Monitor de la Construcción
De poco vale un plan de choque sin medidas estructurales
· Ayudas, ayudas, ayudas. Y si sigue la “desaceleración acusada” cuando se acabe el dinero, ¿qué?
La dureza y alargamiento del “descenso acusado” de la actividad constructora residencial es cada día que pasa más patente y se extiende a otros sectores de la economía productiva. Mientras esta certidumbre comienza a ser definitivamente una realidad indiscutible avalada por los datos que cada día se muestran más esquivos a esperanzas infundadas, asistimos a una especie de ceremonia de esperanza voluntarista por parte del Gobierno con planes de choque que no contemplan medidas estructurales para corregir los defectos del modelo de crecimiento al que machaconamente se ha hecho responsable de una economía basada en el “ladrillo”. Si se analiza este voluntarismo con un mínimo de rigor se verá que vamos a gozar de una rápido deterioro del superavit de las cuentas públicas; en los próximos diez años se va a inundar el país de viviendas protegidas que, cuando menos, van a generar un efecto pobreza importante para todos los que en los años anteriores han adquirido una vivienda libre; que muchos de nuestros trabajadores –acosados por el paro sobre todo en los escalones menos cualificados- van a recibir toneladas métricas de formación que, milagrosamente, les convencerán de que no son parados sino entes en tránsito entre la falta de trabajo y un limbo estadístico que no deja de ser epatante si no fuera tan dramática la escalada del paro...
Y, como no podía ser menos en un país como el nuestro, los magros dineros de todos los españoles van a servir en parte, si algo no lo remedia, para socializar las pérdidas de algunas inmobiliarias o alargar "gratis" el plazo de las hipotecas de muchos españoles asfixiados por sus deudas, en beneficio del sistema crediticio, que lo hará cuando quiera y que así no tendrá que embalsar cientos de inmuebles procedentes de desahucios con los que evidentemente no sabe qué hacer y no digamos ya cómo rentabilizar, de modo que no constituyan una rémora -una más- en sus balances los próximos años.
Ayudas, ayudas, ayudas. Y si sigue la "desaceleración acusada" cuando se acabe el dinero, ¿qué? Pues que seguirán tirando de la economía en general y de la construcción en particular las empresas o grupos de empresas que han sabido gestionar la abundancia, diversificar riesgos, introducirse en mercados emergentes o menos afectados por la crisis que ahora nos invade. Y sin ayudas públicas. Tal es el caso de las empresas constructoras que en su momento apostaron por la difícil estrategia de salir fuera, competir en mercados foráneos con las empresas más experimentadas. En los primeros años lo hicieron como antídoto contra los altibajos de la actividad en España; en el último decenio y de manera cada vez más determinante lo hacen con clara vocación de permanencia, tanto en la actividad constructora como en otras actividades.
En lo que se refiere a la construcción, en 2007 nuestros grupos cotizados no solo han alcanzado un récord absoluto de ventas en el exterior, sino que han más que duplicado en dos años la facturación alcanzada. Con una producción en construcción fuera de nuestras fronteras de 8.122 millones de euros -cifra que representa un 12% del total de ventas de estos grupos de empresas-, esta magnitud ha crecido un 61% sobre lo facturado en 2006 y un 103% sobre la cifra de 2005. La apuesta iniciada hace unos años por una sólida implantación en los países de la Unión Europea ha continuado afirmándose, ya que la facturación en estos países representó el 68% del total, mientras que la correspondiente a América del Sur, antaño nicho tradicional de negocio para nuestras constructoras y hoy zona aquejada en muchos de sus países de problemas e incertidumbres derivadas de regímenes políticos totalitarios, ha descendido hasta el 13%, mientras que América del Norte -fundamentalmente EE.UU. y Canadá- continúa su lenta pero creciente evolución, pues ya representa en 8% de la facturación total. Y en lo que se refiere a la contratación, que es lo importante de cara al futuro porque constituye la cartera de obras a realizar en los próximos dos/tres años, se consolida la tendencia creciente de los últimos ejercicios con un crecimiento espectacular de la cifra alcanzada en 2007 sobre el año anterior, cifra que se situó en los 11.100 millones de euros superando en un 57,3% la alcanzada en 2006.
La apuesta por los países de la UE se consolida a futuro ya que si el año pasado la contratación en esos países representó el 56% del total, en 2007 ha alcanzado ya el 69% del total, señal inequívoca de una firme apuesta por los países de nuestro entorno, en especial por los de más reciente incorporación porque son los beneficiarios de los importantes fondos comunitarios de cohesión destinados a cofinanciar las nuevas infraestructuras que estos países necesitan para equipararse a la media del conjunto de la Unión. América del Sur muestra con toda claridad el progresivo abandono de nuestras empresas, ya que representó una participación de apenas el 9% del total, mientras crece la apuesta por América del Norte que alcanza el 13% de la contratación en 2007.
La importancia de la contratación en el exterior va a ser sin duda un seguro o colchón para estas empresas en los dos próximos años, que servirá para paliar los posibles efectos negativos de la crisis en el ámbito nacional y para diluir también la exposición a un marco normativo de la actividad que en España se presenta inestable y complicado para los próximos años a causa de la incertidumbre derivada de la precipitada aplicación de una nueva -y a todas luces innecesaria- Ley de Contratos. Todo ello gracias a la apuesta arriesgada, pero exitosa, que los grupos españoles cotizados hicieron hace años, en condiciones mucho más difíciles que ahora, cuando nuestro país no estaba bajo el paraguas de la unión monetaria. La experiencia alcanzada entonces les sirve hoy para basar estos abultados crecimientos que avalan una apuesta estratégica de singular éxito.