Monitor de Latinoamérica
Chávez, el novio incomodo, aporrea la puerta de MERCOSUR
· Telefónica, a punto para la samba de las telecos de Lula
El matrimonio de conveniencia, esa boda que promete dejar al mayor mercado latinoamericano a los pies de los planes de Chávez y sus ensoñaciones bolivarianas regionales, esa misma con la que Lula y Cristina tratan de despejar la incógnita de sus ecuaciones energéticas, está listo para ser consumado. Al menos eso es lo que proclama, desde Caracas, el novio impaciente, ávido de urgencia a las puertas del altar. La necesidad se ha vuelto emergencia para un Chávez que, ahogado por el desabastecimiento interno y desnudado por los informes de la SIP, desde hace semanas ha comenzado a mostrar sus encantos a toda prisa, no vaya a echar a perder el bodorrio y con él la puerta abierta a un botín que Caracas necesita como el comer. Al son de los cañones y las bravatas de Chávez, Lula y Cristina, los padrinos in pectore, le han sacado brillo a sus regalos: el brasileño, a sus tentáculos comerciales y al papel de potencia hegemónica y mediador que engorda gracias a la dehesa bolivariana; para la argentina, fuel oil para dar de beber al desabastecimiento energético argentino, a cambio de luz verde al ingreso de Chávez en el Mercado Común, que a la vista del enconamiento de la geopolítica regional, de la euforia de sus arremetidas políticas y sus guerras comerciales y del arrinconamiento de su geopolítica regional, es la única puerta de salida de Hugo Chávez a la realidad económica, aún a costa de hacer rechinar la estructura básica del grupo y de convertirse en un inquilino incómodo de fronteras hacia afuera.
El venezolano -entre la espada y la pared gracias a sus guerras kamikaces- hace ondear su bandera energética, lo mejor y casi lo único con lo que el rey del petroreino bolivariano puede concurrir al altar del MERCOSUR. Pero por mucho que lo arrope, el ajuar de Pdvsa y los presentes del bolivariano están más que roídos. Tanto que son incapaces de ocultar sus intenciones: un patio nuevo y reluciente en el que seguir experimentando sus delirios hemisféricos -ahora disfrazados de Petrosur-, a medida que Venezuela se le queda estrecha e incómoda y que conoce las líneas rojas de sus vecinos y las limitaciones de su autarquía petrolera en su propia casa. A medida que se embriaga, de nuevo, con la posibilidad de mover sus peones en el ajedrez geoestratégico de las miserias energéticas del Sur que sus ahijados bolivarianos alimentan. Padrinos, pero con condiciones, Brasilia y Buenos Aires han pagado ya en zozobra energética y despecho de Washington algunas facturas del futuro inquilino del MERCOSUR. Pero no están dispuestos a pagarlas todas.
Venezuela, ebria de la euforia de Petrocaribe, promete comenzar la construcción de unas refinerías en Ecuador, Nicaragua y Dominicana, ampliar una en Jamaica y seguir inyectándole petrodólares a la de Cienfuegos, para mayor gloria de los Castro. Pero el patio de sus discípulos le sabe a poco. Sus problemas energéticos no hacen más que sintonizar con las miserias del gas y el petróleo de Morales y Correa, incapaces de ayudar a su padrino bolivariano. No es la bandera, un tanto desteñida, del MERCOSUR, la que atrae a la nave bolivariana, tan borracha de glorias externas como urgida de abastecimiento patrio. Se han encargado de recordarlo, en su 17 cumpleaños, paraguayos y uruguayos, así como la oposición en Argentina y Brasil: Venezuela, urgida de encontrar parches para los huecos en su "soberanía alimentaria y energética" no hará más que enturbiar y desnaturalizar un Mercado Común que ya no será del Sur y que, como mercado, ha podido ir poco más allá de la entelequia, lejos de los objetivos que se marcó hace más de un lustro. Las asimetrías comerciales, el protagonismo del binomio carioca-argentino, la ausencia de una política aduanera, las dificultades para aglutinar un frente externo común y las limitaciones para sellar acuerdos bilaterales han jalonado el camino desde aquel lejano "espíritu de Asunción".
