Monitor de Latinoamérica
Los planes “iluminados” de Morales amenazan a las eléctricas españolas
· Chávez, ahora el nuevo Robespierre caribeño
Que no, que no hay crisis. Morales lo jura sobre la tumba de Bolívar y por encima de las denuncias de Cristina y Lula, condenados a hacer malabares para suplir sus incumplimientos. No pasa nada que Evo, un padrino impotente que se niega a hacer su papel, no resuelva con unas bombillas nuevas para los bolivianos. Con una nueva cara -la del senador y nuevo presidente- y más poder para la petrolera estatal, YPFB. Y con su nuevo arrebato nacionalizador para el sector eléctrico. Y es que Evo tiene un nuevo plan. Pensaba ser el "Robin Hood" del gas, pero se está convirtiendo en el supermán de la ineficiencia energética. El cerco de la crisis se estrecha sobre el Palacio Quemado con la misma intensidad con la que merman las posibilidades de sus planes constitucionales, pero Morales, acorralado y abandonado por las provincias productivas del país andino, azuza sus caballos y calienta las amenazas para su nuevo plan energético: nacionalizar el sector eléctrico y "refundar" la Empresa Nacional de Electricidad (ENDE). Si no quieres caldo, toma dos tazas. Herederas de la estatalización de los hidrocarburos, sus propuestas "iluminadas" atacan a las multinacionales -entre ellas REE e Iberdrola- y prometen deslizar a la electricidad -hasta ahora el único territorio blindado contra el desabastecimiento- por el mismo destino por el que ha resbalado la estatal YPFB. La ecuación del desabastecimiento está cocinada en los fogones del desequilibrio de la matriz energética y la impotencia de YPFB, aliñada con ínfulas bolivarianas y sazonada, si nada lo impide, con la neutralización, en manos estatales de las eléctricas y un sistema de tarifas sociales que encorsete con líneas rojas las posibilidades de ingreso de las eléctricas.
Ilustre heredero del discurso chavista, ya ha comenzado a entonar el bolero del chantaje: aún no está claro el mapa de la nacionalización, pero las amenazas comienzan a fluir. Morales quiere inversiones sobre la mesa y despliega, sutil aún, las culpas del desabastecimiento a las compañías y al fantasma del contrabando. No hará más que iluminar sus vergüenzas energéticas.
Planes grandilocuentes, a la altura de la retórica bolivariana. Señor del triángulo de las Bermudas energético en el que ha convertido a la región, padre del desabastecimiento gasista en Argentina y Brasil, Morales tiene la cabeza puesta en la nacionalización del sector eléctrico, pero los pies hundidos en el suelo (cieno) del déficit energético boliviano. En dos años ha nacionalizado el sector petrolero, la fundidora suiza Glencore y una mina de estaño; promete hacer lo propio con las telecomunicaciones y los trenes, pero al del jersey a rayas le sabe a poco. El Palacio Quemado quiere "recuperar muy pronto" el control sobre el sector eléctrico, a saber, hacer todo lo posible "para que la electricidad deje de ser un negocio privado y pase a ser un servicio público en beneficio del pueblo".
Negro sobre blanco, otra nacionalización a la vista en un país en el que el sector eléctrico está controlado desde hace una década por una decena de multinacionales tras la privatización del sector en 1995, entre ellas las españolas, Red Eléctrica Española (REE)- propietaria de una compañía dedicada al transporte de energía, TDE- e Iberdrola, que controla las plantas distribuidoras de electricidad Elfeo (Oruro) y Electropaz (La Paz),que Morales no tiene aún claro el proceso, los tiempos, ni siquiera el resultado, pero la munición nacionalizadota está presta para dispararse y, digno heredero del estilo negociador de su vecino Correa, afina ya el bolero del chantaje. Como Correa, tiene el verbo y la denuncia a flor de labio. La cajita de las acusaciones está llena. Un campo abonado para la vieja canción tan bien sabida por Chávez y sus discípulos bolivarianos: golpea primero, amenaza, que algo queda. Y después negocia, a correazos, al contraataque y con el adversario a la defensiva. Morales ya ha comenzado a enseñar su garra, revestida de amenazas: quien quiera seguir en el nuevo ruedo eléctrico boliviano tendrá que pasar por el aro de las inversiones que el gobierno determine.
