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Publicado el lunes 14 de abril de 2008
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El protagonismo de Sebastián desbarata las quinielas energéticas
y alguna más

Zapatero y SebastiánA. Valverde.– Lo querían fuera del Gobierno o, por lo menos, en un ministerio técnico sin peso ni poder en la toma de decisiones estratégicas. Y, sin embargo, le ha tocado el sillón más deseado desde el punto de vista empresarial. Miguel Sebastián, un hombre al que algunos condenaron al ostracismo tras su sonoro fracaso político en Madrid, vuelve a la diestra de Zapatero –lugar que probablemente nunca dejó- pero con mucho más poder ejecutivo, si cabe. A algunos empresarios y ex brokers metidos a banqueros, no le va a gustar nada su poder como nuevo ministro de Industria, Comercio y Turismo. Ni tampoco la facultad delegada que tendrá a través de las dos ministras por él recomendadas, la de Vivienda y la de Ciencia e Innovación. Está claro que el ex director de Estudios del BBVA, represaliado de malas formas por Francisco González tras acusarle de utilizar políticamente sus informes económicos (lo que ha hecho él hace menos de una semana), tiene ansia de Poder y en su ambición cuenta con el total apoyo de Zapatero. Desde la Oficina Económica del Gobierno ya trató de utilizar su influencia, sin mucho éxito por cierto, en el intento de control del  BBVA por Sacyr y hasta lo consiguió a medias durante el asalto alemán sobre Endesa, que se saldó con la introducción de una cuña española, la de Acciona, en la OPA de los italianos del Enel sobre la eléctrica.

Ahora se puede repetir la misma historia pero esta vez será con el poder ejecutivo que garantiza el estar sentado en la mesa del Consejo de Ministros. Desde Industria, Sebastián va a disfrutar de un margen omnímodo en la pendiente reordenación del sector energético y no cabe duda de que sus preferencias -y los compromisos político europeos del Gobierno de Zapatero-van a condicionar cualquier solución. El punto de partida es, no obstante, preocupante. Zapatero se ha visto presionado esta vez por Nicolás Sarkozy, que ha solicitado vía libre a las ambiciones de la pública francesa EDF para sentar sus posaderas en el mercado español. Hay que porfiar que tanto Zapatero como Sebastián hayan extraído buenas lecciones del caso Endesa y tengan en cuenta los temores de Solbes al respecto, habida cuenta que al vicepresidente del Gobierno no le gustaba la presencia gala, vía sector público, en nuestros mercados.

La batalla por Iberdrola no va a ser la misma ahora con Sebastián en Industria que con un catalán o un hombre próximo a los planteamientos de Solbes. De hecho, la empresa que preside Ignacio Galán ya advirtió el pasado viernes, quizá ante los rumores de que Solbes perdía fuelle en sus deseos de colocar al catalán Vegara en la cartera, que Iberdrola está muy bien como está negando cualquier contacto público o secreto con Gas Natural. A Galán le gustaba mucho la "solución española" que preconizaba La Caixa y el segundo accionista de GN, la Repsol de Antonio Brufau; es decir una fusión de Iberdrola con la gasista. Pero el salmantino ponía condiciones, como ya lo hizo en el intento fallido de 2003, cuando reclamaba el poder ejecutivo y la continuación de la sede de la eléctrica en Bilbao. Está claro que, sin la presencia catalana en Industria y con Sebastián abierto a soluciones más políticas (es decir, pactos difusos y amplios con los franceses), es muy probable que las fuerzas de Sarkozy recuperen ganas. También se sentirá más ansioso Florentino Pérez y sus socios los Albertos y March, en la constructora ACS. A Pérez aún le queda la opción de emular a Acciona en Endesa y sustituir a los italianos por los franceses. Aunque a priori parezca como la menos conveniente para la independencia energética española.

Para muchos analistas, no cabe duda, la batalla por Ibedrola ha vuelto a quedar abierta a todo tipo de soluciones. Sebastián tendrá que aclarar y aclararse pronto a menos de le guste permitir que la especulación bursátil y empresarial continúe como hasta ahora campeando sobre el sector energético español. No lo va a tener fácil, y menos en la que pueda ser su primera decisión. Mantener o prescindir del técnico catalán Ignasi Nieto al frente de la secretaria general de la Energía. Nieto ha hecho una buena labor -no siempre fácil- en su puesto, pero por presiones políticas ha dejado demasiadas cosas embalsamadas en los balances de las empresas. Ahí está el creciente y multimillonario déficit tarifario y el aplazamiento permanente de la subida de tarifas, que en menos de nueve meses están abocadas jurídicamente a su total liberación.