Gobierne quien gobierne, los impuestos 'verdes' son el futuro financiero de las autonomías
Rastreando en los borradores electorales del PSOE y del PP se puede detectar por donde empiezan a ir los tiros de la negociación que quieren plantear a comunidades autónomas y municipios, si consigue ganar las elecciones de marzo. Un ajuste de las emisiones de CO2 con importantes incentivos e impuestos ecológicos. En estos momentos, los llamados ‘impuestos verdes’ se convierten en una de las grandes alternativas para sustituir a los Impuestos sobre el Patrimonio y Sucesiones y Donaciones, que han ido perdiendo popularidad y, lo que es más fundamental, recaudación durante los últimos ejercicios.
El objetivo de estos cambios trata de estimular los comportamientos sostenibles con criterios económicos y de competitividad. Se busca una reducción urgente de los gases contaminantes para afrontar las exigencias impuestas por los tratados internacionales, que ya han comenzado a penalizar a España por su falta de proximidad a los objetivos trazados.
El primer paso se ha dado este año con la modificación del Impuesto sobre Matriculación de Vehículos, cuya cuantía depende desde el pasado 1 de enero del grado de emisiones contaminantes de cada vehículo. Otros tributos que ya siguen esa misma senda de la sostenibilidad son los impuestos sobre Hidrocarburos, Electricidad, Ventas Minoristas de Determinados Hidrocarburos y Tracción Mecánica (IVTM).
Las comunidades autónomas también cuentan ya con algunas figuras como el Impuesto sobre la Contaminación Atmosférica de Canarias y de Galicia; sobre instalaciones que incidan en el medio ambiente de Castilla-La Mancha y Extremadura y sobre emisión de gases a la atmósfera de Andalucía.
Un reciente estudio realizado por el Instituto Nacional de Estadística (INE), que sigue la clasificación de fiscalidad ambiental definida por la oficina estadística comunitaria Eurostat, muestra la marginalidad de este tipo de tributación. Así, los sectores económicos españoles aportaron 17.431 millones de euros al Estado en 2005 lo que significa casi el doble que hace una década, pero muy lejos de las grandes figuras impositivas. De estos ingresos, los hogares españoles aportaron 9.498 millones de euros, lo que supone más de la mitad del total de los ingresos mientras que el resto lo aportaron la industria y los servicios.
Esta situación tiene que acabar con mucha más urgencia que la que se plantean en este momento los partidos en liza electoral, ya que en estos momentos, no sin que se libre una batalla de esas que bloquean los proyectos durante meses, en Bruselas se debate la fórmula mágica de Barroso, el presidente de la Comisión Europea, que ha sido bautizada como 20-20-20: emitir un 20% menos de CO2 sobre los niveles de 1990 (los que marcaron Kyoto), aumentar la participación de las energías renovables en la producción eléctrica hasta un 20% del total y ahorrar un 20% de energía. Todo ello, con una meta situada en el ejercicio de 2020.
Se trata de endurecer el mercado de compraventa de emisiones. Hasta el año 2013, las compañías tendrán que disponer, al menos, de un tercio de los derechos de emisión que consuman, mientras que en 2020, los Gobiernos dejarán de vender estos títulos y será necesario recurrir al libre intercambio. Las empresas que no se hayan adaptado a las nuevas circunstancias no podrán sobrevivir en ningún mercado.
La inclusión de la desaparición de la energía nuclear en el borrador del programa electoral del PSOE no deja de ser un contrasentido a la vista de los cambios que se le vienen encima al futuro Gobierno, que tendrá que sentar las bases de una política Medio Ambiental para las próximas décadas con la amenaza de que la economía española y sus empresas pierdan la productividad y la competencia ante el resto de los países comunitarios. Las alternativas renovables han ido abriéndose camino durante los últimos años, pero su producción no deja de ser, como la ‘tributación verde', meramente testimonial. En España, gracias a las renovables, se dispone de uno de los kilowatios más caros de la Unión Europea.
Si durante las pasadas décadas el centro de la política comunitaria fue la Política Agrícola Común, ahora nos llega la Política de Sostenibilidad Común, que será el gran caballo de batalla. Un asunto donde poco, muy poco se ha oído todavía en la precampaña.