A Slim le crecen las denuncias y los competidores
Telefónica gana aliados y respaldo de las autoridades en sus batallas legales contra Telmex
Patalea y bracea, a lomos de las prebendas de su posición dominante en un mercado del que se nutren todas sus operaciones latinoamericanas. El magnate de Telmex arremete no contra molinos de viento, sino contra las denuncias de las autoridades de la competencia, de las otras operadoras que trabajan en el país azteca y de la Canitec, que amenazan la ‘ínsula de barataria’ del señorío de su feudo charro, tan cercano al monopolio telefónico. La denuncia por posición dominante por parte de la Cámara Nacional de la Industria de Televisión por Cable y la nueva investigación abierta por el organismo regulador de antimonopolios, la Comisión Federal de Competencia (CFC) son, para Slim, la prueba más tangible de que Telefónica no está, ni mucho menos, sola en su batalla legal contra Teléfonos de México. Ni Telmex ni América Móviles ganan para denuncias e investigaciones en su propio terreno. Ya van cuatro desde enero y siete- seis de ellas por abuso de dominancia y monopolio- en los últimos tres meses.
Con los sindicatos a punto de levantarse en huelga y en pleno proceso de aplicación a Telmex de la coreografía de la escisión- para poner su negocio en el resto del continente a salvaguarda de las fronteras regulatorias que le imponga la autoridad mexicana y para blindar sus beneficios del alcance de la competencia- Slim no hace más que arañarle tiempo al destino, esquivar la evidencia de que la compañía que preside César Alierta y sus otras competidoras han comenzado a poner su reinado absoluto en cuestión, aun en un mercado en el que aún él dibuja las líneas rojas y coarta sus movimientos.
Cuando a mediados de año llegue el veredicto de la CFC, Slim ya no podrá decir que se trata del acoso o la obsesión de la competencia de las demás operadoras. La Comisión promete obligar a Telmex a competir. Pero, entretanto, el magnate hace bandera de sus convicciones de señorío telefónico: antes muerto que en competencia real en un sector en el que ve cómo sus resultados flaquean. Los números no acompañan: sus ingresos durante 2007 sólo se incrementaron un 0.8% y en el cuarto trimestre sufrieron una reducción del 2,4%, gracias al descenso en los ingresos de los servicios locales y de larga distancia. Slim mira a sus competidores, ve el festín de resultados de de Telefónica- la operadora más rentable del mundo- y corre a dividir Telmex. Y a intentar blindar una fortaleza en la que se ha enseñoreado desde que en 2000 adquirió la compañía de manos publicas. Ha hecho bandera del juego sucio. Telmex, con casi 18 millones de líneas, opera casi el 94% del mercado de telefonía de línea fija del país y es además el principal proveedor de internet de banda ancha, si Telefónica no puede interconectarse a su rival, de facto no puede prestar un servicio que debería comercializar a partir de octubre. Ni el acuerdo de interconexión con Telefónica suscrito ya hace meses por Telmex, ni el respaldo del gobierno de Felipe Calderón a las demandas de Telefónica, ni siquiera las reiteradas apelaciones de la Cofetel- que desde noviembre de 2007 trata de obligar a Telmex- han conseguido que el magnate mexicano cumpla con la legalidad y acabe con su negativa a proporcionar los enlaces a su red.
Slim patalea, se aferra a la hegemonía de su refugio azteca. Y lo intenta todo. Contra las otras operadoras del mercado, contra las autoridades de la competencia y contra el mismísimo Palacio de los Pinos, que promete favorecer la competencia en las telecomunicaciones. A Slim se le han rebelado hasta los sindicatos: en una empresa de 45.000 trabajadores, la negociación del convenio salarial y la negociación de una subida del 22% ha terminado en huelga, en un entorno laboral ya en carne viva por el plan de despidos de la escisión. Su propio reino de taifas de la telefonía se le vuelve día a día un entorno más hostil y más necesario: del total de las ventas de su compañía el 68% corresponden a México.