Caracas está más que dispuesta a tratar de pescar en las aguas revueltas de esas asimetrías Chávez trata de abrir con la llave del petróleo las puertas de Brasil y Argentina. Los amoríos del bolivariano no son simétricos: con su última visita a Brasil la semana pasada, el presidente venezolano suma 16 periplos cariocas, frente a sólo dos visitas del brasileño. Amparado por la envergadura de la mayor economía latinoamericana y enfrascado en la carrera para hacerse con la hegemonía regional a dos bandas- la comercial y la militar- Lula aprovechará la "boda" de Mercosur para alimentar la balanza externa, volver a empuñar -con la mira en EE UU- las armas de su revolución del etanol y para seguir sacándole punta a Petrobrás, como un prestidigitador capaz de convertirse al mismo tiempo en la salvadora de Argentina, aliado bajo la mesa de Caracas, futuro auxilio de Bolivia y Ecuador y proveedor de biocombustibles a Estados Unidos y los Veintisiete. Con Petrobras como ariete y el caramelo de sus recién descubiertas reservas de Tupí (y las de Santos), con el músculo económico y comercial brasileño en plena forma, ha dado un paso atrás y mima su nuevo rol, el de mediador que no se casa con nadie, pero es capaz de coquetear con la misma intensidad con Washington, con Caracas y con Buenos Aires.
El Palacio de Planalto se aferra a la necesidad de darle aire a su balanza exterior: Venezuela es el quinto destino de sus productos y la enorme diferencia entre la tasa de interés nacional 11,25%) y otros tipos internacionales- sobre todo el estadounidense, que después del último tratamiento de choque de Bernanke ha quedado en un 3%- se ha convertido en una maldición para Lula, su sector exportador y su déficit por cuenta corriente, abocado a los rojos por primera vez desde 2002. Brasil saca partido de su músculo comercial e incluso financiero. Es el tercer socio comercial de Venezuela. Durante 2007, las compras de productos cariocas se dispararon un 29%, hasta los 3.800 millones de dólares, mientras que Venezuela vendió 296 millones, un 44% menos.
Hace apenas un lustro, cuando Chávez comenzó a hacer ondear ante sus vecinos el poderío de su bandera petrolera y el supuesto músculo de su reino con pretensiones de autarquía petrolera, desde Caracas a Brasilia se daba por descontado que América del Sur es una región privilegiada que puede autoabastecerse energéticamente, con Bolivia y Venezuela como los grandes productores y Brasil y Argentina como grandes consumidores. Hoy el paradigma se ha evaporado: ni siquiera pueden abastecerse a sí mismas, la boliviana YPFB tiene problemas y Pdvsa está lastrada por la deuda, los problemas de producción y las ambiciones de Chávez, empeñado en convertirla en su compañía-comodín. Así las cosas, la integración regional sólo será posible con una nueva integración energética. Lula lo sabe y quiere hacerse con la bandera de esa integración. La necesidad ha dado a luz entre Caracas y Brasilia a los convenios que complementan y desarrollan en materia de salud, agricultura, alimentación y energía el acuerdo de desarrollo binacional de 2006. Acuerdos, pero sin el compromiso de una alianza estratégica. El idilio energético, el que Pdvsa y Petrobrás están llamados a oficiar, nada aún en la nebulosa de las buenas intenciones. Aún no se han determinado los detalles del proceso de producción y distribución de combustible de la refinería José Abreu e Lima, en Recife, esa misma que Chávez presenta como la joya de su dote a los ojos de su padrino brasileño.
Pero desde su génesis, desde que hace tres años Pdvsa y Petrobrás comenzaron a cocinar el acuerdo, ese 40% con el que Caracas debe participar en los 4.050 millones de dólares de coste total está más que enmarañado. De hecho, Brasilia no seguirá esperado más a que a Caracas le salgan las cuentas, lastradas por los problemas de Pdvsa. La brasileña ha comenzado ya la construcción de unas instalaciones que se nutrirán de la mitad del petróleo venezolano, lo que permitirá equilibrar la maltrecha balanza comercial venezolana. Con sus nuevas reservas de petróleo, su capacidad nuclear, su músculo militar, sus poderosas industrias de aviación y agrícola y su creciente poder de negociación mundial, Lula pilota la décima economía del mundo como una empresa. Quiere y puede estar mucho más cerca de China e India que de Irán y no se ciega con lealtades políticas.
