Tocata y fuga de Portillo y compañía en clave de funeral
· A sus espaldas quedarían los pequeños accionistas deseando sacarles los ojos, entre la espada y la pared, sin mucho más remedio que vender muy por debajo del precio de compra
Los muertos en este funeral son los minoritarios, invitados de piedra antes y ahora. Los otros, los de las grandes operaciones cargadas de especulación al albúr de una bolsa que se lo tragaba todo, están a un paso de malvender Colonial o abandonarse al abismo. Lo suyo con ICD prometía ser una boda por obligación, aunque el ex presidente de Colonial trataba de vestirla de postín dubaití y está terminando por parecerse cada vez más a una oferta de compromiso, engendrada desde las dudas y plagada de condiciones para un funeral de tercera, en un juego de manos gracias al que -si por una vez en el culebrón de las negociaciones sus declaraciones son ciertas y se cumplen todas las condiciones que ha impuesto el fondo estatal dubaití- Luis Portillo, los Nozaleda y, de paso, Aurelio González y Domingo Díaz de Mera malvenden su 62,3% en la inmobiliaria. Y gracias. Portillo y los Nozaleda sueltan parte del lastre con la sonrisa puesta. Puente de plata. Quien no se consuela es porque no quiere y, al fin y al cabo, era eso, o una nada poblada de acreedores. Componen la figura y salen por la puerta con la cabeza alta. Con pérdidas, y sin las acciones en la mano. Y sin mirar atrás, con los acreedores entretenidos con los dubaitíes. A sus espaldas quedarían los pequeños accionistas deseando sacarles los ojos, entre la espada y la pared, sin mucho más remedio que vender muy por debajo del precio de compra, los inversores, los títulos por los suelos, Colonial troceada y los dubaitíes, que se llevarían la parte más jugosa de un pastel, sin explicar aún muy bien para qué quieren el esqueleto de una inmobiliaria que, si ya valía cero antes de trocearla, hoy es un cadáver tóxico.
La venta a la desesperada. En el precio, las condiciones, el procedimiento y los resultados. A falta de más detalles, la oferta del fondo árabe afectaría sólo al negocio de patrimonio de la compañía, que representa el 80% de la empresa y está valorado en 9.160 millones de euros, mientras que sus accionistas de referencia -con Portillo a la cabeza, convertido en un ‘Houdini' atrapado en su propio espectáculo- asumirían los negocios residenciales y de suelo, la parte más envenenada del pastel en el que se había convertido ya la inmobiliaria sevillana, con los que se creará una nueva empresa cotizada valorada en 2.100 millones y con deuda de 962 millones.
Los "Luises" probarán su propia medicina. Y, por mucho que los 1,85 en efectivo o 2,15 en ‘papelitos' de la oferta original del fondo soberano dubaití, Investment Corporation of Dubai (ICD) desagradaran hace quince días a la pareja Portillo-Nozar, a los accionistas y a los acreedores, sólo han hecho falta ocho sesiones de Bolsa para convertirla en una oferta más que "generosa". Los inversores y la desconfianza del mercado le han hecho a los dubaitíes el resto del trabajo. Si la oferta que han acordado los dubaitíes y "los luises" tiene el visto bueno de la Junta de Colonial y supera los cinco meses de condiciones que están sobre la mesa, ICD pagaría 1,19 euros por acción, un 22,4% por encima de la actual cotización (0,98 euros), pero muy lejos del suelo que los cuatro bancos acreedores (The Royal Bank of Scotland, Eurohypo, Calyon y Goldman Sachs) habían valorado como el precio mínimo de la operación.