Morales se aferra a dos manos a sus discursos, a una constitución que ha nacido muerta y al padrinazgo de Hugo Chávez. Mira de reojo a Caracas y pide la venia. El "petroestado" chavista es el parachoques de su nacionalización y espera que lo sea, también, de sus nuevas aventuras eléctricas. Alumno aventajado de los planes de Venezuela y Cuba- que, por cierto, pagarán la campaña boliviana de "eficiencia energética" gracias a su Tratado de Comercio de los Pueblos- Morales ha comenzado ya a ejecutar los primeros sones, que no son otros que el reparto de 5,8 millones de lámparas fluorescentes en todos los hogares de las ciudades del eje troncal. Venezuela será también el hada madrina de la planta eléctrica de Cochabamba y el proyecto para desarrollar la geotermia en la región andina del Potosí, sus dos únicos planes tangibles. Pero son malos tiempos también para su pigmalión, condenado a abastecerle a la Paz 50.000 barriles anuales, a pesar de las debilidades de Pdvsa.
Los primeros pasos de la aventura eléctrica de Morales son su mejor carta de presentación. Claro, si la ineficiencia energética y el desabastecimiento se ceban con los hogares y las industrias, qué mejor que repartir cinco millones de bombillas. Toda una señal de la "diversificación" de la matriz energética que el boliviano se dispone a acometer, mientras sus vecinos corren a construir termoeléctricas, a reactivas las opciones nucleares y a echarse en brazos de otros proveedores más solventes. La improvisación, las inversiones congeladas y la ineficiencia son sólo la guinda que explica la doble catástrofe: por un lado, el desabastecimiento interno y regional de gas licuado de petróleo (GLP), gas natural y electricidad; en segundo lugar, la incapacidad para poner en marcha una política energética global que actualice el sector. Los analistas ya han comenzado a cantarle la zona: la ausencia de inversiones en proyectos de termoelectricidad, los problemas de distribución y producción de gas y las limitadas inversiones en el sector llevarán a Bolivia a una nueva crisis energética en las próximas semanas.
"La energía no es mercancía", jura Morales, empeñado en mostrar a los bolivianos y a sus vecinos que, la energía boliviana, simplemente no es. Desde hace más de una semana las industrias del occidente del país sufren racionamientos en la provisión de GNL. Villegas saca pecho con el sector eléctrico: jura que la actual demanda es de 996 megavatios y que el país dispone de una oferta superior a los 10.46. Pero la letra pequeña no acompaña sus ensueños boliviarianos: la demanda subirá al menos a 1.100 en las próximas semanas, cuando llegue el corazón del invierno austral y, ni en sus mejores épocas de lluvias la capacidad de generación supera los 1.200. Más cuerda para el desabastecimiento, campo minado para la ineficiencia en un sector en el que el fuel oil, el gas y la electricidad están imbricados, condenados al mismo círculo maldito. En sus previsiones más optimistas, habrá un déficit de 50 toneladas métricas diarias de GLP, que tendrán que importarse. Las termoeléctricas han incrementado su demanda de gas debido a los déficits que la falta de lluvias ha provocado en las hidroeléctricas. Y, sin lluvia ni gas suficiente, la condena al desabastecimiento eléctrico está servida en los predios andinos de Morales.
