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Publicado el jueves 7 de febrero de 2008
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Los sacrificios de Portillo le hacen un agujero a Gaesco

· El ‘Portillazo' le puede salir caro a la firma, volcada en mantener la situación patrimonial  según el grado de solvencia exigido

Luís Portillo, principal accionista de Inmobiliaria ColonialJavier Aldecoa.– Hay amores que matan y clientelas que también. Y la huella de Luís Portillo, que se autoproclamaba el lunes como “El Sacrificado”, es de esas tras las que no vuelve a crecer la hierba. Que se lo digan a Gaesco, que está sudando la gota gorda para tapar los desconchones que el sevillano y los Nozaleda han dejado en su división de Bolsa. A la fuerza ahorcan, el holding financiero catalán ha terminado por confesar ante la CNMV el agujero de los derivados de Colonial. No sólo ha dado detalles del pecado, sino pistas del ‘pecador’ que está detrás: veo, veo, un accionista mayoritario de Colonial, que empieza por P y está con la deuda al cuello…  A Gaesco, Portillo y la familia Nozaleda la tienen contenta. Con la que está cayendo para la compañía y a las puertas de una ampliación de capital como preludio del desembarco de un accionista de control, la firma catalana ha terminado por ser la pagana de sus desmanes y, si no consigue resolverlos, acabará descontando las aventuras y desventuras de Colonial en su propio precio definitivo de venta, o en el espanto de los posibles compradores, en pleno proceso de ‘due intelligence’.

Presa de ejecuciones pignoraticias a diestro y siniestro, Portillo, que jura y perjura que rige su vida llamado por el “sacrificio” por los grandes accionistas, sus socios y los 27.000 ahorradores atrapados en Colonial, está demasiado ocupado en su tocata y fuga de la Inmobiliaria, tratando de contener a los bancos acreedores- que no paran de ejecutarle- de vestir de fiesta la oferta (cuando exista, si es que llega) de ese misterioso y oportuno Investment Corporation of Dubai (IDC) y de administrar el humo de su danza favorita, la del calentamiento del valor, que de todas maneras no pasa de los 1,63 euros. Demasiados trabajos para preocuparse de los desconchones de Gaesco.

El ‘Portillazo' le puede salir caro a la firma, volcada en mantener la situación patrimonial de Gaesco Bolsa según el grado de solvencia exigido. Busca ya un plan para el caso- no tan exótico- de que los clientes a los que se reclama no cubran sus posiciones. Sea como sea, ya los agujeros podrían afectar al proceso que está a punto de ultimar para dar entrada a un nuevo accionista de referencia en su capital, ya que la mitad de los 150 millones en que prevé ampliar su capital social se destinará a incrementar a su vez el capital de la filial Gaesco Bolsa. Además, las pérdidas incurridas por operaciones de estructurado en el ejercicio 2007 y las derivadas del cierre del departamento de estructurados han sido soportadas contra el valor patrimonial de la sociedad, lo que incidirá en el valor de la futura toma de participación de un accionista de referencia. Y es que el agujero de los accionistas de Colonial llega en el peor momento para el grupo de servicios de inversión catalán, que a mediados del pasado noviembre se sumió en una crisis - aliñada por la tormenta crediticia, clientes que no se quieren hacer responsables, apuestas fallidas y un control de riesgos mejorable- que le llevó a clausurar su división de productos estructurados.

Gaesco está realizando a determinados accionistas significativos de Colonial "reclamaciones significativas" por garantías no aportadas -encaminadas a mantener vivas las correspondientes operaciones-  a los contratos que firmaron con esta entidad para comprar acciones de la inmobiliaria de forma indirecta, a través de 'equity swaps', por la que la entidad compra los títulos en nombre y a plazo para un determinado inversor que, pasado un periodo de tiempo, puede decidir si las compra o no. Y parcialmente reclamaciones de cantidad respecto de otras correspondientes a cierre al vencimiento anticipado, que se refieren a la ejecución de garantías realizada por el Santander en diciembre, cuyas pérdidas -estimadas en 66 millones de euros- no han sido asumidas todavía por Portillo y sus socios, sino por la propia Gaesco.

De "sacrificio" en "sacrificio", así siente que se despidió de la presidencia. Y a golpe de autobombo, así mueve bajo la mesa Portillo los hijos de la venta de su 39% para poder ejercer su tocata y fuga final. Luis Portillo quería un baile de pretendientes, o mejor aún un duelo de prometidos entre Gecina, General Electric y el fondo Dubaití ICD. Una guerra de ofertas con la que junto a los Nozaleda esperaban calentar aún más el valor -como han hecho durante el mes de enero a golpe de rumores- y vender su 53% al mejor postor. Pero tras el paso atrás de Rivero y ahora de GE- después de valorar la empresa en poco más de un euro por acción-, no habrá batalla de ofertas ni guerra de precios por la Inmobiliaria, que, sin dote ni encantos aparentes, trata de colocar ahora una mercancía difícil al Investment Corporation of Dubai.