Aunque en noviembre Lula y Chávez bailaban el baile de los dos púgiles apretado y ambos mandatarios se dejaban ‘tocar' las joyas de la corona mediante la constitución de dos empresas mixtas entre la brasileña Petrobras y Pdvsa para la explotación de crudo en la Faja del Orinoco, las suyas son dos economías opuestas y antagónicas, sin el compromiso de una alianza estratégica. El Gasoducto del Sur del que Chávez quiere hacer la columna vertebral de su revolución de exportación está en el congelador y, aunque Brasil se ha sumado al Banco del Sur, lo hace no sin recelos, recordando que el BANDES es una de las niñas mimadas de la arquitectura financiera regional y no va a dejar de serlo. Las suyas son dos economías opuestas y antagónicas. Como confiesa Chávez, Brasil paga el precio de ser una potencia comercial y la mayor economía de la región; Venezuela, el de ser la primera potencia petrolera del área. Lula lo sabe y se revuelve contra cualquier atisbo de dependencia energética de Venezuela o sus socios bolivarianos, en los que tiene a los más férreos enemigos de su "revolución del etanol".
Socios, pero protagonistas de una rivalidad que MERCOSUR no va a aliviar. Tampoco lo ha hecho CFK, condenada a bailar el más amargo de sus bailes con el desabastecimiento. Digna heredera del Rasputín Néstor Kirchner, que fue capaz de mantener amores energéticos y odios políticos con Chávez hasta su último día en la Casa Rosada, Cristina Fernández ha conseguido sacar punta a las guerras de fogueo de Chávez para cuajar la definitiva alianza "petróleo por alimentos" con Caracas, la que promete suministrarle 10.000 millones de barriles anuales de fuel oil a cambio de 10.000 toneladas mensuales de carne y otros alimentos. Y consumar el idilio -con Pdvsa y Enarsa como oficiantes- con representación del 60% y el 40% en una planta de regasificación en Bahía Blanca para incorporar -a menos en los cálculos de las ensoñaciones bolivarianas-8 millones de metros cúbicos de Gas natural licuado.
Para Cristina, se trata de cerrar la ecuación energética de la región, pero sobre todo la suya. Para Venezuela, de completar la ecuación alimenticia. Ninguna de las dos les sale. La argentina pesca, pero el regalo de compromiso de Chávez en Mercosur puede ser una pieza envenenada. La hermandad bolivariana la condena a pagar con alimentos -el escaso maná venezolano-, justo ahora que la Casa Rosada ha restringido las exportaciones para tratar de evitar que la escasez en la oferta del mercado interno siga castigando a la rubicunda inflación. Le permitirá engordar las cuentas de Pdvsa y los depósitos de Enarsa, sin pasar por el humilladero del Petrocaribe, pero la presidenta argentina ha cazado un pescado preñado de la dependencia de Pdvsa, capaz de convertirse, si nada lo remedia, en hermana mayor de la boliviana YPFB, que le ha enseñado a la bonaerense las líneas rojas de las promesas bolivarianas.
La ‘niña bonita' del gobierno de Chávez, el arma económica de su petroreino de los sueños bolivarianos, arrastra ya el lastre del ‘paganini' de todas las aventuras chavistas, una carga insostenible ya que las cuentas de Pdvsa no salen, sangradas por los gastos sociales y las deudas y ahíta ante la caída de las inversiones extranjeras y los problemas de producción y obligada, ahora, además, a cargar a sus espaldas con el peso del desabastecimiento alimenticio. Chávez asegura tener en su mano todo el petróleo y el gas que la Argentina no encuentre, pero -quizá para salvación de las empresas argentinas- ni está todo, ni siquiera es venezolano el combustible que es suministrado a la Argentina a través de Pdvsa, sino que Petróleos de Venezuela se va obligada a captarlo de otros puntos del mundo.
