Chávez, el rey de las guerras vocingleras
· Qué mejor para sus escaramuzas bolivarianas que una declaración beligerante contra Uribe con Correa de la mano. Su guerra, la de las voces, le permite pasar sus sarampiones internos y cerrar las filas del bolivarianismo con sus discípulos en la región.
Y ahora, la guerra. Para comenzar, a los vecinos, claro. La de baja intensidad que sostiene desde hace nueve años con ‘Mr Danger’ le queda más lejos y da menos juego. Aburrido ya de atacar a las multinacionales, Chávez, kamikace de las arremetidas bolivarianas, no se mide. Como Correa, tiene el verbo y la denuncia a flor de labio. Y la confrontación siempre lista, a pie de tropa. Pistoleros de gatillo fácil, añaden a Álvaro Uribe a sus dianas habituales. Los embajadores retirados y las tropas desplegadas en la frontera marcan sólo la frontera de la propia crisis, la cuarentena de la economía venezolana, epicentro del triángulo de las Bermudas demarcado por Caracas, Quito y La Paz. Porque ebrio de beligerancia, con sus arremetidas, el venezolano está acabando por hacerle la guerra, antes de nada, a su propia economía, esa que nutre ya sólo con ínfulas de autarquía energética. Poco le importa a Chávez que la guerra comercial con Colombia - su principal proveedor de alimentos- y sus amenazas a Washington no sean, para Caracas, más que otro nuevo sable para su harakiri económico venezolano. Padrino moral de la guerrilla más vieja y violenta del continente, no ha podido consentir la muerte del número dos de las FARC, ni desaprovechar la oportunidad para entonar graznidos que despistan a los de casa, alimentan la exaltación de sus huestes y opacan las debilidades de su economía. De espaldas a la situación de Pdvsa y al desabastecimiento venezolano, poco le importa que bajen las importaciones y el comercio, que de Colombia dependa buena parte de sus provisiones de manufacturas y alimentos, no sólo el comercio formal, sino del mercado negro del que han comenzado a abastecerse, aprovechando los agujeros de sus 2.000 kilómetros de frontera.
Si hace falta, o si su ira por el golpe de Uribe a las FARC no se contiene, el venezolano está dispuesto a inmolarse como un kamikace, con el petróleo en ristre, con tal de patear a la mayor economía del mundo en el trasero de Bogotá, aunque le cueste perder a su segundo socio comercial, enturbiar aún más si cabe las relaciones con Washington -ahora que por fin ha encontrado en Barack Obama un candidato que promete volver al diálogo con Caracas- y azuzar el binomio desabastecimiento-aislamiento al que está condenando a los venezolanos.
Chávez, entre la espada y la pared, ya ha demostrado en qué consiste eso de la "defensa sin fin de la patria", una combinación de patadas al viento, amenazas de nacionalización a las multinacionales y promesas de espantajos de guerra a la vecina Colombia. Ha desenvainado la espada de Bolívar, las mil y una espadas: contra Exxon y todo lo que venga de Washington, primero; contra las empresas internacionales de alimentos, contra los bancos multinacionales y ahora, contra la vecina Colombia, a la que trataba de satanizar ya como culpable de la "fuga" de comida, ese cuento de bandoleros con el que intenta explicar el desabastecimiento, a sus ciudadanos, por qué en el reino de los sueños del oro negro no hay azúcar o leche.
Qué mejor para sus escaramuzas bolivarianas que una declaración beligerante contra Uribe con Correa de la mano. Su guerra, la de las voces, le permite pasar sus sarampiones internos que en los últimos tres meses provocaron una caída de casi el 20% de su popularidad- y cerrar las filas del bolivarianismo con sus discípulos en la región. Con tal de patear el trasero de Exxon prometía castigar a EEUU mutilándose sus exportaciones de crudo. Ahora, con tal de adornar la memoria del guerrillero Raúl Reyes no duda en inmolar, junto a Rafael Correa, las relaciones comerciales de las que depende el aire fresco para su mercado moribundo. Paradojas de la ‘guerra de los mundos' de Chávez, al presidente venezolano, patalea en la confusión, capaz de pegarse un tiro en los pies con tal de entonar alguna venganza. Dar la espalda y enseñar las tropas a su segundo socio comercial no sólo supone dejar de venderle materias primas industriales del sector petroquímico, de la industria siderúrgica y del aluminio, sobre todo pone en riesgo las provisiones de alimentos procesados, automóviles y autopartes, maquinaria, papel, plástico, calzado, confecciones, artículos del rubro editorial y de las artes gráficas, que Venezuela recibía de la industria colombiana.
