Letra más grande Letra más pequeña
Enviar este artículo a un amigo Imprimir este artículo
Publicado el martes 29 de abril de 2008
Enviar este artículo a un amigo
Email de tu amigo/a
Para que sepa quién lo envía...

La enfermedad bancaria carcome a la City

· La banca inglesa necesitará 40.000 millones de euros de capital para saciarse

Royal Bank of ScotlandA.Z.– Los peores presagios del regulador bancario, la FSA, comienzan a encarnarse en las tierras de su graciosa majestad: “los bancos y las cajas de ahorro del Reino Unido enfrentan las condiciones más difíciles desde principios de los 90”. Northern Rock parecía la oveja negra, la mancha capaz de nublar los destellos de la City londinense, pero no está solo; el rebaño de los quebrantos de la banca británica es cada día más numeroso.  Ni el torniquete de las provisiones propias, ni el flujo del BCE, ni los esfuerzos paternalistas de Downing Street, ni la nebulosa del BoE con el tardío canje de 50.000 millones de libras de bonos del Tesoro por hipotecas de los bancos y los vaivenes de la política monetaria de Mervyn King- tan pronto baja tipos como sugiere la subida a Trichet- son suficientes para taponar la vía de agua financiera. Menos aún si, como descuentan los analistas locales, la banca inglesa necesitará 40.000 millones de euros para saciarse. A la ampliación de capital de 15.192 millones de euros del Royal Bank of Scotland (RBS) y el despido de la cuarta parte de su plantilla le sigue una emisión de derechos por 5.000 millones de euros del Halifax Bank of Scotland (HBOS), el principal banco hipotecario. El mercado descuenta que el Barclays y Lloyds TSB esperan en capilla. Y bajo presión Alliance & Leicester y Bradford & Bingley. El paternalismo le está costando caro a Brown, casi tanto como a los contribuyentes y los inversores. El Bank of England sigue dispuesto a dar de beber al sistema bancario con aguas emponzoñadas: un ‘refresco’ insuficiente para aplacar los problemas de fondo de los bancos, con unas condiciones que muchas de las instituciones rechazan y rodeado de una sombra de sospecha si el Tesoro deja fuera de su contabilidad los bonos a un año para camuflar el coste público de las miserias de la banca privada. 

Banco Santander acudirá a la ampliación de capital de RBS con una inversión de 350 millones para adquirir una participación del 2,3%, similar a la que actualmente posee. Por más que FT desvíe la mirada hacia la paja en el ojo ajeno, basta observar a la pérfida Albión para certificar la salud del sistema financiero español. Los grandes bancos y cajas españoles enseñan el músculo de sus resultados, pueden presumir de solvencia y hacer ondear, además, la prudencia, pertrechados tras generosas provisiones con las que afrontar el repunte de la morosidad, que permanece lejos de Europa, por debajo del 1%, tras cinco subidas consecutivas.

Si, como amenazaba Bryan Sanderson, presidente de Northern Rock, lo que está en juego es "la reputación de Londres y del Reino Unido como centro financiero internacional", pintan bastos para su prestigio. Las debilidades les han quedado al aire ya hace semanas: el impacto de las turbulencias del mercado del crédito, cuando no directamente la sacudida de las ‘subprime' han tocado la línea de flotación de un puñado de los grandes buques financieros del Reino Unido, que hacen aguas a ojos vista, impotentes para achicar el agua de una tormenta que va a costar a la City londinense 40.000 empleos este año. Mientras bancos norteamericanos han fortalecido sus balances con ampliaciones de capital desde diciembre, los británicos se habían mostrado reacios. BRS ya ha comenzado a soltar lastre: despedirá a 7.000 trabajadores, el 25% de su plantilla. De la avidez de adquisiciones, de los oídos sordos a la crisis, la indigestión de ABN y la sed. Ávido de al menos  9.000 millones de libras para llevar su ratio de capital al mismo nivel que el resto de bancos británicos., el segundo mayor banco del Reino Unido desgrana, negro sobre blanco, el anuncio de sus debilidades. Su estampa no es, precisamente, la más gallarda. RBS ha presentado resultados con el menor ratio de capital de cualquier banco europeo tras la compra del ABN Amro, con unas previsiones sombrías, un agujero en sus cuentas- gracias a las ‘subprime'- que supera los 4.000 millones de libras (unos 5.000 millones de euros) y la consiguiente ampliación de capital de 15. 192  millones de euros- la mayor de de la banca europea en la historia de Europa- para anclar sus dañados cimientos de capital, mejorar su liquidez y hacer frente a la crisis crediticia.

No serán suficientes para calmar el motín a bordo de los accionistas, que piden en bandeja la cabeza de Goodwin, el artífice de la estrategia del banco. Ahora, anuncia el despido del 25% de su plantilla, al menos 7.000 trabajadores, como parte del proceso de integración en su división de mercados globales del ABN, que adquirió el año pasado por 71.000 millones de euros. No es el primero de los bancos británicos en dejar sus miserias al sol y, si los vaticinios de la  FSA se cumplen, tampoco será el último en poner negro sobre blanco sus debilidades, o en deslizarse hacia la crisis, para descrédito de la City, vergüenza y sudores de Brown y del regulador y bochorno de los medios británicos, empeñados hasta ahora en sacar, sin fundamento, los colores a los sectores bancarios vecinos. El Halifax Bank of Scotland (HBOS) reconoce que tiene previsto realizar una ampliación por 4.000 millones de libras (5.065 millones de euros) para reforzar el balance del banco, seriamente dañado por su exposición a activos afectados por la crisis ‘subprime' y su consejero delegado, Andy Hornby, se dispone a anunciar nuevas provisiones por 3.000 millones de libras (3.800 millones de euros) en la junta de accionistas de esta semana. Enclavado en el entorno del desierto bancario británico, en el que la sed de liquidez se ha convertido en una enfermedad crónica. La de confianza más aún.   

