nacional" mediante una fusión con GDF con la que esquivar las exigencias de McCreevy. La UE ha cargado contra otras actitudes proteccionistas de Francia, como el decreto anti-OPA adoptado en 2005, que obliga a las empresas extranjeras que quieren invertir en determinados sectores estratégicos a pedir autorización previa al Gobierno francés y que el Gobierno francés revisó bajo la presión de la Comisión Europea. Tras el voluntarismo numantino de Sarko sobre SG se adivina la mano de su todopoderoso consejero especial y autor de sus discursos, Henri Guaino, un euroescéptico de bandera, amamantado en las ubres del gaullismo social, que ha inspirado las políticas más nacionalistas de Sarkozy, las que irritan en Bruselas y causan fricciones con los ministros más europeístas del Gobierno francés. Guaino considera absurda la política de competencia de la UE; promueve la política de estímulo de la demanda que aumenta el déficit y retrasará al 2012 el equilibrio presupuestario, que el anterior Gobierno había prometido para el 2010; critica la actuación del BCE y trata de pilotar, lejos de Bruselas, el proyecto de la Unión Euromediterránea.
DEFENSA PRECARIA
SG ha comenzado a poner la venda antes que la herida. Cuenta con los servicios de Merrill Lynch y Rothchild para elaborar una estrategia de defensa y JP Morgan y Morgan Stanley para garantizar la ampliación de capital de urgencia de 5.500 millones de euros con la que cortar su hemorragia financiera. La ampliación tendrá lugar el 21 de febrero, el mismo día que el banco publicará sus resultados de 2007. Una coincidencia con la que mejorar los ratios de capital de la entidad, y que alcancen el 8%, frente al 6,7% actual, sin caer en riesgos, excesos o tensiones que JPMorgan y Morgan Stanley, que respaldan la operación, no estarían dispuestos a asumir.
Pero poco más que el calentón bursátil del valor ha conseguido hasta ahora Bouton, aferrado a sus flácidas armas defensivas. El asalto aún no ha comenzado, pero sus efectos la anteceden. La entrada en escena de Credit Agricole como segundo potencial candidato ha impulsado a Société en bolsa con una fuerza que ni las arremetidas de Sarkozy, ni las cortinas de humo de Boston y las promisorias medidas de rescate, ni los relatos defensivos de Kervial habían logrado. Sus acciones repuntaron el viernes un 5,53%, hasta los 87,4 euros. En cuatro sesiones han recuperado un 21,93%, aunque en lo que va de año pierden un 11,25%. En la Bolsa, quién puede saber. Las facturas parecen asumibles y, a lo peor, el mercado se cobra el miedo de Societé sin pasarle al banco de Bouton la peor de las facturas. Con UBS en cabeza, las recomendaciones han comenzado a dar la espalda al valor, los analistas consideran que el grupo puede atravesar un periodo de descensos que pase factura también a los resultados. Pero el alarmismo no es la tónica: se descuenta un potencial alcista en el proceso de ampliación de capital, teniendo en cuenta que el valor de SG (incluso descontando la dilución ligada al aumento de capital) sólo será moderadamente inferior a la media del sector.
No faltan los analistas que apuestan por que la especulación y los rumores subirán los valores de SG. Más aún si, como se sugiere, el atractivo especulativo de los títulos abre la puerta o bien a un matrimonio de emergencia con otro banco francés- con la bendición de Sarko- o a un asalto extranjero, o a una batalla bursátil comparable a la del ABN Amro. La jugada es redonda y está cantada para SG: dos por el precio de uno, encubrió el impacto de las pérdidas ‘subprime' del banco, despejó el camino a aterrizajes en compañías a quienes aguardaban (como el Natixis) oportunidades a precios de ganga. Y aspira a recoger mejoras a medida que desgrane si plan de salvamento y su ampliación de capital y al calor de la recuperación bursátil de los valores financieros tras el anuncio de la Fed y de la Casa Blanca.
El tiro al blanco contra Daniel Bouton no ha funcionado. Por ahora. Camina por la cuerda floja mientras entona el "pío pío yo no he sido". Se ha salvado por los pelos de una caída segura que el mismísimo Sarkozy intentó propiciar. Pero buena parte de la clase política y de sus empleados lo ven como un guardián de la estabilidad y una muralla firme frente a cualquier intento de compra. Y con la que está cayendo prefieren que sea él el que pague las facturas y las batallas que vengan. Al fin y al cabo, ha tenido éxito durante los últimos diez años en contener la avidez de BNP por SG y alguien tenía que poner la cara a la crisis, pero cuando pague la factura de la imagen pública verá si el Consejo sostiene la negativa de la dimisión. Por ahora, una mayoría de franceses considera que la dirección del banco Société Générale es la principal responsable de las pérdidas colosales sufridas por el banco y no Jérome Kerviel. Sus declaraciones no han aportado aún luz al cuento de terror de SG, un puzzle compuesto sólo de piezas imposibles de encajar. Propias y ajenas.
Acusado por Société Générale de embustero y "virus mutante", a Kerviel SG lo ha convertido en la personificación de todos sus males, el empleado gris capaz de hacer a Société Générale un agujero de 4.900 millones que eran del banco. Pero ni siquiera han conseguido aún despedirlo oficialmente. Y el buque insignia de Bouton tiene que conformarse con el anhelo de alguna compensación por el daño causado por Kerviel. No recuperará los 4.900 millones y tendrá que conformarse con tratar de reclamar parte de las futuras ganancias de su empleado en caso de que decida contar sus aventuras en un libro o una película. Peor aún, después del shock, las mismas preguntas siguen sin respuesta y amenazan en volverse contra el banco, si las palabras de defensa de Kerviel son ciertas y si no estaba solo, sino que ejecutaba prácticas comunes entre sus compañeros.
Los jueces investigan también la gestión de Bouton y el vicepresidente, Philippe Citerne, cuanto menos un dechado de desaciertos: no detectaron el agujero hasta que superó los 4.000 millones de euros. Agazapados, los hombres de Bouton tardaron al menos cuatro días -desde la reunión del Consejo y la comunicación a la AMF el 20- en confirmar las sospechas del mercado. Del total de pérdidas de 4.900 millones, sólo 1.500 millones se deberían a Kerviel, siendo los 3.400 restantes responsabilidad del consejo del banco, por haber actuado demasiado tarde y demorar el anuncio mientras se apresuraban a deshacer todas las posiciones. Uno de los directivos de Société Générale, Robert Day, hizo dos ventas de acciones por 87 millones de euros antes de conocerse el fraude atribuído a un broker de la entidad. Es la propia AMF la que comparte las sospechas y ha abierto una investigación oficial sobre el mercado de títulos de SG y la negociación de títulos de Société Générale en los últimos días antes del escándalo, analizando si se ha podido hacer uso de información privilegiada antes de hacerse públicas las pérdidas.