Monitor de Latinoamérica
Cristina y Lula pescan en las guerras perdidas de Chávez
· Correa y Uribe: que lo que Washington puede unir no lo separe nadie
No hay mala guerra, sino mal bando. Dispuestos a demostrar el conflicto, sobre todo el de apellidos bolivarianos, no es esa situación en la que todos pierden, sino en la que unos ganan más que otros, Cristina Fernández y Lula da Silva pescan en río revuelto. Al son de los cañones y las bravatas de Chávez otros mueven las fichas energéticas y comerciales de la región. Cristina, fuel oil para dar de beber al desabastecimiento energético argentino, auque la pesca puede estar envenenada por las debilidades de Pdvsa y el precio de las amistades bolivarianas para su joya estatal, Enarsa. Lula toma distancias, le saca brillo a sus tentáculos comerciales y engorda gracias a la dehesa bolivariana su papel de potencia hegemónica y mediador, aprovecha para volver a empuñar -con la mira en EE UU- las armas de su revolución del etanol y para seguir sacándole punta a Petrobrás, un prestidigitador capaz de convertirse al mismo tiempo en la salvadora de Argentina, aliado bajo la mesa de Caracas, futuro auxilio de Bolivia y Ecuador y proveedor de biocombustibles a Estados Unidos y los Veintisiete. La proximidad de Enarsa a Caracas favorece las opciones de Petrobrás ante Esso en la región y los ensueños del Consejo hemisférico de Defensa que el brasileño alimenta. Más cerca de Washington, los etanoles brasileños- que tienen su mayor enemigo en Chávez y los delirios de su petroreino- alimentan sus posibilidades.
Digna heredera del 'rasputín' Néstor Kirchner, que fue capaz de mantener amores energéticos y odios políticos con Chávez hasta su último día en la Casa Rosada, Cristina Fernández ha hecho de las suyas: para la hora del apretón de manos entre Correa y Uribe en la tierra del merengue, CFK ya tenía en el bolsillo la letra pequeña de sus nuevos amores energéticos con el venezolano. Si Evo Morales y su impotencia para servirle más de 37 millones de metros cúbicos a Brasil y Argentina la echaron en los brazos de Lula y del poderío de Petrobrás y cuajaron la dependencia de las dádivas eléctricas brasileñas en momentos de mayor consumo argentino, han sido Raúl Reyes y las guerras de fogueo de Chávez las capaces de cuajar la definitiva alianza "petróleo por alimentos" con Caracas, la que promete suministrarle 10.000 millones de barriles anuales de fuel oil a cambio de 10.000 toneladas mensuales de carne y otros alimentos. Y consumar el idilio -con Pdvsa y Enarsa como oficiantes- con representación del 60% y el 40% en una planta de regasificación en Bahía Blanca para incorporar -a menos en los cálculos de las ensoñaciones bolivarianas- 8 millones de metros cúbicos de gas natural licuado.
Cristina se convertía, en campo dominicano, en la reina de la chispa -a golpe de broma acerca de la testosterona y el machismo-, a la que los asistentes le atribuyen la reconciliación del trío Correa-Uribe-Chávez. En casa, el fantasma del invierno amenaza con llegar, pero ella entona el tango de la tranquilidad energética y asegura que se la debe toda a Chávez. Y al invento de Enarsa, el mismo que quiere fortalecer frente a Petrobrás, para convertirla en copropietaria, madrina, o al menos en compañera forzosa- de aquel que se lleve el gato de Esso al agua. Para Cristina, se trata de cerrar la ecuación energética de la región, pero sobre todo la suya. Para Venezuela, de completar la ecuación alimenticia. Ninguna de las dos les sale.
La argentina pesca, pero la suya puede ser una pieza envenenada. La hermandad bolivariana, condena a pagar con alimentos -el escaso maná venezolano-, justo ahora que la Casa Rosada ha restringido las exportaciones para tratar de evitar que la escasez en la oferta del mercado interno siga castigando a la rubicunda inflación. Le permitirá engordar las cuentas de Pdvsa y los depósitos de Enarsa, sin pasar por el humilladero del Petrocaribe, pero la presidenta argentina ha cazado un pescado preñado de la dependencia de Pdvsa, capaz de convertirse, si nada lo remedia, en hermana mayor de la boliviana YPFB, que le ha enseñado a la bonaerense las líneas rojas de las promesas bolivarianas. La ‘niña bonita' del gobierno de Chávez, el arma económica de su petroreino de los sueños bolivarianos, arrastra ya el lastre del ‘paganini' de todas las aventuras chavistas, una carga insostenible ya que las cuentas de Pdvsa no salen, sangradas por los gastos sociales y las deudas y ahíta ante la caída de las inversiones extranjeras y los problemas de producción y obligada, ahora, además, a cargar a sus espaldas con el peso del desabastecimiento alimenticio. S
egún el Banco Central de Venezuela, el PIB petrolero de la compañía acumula ya 10 trimestres de caída o estancamiento, sus costes operativos aumentaron de 51.000 millones de dólares a más de 60.000 en sólo un año. Promesas vendo, que para mí no tengo, Chávez asegura tener en su mano todo el petróleo y el gas que la Argentina no encuentre, pero -quizá para salvación de las empresas argentinas- ni está todo, ni siquiera es venezolano el combustible que es suministrado a la Argentina a través de Pdvsa no sería Venezolano, sino que Petróleos de Venezuela se va obligada a captarlo de otros puntos del mundo.
