Monitor de Coyuntura
La evolución del número de hogares es un factor clave en la demanda de vivienda
Desde que el hombre dejó de ser nómada, una de las principales preocupaciones de la especie humana ha sido conseguir un refugio adecuado tras las jornadas de trabajo o de caza. En esos refugios primitivos el elemento primordial era el fuego, el lugar donde se ofrecía calor, lumbre y alimentos y los humanos convivían con sus semejantes. Por eso, etimológicamente, hogar proviene de fuego, puesto que ése es el elemento que mejor define el punto de reunión del grupo familiar. A menudo, en los sistemas fiscales primitivos, el recaudador sabía dónde podía exigir el tributo por la existencia de un fuego. Hogar, familia y vivienda, por tanto, son conceptos que suelen utilizarse como sinónimos.
Las necesidades de vivienda han ido cambiando a través de los tiempos. En la primitiva casa familiar convivían varias generaciones, e incluso en la antigüedad los esclavos se consideraban miembros de la familia. Por tanto, el crecimiento de las necesidades de vivienda iba acompasado con el de la población. Pero en los tiempos recientes esa paridad se ha roto. El incremento de la renta per cápita, el descenso del número de personas por familia y el fenómeno de la segunda residencia han conseguido que el incremento del parque de viviendas supere al de la población. Se constata que el crecimiento demográfico y el aumento del número de viviendas en España entre 1860 y 1900 evolucionaron al mismo ritmo. Sin embargo, a partir del cambio de siglo el parque tiende a crecer algo más que la base demográfica. Pero es a partir de mediados del siglo xx cuando la construcción de viviendas empieza a crecer a tasas que superan considerablemente las de la población, un fenómeno que se ha prolongado hasta los primeros años del siglo actual.
Sin embargo, la principal peculiaridad de la sociedad española con relación a la vivienda es el régimen jurídico de su disfrute. Esto es, la apetencia por la propiedad de la casa o del piso. Por una serie de circunstancias de orden jurídico (regulación de los contratos de alquiler), fiscal (estímulo a la compra en propiedad) o financiero (escaso desarrollo de los mercados y de la cultura financiera), la compra de vivienda, hipoteca mediante, se ha convertido en las últimas décadas en la principal forma de ahorro de las familias españolas. Buena parte del crecimiento del parque de viviendas en la última fase expansiva de este último ciclo de la construcción se explica por esta apetencia socioeconómica a ahorrar vía compra de vivienda. Una apetencia a la que, al parecer, se ha sumado la población inmigrante y que ha reforzado también el dinamismo del mercado.
De acuerdo con los dos últimos censos de población, el fuerte crecimiento del número de hogares en España se correspondió con el aumento de las viviendas existentes, al aumentar aproximadamente un 20% entre 1991 y 2001 ambas variables. Las estimaciones de años posteriores apuntan en la misma dirección. Luego, la formación de hogares es una de las variables que mejor explica la demanda de viviendas en este último ciclo expansivo del sector, si bien desde 2006 se percibe una divergencia entre el parque de viviendas y el número de hogares. En todo caso, el ritmo de formación de hogares en España es un elemento relevante. ¿De qué depende? El proceso de formación de un hogar puede deberse a distintos motivos. Aquí, consideraremos los tres factores principales: emancipación de los hijos, inmigración y divorcio o separación.
La creación de hogares por motivo de emancipación depende de diferentes factores económicos, pero también de uno estrictamente demográfico: el volumen de población en la edad de emancipación teórica (25 a 34 años). Entre 2002 y 2007 este grupo de población ha seguido aumentando pero, significativamente, a un ritmo progresivamente menor al avanzar los años. La presión, por tanto, de los baby boomers comienza a remitir. Con todo, según estimaciones propias, sigue siendo el primer factor de creación de hogares, ya que un 58% del total de hogares formados en 2002-2007 se deben a la emancipación.
El segundo factor en importancia es la inmigración. Las cifras del INE muestran que las entradas netas de inmigrantes, aunque sujetas a una notable volatilidad en función del año, tienden a crecer entre 2002 y 2007. Cuando se estima el número de hogares que se han formado fruto de esta llegada de nuevos residentes, los resultados indican que aproximadamente un 34% de los hogares creados se debe a este factor. Finalmente, el resto, y por tanto en un orden de magnitud claramente inferior, se debe a los hogares que se han creado debido a procesos de divorcio o separación. Según las estimaciones realizadas, aproximadamente un 8% de los hogares formados en el periodo que abarca de 2002 a 2007 se debe a este tercer factor.
En definitiva, en nuestro país continuamos asistiendo a una cierta revolución de la población, aunque tiende a perder empuje. En los últimos quince años han aparecido los baby boomers si bien, en un proceso que sólo está en su fase inicial, ya han empezado a perder peso. La inmigración ha jugado también un papel importante. A partir de aquí las incógnitas se abren, especialmente por lo que se refiere a la evolución inmigratoria en un contexto de menor crecimiento de la economía española. El filósofo social francés Augusto Comte decía, en el siglo xix, que «la demografía es el destino». Si esta afirmación es en numerosas ocasiones excesiva, al menos para las cuestiones relativas a la vivienda y a las familias, y en una perspectiva de no muy largo plazo, tiene su validez.