Slim culebrea. Reconoce que ahora el entorno regulatorio es "adverso" y la situación económica desfavorable, que la recesión estadounidense ha comenzado a pasarle factura en su propia casa. Pero es el fin de sus privilegios y la competencia lo que más le duele: lo que llama "entorno regulatorio adverso" no son más que las investigaciones de la Comisión Federal de Competencia (CFC) a la que le llueven las demandas de investigación por monopolio y posición dominante de Teléfonos de México- que maneja el 94% del mercado en el sector de línea fija; las denuncias por monopolio y posición dominante de otras operadoras y la voluntad del presidente Calderón de cumplir con la promesa de mejorar la competencia del sector y abrir totalmente el mercado de la telefónica fija al capital extranjero. Contraria a la posición de Telmex, la Comisión Federal de Competencia (Cofeco) consideró que la empresa no puede entrar aún al mercado de la televisión y Slim se enfrenta, además, a los problemas de la portabilidad numérica. Ante ese panorama suelta lastre y empleados y prepara el juego de manos con el que camuflará sus beneficios para ponerlos a salvo de las autoridades mexicanas, las obligaciones fiscales y, sobre todo, la rivalidad del mercado. Ya ha comenzado a aplicar la coreografía de la escisión, tramada desde hace meses.
El que se dice el hombre más rico del mundo hace todo lo posible para demorar la hora de la competencia. Mientras Telefónica cristaliza su despegue en México -ha aumentado un 56% sus ingresos y un 47% sus usuarios-, ha incrementado un 11% sus ingresos en toda la región y sobrepasa a todos sus competidores en el mercado de móviles en Brasil, Argentina, Venezuela, Chile y Perú, la expansión de Slim tiene problemas: ha tocado techo en sus operaciones corporativas y, a la vista de las pocas telecos disponibles en la región, su grupo está abocado a pegar el estirón mediante crecimiento orgánico, algo cada vez más difícil, a la vista del avance de su competidora española en ADSL y cable, en servicios múltiples de móvil, en paquetes combinados y en televisión. Acorralado en un mercado del que se nutren el resto de las aventuras del grupo, Slim está dispuesto a invertir 1000 millones de dólares (731 millones de euros) en México a lo largo de 2008, con tal de ampliar su cobertura y, sobre todo, extender sus redes a las comunidades más alejadas de los centros urbanos y hacer crecer su red de tercera generación.
Telefónica le ha ganado la mano del 3G brasileño, la que estaba pensada para ser la joya de la revancha en la batalla que el magnate mantiene con César Alierta en tierras latinoamericanas y el azteca sabe que el gigante español ha cogido ventaja en, una tecnología que lleva años desarrollando sobre el terreno, ya que en su dimensión internacional cuenta con cinco filiales que ofrecen móvil 3G y dan acceso a internet a alta velocidad en movilidad. Esas limitaciones explican las prisas de América Móvil por adelantarse en la región- a pesar de las claras limitaciones técnicas que lo desaconsejan- y la pataleta desesperada del magnate mexicano en su tierra, ante la competencia de Telefónica y otros operadores.
Sin embargo, ni la desidia de algunas autoridades ni las pataletas de Carlos Slim han cohibido hasta ahora los planes de César Alierta y de su hombre en tierras charras, el ex ministro mexicano Francisco Gil. Telefónica tiene previsto invertir unos 400 millones de euros en México- un mercado que le aporta el 3.2% de sus ingresos- para ampliar su cobertura en el país, aunque su iniciativa sigue chocando de frente con el muro del Palacio de los Pinos. La empresa continúa sin poder ofrecer los servicios 3G en todo el país (y en concreto en Ciudad de México) porque el Gobierno, lastrado por la aparente la falta de coordinación entre la Secretaría (Ministerio) de Comunicaciones y Transporte de México y la Comisión Federal de Telecomunicaciones, aún no ha repartido las licencias. El magnate mexicano quema los últimos cartuchos de su reinado en la tercera generación.