Pero si hace falta, o si su ira por el golpe legal de Exxon Mobil a Pdvsa no se contiene, el venezolano está dispuesto a inmolarse como un kamikace, con el petróleo en ristre, con tal de pellizcar a la mayor economía del mundo, aunque le cueste perder a uno de sus mejores clientes, enturbiar aún más si cabe las relaciones con Washington -ahora que por fin ha encontrado en Obama un candidato que promete volver al diálogo con Caracas- y agitar en su contra al mercado mundial del petróleo.
Obligada al matrimonio de conveniencia de sus debilidades, a Cristina su tango arrebatado con el venezolano le pasará más facturas que las de los alimentos. Algunas, desde Washington, aunque Condoleeza Rice ya le ha dejado claro que ni siquiera se las cobrará en persona, su periplo latinoamericano ha dejado fuera a la nueva aliada de Caracas. Irán y MERCOSUR- si Venezuela no consigue la llave como nuevo inquilino- pueden engendrar con el Palacio de Miraflores el divorcio que Bogotá no ha podido. Chávez nunca le perdonó a Kirchner su alineamiento pro Washingon en el caso Amia y recela de los acuerdos comerciales con Israel, que ha sellado el que, por cierto, es el único que los socios de MERCOSUR han sido capaces de sellar en los últimos años.
La factura Exxon puede ser tan inmediata como costosa. El matrimonio energético con Pdvsa se puede convertir en un lastre para la argentina. Paradojas de la rivalidad regional, después de años de pugna energética- cuyo escenario más reciente se libraba en Cuba, donde Petrobrás y Pdvsa han desembarcado con todo su poderío para hacerse sitio en el día después de Castro- ha sido el propio Chávez, su guerra con Exxon y la victoria de la multinacional con el embargo de bienes de Pdvsa los que han descartado sus opciones directas como pretendiente de Esso. Pero su sombra planea, además, sobre las oportunidades de Enarsa.
Tras dos años de mutismo sólo roto por el escándalo de la maleta venezolana, la petrolera estatal ha despertado sus ambiciones regionales y lo ha hecho de la mano de Pdvsa. A la espera de ejecutar los proyectos recién firmsados, ya ha pasado de la nada a explotar junto a la venezolana un rico yacimiento en el Orinoco, a integrar un consorcio para construir una represa en Ecuador. En estos momentos Enarsa sólo cuenta con dos estaciones de servicio, en sociedad con Pdvsa y alquila una refinería. Enarsa compone la figura, pero la sombra de Pdvsa y los delirios bolivarianos asoman detrás de los intereses de la estatal argentina. Enargas comparte la pequeña porción comercializadora en Argentina y el memorando de entendimiento con Pdvsa para explotar petróleo en Orinoco, lugar desde el que se anunciaron importantes hallazgos. En definitiva, subsidiaria de Petróleos de Venezuela en tierras de Bolívar.
En las aguas revueltas de Chávez, Lula pesca otras armas, las de sus ambiciones regionales. Con Petrobras como ariete y el caramelo de sus recién descubiertas reservas de Tupí, con el músculo económico y comercial brasileño en plena forma, ha dado un paso atrás y mima su nuevo rol, el de mediador que no se casa con nadie, pero es capaz de coquetear con la misma intensidad con Washington, con Caracas y con Buenos Aires. Lula toma distancias. Dicen que, aburrido de Chávez y sus peroratas, lo dejó colgado al teléfono en plena crisis. Aunque en noviembre bailaba el baile de los dos púgiles apretado y ambos mandatarios se dejaban ‘tocar' las joyas de la corona mediante la constitución de dos empresas mixtas entre la brasileña Petrobras y Pdvsa para la explotación de crudo en la Faja del Orinoco, las suyas son dos economías opuestas y antagónicas, sin el compromiso de una alianza estratégica.
