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Publicado el viernes 8 de febrero de 2008
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British Airways se asusta en Iberia y por fin da un paso adelante

Ha olido el miedo y ha movido ficha. Miguel Blesa le tiró el anzuelo para una alianza estable con Iberia y le leyó la cartilla, con el escarmiento de Gala y Castellanos bien a la vista. British tendría que ofrecer una sociedad atractiva a Iberia o correr el riesgo de que busque otras alianzas. Y BA ha respondido. Con el incremento de su participación hasta el 10% en Iberia ha reaccionado a los mensajes del mayor accionista de la aerolínea (con el 22,9% del capital), a los requerimientos de Iberia y, sobre todo, ha reaccionado al miedo.

Le ha visto las orejas al lobo, el de sus propias limitaciones -en acciones, en capital, en socios y en gestión- y al de los posibles competidores, que aguardan dispuestos a animarse y arrimarse al calor de las fortalezas de Iberia y del atractivo del precio por el que pasa su valor.

Impulsados por el temor, los gestos de BA han terminado por hacer buenas las noticias que descuenta el mercado, el interés de otras como la germana Lufthansa, que resopla en la nuca de la británica, dispuesta a arrebatarle su posición como negociadora privilegiada, o al menos a tener un sitio en la mesa de las conversaciones. BA sigue erre que erre, dispuesta a mejorar su relación con la cúpula de Iberia si no hay sitio para ofertas. Ya ha asumido que, al menos con ella, va para largo, si es que no termina en aterrizaje forzoso.

British prometía acercarse más a Iberia pasando por Caja Madrid y lo ha comenzado a hacer. O a intentarlo, al menos. Con discursos y con compras. Los gestos, de cara a la galería, pasan por un dechado de elogios y amores contenidos hacia el accionista mayoritario. Willie Walsh vuelve a entonar todos los estribillos del credo de su declaración de amor: que BA es un accionista significativo dentro de Iberia y tiene una buena relación con su equipo directivo, que quiere fortalecerla. Y que no va a dejar de dialogar con la dirección de la aerolínea y su accionista mayoritario hasta que lo consiga.  Después del intento fallido con TPG, que dio con la oferta en la basura, prefieren buena relación estratégica y, por el camino, ya se verá. BA ha entrado en vereda. Sus hechos son aún más elocuentes: por primera vez desde que desembarcó en Iberia, British Airways refuerza su posición, ha comprado en mercado el 0,2% del capital de la compañía que dirige Fernando Conte para elevar su participación hasta el 10,135%, lo que supone el control de 96,5 millones de derechos de voto de la aerolínea española.

British, que nunca ha sido un socio cómodo durante estos siete años, ha ido rebajando el tono de sus humos y la dimensión de sus aspiraciones. Por lo menos de cara a la galería. El músculo de Caja Madrid como capitana del núcleo duro no se lo ha puesto fácil, si su voluntad era simplemente enrocarse en el 10%. Iberia y Caja Madrid ya han demostrado que no están para humos, ni para socios que se dejan flotar. Menos fácil aún lo ha tenido BA para operaciones de abordaje, tras el pinchazo de su operación con el fondo de capital riesgo Texas Pacific (TPG) para hacerse con el control de la aerolínea a 3,6 euros. Por las malas, BA no encuentra hueco. Por las buenas, todo pasa por el beneplácito del núcleo duro. Y a estas alturas, el consejero delegado de British Airways, Willie Walsh, no destila precisamente optimismo. En el mejor de los casos, las negociaciones sobre su futuro en la compañía que preside Fernando Conte con el principal accionista de la aerolínea, Caja Madrid, "van para largo". Malas noticias para BA, cada día más urgida. La británica se ha quedado encajonada en el nuevo paisaje accionarial y de gestión de Iberia, abrazada a su 10%. No tiene alternativas, más allá de hacer valer su posición como segundo accionista, bien poniéndola en valor mejorando la relación con la aerolínea, o bien consiguiendo un buen precio por su paquete, lo menos factible hoy para las filas de Willie Walsh.

Ni Iberia ni su socio mayoritario -con un 23%- están para bailes de pretendientes, carreras de rumores o pérdidas de tiempo. Ya se lo había advertido Miguel Blesa a Capital Gala y Castellanos después del jarro de agua fría de la negativa a abrir sus cuentas: o hay oferta seria, o nada. Ahora Blesa ha dejado claro que Iberia no necesita capital, ni cambiar de socios, está bien como está, pero le vendría bien una buena alianza estable con un gran operador. En la lista de candidatos, Blesa no le negaba el carácter preferencial a British Airways. Hasta ahora prefería estrechar la alianza entre la compañía aérea española y su socio BA, que con un 10% de la aerolínea no deja de ser su socio natural. Pero el ritmo de las conversaciones comienza a ser demasiado "inglés" y Blesa no ha ocultado que iniciaría la búsqueda de otros socios si el grupo británico no quiere asumir mayores compromisos. A Iberia le viene bien tener un socio industrial pero tiene que evaluar si British es el mejor. Su presencia impide la de cualquier otro socio y, además, condiciona la pertenencia de Iberia a otras alianzas globales. Si tiene algo que enseñar, su momento se está agotando para BA, antes de que se cierre el próximo Plan Director que empieza en 2009, que marcará las líneas de actuación estratégicas de la compañía, o de que otra de las grandes aerolíneas le gane la mano. Entre los candidatos de los que hablaba el presidente de Caja Madrid el pasado 23 de enero también estaban Lufthansa o Air France. Lufthansa, aconsejada por Merrill Lynch, está loca por meterse en el partido y los precios actuales ya le parecen más que adecuados. France Telecom sin embargo, tiene que jugar antes su partido en Alitalia.

El tiempo se agota para la británica. British Airways ha anunciado un incremento de su beneficio antes de impuestos del 35% en los nueve primeros meses de 2007 hasta 788 millones de libras esterlinas (unos 1.054 millones de euros) gracias al buen comportamiento del largo radio. Pero el alza del petróleo y las turbulencias del mercado le han pasado factura. En los últimos meses registró un descenso en la cifra de tráfico de pasajeros en enero, mientras el coeficiente de ocupación siguió también una tendencia a la baja. Algunos ingresos se están debilitando a pesar de que los ingresos ‘premium' de largo recorrido se mantienen. Y su deuda neta se ha visto afectada por el plan de pensiones de la aerolínea y por el pago al Departamento de Justicia de Estados Unidos como consecuencia de actividades contra la competencia. Los títulos de la aerolínea han caído un 3,43% en bolsa hasta los 2,25 euros después de que Citi publicara un informe en el que le rebajaba el precio objetivo hasta los 2,35 euros desde los 3,75 euros por acción, debido a la ralentización de la demanda en Europa y a la competición de las ‘low cost' en las rutas aéreas españolas.