Monitor de Coyuntura
¿Qué mueve el consumo?
El consumo de las familias acostumbra a representar una parte muy importante del PIB de un país. En el caso de España, alcanzó el 57% en 2007, en línea con los países de nuestro entorno. En los últimos diez años, su crecimiento ha sido de un 3,9% anual, similar al crecimiento promedio del PIB, del 3,8% (véase gráfico de la siguiente página). A largo plazo, esta similitud no es casual: la capacidad de crecimiento del consumo viene determinada por el crecimiento del PIB que, a su vez, depende fundamentalmente de variables como el aumento del empleo y las mejoras de productividad. A corto plazo, sin embargo, la relación de causalidad también se da en sentido contrario: las variaciones en el consumo de los hogares afectan el crecimiento del PIB. Veamos cómo.
La teoría más extendida para tratar de explicar las decisiones de ahorro y consumo de las familias es la Teoría de la Renta Permanente, desarrollada por el economista americano Milton Friedman a finales de los cincuenta. Según ésta, el consumo privado depende de la riqueza -entendida en un sentido amplio- de las familias. Este concepto de riqueza incluye el total de ingresos de los hogares, tanto los corrientes como aquéllos que percibirán en el futuro; y el valor de sus activos neto de las deudas adquiridas.
La fuente principal de ingresos de los hogares son las rentas del trabajo. Por ello, la evolución del mercado de trabajo es un determinante crucial del consumo privado. Precisamente, estas últimas semanas los datos de creación de empleo en EEUU acaparan buena parte de la atención de los analistas de coyuntura de la economía norteamericana, pues pueden dar pistas sobre el consumo y la probabilidad de que el país esté en recesión.
La capacidad adquisitiva de los hogares también viene determinada por los tipos de interés. En general, una disminución de los tipos de interés reales aumenta la capacidad de endeudamiento de las familias y, con ello, su consumo. Precisamente, estimular el consumo privado, junto a la inversión, es uno de los objetivos que persigue la Reserva Federal de Estados Unidos con las recientes bajadas en los tipos de interés oficiales.
Finalmente, fluctuaciones en los precios de los activos de las familias influyen en su decisión de consumo al afectar el valor de su riqueza. Existe evidencia de que este «efecto riqueza» es relativamente pequeño en la economía española y, en especial, en el caso de los activos inmobiliarios. Olympia Bover, por ejemplo, ha estimado que un aumento en el valor de la vivienda de cien euros llevaría a un aumento en el consumo anual de las familias de dos euros, efecto mucho más modesto de los que se encuentran para los casos norteamericano y británico.(1)
Por otro lado, las expectativas de ingresos futuros, al igual que la capacidad de las familias de trasladar al presente parte de estos flujos futuros, también impactarán sobre el consumo presente. Así, por ejemplo, en una fase bajista del ciclo económico las expectativas de ingresos tienden a disminuir y los hogares consumen menos. La capacidad de poder usar parte de los ingresos futuros en el consumo corriente es especialmente importante para los jóvenes, pues son ellos quienes con la compra de bienes duraderos, como un automóvil, tienen una mayor necesidad de gastar por encima de sus ingresos corrientes. Las instituciones financieras, con la concesión de créditos, juegan un papel clave en la capacidad de trasladar estas rentas del futuro al presente. En este sentido, los cambios en los criterios de concesión de créditos a lo largo del ciclo económico tienen efectos sobre el consumo familiar.
Pero no sólo el nivel de los ingresos futuros es importante, también lo es la incertidumbre acerca de ese nivel. En general, un mayor grado de inseguridad hace aumentar el ahorro de las familias para hacer frente a situaciones imprevistas como sería la pérdida de empleo. Algunas políticas públicas, sin embargo, pueden reducir dicha incertidumbre, como por ejemplo los subsidios al desempleo.
Otra política pública que puede afectar el consumo y que está de máxima actualidad es la de una transferencia puntual a los hogares. Esta medida se ha puesto en práctica recientemente en EEUU y su aplicación también se está estudiando en España. Si todas las familias se comportaran siguiendo la Teoría de la Renta Permanente, sólo una pequeña proporción de esta transferencia se convertiría en consumo corriente, pero no todos los hogares se comportan de acuerdo a dicha teoría.(2) Así pues, si la familia que recibe la transferencia no tiene acceso a crédito, o al menos no en la medida en que desearía, entonces la transferencia permitirá un aumento en el consumo al que antes no podía optar. Cuanto mayor sea la proporción de hogares con restricciones al crédito, mayor será el efecto de la transferencia sobre el consumo agregado. En la práctica también existen hogares que consumen toda su renta, ya sea porque les gusta vivir al día o porque llegan justo a cubrir sus necesidades básicas. Para éstos, la transferencia supondrá un aumento del consumo.
Por otro lado, también se debe tener en cuenta que parte del consumo es importado y cuanto mayor sea esa proporción menor será el efecto en el crecimiento, pues las importaciones no se contabilizan en el PIB al no ser producidas en el propio país. En una economía con pleno empleo es más probable que aumentos en el consumo se traduzcan en aumentos de las importaciones. Algunas estimaciones para EEUU muestran que una transferencia por valor de 100 dólares aumenta el consumo privado alrededor de 50 dólares, unas diez veces más de lo que implicaría la Teoría de la Renta Permanente.(3) Este tipo de resultados ha espoleado, por razones obvias, la búsqueda de teorías del consumo alternativas.
En definitiva, el consumo privado es demandante de cerca del 60% del PIB español, aunque ello no significa que sea el causante del crecimiento económico a largo plazo. No obstante, a corto plazo, el consumo sí que afecta al crecimiento. Por ello, la confianza del consumidor, la disponibilidad de crédito o ciertas políticas públicas son variables que están en el radar del analista de la coyuntura económica.