Los mismos que afilaron las garras del Financial Times y alimentaron la munición con la que intentó desacreditar a la banca española por su falsa dependencia del BCE, acuden ahora al albergue del salvamento del BoE. Pero la sed de liquidez no es el único de los problemas de RBS ni del resto de los que afean el prestigio de la City. La urgencia de confianza es más difícil de saciar entre los mercados financieros. Para espanto de los contribuyentes  y susto de los inversores y los accionistas, con la libra por los suelos y los inversotes en estampida, Gran Bretaña parece bajo el "síndrome islandés". La caída en bolsa de los grandes bancos de Reino Unido se aproxima al desastre. Todo un Royal Bank of Scotland ha perdido más del 50% de su capitalización en los últimos doce meses. Vale menos de la mitad que el español Santander.

Adiós al glamour y la solvencia de la City. Su capacidad de blindaje y previsión eran hasta ahora tan paradigmáticas que, tras la crisis ‘subprime', algunos grandes bancos estadounidenses, como Citigroup, Merril Lynch, JPMorgan y Lehman Brothers, decidieron dar más poder a sus ejecutivos con base en Londres, encomendándoles funciones globales. Espejismos que ahora se han desvanecido.  Si la crisis y la nacionalización del Northern Rock sacaron los colores a la City, el descenso en los beneficios anuales de Barclays, Lloyds TSB y Alliance & Leicester, así como el descalabro de los activos de Standard Chartered y el agujero de las ‘subprime' y las obligadas ampliaciones de capital en RBS y el Halifax dan la alarma de que la banca de la patria de Adam Smith está poseída por una fiebre de inseguridad crónica y contagiosa. Las grandes entidades financieras británicas hacen lo que pueden para evitar seguir la vereda del Northern Rock. Saben que, si tocan fondo, no tendrán la misma suerte que el banco, cuyas facturas pagan ya Downing Street y los contribuyentes por la senda de la nacionalización, pero la lista de instituciones financieras víctimas de la crisis suma cada día nuevas incorporaciones. Y la credibilidad de un sistema financiero tan desregulado como el británico y su estatus como modelo para la industria de servicios financieros están en entredicho.

Londres intenta desde hace meses convertirse en el epicentro de las cuatro economías de la Unión Europea que juegan en las grandes ligas del G-7 y Brown en el caballero blanco de las recetas contra la crisis de las ‘subprime' y la desaceleración de las economías del Viejo Continente, pero ni su sistema bancario, ni el regulador han hecho los deberes ni están para dar lecciones a los Veintisiete. De rescate en rescate, tarde, mal y nunca, con rebelión a bordo, dentro y fuera de las fronteras británicas. Y sin noticias del regulador, con la FSA mirando al Thamesis para no topar con Downing Street. Así se ha vestido King el uniforme ‘bernankiano' de rescatador, dispuesto a inyectar confianza a cualquier precio, aún a costa de matar bombas a cañonazos y de que sus planes saciantes -cambia la seguridad de los bonos del Estado por la zozobra, envenenada, de las hipotecas. Otra vez el dinero público como bote de salvación de intereses privados. Se lo ha recordado el departamento del Tesoro y la Financial Services Authority, el supervisor financiero. Brown pagó la factura de sus demoras en Northern Rock y el BRS y el BoE pagan ahora las del orgullo británico, la negación de la zozobra, hasta que la vía de agua financiera ha llegado a la sala de máquinas de algunos de los grandes bancos de su majestad.

La rueda sigue. Son los propios beneficiarios los que pagarán la intervención de los bomberos del BoE. El propio BoE lo advierte: El canje de bonos por valores hipotecarios "de alta calidad" se hará por un periodo de un año, con posibilidad de extenderlo hasta un total de tres, según la entidad. Sólo serán aceptados los activos existentes a finales de 2007, mientras que el plan no podrá utilizarse para financiar nuevos préstamos. Y, sobre todo, "el riesgo de pérdidas por préstamos es asumido totalmente por los bancos". Y los bancos que se acojan al plan deberán aportar activos de un valor "mucho más significativo" que los bonos del Tesoro que obtendrán a cambio, para evitar que sea el contribuyente el que asuma el riesgo de las potenciales pérdidas. Si esos activos se devalúan -añade el comunicado-, las entidades deberán facilitar más activos o devolver algunos bonos. En el pecado llevarán la penitencia. La otra, la de los contribuyentes, aún no tiene padre.

A las reformas de fondo, ni están ni se las espera. Por ahora, las iniciativas de la City y Downing Street, más bien etéreas, hablan de claridad de las instituciones y mercados financieros. Poco más. El ministro británico de Finanzas, Alastair Darling, ha adelantado algunas pistas como mecanismos de evaluación de riesgos de las empresas financieras "más transparentes sobre su exposición a los productos complejos, vigilancia de los reguladores sobre la solvencia, pero también de la liquidez de los bancos, o más precisión de los deberes de las agencias de calificación de deuda". Pero es la propia Comisión de Economía del Parlamento británico la que reconoce que, a la par que los fallos de sus directores, las facturas por la debacle del banco Northern Rock y las crisis de sus semejantes tienen también mucho que ver con un fallo de su regulador, la FSA. Para evitar nuevas crisis, además, el informe aboga por que el Banco de Inglaterra establezca una nueva unidad que vele por la estabilidad financiera, con poderes para identificar e intervenir en bancos con problemas.