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Publicado el lunes 28 de abril de 2008
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Unión Fenosa, una ONG eléctrica en Nicaragua

A.Z.– Camina hacia el altar en el que esta semana debería firmar con Unión FENOSA el desembarco estatal en la compañía eléctrica y la condonación mutua de la deuda, pero el nicaragüense no se resiste a dar un paso adelante y dos atrás antes de consumar la paz. Ha tenido que renunciar a su sueño primigenio, al que proclamó en noviembre, el de cazar ‘el oso’ de FENOSA con postas venezolanas y ahora, a la vista de que no había bolidólares suficientes, se conforma con el desembarco del 16%, un pie público en la empresa a cambio de dejar la deuda en cero. Fan del “ni contigo ni sin ti”, Daniel Ortega mantiene en el congelador un acuerdo ya cocinado y listo para servirse desde hace semanas. Cubre de humo el pasillo nupcial. Miedo a raudales para cocinar sus negociaciones. Y condena a la española un tango a dos, encadenado, que- Ortega dixit- está dispuesto a seguir bailando a pisotones, como pareja de baile más incómoda para las filas de la compañía que preside Pedro López Jiménez.

Para abrir el vals del matrimonio forzoso el presidente sandinista ha escogido un zapateado, se empeña en llevar a FENOSA a altar por la puerta del chantaje y la presión, un acceso plagado de insultos y amenazas, trufado con el embargo bicéfalo de la estatal Enacal sobre los bienes de la eléctrica española y coronado de la promesa de convertirse en una pareja de baile muy presente y bastante incómoda para Unión FENOSA. Pero en el pecado de sus ambiciones, en la trampa del procedimiento, lleva la penitencia de sus obligaciones: cargar con la "cruz" que hasta ahora llevaba sola la española, condenada a ejercer de "ONG energética", previa inversión de 200 millones en siete años, en un entorno caótico y desfavorable.

El gobierno nicaragüense sigue a la mesa con FENOSA, pero no renuncia a las patadas por debajo de la mesa y al zapateo perpetuo en la tabla de las negociaciones, esta vez con la bota de ENACAL, la empresa Empresa estatal Nicaragüense de Acueductos y Alcantarillados Sanitarios, que entabló un embargo por hasta 3 millones de dólares en contra de la española para responder en un juicio por daños. Seguidor del demoniza que algo queda, dispara primero y negocia después, dribla y renquea al ritmo del vals del chantaje, una sintonía aprendida de sus maestros bolivarianos que desgrana en clave de presión.

De poco le han servido al ejecutivo de Managua las continuas denuncias de la eléctrica española por las conexiones ilegales a bienes inmuebles de Enacal y las deudas pendientes de la estatal nicaragüense. La eléctrica española aguarda ya sólo. Unión Fenosa espera suscribir el protocolo de entendimiento técnico, para inmediatamente después proceder a conciliar las deudas pendientes y transformarlas en acciones de la compañía a favor del Gobierno. Ha consentido perder y canjear, en el laberinto que los gobiernos nicaragüenses se han empeñado en demarcar. Aceptó vender un 16% de sus acciones al Estado, por el saldo entre los adeudos de la eléctrica con las generadoras estatales, y la deuda de entidades públicas con esa empresa, estimado en 10.2 millones de dólares. Todo con tal de desbloquear un impasse que, si no fuera por el recurso de FENOSA al Acuerdo Recíproco de Protección de Inversiones (APRI) que obligaba a ambas partes a resolver los problemas por la vía del diálogo, hubiera desembocado en conflicto.

Ortega ha desistido de la caza mayor de FENOSA, pero juega al acoso y derribo de la que espera sea su socia. Y no se resiste a ser el capitán consorte de una nave que hasta ahora no ha dudado en torpedear. A la vista de que el Gobierno sandinista no ha conseguido embaucar a la iniciativa privada para lidiar el toro que Unión FENOSA sí se atrevió a torear, Daniel Ortega -amarrado desde ahora a su destino por su participación del 16%- no podrá desconocer la gestión ni los resultados de la eléctrica, está atado a un destino que hasta ahora le ha servido como munición política.

