Obama, el pato cojo y otras maldiciones ahogan los TLC y aceleran el paso de Centroamérica hacia la UE
Carreras en la Casa Blanca. Y fuera de ella. En el despacho oval, de Bush, Rice y Gutiérrez para pisar el acelerador de las relaciones con América Latina, dejar el Aptdea en marcha y trillar lo más rápidamente posible el camino de los Tratados de Libre Comercio pendientes. Por ahora, Bush sólo ha logrado una de tres: la prolongación de las preferencias arancelarias para Colombia, Perú, Ecuador y Bolivia hasta el 31 de noviembre, justo después de las elecciones. Un colchón envenenado: no deja sus ventajas comerciales en suspenso, pero habla por sí mismo de la imposibilidad de cuajar los TLC pendientes. Aliada de la fiebre electoral norteamericana, la “maldición del pato cojo” se sigue enseñoreando de la política exterior estadounidense, ha encontrado un filón en los TLC y ya no hace distingos entre sus vecinos del sur: el Tratado de Costa Rica enfermo de burocracia, el de Perú estancado por la ralentización de a política nacional, el de Colombia non nasciturus y con pocas posibilidades de ver la luz. El de Panamá atrapado por la permanencia como presidente del Parlamento de Pedro Miguel Gonzalez, acusado de asesinato de un marine en 1992. A los de Ecuador, Bolivia ni están ni se los espera.
Y el TLC con México y Canadá- los ‘padres del comercio bilateral con la región-, convertidos en condenados ambos a muerte si los demócratas- da igual que sea Obama o Hillary- llegan a la Casa Blanca y cumplen su promesa: o renegociación de los estándares medioambientales, laborales y de inversión o abolición de un acuerdo que representa el 30% del comercio exterior estadounidense. Tan lejos de la eficiencia y tan cerca de los EE UU, a Centroamérica, que sufre desde hace semanas en carne propia las zozobras de la economía real del vecino del Norte, se le van los ojos hacia la Vieja Europa. El “efecto Obama” será el mejor aliado de las negociaciones para un Acuerdo de Asociación que se retoman este miércoles.
Oscar Arias, que ya sudó la camiseta para lograr la luz verde al TLC en el parlamento y el referéndum tendrá sólo seis meses de la prórroga que acaba de concederle el Congreso estadounidense y sus socios en el TLC para que implemente los doce proyectos de ley que deben acompañar el nacimiento del Tratado de Libre Comercio con Costa Rica. El subsecretario de Comercio estadounidense, Christopher Padilla, se lo ha dejado bien claro: es el ahora o nunca para acceder a la primera economía del mundo y sus 300 millones de consumidores. Los designios del comercio internacional de Centroamérica y Sudamérica se han comenzado a decidir, en buena medida, en Ohio y en Texas. Ni las súplicas de Uribe ni las amenazas de Bush consiguen despejar el futuro del tratado colombiano. Todo lo contrario: el "efecto Obama", su empeño y el de Hillary Clinton por deshacerse en guiños a los estados de la América profunda y pescar votos en las aguas del proteccionismo al campesinado norteamericano han dejado también en el patíbulo el TLCAN. Si ganan los demócratas, Uribe no será el único en desgastar sus naves en el Congreso estadounidense; México (y Canadá) se arriesgan a tener que plegar velas. Poco les importan a los contendientes demócratas los vaticinios de Otto Reich, que advierte que si cierran las empresas o las extensiones agrarias mexicanas, Estados Unidos acabará por pagar, en mayor flujo de mano inmigrante, nuevas facturas. Poco, también, las cifras que enarbolan Bush y el presidente mexicano de estos 14 años de TLCAN: EE UU vende cada año 380.000 millones de dólares a México y Canadá, para mayor gloria, entre otros, de sus campesinos, que han consolidado un mercado a las puertas del vecindario.
Desde que en 1994 cristalizó el TLCAN, el comercio entre los tres países ha crecido hasta los 900.000 millones de dólares en 2007. Tan lejos de Dios (y de Obama) y tan cerca de los EE UU, a México, que dirige el 80% de sus exportaciones a Norteamérica, sólo el mayor gasto en infraestructura, el consumo interno y las exportaciones hacia Europa le harán de colchón si las amenazas sobre el TLCAN se materializan. De hecho, ya están sirviendo como pararrayos del contagio e la desaceleración estadounidense. Y es que la amenaza ya no sólo es el terremoto de la crisis financiera norteamericana, un seísmo al que, con su escasa exposición a las ‘subprime', la fortaleza reciente de sus sistemas financieros locales y el aliento de los flujos en desbandada, las principales economías de la región se habían sobrepuesto. El incendio de la economía real estadounidense ha estallado, sus llamas se ven y calientan a los vecinos más cercanos. Está a la vista la reducción del comercio intraregional, que en los últimos tres años se había cuadruplicado. Venezuela, con más del 16% de dependencia de las exportaciones de EE UU, Costa Rica (15%), Ecuador (12%), Colombia (7%), Honduras y Nicaragua (6%) son las más expuestas. En Puerto Rico, la tasa de desempleo aumentó un 11%, las quiebras personales crecieron en un 45% y las comerciales un 37%.
