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Publicado el lunes 17 de marzo de 2008
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Air France, a punto del desembarco en Alitalia

Unas cartas, sobre la mesa; otras, las más, bajo la tabla, fieles al oscurantismo que ha presidido estos meses de negociaciones. El tira y afloja con la compañía ya no dará muchos más problemas a Air France-KLM, ahora que cuenta con el visto bueno por parte del consejo de sdministración a su oferta de compra del 100% de Alitalia. Para los hombres de Mauricio Prato era fagocitación o quiebra. Y han optado por la primera. La franco-holandesa ha hecho virtud de las apreturas de Alitalia, saborea ya los huesitos de la italiana, impelida a echarse en brazos de las tentaciones parisinas. Pero con el futuro Ejecutivo italiano- que desea vender al menos un 39% de su cuota del 49,9%- y con los sindicatos, que Air France toma como condiciones, el baile de compromiso puede ir para largo. Después de cuatro meses de negociaciones exclusivas, Jean-Cyril Spinetta Spinetta -devoto de ese refrán que reza que la cara del santo es la que hace el milagro- desembarca hoy en Roma, dispuesto a dar la que espera sea la batalla final de su aterrizaje en Alitalia.

Ya lo había despejado, pero los infortunios de la política italiana y la obligación de esperar al nuevo ejecutivo que salga de las urnas el 13 de mayo lo han condenado a ser el ‘Sísifo' de la negociación con Italia y a bregar, en esta ocasión, con los afanes nacionalistas de Berlusconi y el muro, que hasta Varios ex ministros de Economía, muy cercanos al consorcio financiero de Intesa-Sanpaolo, Nomura y Morgan Stanley que apoyaron la oferta de la aerolínea de Carlo Toto, animados por su italianidad y el respaldo de los sindicatos pueden volver ahora a la carga, bajo la égida de Silvio Berlusconi y con el amparo de cuatro bancos nacionales. Los secretarios generales de los tres grandes sindicatos: el de izquierdas Cgil, Gugliemo Epifani; el democristiano Cisl, Raffele Bonanni, y el socialista Uili, Luigi Angeletti, y amenazan con obstaculizar una operación que ya en su primer intento acabó en papel mojado.

Bajo el brazo, el galo porta otra cosa que una oferta aliñada con cicuta: a precios menores que en diciembre, -valora las acciones a 22 céntimos de euro- condiciones más restrictivas y cada día que pasa más necesaria para Alitalia, acorralada por problemas de operación y de proyección, al borde del abismo financiero y con unos títulos que no hacen más que perder suelo: cerró en Bolsa a 0,53 euros, tras perder un 9% durante la semana pasada. La compañía italiana arrastra una crisis crónica, con un endeudamiento neto de 1.191 millones a 30 de noviembre de 2007, mientras en el tercer trimestre de ese año tuvo una pérdida antes de impuestos de 58 millones de euros y un resultado operativo negativo de 19 millones, en ligera mejora frente al de doce meses antes.

Con ese horizonte, no extraña que Alitalia considere que con la integración en el grupo Air France-KLM se beneficiará de una eficiente, competitiva y amplia cobertura del mercado, con la que reforzará su posicionamiento a nivel mundial, lo que le permitirá ofrecer a los clientes una amplia gama de destinos.

Poco importa, a la hora del salvamento, que de una adquisición amigable  la franco-holandesa haya pasado a una fagocitación en toda regla, por la vía de la "integración". Air France promete que, bajo su paraguas, Alitalia podrá ser rentable en 2010, y pretende recuperar el mercado italiano y unir sus clientes y negocios. Pero Alitalia está abocada a una oferta a un precio peor del avanzado durante las negociaciones, es decir, 160  acciones de Alitalia por cada título de Air France-KLM -8,7 millones de títulos de la compañía franco-holandesa por la totalidad de la aerolínea italiana-, que por toda dádiva estaría dispuesta a garantizar a la nueva Alitalia su identidad italiana, su marca y logotipo propios y a conceder el derecho de veto a los consejeros italianos que incorpore a la sociedad en la que se integrará la compañía de bandera.

Además, el acuerdo prevé la oferta pública para la adquisición de la totalidad de las obligaciones convertibles a un precio de 0,3145, según lo cotizado el 14 de marzo de 2008, por un valor total de 608 millones de euros. Podrá acometer un aumento de capital de 1.000 millones de euros, que será garantizado completamente por Air France. Y un plan industrial dotado con 850 millones -que se utilizarán en su mayoría para la renovación de la flota- para 2008-2010, que 'constituye para Air France-KLM un presupuesto esencial para realizar el proyecto de integración'.

Eso es todo. Spinetta no se ha perdido en cantos de seducción. Llegará con la guadaña gala: el plan de saneamiento de la compañía prevé la suspensión de algunos vuelos que se han demostrado poco rentables, como a Zagreb o Sarajevo, Dakar, Shanghai y Delhi. El nuevo plan industrial no oculta los recortes en la flota, que pasará de los actuales 186 aviones a 133 en 2010, de estos 20 serán utilizados para trayectos de largo recorrido, 101 para breve y medio, y 16 a rutas regionales. Y Air France sólo adquirirá algunas actividades gestionadas actualmente por Alitalia Servizi- y sus 8.300 empleados-, no la totalidad como Prato pretendía.

Pero la atribulada Alitalia, que desde 1998 no reporta beneficios, es una patata caliente, tanto que la dimensión del gigante-galo holandés y la posibilidad de que se preste a reflotar a la italiana, aún a costa de fagocitarla, son la última carta vigente de la compañía, la única capaz aún de alimentar los sueños globales europeos del ejecutivo italiano y favorecer los intereses globales de Air France-KLM. La sombra de la gala es alargada. Y ambiciosa. De una adquisición amigable  ha pasado a una fagocitación en toda regla, por la vía de la "integración". Air France promete que, bajo su paraguas, Alitalia podrá ser rentable en 2010, y pretende recuperar el mercado italiano y unir sus clientes y negocios. Asegura que no habrá más recorte de personal que los ya previstos (unos 1.700 trabajadores, el 80 del personal en vuelo) y que no hará de ella una aerolínea regional, pero la promesa de cerrar el ‘hub' de Milan no ha gustado a los mercados locales. Menos aún a los sindicatos.

Air France se dispone a afilar las garras sobre Alitalia, pero lo hará con la sombra de la sospecha japonesa, ahora que la Comisión Europea investiga un concierto en sus precios con otras compañías en los vuelos entre la UE y Japón.  Se acerca a la aerolínea italiana con sus propios problemas de competencia y de operación a la vista, urgida a reajustar las rutas nacionales, a eliminar 1.000 empleos hasta 2016 por la competencia del tren de alta velocidad (TGV) y la entrada de las aerolíneas de bajo coste. Y con las complicaciones legales italianas por frontera. La oscuridad del proceso puede acarrear algunas complicaciones jurídico-penales. La fiscalía de Roma ha abierto una investigación, y ha interrogado ya a varios protagonistas, para tratar de esclarecer por qué el ministerio privilegió un trato privado en exclusiva con Air France en lugar de una subasta pública.