El Gasoducto del Sur del que Chávez quiere hacer la columna vertebral de su revolución de exportación está en el congelador y, aunque Brasil se ha sumado al Banco del Sur, lo hace no sin recelos, recordando que el BANDES es una de las niñas mimadas de la arquitectura financiera regional y no va a dejar de serlo. Ahora la muerte de Reyes- como ya lo hizo en su momento el fracaso en la liberación del hijo de Clara Reyes - le ha servido a Lula de parapeto para marcar las distancias con Caracas. Socios, pero rivales. Lula sigue dispuesto a desembarcar con toda su caballería en Argentina, para sacar de ella un mercado energético, un destino para su comercio y, sobre todo un aliado para sus ambiciones regionales. Tendrá la llave de MERCOSUR y la del poderío energético de Petrobrás, que por primera vez ha reconocido que no sólo está interesada en los activos de Exxon en Chile y Uruguay, sino también en Brasil-donde pasaría a dominar el 50% del mercado local-, ahora que el baile que Cristina gestionó con Esso y la estatal argentina Enarsa de la mano y la sombra lejana de su socia Pdvsa, detrás ya no tiene cabida. Un trago amargo para Lula, que mira a las debilidades regionales con el mismo celo que al mercado del Norte del Río Grande y hace su parte en el juego de los biocombustibles.
Amparado por la envergadura de la mayor economía latinoamericana, Lula prepara sus armas para despejar las veredas del gigante energético brasileño. El brasileño quiere más. Enfrascado en la carrera para hacerse con la hegemonía regional a dos bandas- la comercial y la militar- Lula lo persigue todo: promete a los brasileños un asiento en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y se siente ya dueño de una plaza de residente en el G13 y portavoz in pectore de las economías del BRIEC. Y, de la misma manera que no ha dejado que Chávez se interponga en el camino de sus ambiciones regionales, está dispuesto a saltarse las zancadillas de Cristina, que ha tragado a regañadientes con los esfuerzos de Lula por hacer músculo atómico a costa de Sarkozy. Buenos Aires y Brasilia están llamados a intermediar entre el estado colombiano y las FARC, pero es sólo Brasil el elegido por Washington y varios países de la UE para intentar contener las avanzadillas de Chávez dentro y fuera de Venezuela, que sigue poniendo en un compromiso a la diplomacia argentina llamando, cada vez con más ganas, a la puerta del MERCOSUR. Con sus nuevas reservas de petróleo, su capacidad nuclear, su músculo militar, sus poderosas industrias de aviación y agrícola y su creciente poder de negociación mundial, Lula pilota la décima economía del mundo como una empresa. Quiere y puede estar mucho más cerca de China e India que de Irán y no se ciega con lealtades políticas.
Lula quiere más y, a la vista de las debilidades energéticas de Pdvsa, puede empezar a alcanzarlo sin pasar por Caracas. Primero, pescando en las debilidades de la Casa Rosada y el Palacio Quemado. Para Cristina- con las petroleras de uñas y Shell a punto de romper el juego- las urgencias energéticas y la avidez de inversiones mandan, así que Brasil -con o sin las broncas de MERCOSUR- está, sobre el papel, llamado a ser su principal aliado estratégico. Todo está dado para que sea precisamente el MERCOSUR el escenario de las danzas de guerra más intensas. La región está sedienta de hidrocarburos, Bolivia tiene problemas para estirar su músculo energético y él lo sabe. Ni en Brasilia ni en Buenos Aires van a poner más piedras en el camino a la incorporación de Venezuela a partir de 2008. Chávez llegará para quedarse y para intentar coger el volante. Otra cosa es que sus socios estén dispuestos a pagarle facturas a Pdvsa.
Después, el mandatario brasileño lo buscará con la mano de los etanoles tendida hacia Washington y Bruselas. El segundo productor (45%) y máximo exportador de etanol del mundo tiene en Chávez al más férreo enemigo de su "revolución del etanol" que, aunque por ahora tiene más de ruido que de nueces exportadoras, es un ariete para penetrar en los mercados europeos y estadounidense. Él del etanol será el estribillo que le cante el brasileño al oído de Condoleeza Rice, que busca aliados menos problemáticos (denotados) que Uribe. Petrobrás esta presta a crear una megaempresa focalizada en los biocombustibles, el brazo armado y "verde" del gigante petrolero. Brasil - que aumentó el año pasado un 145% su producción de etanol - abrirá su propia "Embajada de biocombustibles" en Bruselas, como plataforma para conquistar el suculento mercado de la UE, que se ha comprometido a que el 10% del transporte utilice gasolinas biológicas en 2020. Sin embargo, las prácticas brasileñas pueden desanimar a los Veintisiete, que también intentan lanzar su propio mercado y que se ha cansado de advertir al país amazónico que no importará sus biocombustibles mientras los produzca de forma insostenible.