El Palacio de Miraflores lo tiene fácil para ponerle puertas al campo de la confrontación: no hace falta cohibir el comercio bilateral. En una economía con pretensiones autárquicas y modos estatalistas, al bolivariano le bastará con restringir aún más las divisas de Cadivi para cerrar la puerta, como ya ha estado haciendo, a las importaciones. La confrontación no hace más que empeorar el deterioro de las relaciones políticas y comerciales que sufren Venezuela y Colombia y que están perjudicando a muchos sectores de ambos países. Una tormenta azuzada por las restricciones impuestas por Venezuela a la importación de bienes como los vehículos. Colombia ha comenzado a sentir en carne propia los pálpitos económicos de Chávez: exportará a Venezuela en 2008 sólo 20.000 automóviles, cuando el año pasado exportó 55.000, lo que mantiene ya en la cuerda floja cerca de un millón de empleos, directos e indirectos. Pero para Colombia, el crecimiento sostenido sobre el 6% anual, la baja inflación, unas finanzas públicas y un endeudamiento externo con relativo orden se han convertido en el mejor escudo de blindaje para detener los avatares externos.
Del otro lado de la frontera, las facturas, como siempre, para los venezolanos. Ya han aprendido a pagar las aventuras regionales en las espaldas de Pdvsa. La derrota de Chávez en el referéndum no ha hecho más que enturbiar las debilidades económicas de un sistema que ya sufre los síntomas de nueve años de autarquía petrolera. En el quinto exportador mundial de petróleo es más fácil conseguir un coche de importación que leche, huevos, carne o azúcar y los venezolanos sufren una inflación que la patronal cifra cerca del 25%. Aunque el mandatario achaca el desabastecimiento a la confrontación con Colombia, el acaparamiento y el desvío de productos al mercado negro, son el control de precios, la restricción de divisas y el intervencionismo los que han tejido una ecuación que ha dado como resultado la escasez, el encarecimiento de las importaciones y la debilidad enfermiza del bolívar, que la reconversión monetaria sólo está maquillando. La escasez en los supermercados supera el 60% en diez de los productos básicos y el 90% en el "blanco elemento". Chávez mira, como no podía ser menos, hacia Pdvsa.
Los desajustes son de manual en una economía que aspira a la autarquía energética, que se nutre tan sólo de la renta petrolera y la confianza en la escalada de los precios del crudo, y que, a golpe de bolidólares- gasto público mediante- alimenta el consumo interno. Los analistas cantan un futuro de vacas flacas no tan lejano. En una economía cada vez más dependiente del sector bancario y cada vez más huérfana de un tejido industrial y de servicios e infraestructuras suficientes, los créditos bancarios crecieron un 69% en 2007 y, en los diez primeros meses del año, alcanzaron casi seis veces el gasto del gobierno central. Chávez, revolución en ristre, le da cuerda a un modelo estatista, que- paradojas del chavismo- ha terminado por descansar en un consumo interno desbocado, en las exportaciones a Estados Unidos y las importaciones de Colombia, con la que ha mantenido un comercio bilateral de 6.000 millones de dólares al año. Chávez se enroca en su propia guerra de las galaxias bolivarianas. El del desabastecimiento es uno de sus juegos favoritos en ella. Guarda en la manga el as de bastos de su nuevo plan estrella: la expropiación de la suiza Nestlé y a la italiana Parmalat en el país "si siguen expulsando del mercado a los productores estatales de leche", que "ofrecen dinero por adelantado, se llevan la producción y dejan a las plantas del Estado sin la leche necesaria".
