Monitor de Coyuntura
Biocarburantes, ¿a qué precio?
Los precios de los alimentos se han disparado en el último año en todo el mundo. Según los datos del Instituto Nacional de Estadística, en España aumentaron un 6,6% durante 2007, muy por encima de la subida del 3,2% en 2006. Los productos de primera necesidad que más se encarecieron fueron la leche (31,0%), el pan (14,4%), la carne de ave (10,2%), la carne de ovino (9,9%) y los huevos (9,6%). No es de extrañar que, ante esta situación, la subida de los precios de los alimentos esté en boca de todos.
Tanto es así que incluso se ha acuñado un nuevo término para definir la inflación de los productos alimentarios: «agflación». ¿A qué se debe este fenómeno? Las dos causas que suenan con más fuerza son el crecimiento de los países emergentes, principalmente China, y el auge en la producción de biocarburantes.
Sin duda, la producción de biocarburantes ha crecido espectacularmente en los últimos años. En el caso de las biogasolinas, fundamentalmente el bioetanol, la producción se ha duplicado en los dos últimos años. Buena parte de esta producción tiene lugar en Estados Unidos y Brasil. La producción mundial de biodiésel, concentrada en la Unión Europea, ha crecido aún más, aunque desde un nivel de partida mucho menor. La eclosión de los biocarburantes se explica por dos razones: el alza del precio del petróleo y la lucha contra el cambio climático. El aumento del precio del petróleo, desde menos de 30 dólares por barril en 2000 hasta un promedio de 70 dólares en 2007 y más de 90 dólares en las últimas semanas, ha convertido la producción de carburante derivada de biomasa en una proposición económicamente rentable o casi. Estimaciones basadas en los precios promedio de 2006 y primera mitad de 2007, cuando el petróleo rondaba 65 dólares por barril, indicaban que la producción de un litro de etanol a base de maíz costaba 0,40 dólares mientras que la producción de un litro de gasolina, a base de petróleo, costaba sólo 6 centavos de dólar menos. Por otra parte, como parte de la lucha contra el cambio climático, se han multiplicado las ayudas públicas en favor de la producción de los «carburantes verdes» y ello ha contribuido a disminuir su coste efectivo de producción.
Los ingredientes básicos de los dos biocarburantes más comunes -el etanol y el biodiésel- son materias primas del sector de la alimentación: en el caso del etanol, maíz y azúcares; en el caso del biodiésel, cultivos como la colza, la soja y el girasol. Por ello, la producción de biocarburantes ha añadido una fuerte presión a la demanda de estas materias primas y ha afectado directamente a su precio (gráficos inferiores). Indirectamente, los precios de otros cultivos también se han visto presionados. Por una parte, porque los productores han aumentado la superficie de cultivo dedicada a las materias primas para la producción de combustibles a costa de otros cultivos, para los que se ha reducido la oferta. Por el lado de la demanda, los consumidores han respondido al aumento de precios con una sustitución de unos alimentos por otros -por ejemplo, el maíz por el arroz-, lo que tiende a trasladar las subidas de precios de unos a otros. Un tercer canal de transmisión para el aumento de precios es el coste de los piensos y otros alimentos de ganado y animales de granja. Esto encarece, por ejemplo, la carne y los huevos aunque nadie se atreve a determinar, por la complejidad del cálculo, la magnitud exacta de este efecto.
No obstante, ¿es lógico atribuir toda la «agflación» a la fabricación de los biocarburantes? Probablemente no. Otros factores, como el fuerte crecimiento de la demanda de productos agrícolas en las grandes economías emergentes, deben tenerse en cuenta. No hay que olvidar que la contracción de las economías emergentes en la segunda mitad de los noventa, tras la crisis asiática, fue la principal responsable de la caída en el precio de las materias primas durante aquel periodo. Es hasta cierto punto lógico que en los últimos años, con la aceleración de su crecimiento, hayan ejercido una presión al alza en los precios de las materias primas, tanto agrícolas como no agrícolas. De hecho, lo que hemos observado ha sido un aumento generalizado en el precio de las materias primas, incluso mayor en los productos no agrícolas, como los metales, que no se utilizan para producir biocarburantes.
En cuanto a las perspectivas de futuro, cabría esperar que la oferta reaccionara a los altos precios, aunque esta respuesta puede tomar un tiempo. Por una parte, es probable que la superficie de cultivos aumente, especialmente si los países en desarrollo ven reducidas las trabas para sus exportaciones agrícolas a los países más avanzados. La reducción de los aranceles agrícolas también facilitaría que la producción agrícola para biocarburantes se localizara allí donde es menos costosa. Por ejemplo, es mucho más barato producir etanol a base de caña de azúcar brasileña que de maíz norteamericano, pero Estados Unidos impone unos altísimos aranceles a la importación de caña. Por otra parte, el desarrollo de tecnologías que no utilizan materias primas alimentarias para la fabricación de biocarburantes, y se sirven en cambio de celulosa o «jatrofa» (una especie de piñón aceitoso no comestible), también ofrece la posibilidad de poner freno a la «agflación».
En resumen, parece que no es del todo casualidad que el litro de leche y el litro de gasolina estén, en ambos casos, por encima de un euro. Esperemos que la innovación nos eche una mano y ayude a terminar con la «agflación». Sería una bendición, sobre todo para los países más pobres, en los que las familias dedican más de un 60% del presupuesto a los alimentos.