Cristina Fernández de Kirchner ha comenzado a pagar las facturas del ingreso de Venezuela en el Mercado del Sur. Ha visto cómo Condoleeza Rice pasaba de largo en su gira por el Cono Sur latinoamericano. Hugo Chávez nunca le perdonó a Kirchner su alineamiento pro Washington en el caso Amia y recela de los acuerdos comerciales con Israel, que ha sellado MERCOSUR, el único, por cierto, que los socios de MERCOSUR han sido capaces de sellar en los últimos años. Pero Buenos Aires y Brasilia son las puertas naturales para Venezuela en el Mercado Común del Sur. Y Cristina sabe que ése puede ser otro de sus roles diplomáticos estrellas.
Los Congresos de Brasil y Paraguay tienen la última palabra para un Chávez que aporrea, ansioso, las puertas del Mercado Común del Sur. Cuando el próximo 25 de abril en Buenos Aires se retome el proceso de de asociación política y comercial que MERCOSUR trata de cristalizar desde 1999 con la UE, Chávez puede ser el nuevo y más incómodo invitado a la mesa. Poco le importan las ratificaciones parlamentarias que aún no han llegado, ya se siente "en cuerpo y alma". Tiembla MERCOSUR. Todo está dado para que sea precisamente ése el escenario de las danzas de guerra más intensas. La región está sedienta de hidrocarburos, Bolivia tiene problemas para estirar su músculo energético y Chávez lo sabe. Ni en Brasilia ni en Buenos Aires van a poner más piedras en el camino a la incorporación de Venezuela a partir de 2008. Chávez llegará para quedarse y para intentar coger el volante. Otra cosa es que sus socios estén dispuestos a dejarle hacer y, además, a pagarle facturas a Pdvsa.
Telefónica, a punto para la samba de las telecos de Lula
El cambio de regulación no será tan fácil. Lula está dispuesto a poner la mano al mercado de las telecos y a promover una macro-operadora que le haga la competencia a Telefónica Pero cuando llegue, lo hará abriendo la puerta a otras fusiones y puede terminar por favorecer, a la larga, a la operadora española, en la piel de sus participadas Vivo y Tim. La urgencia, en forma de acuerdo de adquisición sellado ya entre la mayor empresa brasileña de telecomunicaciones por abonados e ingresos , Oi (antigua Telemar) y Brasil Telecom y, está desde hace días sobre la mesa de Lula da Silva, presionado por su promesa en enero de modificación de la regulación de las telecomunicaciones brasileñas, que actualmente no permiten este tipo de iniciativas y establece que si una concesionaria adquiere otra, deberá renunciar a su concesión original en seis meses. Lo sabe Telefónica, que aguarda el momento.
Lula está dispuesto a sacudir el mercado, pero el seísmo deja a Telefónica en condiciones ventajosas, respecto de Slim y de la propia empresa resultante. Y si no quiere arriesgarse a caer en el terreno de las discriminaciones, después de las limitaciones que la Anatel impuso al desembarco de Telefónica en Telecom Italia, el Ejecutivo brasileño se vería obligado a estudiar también la fusión entre Vivo, controlada por Telefónica y Portugal Telecom, y TIM, participada también por el gigante español tras su entrada en el capital de Telecom Italia. Una operación que, para la operadora que preside César Alierta, sería la luz verde para la hegemonía a ritmo de samba y con Vivo y Tim como doble tentáculo de poder.
Las ínfulas hegemonistas de Lula pasan, como no podía ser menos, por una gran teleco nacional, con el amparo del Gobierno, dispuesto a despejarle los obstáculos legales, e incluso a tenderle capital público -aunque claro, no quiere cerrar la puerta a inversores privados para que lleven el peso- y avizora la posibilidad de una acción de oro. El brasileño tiene la última palabra y ya ha cantado su beneplácito. Ha puesto la alfombra roja, está dispuesto a modificar un Plan General de Concesiones que data de la década de 1990, cuando el negocio de las telecomunicaciones de Brasil fue privatizado con la fragmentación del sistema Telebras y la distribución del servicio entre empresas regionales. Los deseos a Lula le han llegado en bandeja, con el anuncio de la fusión que Oi-la mayor empresa de telefonía fija del país- quiere ejercer sobre su rival Telecom Brasil, la mayor operadora de telefonía fija de Brasil, controlada hasta ahora por el City Group y fondos de jubilación. Todo queda en casa. La fusión entre las dos empresas brasileñas- valorada en 8.000 millones de reales (4.600 millones de dólares- crearía un 'campeón nacional' del sector, que podría acaparar hasta dos tercios de todas las líneas fijas de Brasil. La fagocitación de Brasil Telecom (con sus más de ocho millones de usuarios de redes fijas y cerca de cuatro millones de usuarios de móviles) daría a Oi, además, un 18% del mercado celular brasileño.