El vecino del norte-primer productor mundial- está fascinado por el etanol y los biocombustibles, sobre todo porque ve en ellos una puerta para superar su dependencia del crudo, que para su desgracia estén en territorios poco amigos (Oriente Medio y, al sur del Río Grande en Ven, Ecuador y Bolivia). Pero no tanto como para abrir la puerta a las pretensiones de Lula con tanto énfasis perjudicar a sus productores nacionales. La tarifa no expira hasta 2009 y no es previsible que, con la que está cayendo en la Casa Blanca, ni republicanos ni demócratas quieran ahora coger esa bandera que Bush trata ahora de dejar caer, sutilmente. Las exportaciones a EE UU este año rondarán los 1.000 millones, casi 500 menos que el año pasado. No es casual que ETH Bioenergía- la subsidiaria de etanol del gigante petrolero Oebrecht SA- haya anunciado que, a la vista del descenso de las exportaciones y de las turbulencias para las expectativas a medio plazo del mercado exterior del etanol desacelera sus planes para invertir 2.800 millones de dólares en producción de etanol, en un centro de almacenamiento en EE UU y una nueva planta en El Caribe.
Correa y Uribe: que lo que Washington puede unir no lo separe nadie
Aliada de la fiebre electoral norteamericana, la "maldición del pato cojo" se sigue enseñoreando de la política exterior estadounidense y ha encontrado un filón en el TLC colombiano, non nasciturus y con pocas posibilidades de ver la luz. Uribe lo sabe. En Santo Domingo juraba que él no ha nacido para la diplomacia, pero no dijo nada de la negociación y el comercio. En su discurso sobre el Estado de la Unión, el presidente Bush urgió a los legisladores a aprobar el TLC entre Colombia y EE UU firmado en el 2006, pero que aún no ha sido ratificado por el Congreso. Pero por ahora, Uribe y Bush sólo han logrado la prolongación de las preferencias arancelarias para Colombia hasta el 31 de noviembre, justo después de las elecciones estadounidenses. Un colchón envenenado: no deja sus ventajas comerciales en suspenso, pero habla por sí mismo de la imposibilidad de cuajar los TLC pendientes. Paradojas de la geopolítica, si Uribe utilizó el territorio ecuatoriano como catapulta para su golpe a las FARC, ahora que la tormenta política y diplomática se ha suavizado, puede hacer lo propio con el comercio de su vecino del sur.
A la vista del "efecto Obama", su empeño y el de Hillary Clinton por deshacerse en guiños a los estados de la América profunda y pescar votos en las aguas del proteccionismo al campesinado norteamericano y las críticas al sistema laboral y la violencia colombianos, la línea más corta al corazón de los demócratas puede pasar por el coqueteo con Correa, el menos beligerante del trío de los boliviarianos en el comercio exterior, pero sobre todo, por el empresariado ecuatoriano, que trata de nadar en el realismo económico, de espaldas a los ensueños boliviarianos. Correa no quiere el TLC, ha pataleado contra él desde sus tiempos de ministro de economía, pero está condenado al comercio bilateral con Colombia, su segundo socio comercial no petrolero (que alcanza los 2.600 millones de dólares). Y desde el Palacio de Nariño, Uribe y los suyos sudan la camiseta para diversificar sus exportaciones.
Solo en el caso de Estados Unidos, las exportaciones colombianas alcanzaron el año pasado 34,6%, mientras que a Venezuela se dirigió 17,4% y Ecuador, 4,25%. La ampliación de mercados, además, hace parte de un plan de largo plazo que pretende lograr que las exportaciones colombianas alcancen la cifra de 40.000 millones de dólares en el año 2010 y que ya tuvo un buen escalonamiento al cierre del 2007, cuando el Gobierno planeaba alcanzar ventas al exterior por 28.000 millones de dólares y estas cerraron en 29.991 millones. De aprobarse el TLC, las exportaciones de Colombia a EEUU podrían crecer unos 1.000 millones de dólares (650,75 millones de euros), un horizonte al que Uribe se resiste a renunciar. Empresarios ecuatorianos y colombianos, a través de sus cámaras de comercio, han llegado ya a un acuerdo para que las compañías de Ecuador puedan exportar sus productos a EE UU a través de Colombia, una vez que entre en vigor el Tratado de Libre Comercio (TLC) entre Bogotá y Washington y han comenzado a diseñar un plan que permita identificar los sectores, productos y materias primas que Ecuador podría proveer a Colombia para enviar a EE UU.