La Paz no esconde ya sus miserias. Lo ha dicho el vicepresidente boliviano: faltará gas para Argentina y Brasil en lo más crudo del invierno. Bolivia apenas podrá producir 40 millones de metros cúbicos diarios y Brasil y la Argentina le demandan más de 37 millones, a los que hay que agregar el suministro interno, que es de entre 6 y 7 millones. La solidaridad energética regional ha topado con las fronteras de la eficiencia bolivariana, la pieza débil del triángulo. Perdido en la gestión de las segundas reservas de gas del continente, se le ha quedado grande el traje de potencia energética y aún no ha conseguido logrado llevar a buen puerto la nacionalización que emprendió el 1 de mayo de 2006, que hasta ahora ha logrado desabastecer a ciudadanos y pequeños empresarios; espantar a los inversores, e incomodar y demonizar a las multinacionales que llevaban años impulsando el sector y de los que hace depender su eficiencia. No hay gasolina ni gas licuado suficiente y necesita importar GLP de Venezuela. La improvisación, las inversiones congeladas y la ineficiencia son sólo la guinda que explica la triple catástrofe: el desabastecimiento interno y regional de gas licuado de petróleo (GLP), gas natural y electricidad; la incapacidad para poner en marcha una política energética global que actualice el sector; y la impotencia para cumplir los acuerdos de abastecimiento con sus vecinos.
La crisis de abastecimiento es sólo el aldabonazo de lo que los análisis anunciaban desde los primeros sones de la nacionalización: el riesgo de impericia y de ineficiencia en la gestión de los recursos. Bolivia iba a ser el primero de los destinos de exportación de la revolución bolivariana allende las fronteras venezolanas, un oasis en el que el discípulo más aventajado de Hugo Chávez pretendía instaurar el reino de la soberanía boliviana. El gobierno de Evo Morales ha demostrado que la tercera nacionalización de los hidrocarburos, su cacareado "fin del saqueo de los recursos por las multinacionales" no ha acarreado mejores resultados económicos para el país, sus ciudadanos o sus empresas. A Morales, perdido en la gestión de las segundas reservas de gas del continente, se le ha quedado grande el traje de potencia energética. Ni se ha aprovechado de las condiciones favorables en los mercados mundiales para el gas y los minerales, ni de la excelente forma macroeconómica de la región, gracias a una política ortodoxa que Morales quiere revertir a toda costa.
El quinto presidente de la estatal YPFB ha recordado, nada más llegar a su cargo, que la "refundación" - ésa que Morales prometió tener concluida en julio de 2006- por ahora es un canto de sirenas. La actividad operativa tardará al menos un año más en llegar y harán falta al menos cuatro años para que aporte beneficios al estado. Santos Ramírez no esconde que si no se consigue que la empresa comience a explorar, perforar y producir hidrocarburos le quedará grande el título de "empresa estatal" y ha llegado pidiendo más recursos al gobierno. Tampoco, que se ha convertido en una caja de los horrores energéticos: debido a su personal poco capacitado, la estatal petrolera tuvo errores en casi todos los eslabones de la cadena de hidrocarburos, que ahora administra. En exploración y producción, YPFB anunció inversiones a partir de sociedades con empresas como PDVSA de Venezuela y Gazprom de Rusia, pero nunca se vio un centavo. También llamó a licitación para contratar ingenieros y nadie se presentó. En refinación tuvo el problema de parar las refinerías, porque se llenaron los ductos y el tanque en Arica, con gasolina blanca y Recom por falta de un adecuado control. En comercialización provocó una crisis con la escasez de algunos combustibles y con la deficiente importación del diesel.
Los vecinos tiemblan. En la segunda potencia regional gasista el gas se ha convertido en un bien tan escaso como la carne en tierras de Hugo Chávez. Morales tiene la llave y ha trancado el juego, no sólo el del idilio energético entre Lula y Cristina, sino el de los amores electorales entre la presidenta argentina y la opinión pública. El brasileño y el boliviano dejan a Cristina Fernández abocada a pedir ayuda a Caracas, a implementar cortes de energía y a medio plazo, a cristalizar nuevas ecuaciones en las que las empresas que operan al mismo tiempo en Bolivia y Argentina-Repsol YPF entre ellas- pueden tener más de una baza que jugar.