FENOSA compró en 2000- por cierto, de manos del Gobierno legítimo de Arnoldo Alemán- por 78,57 millones de euros Disnorte y Dissur y se convirtió en monopolio de la distribución eléctrica. Desde entonces, ha invertido millones de euros en un sistema caótico, que amén de padecer la insuficiencia en el suministro, se ha convertido en un coladero por el que se van las inversiones y el 27% de la energía generada, gracias a los robos y el fraude continuados, a las reservas al límite, a la falta de plantas y su mal mantenimiento. Hay barrios completos en los que el 80% de sus habitantes no pagan la factura eléctrica, denuncia la compañía, que sólo puede vender el 73% de la energía que le paga a las generadoras. Y el desfase tarifario hace que la empresa sólo pueda recuperar un 13% de las pérdidas de distribución. A golpe de decretos, Ortega salvaguarda de las subidas a los consumidores residenciales, el 72% de los usuarios de FENOSA.

Autoinvestido como dueño sin contrato de un porcentaje de acciones, Ortega ya ha enseñado la patita bajo el faldón de sus ambiciones. No será una figura decorativa. Lo promete el ministro Rappaccioli, el mismo que se ufana de "haber suavizado" la voluntad de FENOSA a golpe de mano dura y de embargos, el mismo que amenaza con que, si el desembarco de su hombre en la directiva de FENOSA Nicaragua no se cumple según el guión del Gobierno, se buscará crear una nueva empresa.

Incapaz de adquirir Disnorte y Dissur, el Gobierno de Managua ha orquestado el golpe perfecto: sin poner un solo dólar sobre la mesa, a cambio de una deuda cuestionable que obliga a digerir a la empresa y con el matrimonio de conveniencia con el estado como ajuar, tendrá un caballero blanco del sandinismo en la Junta de FENOSA. Pero en el pecado lleva su penitencia de autoconvidado envenado, ha puesto al Estado a bailar, a la fuerza, el tango de los problemas de generación que lastran el sistema eléctrico nicaragüense, los mismos que han marcado el desempeño de Unión FENOSA: cómo mantener un coste de generación que está por encima del de consumo, cómo asumir y evitar las pérdidas por motivos técnicos, robo o fraude que desangran el sistema.

Ese nudo gordiano -requerirá, al menos, otros 34 millones de euros- será el único punto de intersección de FENOSA y el Gobierno, que ya ha dado "la primera en la frente": después de años de repudio a las demandas de Disnorte y Dissur, ahora las aspiraciones neosandinistas pasan por reducir los costes de generación para recuperar la liquidez del sector eléctrico, comenzando por disminuir los 70 millones de dólares vencidos que actualmente Disnorte y Dissur le deben a Enatrel, Gegsa e Hidrogesa, más ocho millones aproximadamente que le adeudan a las empresas privadas de generación. Después de un año de cuchillos largos, han accedido a promover una Ley Antirrobos y exigen que se reduzcan las pérdidas que hoy se dan en las redes de distribución, una por razones técnicas y otras porque mucha gente no paga, principalmente los que consumen por encima de 500 kilovatios hora. A la vista de la crisis del sector energético, el órdago de Managua puede ser sólo el preludio del caos.

Ortega aprende rápido de los correazos ecuatorianos. La de la cacería de FENOSA ha sido hasta ahora una bandera fácil y jugosa para él. Al ser el distribuidor, la eléctrica carga con la responsabilidad del mal servicio, del cobro de los recibos y del corte a quienes no pagan. Al presidente le basta con no recordar las inversiones congeladas y los problemas en la distribución. Le basta con achacarle a su gestión y al impago a los generadores los efectos de la crisis energética que ha mantenido a los nicaragüenses con cortes de luz de más de ocho horas. Si la tormenta se queda en un fogonazo al aire, seguirá negociando con más presiones. Si no, a lo peor tendrá que gestionar el coloso ajado de la distribución eléctrica nicaragüense. Y ya los antecedentes (el Banco Mundial lo recuerda) no son los más halagüeños.