Monitor de Coyuntura
Balance de 2007: encarando la desaceleración
El producto interior bruto (PIB) de la economía española superó por primera vez el billón de euros en 2007 y anotó un crecimiento anual del 3,8%, tan sólo una décima menos que en el año anterior. El perfil de los últimos trimestres, no obstante, fue de una aminoración de la expansión económica un poco más marcada, con un aumento interanual del 3,5% en el cuarto trimestre. El crecimiento económico de 2007 fue sensiblemente superior al del conjunto de la Unión Europea y el diferencial con la eurozona incluso se amplió.
Por otro lado, en 2007 continuó la tendencia a la moderación de la demanda nacional y a una mejora de la aportación negativa del sector exterior. Así, el crecimiento tendió a ser más equilibrado, máxime al reducirse paulatinamente el peso de la construcción. Asimismo, el aumento de la productividad fue mayor, aunque el déficit exterior siguió ampliándose hasta suponer el 10,0% del PIB.
La contribución de la demanda nacional al crecimiento del PIB fue de 4,6 puntos porcentuales, medio punto menos que en el año anterior. Esta moderación provino en buena parte del consumo de los hogares, su principal componente, que pasó de un aumento anual del 3,7% al 3,1%. Esta ralentización fue mayor en el gasto en bienes, principalmente duraderos, como automóviles, que en servicios. En los inicios de 2008 tanto las ventas de coches como el descenso del índice de la confianza de los consumidores apuntan a una continuación de esta tendencia. En cambio, el consumo de las administraciones públicas se aceleró en tres décimas al situarse en el 5,1%.
El otro gran componente de la demanda, la inversión, también aminoró su ritmo de crecimiento, aunque no todos sus componentes. La formación bruta de capital en bienes de equipo aumentó el 11,6% en 2007, contribuyendo a la mejora de la productividad, superando todavía la alta tasa del año anterior. No obstante, en los últimos trimestres se constataba una tendencia a la ralentización. Ésta fue más marcada en la inversión en construcción, especialmente en viviendas, dada la atonía en que se ha sumido el mercado inmobiliario, con una fuerte desaceleración de los precios de las casas y una caída de las transacciones. El resto de la inversión (gastos en software informático, prospecciones mineras y petroleras, etc.) también redujo su ritmo de expansión, pero en menor medida.
Por su parte, la aportación negativa del sector exterior al crecimiento se redujo en cinco décimas, hasta siete. Esto fue el resultado de una aceleración de las exportaciones y de una ralentización de las importaciones de acuerdo con un menor impulso de la demanda interna. Tanto las exportaciones de bienes como las de servicios se avivaron, si bien en mayor medida éstas últimas. Por su parte, tanto las importaciones de bienes como de servicios se moderaron, si bien más las primeras. Sin embargo, la necesidad de financiación de la economía empeoró hasta suponer el 9,5% del PIB frente al 8,1% anotado en 2006.
Desde el punto de vista de la oferta, en 2007 tres sectores mostraron un comportamiento más expansivo: el sector primario, la industria y los servicios de no mercado. Por el contrario, la construcción, la energía y los servicios de mercado moderaron el ritmo de crecimiento de su actividad.
El valor añadido bruto de la industria se elevó el 3,1% en 2007, dos décimas más que en el año precedente. No obstante, el perfil fue claramente a la baja en el transcurso del ejercicio, hasta el punto de que la producción industrial experimentó una caída interanual en el mes de diciembre. Las ramas más dinámicas fueron la construcción de maquinaria, el mueble y manufacturas diversas, maquinaria y material eléctrico, equipos de precisión y óptica, y fabricación de productos metálicos. Por el contrario, la maquinaria de oficina y equipos informáticos, y el cuero y el calzado sufrieron fuertes caídas de producción, acusando la intensa competencia global. Las perspectivas para 2008 no son muy halagüeñas, a tenor de las recientes bajadas del indicador de la confianza en la industria. Asimismo, los niveles de la cartera de pedidos hacen esperar una moderada expansión de la industria.
Las ramas agraria y pesquera experimentaron un notable dinamismo. De este modo, su valor añadido bruto se elevó el 3,8% en 2007, 1,4 puntos más que en el año anterior.
Los servicios de mercado en general se ralentizaron levemente. No obstante, tuvieron un crecimiento elevado del 4,0%. Las ramas que mostraron un mayor vigor fueron el comercio, la hostelería y el transporte. En cambio, los servicios a las empresas pulsaron más débilmente. En lo referente a los servicios de no mercado, aumentaron el 5,0% debido a la remuneración de los asalariados del sector público.
Dada la evolución de la producción y un crecimiento medio del empleo del 3,0%, la productividad aparente del trabajo subió el 0,8%, una décima más que en 2006 y marcó la mayor cota desde 1996. No obstante, este aumento de la productividad no deja de ser relativamente bajo. Por sectores, el mayor aumento de productividad se produjo en la agricultura y pesca como consecuencia de una mayor producción con un menor empleo, aunque la elevación de la productividad fue inferior a la anotada en 2006. En la industria, en cambio, el incremento de la productividad fue superior al año anterior, hasta cifrarse en el 3,3%. En los servicios de mercado la productividad avanzó el 0,9 %, levemente un poco más que en 2006. Finalmente, en la construcción la productividad no sólo siguió disminuyendo a consecuencia del bajo grado de cualificación medio de la fuerza laboral, sino que registró la mayor caída de la década actual.
A resultas de la evolución de la productividad, y de un aumento del 7,1% de la remuneración de los asalariados, los costes laborales por unidad de producto ascendieron el 2,7% en 2007, cuatro décimas más que en el año anterior. De este modo, su variación se situó en cuatro décimas por debajo del deflactor implícito del PIB.
En cuanto a las perspectivas para 2008, los indicadores avanzados disponibles, junto con la fortaleza del euro, unas condiciones crediticias menos relajadas, el encarecimiento de las materias primas y un menor impulso de la demanda exterior apuntan a la continuación de la senda de ralentización económica. En este sentido, la Comisión Europea recientemente rebajó su previsión de crecimiento económico de la economía española para 2008 al 2,7%. Por otra parte, se estima necesario un mayor esfuerzo en la mejora de la competitividad, lo que comporta superiores inversiones en el gasto en I+D e infraestructuras, y una mejora del sistema educativo.