El Palacio de Planalto está dispuesto a sacudir el mercado y romper el puzzle de las telecomunicaciones, haciendo de comadrona y hasta patrocinadora de un nuevo gigante netamente brasileño, que competirá con la compañía de Alierta y Embratel por un mercado de 186 millones de habitantes, que hasta dominan tanto en fijo como en móvil Telefónica y América Móvil. Sin embargo, Oi pagaría en total 8.300 millones de reales (unos 4.690 millones de dólares) para adquirir su rival Brasil Telecom. Poco más de la mitad de esa cifra le sería pagada a los accionistas mayoritarios y el resto a los accionistas minoritarios que quieran vender sus papeles en el mercado bursátil. Además tendrá que recomponer la figura de una compañía en caída libre, cuyas ganancias del cuarto trimestre cayeron a 205,6 millones de reales (115,4 millones de dólares), desde los 267,8 millones de reales del mismo período del 2006 y que ha visto en el último año cómo sus suscripciones de líneas fijas bajaron de 10,3 millones a 8,03 millones.
Con más de 102 millones de clientes en potencia, el mercado carioca se ha convertido en uno de los más seductores para las telecos multinacionales en la región y uno de los más prometedores para la compañía que preside César Alierta, que contaba al cierre de 2007 con cerca de 49 millones de accesos en tierras cariocas, un 9,5% más que a diciembre de 2006 gracias al crecimiento registrado en el parque de Vivo (+15,2% interanual), a la expansión de la banda ancha de Telesp y la incorporación de los clientes de televisión de pago MMDS de TVA. Lula sacude el mercado, pero tras el seísmo, ahora que Alierta refuerza su apuesta personal e institucional en Brasil con bazas como la de Luiz Fernando Furlán, a Telefónica el nuevo horizonte la encontrará mejor posicionada, con una cuota de mercado fijo al menos similar a la de la fusionada Oi-Telecom Brasil, con la hegemonía en el mercado móvil y con el refuerzo de sus ventajas competitivas: la apuesta firme por el 3G, la convergencia de los servicios, así como una reestructuración que facilita la integración fijo-móvil.
El mercado, cristalizado, deja a Telefónica en condiciones ventajosas, respecto de Slim y de la propia empresa resultante. Si la fusión se hace realidad, la nueva empresa pasará a dominar el 29,6% del negocio de telefonía fija, celular, banda ancha y TV por suscripción, pero la compañía de Alierta mantiene su posición hegemónica: dispone de un 29,9% de Telefónica y Vivo (la filial para telefonía móvil del grupo español y Portugal Telecom) y un 12,1% para TIM, la filial local de Telecom Italia, participada también por Telefónica, mientras que el grupo Embratel/Claro, del mexicano Carlos Slim a través de Telmex, quedaría con el 20,1% restante. En todo el estado de Sao Paulo, además, Telefónica arrasa en telefonía fija con el control de Telesp.
El tercero de los pilares del trípode internacional de las ambiciones de la compañía -junto con China e Italia- está cada día más despejado, tras el visto bueno de Anatel al desembarco en Telecom Italia y las recientes concesiones en 3G y otras concesiones regionales. Y Alierta, cada día más decidido a apostar por él. Desde su llegada hace diez años la compañía ha invertido más de 31.000 millones de dólares en el país carioca y, con la voluntad de hacer de Brasil un referente en telecomunicaciones, invertirá en los próximos años 7.000 millones de dólares más (4.800 millones de euros).