Solbes planta cara a EDF y las asimetrías del mercado europeo
La resaca del 9-M ha desinflado más las opciones galas del asalto a Iberdrola y ha dejado a ZP abocado a atender las exigencias nacionalistas antes que las de Sarkozy, pero, por si acaso, el vicepresidente económico dispara contra la “ley del embudo” de las energéticas galas, contra las pretensiones sarkozyanas y los juegos de manos de corsario napoleónico de Pierre Gadonneix con la misma claridad con la que en su día cerró filas con Sánchez Galán para oponerse al troceo de Iberdrola. Ajeno a la puerta abierta que ZP abrió antes de la la jornada electoral, Solbes critica la paradoja de que los países que peor han cumplido las pautas comunitarias en materia de liberalización de los mercados energéticos "son los que gozan de mayor margen de maniobra para comprar empresas en otro país".
La posibilidad de "trocear" una compañía que ha costado 106 años levantar y colocarla en el en el cuarto lugar del mundo no sólo disgusta al presidente de la eléctrica, también al Ministro de Economía, aunque está por ver si mediría su fuerza en caso de que Moncloa y Vergara se queden inermes. Si hubiera sido por Clos, de lo de intervenir, aunque sea a la defensiva, nada. Prometió no meter baza en unas negociaciones que considera propias sólo de los accionariados de las empresas, aunque el de la gala esté en un 80% en manos del Estado. Solbes no quiere batallas y, después del fallido desembarco de E.ON, ya tuvo bastante de guerras con Endesa. Pero el vicepresidente proclama a los cuatro vientos la "libertad, independencia" del mercado en España y con la que está cayendo, en un patio lleno de hienas, puede ser la forma más rápida de dejar las puertas abiertas a los cuatreros.
La UE defiende la libre circulación de capitales independientemente de la naturaleza en la propiedad de las empresas energéticas europeas y sin tener en cuenta la ausencia de liberalización en los intercambios energéticos. EDF ha enseñado la mano que quiere tirar la piedra, entrelazada con la zarpa de los sueños energético-napoleónicos de Sarzkozy. Mientras los españoles se las ven y se las desean para adquirir compañías en Francia -qué se lo pregunten a Sacyr o a los interesados en Societé Générale- las galas pueden campar por sus respetos en España, gracias a una asimetría que no puede producirse en un mercado verdaderamente único, pero que existe porque Francia es proteccionista y juega con reglas distintas. Tras la derogación de la ley Rato por parte del TUE, no podría pararle los pies a EDF como hizo en su momento el Ejecutivo del PP cuando EDF y la pública portuguesa EDP intentaron hacerse con Hidrocantábrico.
Como denuncia el vicepresidente económico, "en España se privatizaron las empresas sin haber definido previamente un modelo energético. No estamos en un modelo de competencia a la inglesa, pero tampoco en un modelo cerrado como el francés". Además, la sentencia del Tribunal Europeo de Justicia, que condena a España por las condiciones impuestas a la OPA de E.On sobre Endesa puede dar armas a quienes se pertrechan en el argumento de que si Zapatero ha permitido que Enel se quede con Acciona, tendrá problemas para impedir que EDF haga lo mismo con Iberdrola.
Pedro Solbes apunta a Bruselas. El mismo escenario al que no renuncia Sánchez Galán. Ha lanzado un misil a la línea de flotación de EDF -Reina de las asimetrías del mercado- a la ley del embudo de la gala, esa "acción de oro" que el Parlamento francés consagró hace cuatro años, en virtud del cual ningún inversor puede aspirar a controlar más allá de un 30% del capital de la compañía ya que el Gobierno se reserva de manera vitalicia el dominio del 70% de las acciones. Además, de los 18 miembros del consejo de administración, una docena son nombrados por el Ejecutivo galo, que designa al presidente y al consejero delegado. El armazón de la denuncia consiste en que las normas que rigen las relaciones entre EDF y el Estado francés (leyes 2004/83 y 1983/675) contravienen la libre circulación de capitales y el derecho de establecimiento contemplados en los artículos 56 y 43 del Tratado de la UE. Iberdrola espera la atención de Bruselas, que hasta ahora ha enarbolado la bandera del libre mercado, la libre circulación de capitales y el derecho de establecimiento con tanta convicción como la tesis de que el origen público o privado del capital es algo indiferente a la hora de autorizar operaciones corporativas en el espacio de la Unión. La jurisprudencia comunitaria puede dejar abierta la puerta a favor de la compañía española, sobre todo si su demanda llega al Tribunal de Luxemburgo, que ha declarado ilegales casi todas las acciones de oro denunciadas por la CE.
Paradojas del mercado asimétrico, la capital belga -que acaba de derogar la ley Rato- se ha convertido en la encrucijada de los ardides defensivos de la presidencia de la primera eléctrica española. Promete ser una de las plazas más intensas en la furia numantina de Sánchez Galán, que se ha encontrado, por el camino, con el Gobierno escocés, la Cámara de los Comunes y Downing Street como aliados sobrevenidos en la defensa de su castillo eléctrico. Sus espadarazos contra EDF desembocarán también en la capital comunitaria, pero nada asegura su desenlace menos aún ante operaciones vestidas de capital nacional y la bandera rojigualda. Otra cosa serán los movimientos sísmicos privados, empresariales y nacionales, si llegan.