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Publicado el martes 4 de marzo de 2008
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El 'Oráculo de Omaha' se echa atrás

No han hecho falta explicaciones. Tampoco las ha dado. Donde dijo un plan de rescate para las aseguradoras de bonos para paliar los efectos de la crisis crediticia, el segundo hombre más rico de Estados Unidos dice ahora retirada. Recoge un salvavidas que, la verdad, ninguna de las tres grandes ‘monoline’ estadounidenses- MBIA, Ambac Financial Group y FGIC- acogió precisamente con emoción un plan tras el que veían la sombra de la duda y muchos riesgos a medio plazo, ya que les obligaba a ceder a Warren Buffett la parte segura y rentable del negocio y quedarse con la parte que ha provocado la crisis, los activos de crédito.

El gurú de las finanzas ha interpretado que es hora de plegar velas, aún a costa de dejar de nuevo a las ‘monolines’ en tierra de nadie, en un territorio en el que las autoridades no se han atrevido a bucear. No tiene complejos en proclamar que se “ha acabado la fiesta”, la de los mercados, la de la economía real estadounidense- la de las aseguradoras de fondos ya hace tiempo que caducó- y la de su propia sociedad de cabecera, Berkshire Hatahway, que ha presentado un descenso del 18% en su beneficio del cuarto trimestre del pasado ejercicio, como consecuencia en gran parte del deterioro en el negocio de seguros. Si se ha cansado de proclamar que es “en las mareas bajas” cuando a las aseguradoras se les ve la calidad “del bañador”, el suyo ha enseñado sus costuras.

Adiós a su oferta para reasegurar 800.000 millones de dólares (527.000 millones de euros) en bonos municipales respaldados por las principales compañías aseguradoras de bonos de EE UU.  Acostumbrado a adquirir compañías en apuros y a aprovechar mercados bajistas para buscar oportunidades, Buffet buscaba- con el beneplácito de la urgencia de las autoridades locales- proteger a los tenedores y emisores de los bonos municipales, aún a costa de los vehículos estructurados llenos de activos tóxicos de crédito. Pero se ha asegurado de que no está el patio de las monolines para "aterrizajes" redentores. El plan  aliviaría del pago de indemnizaciones, y liberaría unos 8.000 millones de dólares (5.482 millones de euros) de capital, al traspasar parte del riesgo a Berkshire Hathaway, pero, al mismo tiempo, la oferta también contribuiría a aumentar el riesgo de la cartera remanente, ya que las aseguradoras tendrían menores ingresos de sus activos municipales (usualmente más seguros) para compensar las pérdidas potenciales por sus obligaciones de deuda colateralizada (CDO, por sus siglas en inglés).

Ni los beneficiarios estaban para planes, ni tampoco el propio Oráculo de Omaha y sus cuentas, ahora que no duda en proclamar a los cuatro vientos que la recesión en EE UU ya no es un fantasma venidero. La definición académica de recesión habla de dos trimestres consecutivos de crecimiento negativo. Pero aunque técnicamente la palabra maldita no se ha hecho aún carne-Buffet dixit- el sentido común le dice que, en la práctica, ya está aquí.

Malos augurios para los mercados norteamericanos. El 12 de febrero los planes de Buffet y sus 800.000 millones de dólares conseguían lo que ni George Bush ni Ben Bernanke han logrado hasta ahora de un solo golpe: sobreponerse a los resultados nefastos que vomitan las grandes compañías estadounidenses, calmar a los mercados -aunque sólo sea por una sesión- y animar al sector financiero estadounidense. Ahora la retirada de sus planes y la confirmación de que no hay alternativas públicas ha inyectado pesimismo en Wall Stret y en el resto de los principales parqués del mundo. Demasiados tragos amargos para los inversores, preocupados por la marcha de la economía, la depreciación del dólar y el alza del crudo y del oro, y a pesar de que la actividad manufacturera se contrajo en febrero algo menos de lo esperado.

No hay un plan de rescate público y son las autoridades estadounidenses las que lanzan no salvavidas, sino bengalas de socorro: el gobernador de Nueva York, el demócrata Eliot Spitzer, advirte que, si no se una da solución a estos problemas, la economía se enfrentará a un "tsunami financiero" con réplica en la economía real. Las monolines han añadido un factor adicional de inquietud a la crisis crediticia. Siguen atrapadas por el riesgo que entrañaban los bonos vinculados a títulos hipotecarios, en un momento en el que luchan por mantener su calificación AAA (la máxima), que demuestra su solidez financiera y defenderla de las turbulencias financieras y su contaminación por las ‘subprime' y otros préstamos. MBIA ha publicado las que son sus mayores pérdidas trimestrales de la historia.

En el cuarto trimestre perdió 2.300 millones de dólares, unas cifras que nada tienen que ver con los 181 millones de dólares del pasado ejercicio y los mercados descuentan una rebaja de su rating. Moody´s ya ha comenzado con FGI: de AAA a A3 sin pasar por los niveles intermedios. Poner en duda las líneas de financiación de firmas como MBIA, Ambac y ACA es un riesgo sistémico, que trunca los mínimos signos de recuperación del mercado de crédito y pone en cuestión la condición de avalistas solventes de los que vendían credibilidad y confianza a las entidades financieras. Una rebaja generalizada en el rating de las grandes aseguradoras de bonos podría provocar provisiones adicionales de hasta 70.000 millones de dólares en los bancos. Sólo las aseguradoras de bonos 'cubren' un importe que asciende a cerca de 2,4 billones de dólares.