Portillo adorna ahora su "mercadillo", no se resiste a llevarse la medalla. De victoria en victoria hasta la derrota final. Se pone la capa de héroe y ejecuta el sálvese quien pueda, tratando de que lo suyo no parezca un mutis de emergencia, sino la redención de la humanidad, a saber- Portillo dixit- sus accionistas, sus acreedores y sus socios. Los primeros no necesitan ya más sacrificios como los del sevillano, que caros les han salido. Portillo dejará entrampados a cientos de pequeños accionistas. Hasta en sus mejores sueños, Portillo y la familia Nozaleda piden un precio muy inferior al valor medio que tuvo la acción el año pasado, en torno a 3,6 euros por acción, y en 2006, en el que rondó los 4 euros.  Soltar Colonial a 2,10 ó 2,30 daría plusvalías a Portillo, que compró Inmocaral -inmobiliaria que luego fusionó con Colonial- a 1,86 euros por título; y también a los Nozaleda, que entraron en Inmocaral a 2,20 euros. Pero es una condena para el resto. Colonial vale en bolsa 2.500 millones de euros. La crisis inmobiliaria y, sobre todo, la del accionariado de la empresa, han hecho caer su valor bursátil más de un 70% en un año. Se ha convertido en una montaña rusa durante el último mes, sus acciones han subido y bajado al ritmo de los tambores de guerra y los rumores de compra. La reina de la burbuja inmobiliaria ha sido en este enero la reina del humo y el calentamiento bursátil. Lejos queda hoy la espectacular subida en el 2006 que llevó a Colonial desde los 0,63 hasta los 6,08 euros.

Portillo, tan sacrificado, se ha aguantado hasta el final en la compañía, todo sea por los accionistas, sus bancos acreedores y sus socios. Claro, que ni el despecho de Rivero, ni el desdén de GE, que eran hasta ahora sus únicas "novias" dejaban otras opciones. Con el valor por los suelos, todos intentan rascar antes de que sea demasiado tarde. Portillo sólo quiere "lo mejor para los accionistas". Siempre, claro está, que eso pase por la venta de sus acciones al mejor precio posible (osea, el que ICD quiera, si es que quiere y los bancos acreedores le acepten) para poder pagar sus cuentas y emprender el mutis, aunque la empresa quede con poco más que un cascarón vacío, carcomido por las deudas. Colonial hoy por hoy es ya una bomba de relojería. Con 9.000 millones de euros de endeudamiento y teniendo en cuenta las urgencias para la desinversión de sus activos, vale poco más que sus agujeros. El brutal apalancamiento financiero de la sociedad matriz, la crisis del inmobiliario residencial y la fuga del mercado de crédito dibujan un paisaje completado por el déficit de financiación, que ponen en peligro la viabilidad operativa de la compañía si no hay una fuerte inyección de liquidez  a corto.

De los socios, salvo Nozar, que ha terminado -necesidad obliga- en el mismo barco que Portillo, los demás -que se lo pregunten a  Domingo Díaz de Mera (7%) y Aurelio González (5%)- prefieren ni hablar del "sacrificado" salvador. Sobretodo si terminan vendiendo a poco más de 2 euros, o incluso como quieren los dubaitíes, después de haber comprado a 5 euros.   

Los terceros beneficiarios de los "sacrificios" de Portillo, los acreedores de los principales accionistas de la inmobiliaria tendrán mucho que decir en una supuesta OPA, si es que llega. Con ellos todos los "sacrificios" de Portillo se reducen a dejarse ejecutar, cuando toca por ley. Más del 50% de Colonial está pignorado por los accionistas de referencia como aval de la propia compra de títulos de la propia Colonial. Les basta con el cobro de las deudas y lo están haciendo ya- los que pueden-, a pesar de Portillo, que ha visto cómo ejecutan el 1% de sus acciones. Las garantías de sus préstamos destinados a comprar las acciones de la inmobiliaria hace mucho que saltaron por los aires y lo han puesto contra las cuerdas. Los bancos acreedores - RBS, Calyon, EuroHipo, Goldman Sachs- están con la mosca detrás de la oreja, atentos a la jugada porque si hay algo raro en lo de Dubai, varios bancos están dispuestos a quedarse con las acciones de Colonial si pretenden venderlas por debajo de 2,3 euros.

Con sacrificios como ésos, Portillo hubiera podido, mucho mejor, premiar a sus accionistas, a la compañía y hasta a los clientes y acreedores con el látigo de su desdén. Gaesco se lo hubiera agradecido.