Aviso para navegantes, la ecuación es sencilla y casi perfecta, tal como la ha venido aplicando el presidente del jersey a rayas, que desde el 1 de mayo de 2006 no dudó en acusar de acaparamiento y gestión fraudulenta a las multinacionales. Si no le gustan las condiciones de los contratos con las compañías, se rompen. Si estorban, se les "nacionalizan" sus acciones y se transfieren al estado, aunque su participación sea mayoritaria. Si, vapuleadas por las condiciones de la nacionalización en el sector de los hidrocarburos, la telefonía y la minería, las multinacionales buscan la protección del derecho internacional y acuden al Centro Internacional de Arreglo de Diferencias e Inversiones del Banco Mundial (CIADI), basta con negar la mayor y no reconocer al árbitro. Ni las multas por impuestos adicionales contra las cinco principales multinacionales, ni el discurso hostil a las compañías y los inversores extranjeros, ni las condiciones desfavorables tras la redefinición de las reglas del juego para el sector petrolero, ni las limitaciones en la eficiencia de la estatal YPFB han podido disuadir a la compañía que preside Antonio Brufau de su apuesta decidida por el país andino. Otra cosa serán las eléctricas, abocadas a pagar el precio de las "iluminaciones" de Morales.
Chávez, ahora el nuevo Robespierre caribeño
Va de misión en misión y de guerra en guerra. Y no entiende un no. Dispuesto a hacer oídos sordos al rechazo de su reforma constitucional el 3D, insiste el presidente venezolano, que busca grietas en el rotundo "no" para no tener que resignarse a renunciar a todos sus planes. Chávez ha comenzado a aplicar su "tercera vía", la de la calle de en medio. La fórmula está patentada: una decisión en Alo Presidente, una ley Habilitante. Y asunto resuelto. Vía libre para promover la puesta en marcha de las comunas y el uso de monedas comunales Sus ensueños boliviarianos ya corren por los predios de las "comunas socialistas".
Los "zambos", unas pequeñas papeletas de colores con distintos valores, ya están en circulación, sobre todo para el intercambio de productos entre cooperativas, al margen de la economía formal. Ensimismado en el eco de sus arrebatos, Chávez no hace otra cosa que dar cuerda a la economía informal; olvida que ya casi el 50% de la economía venezolana se encuentra signada por intercambios "en negro", la mitad de ellos dedicados al comercio. Los informales también se concentran en sectores como el de servicios comunales, sociales y personales, con 1.107.215 personas; de actividades agrícolas, pecuarias y caza, con 604.559 personas y transporte, almacenamiento y comunicaciones, con 555.880 personas al cierre del segundo semestre de 2007. Llueve sobre mojado en las debilidades monetarias del petroreino chavista, afectado por una inflación que supera el 22%, por el desabastecimiento de productos básicos y por la fuga de capitales. El "bolívar fuerte", lejos de generar una mayor capacidad adquisitiva y de ahorro al venezolano, ha traído devaluación, desabastecimiento y un índice inflacionario que al cierre de año podría ubicarse en 30%.
Los ‘zambos' son sólo el principio. Bajo cuerda, también, el Plan B de Chávez, que trata de forzar reformas, sin apearse de su mula, ni tomar nota del rechazo que su opción política y económica genera. Más de cien proyectos legislativos estarían preparados para ser ejecutados en el momento oportuno. No podrá hacerlo con las más radicales y rechazadas, como la perpetuación en el poder mediante reelección indefinida, el control del Banco Central, el control de las reservas de divisas extranjeras, la ordenación territorial del país y mayores poderes para expropiar propiedades, pero ya ha anunciado que, para empezar, estaría más que dispuesto a comenzar con las reformas laborales, incluyendo la prohibición de despido para los salarios mínimos y la revisión obligatoria de las tasas salariales.