Portillo ha conseguido burlar y, sobre todo, enfadar a la CNMV con su juego de manos. Pero su número de escapismo puede acabar en concurso de acreedores. Hoy por hoy su única puerta de salida pasa por los dubaitíes y cada vez es más estrecha. Rey Midas del ladrillo sólo quiere salir, como sea, lo antes posible, ya no importa lo que sea. Con tal de que no sean los acreedores, cada vez con más llave en el futuro de la empresa, los que lo saquen por la ventana. Y después, ya veremos. Por ahora, el acuerdo entre los accionistas de referencia de Colonial y el fondo ICD no es más que el primer paso en el cuento de vuelta a empezar: la firma árabe advierte de que este acuerdo sólo entrará en vigor si antes del 19 de mayo se cumplen una serie de condiciones, entre las que destaca un acuerdo entre los accionistas de Colonial con los bancos que tienen títulos de la empresa en su nombre. También está vinculado a que Dubai logre un acuerdo con los bancos acreedores de Colonial para refinanciar la deuda del grupo, y a que el consejo de administración de la inmobiliaria asuma los términos y condiciones en que se producirá la venta, esto es, la escisión de la compañía. Una vez cumplidos estos condicionantes, el acuerdo entrará en vigor. No obstante, la venta efectiva quedará entonces sujeta a otro grupo de condiciones a cumplir en un plazo máximo de cinco meses: los socios de la inmobiliaria deberán acordar la escisión de los activos de suelo y promociones; el comprador deberá haber obtenido la autorización de las autoridades de competencia, y todas las líneas de financiación e instrumentos financieros de Colonial deberán estar renovados.
Las valoraciones de Portillo y compañía han quedado en agua de borrajas. Colonial cifró en 2,35 euros por acción el valor liquidativo neto (NAV) de sus acciones a cierre de 2007, precio que si bien supone un descenso del 9% respecto a 2006, valora el 100% de la inmobiliaria en 3.676 millones de euros, un euro más de las cifras de la valoración que GE hizo en su momento. Y muy lejos del precio final por el que se lo llevan los dubaitíes, La inmobiliaria acumula un descenso del 83,6% desde los máximos registrados el pasado enero de 2007 a 6 euros por acción. Los títulos de la compañía controlada por Luis Portillo y Luis Nozaleda cotizaban por debajo de 1 euro antes de la exclusión de la CNMV. Exactamente a 0,98, lo que deja su capitalización bursátil en algo menos de 1.600 millones de euros (frente a los 1.530 millones que pagó por el 15% de FCC y los 2.000 que pagó por Riofisa tras la OPA cerrada en agosto de 2007), y ante a una deuda corporativa de 8.000 millones. Las acciones valen ya menos de un euro. Y no servirán a Portillo y menos aún a los Nozaleda -que seguirán embarcados -para hacer frente a todos sus agujeros. Las cuentas no les salen, ni las particulares ni las de la inmobiliaria. Ni siquiera la mejor de las "dotes" que ofrecen los dubaitíes es un horizonte suficiente para Portillo y Nozar. La deuda del sevillano asciende a 1.473,5 millones de euros, mientras que la de Nozaleda es de 457,1 millones. Para cubrir los 1.930,6 millones de deuda que tienen entre ambos empresarios, la oferta tendría que elevarse a 2,52 euros por título para Portillo y a 2,48 euros por acción para Nozaleda.
Colonial ha acordado con los cuatro bancos prestatarios aplazar sesenta días el pago de un crédito de casi 1.000 millones que corresponde a la compra del 15% de FCC concedido, en su momento, con la aportación, como aval, de acciones de Colonial. Como la cotización está por los suelos, la banca podría ejecutar las órdenes de venta. Si la firma del acuerdo con ICD no se ejecuta de inmediato, Nozar corre el riesgo de no poder enajenar su paquete del 12% en Colonial y salvar la crítica situación financiera que atraviesa. El segundo accionista de Colonial se ha convertido en el primero de los oficiantes del funeral, pero corre el riesgo de acabar en difunto. Hasta que cierre la venta, su día a día sigue muy supeditado a lo que en poco tiempo pueda decidir un magistrado, que debe pronunciarse sobre si se admite o no la petición de Avalatransa, la peor pesadilla de Luis Nozaleda, al que le instó el concurso de acreedores (antigua suspensión de pagos) ante el juzgado mercantil número 2.