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Publicado el viernes 7 de marzo de 2008
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British Airways quema más naves en Iberia

Lo han vuelto a hacer. Cada vez que huelen el miedo, BA y Willie Walsh ondean su bandera del 10% y mueven ficha, aunque sea la equivocada. Cañonazos y alguna rosa para Iberia, engarzada en el miedo y el despecho. Se han tomado ‘a la británica’ las palabras de Miguel Blesa, que les pidió diálogo, gestos y un mayor compromiso en la alianza entre las dos aerolíneas, a la vista de las evidencias de que Caja Madrid (23%) es el accionista mayoritario y tiene la llave de cualquier operación. Impelida a ofrecer una sociedad atractiva a la aerolínea de bandera española o a correr el riesgo de quedar arrollada por otras alianzas, BA intenta entonar de nuevo su “ni contigo ni sin ti” a Iberia. No se atreve a dejar de cantarle su estribillo: que ve oportunidades, por si las puertas de la aerolínea de bandera española se le entornan más aún. Pero aprovecha, entre estrofa y estrofa de su ‘canto a la alegría’, para desplegar la artillería pesada y marcar todas las distancias.

Walsh ha advertido que tiene “otras opciones disponibles” dentro de su estrategia, como reforzar la relación con American Airlines, o potenciar los vuelos directos desde Londres hacia Latinoamérica. BA ha comenzado ya a incrementar el número de vuelos directos que ofrece desde Londres-Heathrow a Sao Paulo, Rio de Janeiro y Buenos Aires. Una patada en la confianza de Iberia y en uno de sus ‘hub’ primordiales, teniendo en cuenta que dentro de sus acuerdos, British Airways desvía a Madrid buena parte de sus clientes que quieren volar hacia Latinoamérica a Madrid, para que enlacen con Iberia. A la británica, sus cariñitos a cañonazos le pueden servir como humo capaz de opacar sus previsiones financieras para 2008, pero pueden cavar la fosa de sus amores en Iberia, ahora que la aerolínea ha apostado por su órdago a la grande en el mercado español con la oferta por Spanair y el interés de ClickAir en Vueling.

Walsh naufraga entre la realidad y el deseo. Vuelve a entonar todos los estribillos del credo de su declaración de amor: que BA es un accionista significativo dentro de Iberia y tiene una buena relación con su equipo directivo, que quiere fortalecerla. Y que no va a dejar de dialogar con la dirección de la aerolínea y Caja Madrid. Después del intento fallido con TPG, que dio con la oferta en la basura, prefieren buena relación estratégica y, por el camino, ya se verá. Pero ahora British Airways canta las alabanzas de la alianza con el cañón listo para disparar en las manos. La británica, que nunca ha sido un socio cómodo en Iberia durante estos siete años, le ha visto las orejas al lobo, el de sus propias limitaciones- en acciones, en capital, en socios y en gestión- y al de los posibles competidores, que aguardan dispuestos a animarse y arrimarse al calor de las fortalezas de Iberia y del atractivo del precio por el que pasa su valor. Como una novia poseía por el despecho, intenta, sin éxito, dar celos a cualquier precio, llamar la atención de la compañía que preside Conte y hacerse valer. Se mata por enseñar músculo y, a la vista de las previsiones decepcionantes de su gestión, no halla mejor forma que amenazar con operaciones alternativas. Pero las fuerzas no acompañan, no está para movimientos corporativos: obligada a volcarse más en el mercado asiático, su sombra sólo puede planear en tierras europeas sobre su rival Bmi, que le permitiría contar con más actividad en el aeropuerto londinense de Heathrow.

La aerolínea británica baja más del 4% en la Bolsa de Londres tras predecir un difícil año 2008 para la compañía. British Airways espera un aumento de su facturación de entre el 4 y el 4,5% en su ejercicio fiscal 2008/2009, hasta superar los 4.100 millones de libras. Pero eso es sólo la cara amable del horizonte del próximo ejercicio. Un paisaje presidido por la desaceleración económica, el incremento de los costes del combustible y los costes por el traslado a la nueva Terminal de Heathrow. El resultado es que British calcula que el coste del combustible se elevará hasta los 2.500 millones de libras (3.262 millones de euros) al final del año, 450 millones de libras (587 millones) más que en el ejercicio fiscal que se cierra este marzo, lo que supone un incremento del 20 por ciento. La aerolínea pronostica que el resto de costes crecerán entre un 3 y un 3,5 por ciento, 200 millones más. De este modo, y pese a un incremento de ingresos que estaría entre un 4 y un 4,5 por ciento, la compañía rebajó hoy su previsión de crecimiento del beneficio operativo para el próximo año hasta el 7 por ciento, frente al 10 por ciento que prevé para el presente ejercicio. En los últimos meses ya ha registrado un descenso en la cifra de tráfico de pasajeros en enero, mientras el coeficiente de ocupación siguió también una tendencia a la baja. Algunos ingresos se están debilitando a pesar de que los ingresos ‘premium' de largo recorrido se mantienen. Y su deuda neta se ha visto afectada por el plan de pensiones de la aerolínea y por el pago al Departamento de Justicia de Estados Unidos como consecuencia de actividades contra la competencia.

El músculo de Caja Madrid como capitana del núcleo duro no se lo ha puesto fácil, si su voluntad era simplemente enrocarse en el 10%. Iberia y Caja Madrid ya han demostrado que no están para humos, ni para socios que se dejan flotar. Menos fácil aún lo ha tenido BA para operaciones de abordaje, tras el pinchazo de su operación con el fondo de capital riesgo Texas Pacific (TPG) para hacerse con el control de la aerolínea a 3,6 euros. Por las malas, BA no encuentra hueco. Por las buenas, todo pasa por el beneplácito del núcleo duro. Y a estas alturas, el consejero delegado de British Airways, Willie Walsh, no destila precisamente optimismo. Ni gestos. Malas noticias para BA, cada día más urgida. La británica se ha quedado encajonada en el nuevo paisaje accionarial y de gestión de Iberia, abrazada a su 10%. No tiene alternativas, más allá de hacer valer su posición como segundo accionista, bien poniéndola en valor mejorando la relación con la aerolínea, o bien consiguiendo un buen precio por su paquete, lo menos factible hoy para las filas de Willie Walsh.

Ni Iberia ni su socio mayoritario están para bailes de pretendientes, carreras de rumores o pérdidas de tiempo. Ya se lo había advertido Miguel Blesa a Capital Gala y Castellanos después del jarro de agua fría de la negativa a abrir sus cuentas: o hay oferta seria, o nada. Ya hace mucho que Blesa le dejó claro que Iberia no necesita capital, ni cambiar de socios, está bien como está, pero le vendría bien una buena alianza estable con un gran operador. En la lista de candidatos, Blesa no le negaba el carácter preferencial a British Airways. Hasta ahora prefería estrechar la alianza entre la compañía aérea española y su socio BA, que con un 10% de la aerolínea no deja de ser su socio natural. Pero el ritmo de las conversaciones comienza a ser demasiado "inglés", el tono muy amargo y Blesa no ocultó desde el principio que iniciaría la búsqueda de otros socios si el grupo británico no quería asumir mayores compromisos. El órdago de Walsh puede ser el principio del día después. A Iberia le viene bien tener un socio industrial pero tiene que evaluar si British es el mejor. Su presencia impide la de cualquier otro socio y, además, condiciona la pertenencia de Iberia a otras alianzas globales. Lufthansa, aconsejada por Merrill Lynch, está loca por meterse en el partido. France tiene que jugar antes sus cartas en Alitalia.