Es lo que tienen los incendiarios suicidas: no calculan. Pero retroceden. Chávez foguea al viento. Si su beligerancia contra Uribe es del calibre de la que sostiene con Bush, no hará falta -como clama- que "Dios lo libre de la guerra con Colombia", ya se encargará él de no ir mucho más allá en la confrontación real con un país respaldado por Washington, Plan Colombia mediante. Sólo palabras. Si, como con EE UU, amaga pero no golpea y sigue permitiendo, bajo las arremetidas dialécticas, que el comercio siga su curso. Ya lo ha hecho, de alguna manera, con ECOPETROL y Pdvsa. Una cosa es hacer la guerra y otra, las necesidades de la niña bonita de sus sueños bolivarianos, que no está para alardes. Arrastra el lastre del ‘paganini' de todas las aventuras chavistas, una carga insostenible ahora que sus cuentas no salen, sangradas por los gastos sociales y las deudas y ahíta ante la caída de las inversiones extranjeras y los problemas de producción y obligada, ahora, además, a cargar a sus espaldas con el peso del desabastecimiento alimenticio. Por eso, el bolivariano se envainó el florete bolivariano y terminó por firmar- a pesar de la crisis diplomática- un acuerdo con ECOPETROL. Por ahora, hasta que en 2012 se revierta el proceso, es Colombia la que está enviando a Venezuela entre 80 y 90 millones de pies cúbicos diarios de gas natural a través del nuevo gasoducto de 224km Antonio Ricaurte, inaugurado en octubre.
La realidad es tozuda: si Chávez no lo impide, las fronteras y la necesidad seguirán esquivando sus guerras. Probablemente él mismo lo haga e igual que sucede con EE UU, siga dándole espacio a las relaciones bilaterales comerciales, que Venezuela necesita como el comer. Ya se encargará Miraflores de seguir como hasta ahora, haciendo la vista gorda al comercio bilateral, a las relaciones energéticas. A pesar de la confrontación de la crisis de los rehenes, Venezuela mantuvo su con el hermano país en lo referente a alimentos y rubros del sector industrial. Desde enero hasta noviembre de 2007 hubo un alza de 87,2% en los productos vendidos a Venezuela. En la última recta de 2007, cuando las espadas de las relaciones bilaterales estaban más afiladas, las compras venezolanas aumentaron 137%. Los precios de los bonos soberanos de Ecuador, Venezuela y Colombia caían por los riesgos asociados a una posible confrontación. Con sus escaramuzas y demás nubes de humo, sólo ha conseguido hasta ahora, a favor de su economía, la subida del precio que nunca - ni él ni Ahmadineyad- le han podido arañar a la OPEP a través del grifo de la producción. El barril de Brent de Mar del Norte ha marcado un nuevo récord en el Intercontinental Exchange (ICE) de Londres en 102,29 dólares, mientras que el barril de Texas 'sweet light', por su parte, ha registrado récord en 103,95 dólares.
Por si acaso, tira de sus aliados y de Cristina Fernández de Kirchner. La necesidad mata a la presidenta. Chávez obliga a girar, de nuevo, a la geometría del juego regional bolivariano en función del reloj de sus arremetidas, en el contexto de un "Plan B" que pasa por tirar de ‘los de casa' (Bolivia, Ecuador Nicaragua), coquetear con Cristina y Lula y jugar en MERCOSUR, un espacio donde cambiar con más libertad los "cromos petroleros" por carne y otros productos básicos. Tal vez haya pensado en llevar los huevos y la leche en vuelos charter desde la Nicaragua de Daniel Ortega. Ecuador y Bolivia, a golpe de inflación, crisis internas y desabastcimiento, están para pocas dádivas.
Las nuevas bravuconadas del caudillo contra Colombia lo harán importar alimentos, en el mejor de los casos, desde Brasil o Argentina, cuyos centros industriales están muchos miles de kilómetros más lejos que las ciudades colombianas, por lo que tendrá costos de transporte exagerados. Por si acaso, Cristina -discípula aventajada de los amores de Kirchner por Chávez- ha prometido ofrecer apoyo político y alimentos que contribuyan a paliar el desabastecimiento en Venezuela. A cambio, gestionará mayores envíos de gasoil y fueloil para reemplazar parte del gas que falta en Argentina. Víctima de las debilidades energéticas bolivarianas en tierras de Evo Morales, busca a la desesperada que Venezuela se convierta en un mercado alternativo para Argentina en materia energética. Aunque tenga que enviar aquello de lo que carece: la casa Rosada ha decidido recortar las exportaciones de carne en un 40% durante marzo y abril, para controlar la subida del precio, un 15% en lo que va del año. La bestia es insaciable. Pero si los cromos petroleros flaquean, a Chávez se le habrá empantanado su juego bolivariano en todo el continente.