La necesidad por encontrar mercados alternativos a EE UU es más palpitante que nunca. El resto de los mandatarios latinoamericanos tratan de emular a Lula y Cristina Fernández de Kirchner- que no al conjunto del MERCOSUR- que proclaman orgullosos que su comercio exterior mira tanto a China y Europa como a EE UU. Pekín y Nueva Delhi han casi duplicado su comercio bilateral con Latinoamérica en los últimos dos años y, al calor del acuerdo económico que firmaban la semana pasada, llegarán a 60.000 millones de dólares en 2010. Buenas noticias para Brasil, Argentina, Chile, Perú o Venezuela, que exportan petróleo, cobre, hierro o soja al gigante asiático. En los últimos cinco años las compras chinas hicieron crecer la región un 5%. Y Mercosur trata de sacarle punta al acuerdo preferencial que mantiene con India desde 2005. Sin embargo, China- más fuerte en manufacturas- e India- en tecnología- tienen economías complementarias, que blindan cada vez con más fiereza el acceso a las exportaciones latinoamericanas .La medicina asiática para la intoxicación de los incendios de la economía estadounidense pasa por el rol de hub de las empresas latinoamericanas. India lo sabe y ha comenzado la carrera de alianzas estratégicas. Pero la llave de esa fiesta no estará en manos latinoamericanas.
Por si acaso, a la vista del patio estadounidense, el presidente Calderón le ha dado ya luz verde al TLC con Panamá y los gobiernos de Centroamérica se deshacen por estrechar lazos con los Veintisiete europeos, su segundo socio comercial, aunque se lo fíen muy largo y haya sido, hasta ahora, más que un camino empedrado de desencuentros. A diferencia de los CAFTA que Estados Unidos ha firmado con la mayoría de los estados centroamericanos, lo de la UE no será un acuerdo de simple intercambio comercial, sino un prisma con una faz de diálogo político y otra de cooperación. Lo único que todos tienen claro-y las ha costado más de dos años y una ronda y media de negociaciones, hasta dejarlo claro la semana pasada- es que buscan un Acuerdo Pleno de Asociación que debe ver la luz en 2009. Centroamérica y la UE mantienen intercambios comerciales valorados en 3.800 millones de dólares, a base de productos agrícolas por la parte centroamericana (sobre todo banano, café y piña) y bienes industriales por la europea. Si decían los negociadores centroeuropeos que la primera etapa del diálogo se resume en un puñado de "encontroncitos" y "otras piedras insalvables", en la segunda ronda han dejado lo irreconciliable a un lado. No por superación, sino por driblaje.
Quien marca la cancha y pone las condiciones lleva ganado la mitad del partido y ésa parece ser la ventaja de la UE, dispuesta a exigir, como condiciones sine qua non, la Unión Aduanera del Istmo, a incluir cláusulas democráticas en los convenios y a obligar a que Centroamérica hable a una sola voz en las negociaciones. Ésa y el detalle, no menor, de que es Centroamérica la más urgida e interesada en esta negociación. De fondo, lo que planea es el mismo escollo que promete ser insalvable: el arancelario, los subsidios y el SPG (Sistema General de Preferencias Arancelarias), sobre todo los del banano. Centroamérica lo quiere todo sobre el tablero, pero no quiere partir de cero. Quiere hablar de azúcar (que la UE dejó fuera de las negociaciones con Chile y México) y de banano, el segundo producto de exportación de la región tras el café. No quiere productos ‘sensibles' ni excluir lácteos, porcinos o aves. La Unión mantiene aranceles del 100 al 400% para algunos productos como lácteos y carnes. E invierte unos 43.000 millones de euros anuales en subsidios para sus productores agrícolas. Bruselas parte con productos sensibles sobre los que no se negocia y tiene más prisa por negociar acerca de los servicios y las patentes.
La UE busca garantías para servicios e inversiones y quiere aprovechar la oleada que la región necesita al calor de proyectos como la reforma del Canal de Panamá. Para la UE, excepto los subsidios que topan con la Ronda de Doha y la negociación en la OMC, todo está sobre la mesa, incluso el Sistema Generalizado de Preferencias (SGP), nada es inamovible. Centroamérica parte como suelo mínimo del SGP y del SGP-Plus y exige que se mantenga el arancel cero para productos bajo el criterio NMD (Nación Más Desfavorecida). La UE ha accedido a extender de 7 a 10 el plazo máximo para abrir los mercados, pero no se ha movido un milímetro en su postura de no crear una "canasta" diferente para productos más sensibles que Centroamérica quiere salvaguardar de esa apertura. La tercera ronda, a mediados de abril, - un mes antes de la Cumbre limeña de UE- América Latina- en Panamá, será la hora de la verdad. Antes, Bruselas y Centroamérica deben poner negro sobre blanco, esta semana, sus propuestas de acceso al mercado, de fechas, productos y aranceles concretos.